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www.medjugorje.ws » Eco de Maria Reina de la Paz » Eco de Maria Reina de la Paz 166 (Noviembre-Diciembre 2002)

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Eco di Maria
Regina della Pace

Español 166



Mensaje de María del 25 de septiembre de 2002

"Queridos hijos, también en este tiempo de inquietud os invito a la oración. Hijos, orad por la paz para que en el mundo cada hombre sienta amor por la paz. Sólo cuando el alma encuentra paz en Dios, se siente satisfecha, y el amor comienza a derramarse en el mundo. De manera especial, hijos, estáis llamados a vivir y dar testimonio de paz; paz en vuestros corazones y familias, y a través de vosotros, la paz se derramará en el mundo. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!"

También en este tiempo de inquietud os invito a la oración. La referencia a la difícil coyuntura internacional parece evidente. María, Reina de la Paz, vela por nosotros y nos llama a la movilización para defender la paz. Ante todo la oración; no permitamos que la inquietud, la ansiedad nos perturben, y entremos en la oración. La paz auténtica viene de Dios y por lo tanto hay que pedírsela a Él. Orad por la paz para que en el mundo cada hombre sienta amor por la paz. ¿Qué paz?
Cristo es nuestra paz (Ef 2, 14). Con Su venida al mundo un coro de Ángeles anuncia paz a los hombres de buena voluntad (Lc 2, 14); paz a los hombres cuya voluntad es buena, es decir, dirigida a Dios, orientada a Él. Cuando se despidió de los Apóstoles, enseguida después que Judas lo dejó para traicionarlo, Jesús realiza el anuncio del Cordero: Os dejo la paz, os doy mi paz. No os la doy como la da el mundo. (Jn 14, 27). Con la sangre derramada en la Cruz Él confirma la reconciliación de Dios con el hombre y por tanto la paz. Paz entre el Creador y Su criatura, paz entre las criaturas, paz en el mundo. El príncipe de la paz (Is 9,5) inaugura Su reino en el que la paz no tendrá fin (Is 9, 6).
La paz está pues al alcance del hombre, es un don ya aprovechable: basta con abrirse para acogerlo. María nos enseña cómo acceder a este don. Viene a Medjugorje precisamente para esto. El camino por excelencia que nos indica es el del abandono. Hoy os invito al abandono total a Dios. Todo lo que hacéis y todo lo que poseéis dádselo a Dios para que Él pueda reinar en vuestra vida como Rey de todo lo que poseéis. Sólo así Dios podrá guiaros, a través de mí, en la profundidad de la vida espiritual… Yo os traigo la paz, yo soy vuestra Madre y la Reina de la Paz…Que Dios lo sea todo para vosotros en la vida. (Mensaje del 25.07.88). Entregarlo todo a Dios, todo lo que hacemos, todo lo que poseemos. Que Dios sea toda nuestra vida. Éste es el abandono al que María nos llama incansablemente. Ésta es la condición para que Dios pueda reinar en nosotros, para que el alma encuentre paz en Dios. Entregarlo todo a Dios; nuestro tiempo, nuestra acción, nuestro trabajo, nuestro reposo, nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestras preocupaciones, en una palabra, nuestra vida. Este ofrecimiento al que estamos llamados permite que Cristo viva en nosotros y por lo tanto hace que sea posible vivir y dar testimonio de la paz. Esto no es simplemente una invitación; es una llamada explícita y particular: de modo especial, hijitos, estáis llamados a vivir y dar testimonio de la paz. Es una llamada urgente y hoy llena de una especial responsabilidad. La paz no se construye en los palacios del poder; allí, en todo caso se confirma la guerra. La paz en el mundo es un don exclusivo de Dios que pasa a través de los pequeños, los humildes, los que son capaces de abrirse a Él acogiendo de este modo Su paz en la propia alma y en la propia familia: paz en vuestros corazones y en las familias. A través de estas almas abiertas la paz manará para el mundo y con la paz también el amor. No es un compromiso para tomarse a la ligera; intentemos vivir con una gran seriedad los mensajes de María; lo que está en juego es mucho, mucho más de lo que podemos imaginar. Paz y gozo en Jesús y María.

Nuccio Quattrocchi

Mensaje de María del 25 de octubre de 2002

"Queridos hijos, también hoy os invito a la oración. Hijitos, creed que con la oración sencilla se pueden realizar milagros. A través de vuestra oración, abrís el corazón a Dios y Él obra milagros en vuestra vida. Mirando los frutos, vuestro corazón se llena de gozo y de gratitud hacia Dios por todo lo que hace en vuestra vida y a través de vosotros para los demás. Orad y creed, hijitos, Dios os llena de gracias, y vosotros no las véis. Orad y las veréis. Que vuestra jornada esté llena de oración y agradecimiento por todo lo que Dios os da. Gracias por haber respondido a mi llamada."

La oración sencilla obra milagros

De nuevo una invitación a la oración, y no puede ser de otro modo porque sin oración no hay vida en Dios. Orar es estar cerca de Dios, recibir Su Palabra. Orar es abrirse al Espíritu y dejar que se exprese en nuestro nombre (Rm 8, 25-26). Orar y dejarse moldear por Cristo, dejarse vivir por Él, y al mismo tiempo vivirlo a Él. Hijitos, creed que con la oración sencilla se pueden realizar milagros. Oración sencilla, es decir, humilde como la del publicano que reconoce ante Dios su pecado y pide misericordia, sin justificarse (Lc 18, 10-14). Oración sencilla significa que no usa muchas palabras como hacen los paganos que creen que por hablar mucho se les va a escuchar (Mt 6, 7). Oración sencilla significa no complicada, sin mezcla de otras cosas, de nada de extraño. Oración sencilla es oración esencial, sin adornos ni aderezos inútiles. Como la oración que Jesús nos enseñó, el Padre Nuestro. Como la oración del Rosario, tan querida por el pueblo católico y a la que el Santo Padre ha dedicado la recientísima carta apostólica Rosarium Virginis Mariae.
¡Muchas veces María nos ha invitado a esta oración sencilla y grande al mismo tiempo! Ahora el Papa nos llama a un año dedicado al Rosario y nos da los misterios de la luz para contemplar los que contemplábamos hasta ahora. Esta ampliación tiene el objetivo de ampliar el horizonte del Rosario, para posibilitar a quien lo reza con devoción y no de manera mecánica, penetrar aún más profundamente en el contenido de la Buena Nueva y conformar cada vez más la propia existencia a la de Cristo (Juan Pablo II, audiencia general del 16.10.02).

Con la oración sencilla se pueden realizar milagros: conformar la propia existencia a la de Cristo ¿no es acaso el milagro más grande? María nos invita a creer en este fruto de la oración sencilla y explica cómo esto tiene lugar: a través de vuestra oración abrís el corazón a Dios y Él obra milagros en vuestra vida. Nuestra oración es apertura a Dios, Su respuesta es el milagro. Cualquier acción de Dios es milagro y por tanto Su respuesta a nuestra oración, Su intervención en nuestra vida es milagro. Nosotros no siempre lo reconocemos y por esto María nos invita a mirar los frutos de la acción de Dios en nosotros. Mirando los frutos vuestro corazón se llena de gozo y de gratitud hacia Dios por todo lo que hace en vuestra vida y a través de vosotros por los demás.

Si conociésemos el don de Dios (Jn 4, 10) ¡cómo cambiaría nuestra vida! Los frutos están, y nosotros los podemos reconocer, si no María no nos hablaría así. Son frutos de gracia para nosotros y para las personas a las que el Señor quiere llegar a través de nosotros. Orad y creed. Dios os llena de gracias y vosotros no las véis. Orad y las veréis. La oración y la fe se entretejen igual que lo hacen la oración y la luz. Orar con fe, orar en la fe para que nuestra oración no sea vana. Orar y ver para que nuestra oración no sea ciega. La conciencia de lo que Dios obra en nosotros hará que crezca nuestra fe y por consiguiente llenará nuestra jornada de oración y de gratitud. Paz y gozo en Jesús y María.

N.Q.

 

El Papa proclama "el Año del Rosario"

Para quien desde hace años escucha las invitaciones de la Reina de la Paz a "coger la corona del Rosario y a orar, sobre todo en familia, por la paz", esta noticia podría parecer redundante. Sin embargo, tiene todo el sabor de un acontecimiento excepcional puesto que precisamente el Santo Padre el pasado 16 de octubre, con motivo del comienzo del 25 aniversario de su Pontificado, proclamó el Año del Rosario (octubre 2002 - octubre 2003), acompañando esta novedad con una carta apostólica - Rosarium Virginis Mariae - que profundiza en la reflexión sobre una oración de gran significado, destinada a traer frutos de santidad.
Es una carta conmovedora y emotiva que revela todo el amor que alimenta Juan Pablo II hacia aquella que para muchos no era más que "una pía devoción destinada a las ancianitas" y que sin embargo hoy el Papa recomienda para afrontar una cierta crisis de esta oración que, en el contexto histórico y teológico actual, corre el riesgo de ser infravalorada y por ello escasamente propuesta a las nuevas generaciones.

"Mi oración preferida"

No habla el viejo Pontífice "de lo que ha oído", o empujado por razones doctrinales, sino que parte de su propia experiencia: Desde mi juventud esta oración ha tenido un lugar importante en mi vida espiritual… El Rosario me ha acompañado en los momentos de gozo y en los momentos de prueba. A él le he confiado muchas preocupaciones, en él siempre he encontrado consuelo…¡Cuántas gracias de la Santísima Virgen recibí en esos años a través del Rosario! Es pues de la experiencia personal del Papa polaco que ha nacido el deseo de dar a la Iglesia una carta sobre el Rosario, de un tono sencillo y de fácil lectura que sin embargo no desmerece del pensamiento exegético y teológico: tras la experiencia jubilar, donde en una carta invitaba a "partir desde Cristo", sentí la necesidad de desarrollar una reflexión sobre el Rosario, para exhortar a la contemplación del rostro de Cristo en compañía y en la escuela de su Madre Santísima. Rezar el Rosario, de hecho, no es más que contemplar con María el rostro de Cristo.

Objeciones al Rosario

La oportunidad de devolver su luz a este poderoso instrumento espiritual nace también de la necesidad de contrarrestar la opinión - difundida sobre todo en el ámbito de la Iglesia - que considera la valoración del Rosario como una amenaza a la indiscutible centralidad de la Liturgia. Esta oración no sólo no se opone a la Liturgia, sino que le sirve de apoyo, ya que la introduce y la recuerda, permitiendo vivirla con plenitud de participación interior, recogiendo sus frutos en la vida cotidiana, subraya al respecto el sucesor de Pedro, buen conocedor de los pensamientos de tantos corazones que, en su Iglesia, no siempre laten al unísono.
Otro motivo que lleva a muchos a no animar el rezo de esta oración nace del temor de imaginar que Jesús sea ensombrecido por su Madre. Sobre esto se pronuncia el papa: el Rosario, aun caracterizado por su fisonomía mariana, es oración del corazón cristológico. En la sobriedad de sus elementos, concentra en sí la profundidad del mensaje evangélico entero, del que es casi un compendio. Nunca como en el Rosario el camino de Cristo y el de María están tan profundamente unidos. ¡María no vive más que en Cristo y en función de Cristo!

Camino de contemplación

Pero el motivo más importante para proponer de nuevo con fuerza la práctica del Rosario es el hecho de que constituye un medio validísimo para favorecer entre los fieles ese compromiso de contemplación del misterio cristiano que el Papa ha propuesto en la Carta apostólica Novo Millenio Ineunte, como auténtica ‘pedagogía de la santidad’: "Se necesita un cristianismo que se distinga sobre todo por el arte de la oración - escribía en enero de 2001. Y hoy añade: En la cultura contemporánea, incluso entre tantas contradicciones, aflora una nueva exigencia de espiritualidad, propiciada también por el influjo de las otras religiones, y más que nunca urge que nuestras comunidades cristianas se conviertan en "auténticas ‘escuelas de oración’".

"¡Orad por la paz!"

Es, tal como hemos dicho al principio, como si volviésemos a oír las palabras de la Virgen que en Medj., desde hace más de 21 años nos invita a rezar el rosario con esta intención. Ahora le toca a su "hijo predilecto" repetir la invitación: Redescubrir el Rosario significa sumergirse en la contemplación del misterio de Aquél que "es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio, la enemistad" (Ef 2, 14). Además, por la fuerza de su carácter meditativo, con el tranquilo sucederse de las Ave Marías, el Rosario ejercita en el orante una acción pacificadora que lo dispone a recibir y a experimentar en la profundidad de su ser y a difundir en su entorno aquella paz verdadera que es un don especial del Resucitado. No se puede pues recitar el Rosario sin sentirse envueltos en un auténtico compromiso de servir a la paz, añade el Santo Padre. En resumen, mientras nos hace fijar los ojos en Cristo, el Rosario nos convierte también en constructores de paz en el mundo.

"¡Oradlo en familia…!"

Como eco también de las palabras de María, en la carta resuena la llamada a orar en familia: Durante un tiempo esta oración fue particularmente querida por las familias cristianas, y ciertamente favorecía la comunión. No hay que perder esta preciosa herencia… ¡La familia que reza unida, permanece unida! Es notorio que en el centro de la vida de muchas familias esté el televisor, que trae cotidianamente a nuestras casas imágenes cada vez más negativas y poco saludables para el alma. Retomar el rezo del Rosario en familia significa introducir en la vida cotidiana unas imágenes completamente distintas, las del misterio que salva: la imagen del Redentor, sugiere Juan Pablo II.

El Rosario, un tesoro para redescubrir

El Santo Padre pide insistentemente que se conserve como un tesoro todo lo que ha escrito en la carta para descubrir la riqueza de esta oración tradicional, que tiene la sencillez de una oración popular, pero también la profundidad teológica de una oración adaptada a quien advierte la exigencia de una contemplación más madura. En el próximo número podremos profundizar en la reflexión sobre esta carta, pero anticipamos ya la conclusión para que se comprenda cómo desea el Papa que su exhortación no caiga en el vacío, sino que sea acogida con responsabilidad: Me dirijo en particular a vosotros, queridos Hermanos en el Episcopado, sacerdotes y diáconos, para que, teniendo una experiencia personal de la belleza del Rosario, os convirtáis en sus promotores solícitos… Confío también en vosotros, teólogos, para que realizando una reflexión que sea al mismo tiempo rigurosa y llena de sabiduría, pongáis de manifiesto los fundamentos bíblicos, las riquezas espirituales y la validez pastoral de esta oración tradicional.

"¡Que esta llamada que hago no caiga en el vacío!"

Cuento con vosotros, consagrados y consagradas, llamados especialmente a contemplar el rostro de Cristo en la escuela de María. Me dirijo a todos vosotros, hermanos y hermanas de cualquier condición, a vosotros, familias cristianas, a vosotros, enfermos y ancianos, a vosotros jóvenes: retomad con confianza la coronilla del rosario, redescubriéndola a la luz de la Escritura, en armonía con la Liturgia, en el contexto de la vida cotidiana.

(Stefania Consoli)
(Continúa en el próximo número)

 

 

Cinco nuevos misterios en el Rosario

"Los misterios de la luz"

Había un vacío de tiempo y de acontecimientos entre las escenas evangélicas que componen los misterios gozosos - referentes a la encarnación y a la infancia de Jesús - y los misterios dolorosos, síntesis de la hora suprema de la misión en la tierra del Salvador: su pasión. En efecto faltaba la mirada sobre aquellos acontecimientos de gracia que caracterizan los tres años de vida pública de Jesús. Por esto el Papa ha sentido la exigencia de formular cinco nuevos misterios, que ha llamado "misterios de la luz" o "misterios luminosos": En realidad todo el misterio de Cristo es luz. Él es "la luz del mundo" - explica Juan Pablo II, pero esta dimensión emerge particularmente en los años de la vida pública, cuando Él anuncia el evangelio del Reino.

Ante todo es misterio de luz el Bautismo de Jesús en el Jordán. Aquí, mientras el Cristo desciende, como inocente que se hace ‘pecado’ por nosotros (cf 2 Cor 5, 21), al agua del río, el cielo se abre y la voz del Padre lo proclama Hijo dilecto (cf Mt 3, 17), mientras el Espíritu desciende sobre Él para investirlo de la misión que lo espera.

Misterio de luz es su autorrevelación en las Bodas de Caná (cf Jn 2, 1-12), cuando Cristo, cambiando el agua en vino, abre a la fe el corazón de los discípulos gracias a la intervención de María, la primera de los creyentes.

Misterio de luz es el anuncio del Reino de Dios y la invitación a la conversión (cf Mc 1, 15), quitando los pecados de quien se acerca a Él con confianza humilde (cf Mc 2, 3-13).

Misterio de luz por excelencia es también la Transfiguración, que tuvo lugar, según la tradición, en el Monte Tabor. La gloria de la divinidad fulgura en el rostro de Cristo, mientras que el Padre lo acredita ante los Apóstoles extasiados para que lo escuchen (cf Lc 9, 35 y par).

Misterio de luz, finalmente, es la institución de la Eucaristía, en la que Cristo se hace alimento con su Cuerpo y con su Sangre bajo los signos del pan y del vino, dando testimonio "hasta el final" de su amor por la humanidad (Jn 13, 1). En estos misterios, excepto en Caná, la presencia de María permanece en el fondo - hace notar en la carta el Santo Padre. Pero la función que lleva a cabo en Caná acompaña, de algún modo, todo el camino de Cristo. Recuerda ese llamamiento materno que Ella dirige a la Iglesia de todos los tiempos: "Haced lo que Él os diga" (Jn 2, 5). Esta exhortación, que introduce palabras y signos de Cristo durante la vida pública, constituye el trasfondo mariano de todos los ‘misterios de la luz’. Esta inesperada pero sabia integración de nuevos misterios (que el Papa sugiere rezar los jueves) en la oración tradicional del Rosario está destinada a hacerla vivir con interés renovado en la espiritualidad cristiana, como verdadera introducción a la profundidad del Corazón de Cristo, abismo de gozo y de luz, de dolor y de gloria. S.C.

 

 

El Santo de la cotidianeidad

El pasado 6 de octubre fue canonizado el beato José María Escrivá. La plaza de San Pedro estaba llena de todos los que en su vida han acogido el mensaje que transmitió el fundador del Opus Dei, español de nacimiento, pero internacional por el alcance de su apostolado, una semilla que ha crecido en todo el mundo. Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios (Rm 8, 14) - exhorta el Santo Padre en su homilía.
"Estas palabras nos ayudan a comprender mejor el mensaje de la canonización que hoy celebramos de José María Escrivá de Balaguer. Él se dejó guiar dócilmente por el Espíritu, convencido de que sólo de este modo se puede cumplir plenamente la voluntad de Dios".
Esta verdad cristiana fundamental era tema recurrente en la predicación de Escrivá. De hecho, no cesaba de invitar a sus hijos espirituales a invocar al Espíritu Santo para que consiguiesen que la vida interior, la vida de relación con Dios, y la vida familiar, profesional y social no estuviesen separadas sino que constituyesen una sola existencia "santa y llena de Dios". Encontramos al Dios invisible - escribía - en las cosas más visibles y materiales.
"La vida cotidiana de un cristiano que tiene fe - solía afirmar José María Escrivá - cuando trabaja o reposa, cuando ora o cuando duerme, en todo momento, es una vida en la que Dios siempre está presente". Esta visión sobrenatural de la existencia abre un horizonte extraordinariamente rico de perspectivas salvíficas, pues incluso en el contexto sólo en apariencia monótono del acontecer terreno, Dios está cerca de nosotros y nosotros podemos colaborar en su plan de salvación, continúa el Papa. Desde que el 7 de agosto de 1931, durante la celebración de la Santa Misa, resonaron en su alma las palabras de Jesús: "Cuando sea elevado de la tierra, atraeré todos hacia mí" (Jn 12, 32), José María Escrivá comprendió más claramente que la misión de los bautizados consiste en elevar la Cruz de Cristo sobre toda realidad humana, y sintió nacer interiormente la llamada apasionante a evangelizar todos los ámbitos.
"Elevar el mundo a Dios y transformarlo desde dentro: éste es el ideal que el Santo Fundador os indica, queridos Hermanos y Hermanas", concluye Juan Pablo II, que como siempre aprovecha la ocasión para poner en guardia a los hijos de una sociedad que atenta contra los valores cristianos: "Él continúa recordándoos la necesidad de no dejaros atemorizar ante una cultura materialista, que amenaza con disolver la identidad más auténtica de los discípulos de Cristo. Siguiendo sus huellas, propagad en la sociedad, sin distinción de raza, clase, cultura o edad, la conciencia de que todos estamos llamados a la santidad".

Redacción

Junto a los miles de jóvenes reunidos en Medj. el p. DANIEL ANGE trazó un recorrido nos atreveríamos a decir que "astronómico" para definir las peculiaridades de la Iglesia, doce estrellas luminosas que coronan a María, Madre y Reina de la Iglesia.

 

 

Las doce estrellas de la Iglesia

por el p.Daniel Ange

El Santo Padre, en Toronto, dijo a los jóvenes una frase muy sencilla: "¡si amáis a Jesús, amáis la Iglesia!" Pidamos a María que nos haga ver y amar la Iglesia tal como la ve y la ama Ella. Hablaré de la Iglesia formada por 12 estrellas. La primera estrella es la Iglesia eterna, la Iglesia en su totalidad. La Iglesia es eterna porque tiene su inicio en el Corazón de la Santa Trinidad; a través de todos los siglos y de toda la historia. La Iglesia está constituida por tres galaxias interconectadas. Está la galaxia del Cielo y cada vez que la Madre de Dios viene a visitarnos en la tierra, en realidad se manifiesta la existencia del Cielo, nos muestra nuestro futuro, nuestra inmortalidad. Entre la Iglesia del Cielo y la de la Tierra hay otra pequeña galaxia que llamamos Purgatorio. El amor de Dios es tan grande que si en el momento de la muerte nuestro corazón no se ha hecho aún como el de un niño, el Señor nos da la maravillosa oportunidad de en el Purgatorio hacernos puros como niños. En la tierra se vive el tiempo de la fe, en el Purgatorio el tiempo de la esperanza gozosa y en el Cielo no se vive más que el amor. Y entre todas estas galaxias hay una comunicación incesante de amor y de vida.

Segunda estrella: Jesús nunca está solo, no puede existir sin su Iglesia. Ya desde Abraham vemos el comienzo de la Iglesia en la tierra. Antes del nacimiento de Jesús en la tierra la Iglesia ya existía, estaba María que es la Iglesia que acoge a Dios en la tierra. Y la Iglesia son también José, Juan, Isabel, Zacarías, los pastores, los Magos… Jesús está rodeado de su Iglesia también cuando comienza su vida misionera. De hecho lo primero que hace es decir a Natanael, a Pedro, a Juan: "¡Sígueme!" La Iglesia es la cuna de la Palabra de Dios al igual que María es la cuna de Dios en la tierra. Es la Iglesia la que nos transmite todo de Jesús y nos da su presencia. No nos habla sólo de Él, sino que nos lo da en la Eucaristía; no habría Eucaristía sin Iglesia, y cada vez que nosotros evangelizamos, no anunciamos un mensaje o una teoría, sino que damos a los otros la Persona de Dios, somos Sus embajadores.
Tercera estrella: Jesús se identifica con su Iglesia. En el camino de Damasco, cuando Saulo pregunta: "¿quién eres, Señor?", Él no responde: "Soy el Jesús de los cristianos a los que tú persigues", sino sólo: "Soy Jesús, a quien tú persigues". Y todas las persecuciones contra la Iglesia que se sucederán hasta el fin del mundo atacan a Jesús en su Iglesia. La Iglesia continúa haciendo en el tiempo y en el espacio lo que Jesús hizo durante 33 años en Palestina: continúa liberando a los prisioneros, curando a los enfermos, abriendo el Cielo a los moribundos.
Cuarta estrella: La Iglesia no es sólo el cuerpo de Jesús, es al mismo tiempo la Esposa. Es una esposa que puede ser infiel, pero el Esposo no la abandonará nunca. La unión de Jesús con su Iglesia es una unión nupcial, mística y fisiológica, porque Jesús se une a su Iglesia dándoles su Cuerpo en la Eucaristía.
Quinta estrella: La santa Iglesia de los pecadores no separa nunca santidad y pecado. La Iglesia entrega toda la santidad de Dios, sobre todo a través de los sacramentos gracias a los que los pecadores pueden hacerse santos. Y esta santidad de Dios nos es transmitida por pobres pecadores. Consciente de esto, el Santo Padre, en el Jubileo, ha pedido perdón por todas las infidelidades de la Iglesia en los últimos dos mil años, un gesto que expresa toda la santidad de la Iglesia que él representa.

Sexta estrella: La Iglesia que muestra su lado más bello. En todas partes, a lo largo de los siglos, los primeros hospitales, las primeras leproserías, los orfanatos, las casas de acogida de ancianos o de enfermos de SIDA, han sido fundados por discípulos de Jesús. Allá donde hay sufrimiento, la Iglesia está presente. La Iglesia con sus santos ha marcado la historia, ha salvado la cultura humana, porque en todas partes ha defendido al hombre del propio hombre.
Séptima estrella: La Iglesia se renueva continuamente en una primavera eterna. Las JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) son precisamente una manifestación de la eterna juventud de la Iglesia. ¿Qué jefe político y religioso sería capaz de reunir cientos de miles de jóvenes procedentes de todo el mundo si no es nuestro Papa, Juan Pablo II? Y sin embargo, el Santo Padre no reúne a los jóvenes en torno a su persona, sino que reúne a los embajadores de la juventud de todo el mundo alrededor de Dios en la Eucaristía.
Octava estrella: La Iglesia vive la armonía entre el esqueleto y el resto del cuerpo. El esqueleto es aquello que Jesús mismo constituyó: los obispos, los sacerdotes, los sacramentos, etc… La sangre que corre por sus venas, sin embargo, es todo lo que el Espíritu Santo despierta en el vida de la Iglesia, como la santidad, las obras de caridad, las comunidades religiosas, especialmente todas las nuevas comunidades de reciente fundación. No se puede separar lo que Jesús ha dado de lo que da el Espíritu Santo; Ellos son las dos manos del Padre con las que Dios construye el Cuerpo de la Iglesia.
Novena estrella: La unidad de la Iglesia. El sueño de Dios es que todos sus hijos sean uno. El primer milenio estuvo marcado por una Iglesia indivisa en sí misma. El segundo milenio, apenas terminado, fue, por el contrario un tiempo de grandes divisiones en la Iglesia. En el tercer milenio que acaba de comenzar Dios dará de nuevo a la Iglesia, a su Cuerpo, su unidad originaria. Será más bella que al principio, porque en esta última fase cada Iglesia local ha profundizado en algún aspecto que, luego, unido a los demás, transmitirá una plenitud extraordinaria. La unidad se crea alrededor del corazón de la Iglesia: la Eucaristía.

Décima estrella: La Iglesia misionera. ¿Cómo vamos a guardarnos para nosotros todo este tesoro de novedad, de belleza y de luz? La Iglesia nos sana del pecado y elimina muchos sufrimientos; si todos viviesen con Jesús el Evangelio no habría más guerras, no habría más SIDA, ni divorcio, ni habría más niños abandonados… Si sé que Jesús es la única respuesta a todas las expectativas del hombre, ¿cómo voy a vivir la intimidad con Él sin hacerlo todo para darlo y revelarlo a los demás? Esto es lo que me llevó al desierto cuando era eremita: ya no podía soportar la idea que los jóvenes se suicidasen, mientras yo llevaba en mí la vida misma de Dios. Y veo que también Medjugorje desde hace más de veinte años es una auténtica escuela de evangelización para el mundo. La Virgen a menudo nos llama con palabras fuertes como: "testimoniad el gozo de Dios con vuestra vida", "Quiero que a través de vosotros el mundo entero conozca al Dios de la alegría, sed todos el reflejo de Jesús, sed la luz que brilla en las tinieblas".

Undécima estrella: La Iglesia es el único lugar en la tierra donde la vida y el amor están protegidos.

Salimos de un siglo de guerras continuas del hombre contra el hombre, y como si esto no fuera suficiente, un millar y medio de niños son asesinados antes de nacer. Satanás no soporta todo lo que es débil, pequeño, pobre, porque cualquier niño le recuerda al pequeño Jesús en el seno de María, cada persona que sufre le recuerda al Hombre de la Cruz. Hasta la propaganda de la eutanasia ha sido extraída textualmente de los textos de Hitler de 1932. Satanás se rebela porque rechazó arrodillarse ante un recién nacido y decirle: "Tú eres mi Creador". La Iglesia está implicada en este gran combate entre la vida y la muerte. Y en la Iglesia, que al igual que una madre defiende a sus pequeños, encontramos miles de jóvenes que luchan por la vida. El Espíritu Santo suscita en todas las generaciones muchos jóvenes capaces de consagrarse, de vivir en la pureza hasta el matrimonio, capaces de confiar a María su propia afectividad, jóvenes no sólo católicos sino también protestantes, ortodoxos, hebreos.

Duodécima estrella: La Iglesia está victoriosa. En este gran combate para salvar la vida y el amor, la Iglesia ya está victoriosa. Ya no necesito creer en la resurrección de Jesús porque ya he visto a Jesús resucitado en su Iglesia, he visto que ninguna persecución, por terrible que sea, podrá encerrar por mucho tiempo a la Iglesia en las catacumbas, porque las piedras no pudieron encerrar a Jesús en la tumba más que algunas horas. Amén.
(Reducido de una grabación)

 

 

¿Por qué rezamos a los santos?

Cada uno de nosotros, ya en el momento de la concepción, desde la eternidad, está inserto en el plan de Dios. Conocemos bien la historia de Pablo que vivió durante años como "Saulo" persiguiendo a los cristianos. Luego Dios lo llamó, lo despertó y en él tuvo lugar un rápido cambio de vida. Cuando Dios nos llama, nos coge, lo hace para que renazca en nosotros el hombre nuevo, para despertar en nosotros la criatura nueva prevista desde la eternidad en el plan de salvación; y cada gracia tiende a despertar nuestra originalidad. Nunca subrayaremos suficiente esta necesidad que es el fundamento de nuestra vida espiritual: manifestarnos en nuestra originalidad, como somos en Dios. No me refiero aquí a la originalidad de la que hablan los hombres, sino a la originalidad en Dios, a la imagen que Dios ha impreso en nosotros desde la eternidad y que nosotros tenemos que intentar realizar en nosotros mismos. Y para hacer esto tenemos que saber escuchar a Dios, saber vivir la unión completa con Dios, tal como la han vivido los santos.
Jesús vino al mundo para que desapareciera cualquier división entre nosotros y Dios y cualquier división que vivamos en nosotros mismos. Las divisiones, las fisuras que llevamos en nuestro interior son muchas: cuando decimos que es imposible reconciliarnos con una persona, significa que en nosotros hay una "grieta"; cuando apartamos cosas de las que no queremos oír hablar o pensamos que algunas situaciones son imposibles de resolver, significa que en nosotros hay división. Dios nos invita a reconciliarnos en Jesucristo, a entregarle todo a Él porque Él es nuestra reconciliación. Sabemos bien que cada día, cuando intentamos vivir este camino de reconciliación con nosotros mismos y con Dios, nos enfrentamos a nuestras limitaciones, a nuestra impotencia y buscamos ayuda alzando la mirada al cielo.

¿Por qué rezamos a la Virgen? ¿Por qué nos consagramos a Ella? ¿Por qué oramos a San Miguel, a los ángeles, a los santos? Sobre esto es bello leer lo que nos dice San Pablo: "Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios, edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo" (Ef 2, 19-20). Cuanto más nos unimos a la Iglesia universal, a la Iglesia del cielo, más ayuda recibimos en nuestras debilidades, y es por esto que rezamos a los ángeles y a los santos, por esto invocamos ante todo el Corazón Inmaculado de María, porque nadie nunca nos podrá ayudar como Ella. Tenemos que ser siempre más conscientes de que la comunión con la Iglesia del cielo refuerza la unión en nuestro interior, refuerza nuestra unión con Dios y nos ayuda a ser instrumentos de reconciliación para los que están lejos, para las almas del purgatorio, para los que sufren por las influencias satánicas, para los que tienen sólo un mínimo de buena voluntad y necesitan la ayuda de los hermanos. Jesús desea actuar en nosotros a cada instante, desea reconciliarnos y reconciliar el mundo a través de nosotros, pero puede hacerlo sólo si nuestra alma está abierta. Nuestra alma a menudo en la prueba se cierra, cuando la prueba le pide vivir algo distinto de lo que habíamos previsto o programado. Bienaventurados nosotros si aprendemos a tener confianza en Dios como los santos, incluso en las pruebas, si sabemos acoger las pruebas como don, como misión, si en las pruebas logramos ser signos e instrumentos de reconciliación para el mundo.

Tommaso di Francesco

 

Los padres de la Virgen

de don Nicolino Mori

JOAQUÍN y ANA son los Patrones de todos, de la familia, de la Iglesia, de todos los redimidos, porque son aquella cepa bendita de la que floreció antes que nada aquella criatura maravillosa que es la Virgen María, de ella Jesús, y de Jesús todos nosotros.
De estos santos no conocemos con seguridad los nombres, pero los tomamos del Protoevangelio de Santiago que, aunque es apócrifo, es muy utilizado por los exegetas porque tiene una especial profundidad en lo que refiere al aspecto de la revelación. Los nombres auténticos podrían ser otros, pero es verosímil que sean éstos, puesto que todos tenemos un nombre.

Es importante pues, hacer referencia a los Santos Protectores que la Virgen nos recomienda, porque esto significa vivir con la mirada hacia el Cielo, vivir aquí en la tierra, pero con la esperanza de la vida eterna. ¿Y cuál es el mérito que tuvieron Joaquín y Ana? El de haber generado a María, o mejor, como dice el misal: "el privilegio de hacer nacer a la Virgen María. El privilegio - aún mayor - de la Virgen María es el de haber hecho nacer a Jesús y no sólo nacer, sino también concebir y hacer crecer, alimentar. En la vida espiritual este término es fundamental, porque con el entusiasmo puede resultar fácil comenzar, pero luego es importante alimentar: al principio un fuego se puede encender, pero hay que alimentarlo para que no se apague. Me gusta subrayar cómo Joaquín y Ana hacen nacer, alimentan y hacen crecer a María, y Ella hace nacer, alimenta y hace crecer a Jesús. Estos Santos Patrones tienen el encargo del Señor de hacer nacer y crecer dentro de nosotros la presencia de Jesús, como el buen terreno donde Cristo pueda germinar. Luego, ¿cómo tiene lugar este alimento, este crecimiento, cuál es su dinámica? La dinámica del crecimiento de Jesús en nosotros es la que nos comunicó Juan Bautista cuando decía a los discípulos: "Yo tengo que disminuir para que Él crezca".

Estos Santos Patronos, que han hecho nacer, han alimentado, han hecho crecer a María, son nuestros Santos Protectores para hacernos crecer hacia Dios, en la fe hacia Dios, en la fe hacia Dios que significa: hacer nuestra esta dinámica del disminuir y del hacer crecer en nosotros la presencia de Jesús. De este modo disminuye en nosotros el pensamiento, el juicio humano sobre las cosas, sobre las personas, sobre nosotros mismos y crece el pensamiento de Dios; disminuye en nosotros el amor por nosotros mismos, por nuestras cosas y crece el amor de Dios; disminuye en nosotros la preocupación de nosotros mismos, de nuestro futuro y crece la preocupación y la premura que Cristo tiene por nuestra vida. Que ésta sea la gracia que pidamos al Señor: disminuir nosotros para hacer nacer, alimentar y hacer crecer a Jesús como los padres de María, como María hizo con Jesús, como Jesús hoy quiere hacer con nosotros.*

 

La infancia espiritual: camino privilegiado al corazón de Dios

de Giuseppe Ferraro

Todos los mensajes de la Reina de la Paz están destinados significativamente a una categoría muy precisa de destinatarios, a aquellos "queridos hijos" que, en muchísimos casos, en la expresión croata original, es aún más tierna: "queridos pequeños míos". Es como si María quisiera subrayar de manera especial que la condición más importante para que sus llamadas maternas produzcan frutos de gracia en los corazones es la de acogerlos con sencillez y humildad de auténticos hijos, abiertos sinceramente al don de una paternidad y de una maternidad ofrecidas desde lo alto. La Reina de la Paz de hecho quiere conducirnos a vivir en plenitud el don de la filiación divina, ofrecida incansablemente por "Aquel del que toma nombre toda paternidad en los cielos y en la tierra" (Ef 3, 14-15), para hacernos cada vez más partícipes de la relación de comunión perfecta con el Padre que arde en el corazón del Hijo: "Hijitos, os invito de nuevo a la oración, porque con la oración podréis vivir la conversión. Cada uno de vosotros se hará, en la sencillez, como un niño que está abierto al amor del Padre" (Mens. 25.07.1996).

No es casual que la Reina de la Paz haya escogido como testimonios de su presencia en Medjugorje a unos niños, que al principio de las apariciones tenían edades entre los diez y los dieciséis años. Lo mismo ha ocurrido en las otras grandes apariciones marianas de fin de milenio, especialmente en Lourdes y en Fátima, donde los interlocutores escogidos por María eran todos jovencísimos, y por ello en grado perfecto de corresponder, a menudo con fidelidad heroica, a sus invitaciones maternas. Es el eterno estilo de Dios, que "escoge aquello que para el mundo es necio para confundir a los sabios y escoge a los débiles del mundo para confundir a los fuertes" (Cor 1, 27). Todo esto parece querer expresar un mensaje espiritual más profundo de lo que pueda parecer a primera vista, una llamada dirigida insistentemente desde el cielo a esta pobre humanidad, trágicamente ebria de orgullo luciferino (¡incluso espiritual!), que rechaza y disipa irresponsablemente el don más precioso del Resucitado: la paternidad divina, única auténtica fuente de paz, de gozo y de vida nueva para los corazones de los hombres y para el universo entero. El mundo y no raramente algunas instituciones eclesiales parecen olvidar con demasiada ligereza la inequívoca norma evangélica: "En verdad os digo que si no os convertís y no os hacéis como niños no entraréis en el Reino de los cielos. Pues quien se haga pequeño como este niño, ése es el mayor en el Reino de los Cielos" (Mt 18, 3-5). De estas palabras de María se hace eco la enseñanza profética del Pontífice actual: "En el niño hay algo que no puede faltar en quien quiere entrar en el Reino de los cielos. Están destinados al cielo los que son sencillos como niños, los que están llenos de un abandono confiado, ricos en bondad y puros. Éstos sólo pueden encontrar en Dios un Padre y hacerse a su vez, gracias a Jesús, también hijos de Dios" (Carta del Papa a los niños en el año de la familia 13.12.1994)

No parece casual la sintonía perfecta entre los mensajes de la Reina de la Paz y la acción magisterial del Papa, que ha propuesto al mundo de hoy, como camino privilegiado para alcanzar con seguridad la perfección del amor evangélico, el "caminito" de la infancia espiritual, encarnada admirablemente en Santa Teresa del Niño Jesús, y por el que fue, no sin alguna disensión, solemnemente proclamada "Doctora de la Iglesia universal" el 19 de octubre de 1997. En aquella ocasión, entre otras cosas, el Papa exclamó: "… En el vértice, como fuente y término, el amor misericordioso de las tres Divinas Personas… En la base, la experiencia de ser hijos adoptivos del Padre en Jesucristo; tal es el sentido más auténtico de la infancia espiritual, es decir, la experiencia de la filiación divina bajo la moción del Espíritu Santo. En la base también y frente a nosotros, el prójimo, los demás, en cuya salvación debemos colaborar con y en Jesús, con su mismo amor misericordioso" (Carta Apostólica 19.10.1997).

Es precisamente éste el contenido más auténtico y profundo de la llamada de María en Medjugorje, la llave de oro que nos introduce a los tesoros de gracia y de gozo celestiales encerrados en el corazón del Padre, preparados para los hijos de este tiempo: "También yo os invito a la vida con Dios y al abandono total a Él… Deseo que cada uno de vosotros descubra el gozo y el amor que se encuentran sólo en Dios y que sólo Dios puede dar. Dios de vosotros no desea nada, sólo vuestro abandono" (Mens. 25.05.89). María continúa atendiendo con ansia materna nuestro "sí" "para entregarlo a Jesús, para que Él nos colme con su gracia" (Mens.25.05.1992) De hecho, éste es el único medio capaz de abrir los niveles más profundos del alma para que acojan y puedan dar plenamente el amor de Dios "que se derrama en nuestros corazones a través del Espíritu que nos es dado" (Rom 5, 5), para hacernos realmente "instrumentos en sus manos para la salvación del mundo" (Mens. 25.03.94). Es el camino del ofrecimiento de la vida a Dios, al que nos invita constantemente la Reina de la Paz, el camino espiritual que hay que recorrer con la sencillez y la libertad de verdaderos "hijitos", abiertos plenamente a vivir con filial y confiado abandono al Padre "rico en misericordia", todas las situaciones de gozo y de sufrimiento que Él ha dispuesto sabiamente sobre el único camino que conduce a la plenitud de comunión con el Corazón encendido de amor del Hijo, donde María nos espera, para que "Mi corazón, el corazón de Jesús y vuestro corazón se fundan en un único corazón de amor y de paz" (Mens. 25.07.1999).* "Orar no significa perder el tiempo, sino llenar el tiempo de gracia, de luz, de paz, de amor y de bendición."

P. Jozo

 

Noticias de la tierra bendita

Al servicio de la vida: "La aldea de la Virgen"

Inspirado por María

Había una vez un hombre que decidió entregarse para poder realizar en su vida todo lo que la Reina de la Paz pedía al mundo… Así empiezan los cuentos para niños, pero lo que hoy representa la institución llamada "La aldea de la Madre" - nacida para la educación y el cuidado de los niños - no es sólo una fábula. Hay un principio, un programa y una responsabilidad personal de cada uno de nosotros, que se realizan en la medida en que nos dejamos implicar.

El PADRE SLAVKO trabajó mucho por este proyecto y, justo en el momento en el que sólo se veía guerra y destrucción, creó su institución para la vida. Inspirado por María que se ha presentado como la única Madre de todos los hombres, quiso él mismo "echar una mano a esta mano, amar este amor, acoger esta presencia, abrirse a esta consolación, ser obediente a esta palabra" y de este modo crear un camino nuevo, una nueva vida, un tiempo nuevo, nuevas relaciones entre los hombres.
Todos hemos visto - y aún podemos ver - las víctimas de la muerte y de la destrucción, por esto hemos tenido que concretar lo que es fundamental para la vida. En aquel momento, la vida más terrible era la de los niños que se habían quedado sin hogar, sin padres, sin seguridad ni educación, y esto despertó en el p.Slavko el deseo de dar una educación organizada a los niños y a los jóvenes necesitados - un trabajo especializado y una entidad a través de la cual tendrían un desarrollo fundamental a todos los niveles: corporal, mental, moral, religioso y cultural.

Fundación de la institución

La Aldea de la Madre existe ya desde el año 1993. Durante los años de la guerra civil que golpeó estas tierras en los años 1991-1995, el p. Slavko había organizado la acogida y la organización de los niños prófugos de Bosnia central que se habían quedado sin el cuidado paterno o procedían de familias que se habían dispersado. Confió el cuidado de los niños a las hermanas franciscanas de la provincia de Herzegovina y a algunos laicos, que comenzaron esta nueva misión alquilando una casa privada. De aquí nació la idea de construir una aldea para los niños.

"Lo que no se ve con los ojos, se reconoce con el corazón." El amor materno de María.

Aparentemente, lo que un peregrino o un visitante puede observar cuando llega a la Aldea de la Madre no se diferencia mucho de una casa, de un asilo, de una calle y de los jardines que puede encontrar en su ciudad y en cualquier parte del mundo. Sin embargo, es importante ir más allá de lo que se ve, porque "Lo que está escondido a los ojos, sólo se ve con el corazón" (de El Principito).

La Aldea de la Madre es una llamada para el mundo: "¡Haced el bien!"

"¡Preparaos un tesoro en los cielos! - dice el Señor". Tesoro son nuestras buenas obras, el amor que vivimos y que damos a los demás. O mejor: "Darse a sí mismo es mejor que dar sólo alguna cosa" - decía la Madre Teresa de Calcuta. Cada buena obra, cada decisión por la vida y por el optimismo no se queda en nosotros sino que se une al ofrecimiento de Jesús, perfecto y universal, que nutre el mundo y las almas. Así el bien crece, y también nosotros crecemos en el gozo porque "un corazón alegre nace, con seguridad, de aquel corazón que arde de amor" - nos recuerda de nuevo la Madre Teresa.

La Aldea de la Madre es un mensaje: "¡Luchad por la vida!"

Majcino Selo - ése es su nombre croata - junto a toda la realidad de Medjugorje no es algo que se acaba en sí mismo sino que es la imagen y el modelo de lo que "está en el mundo pero no es del mundo…" y que se enfrenta a la cultura de muerte de la sociedad moderna. El secreto, el promotor y la llamada a esta nueva manera de vivir es la presencia de María con la que Ella expresa su amor, pero "su amor es un amor materno, que crea las condiciones para vivir y trabajar, crecer y desarrollarse. Cuando el hombre se sabe amado por alguien, con un amor incondicional, recibe entonces la fuerza de comenzar también él a amar a los demás con aquel amor que crea las condiciones para vivir, luchando contra la destrucción y la muerte. Éste es justamente el amor que falta en el mundo" (p. Slavko).
A la luz de todo esto el mensaje de la Aldea de la Madre para todos nosotros es que nos abramos al amor materno de María en nuestra misma vida a través de los sentimientos cotidianos, grandes y pequeños, visibles e invisibles, a través de los deseos, las decisiones y las obras para la vida y en función de la vida. Cada vez que escogemos el bien y el amor nos convertimos también nosotros en "madres", siempre que generamos la vida de Dios y su reino dentro y fuera de nosotros. Viviendo así, junto a todos los hombres de buena voluntad que se comprometen a vivir los mensajes de la Reina de la Paz, nos convertimos en habitantes de una Aldea de la Madre mundial.
(Quien quiera tener más información, puede consultar la página Web: www.majcino-selo.info). Paula Jurcic

 

El vidente Ivan: "Madre, ¿por qué yo?"

"Tenía 16 años cuando comenzaron las apariciones y, naturalmente, fueron para mí, como para los demás, una gran sorpresa. No tenía una devoción especial a la Virgen, no sabía nada de Fátima ni de Lourdes. Sin embargo ocurrió: ¡la Virgen comenzó a aparecerse también a mí! También hoy mi corazón se pregunta: Madre, ¿no había alguien mejor que yo? ¿Llegaré a realizar todo lo que esperas de mí? Una vez se lo pregunté en serio y ella, sonriendo, respondió: "Querido hijo, ¡tienes que saber que no busco a los mejores!"

Soy pues desde hace 21 años un instrumento suyo, un instrumento en sus manos y en las de Dios. Estoy feliz de ir a esta escuela: a la escuela de la paz, a la escuela del amor, a la escuela de la oración. Es una gran responsabilidad ante Dios y ante los hombres. No es fácil sin embargo, precisamente porque sé que Dios me ha dado mucho, y también quiere mucho de mí. La Virgen viene como una auténtica madre que se preocupa de sus hijos en peligro: "Hijitos míos, el mundo de hoy está espiritualmente enfermo…" Ella nos trae la medicina, desea curar nuestros males, vendar nuestras heridas sangrantes. Y como una madre, lo hace con amor, con ternura, con calor materno. Desea aliviar a la humanidad pecadora y llevar a todos la salvación, por esto nos dice: "Yo estoy con vosotros, no temáis, deseo mostraros el camino para obtener la paz pero, queridos hijos, os necesito. Sólo con vuestra ayuda puedo realizar la paz. Por esto queridos hijos decidíos por el bien y combatid el mal."

María habla sencillamente. Repite las cosas muchas veces pero no se cansa, como una auténtica madre, para que los hijos no se olviden. Ella enseña, educa, muestra el camino del bien. No nos critica, no nos llena de miedo, no nos castiga. No viene a hablarnos del fin del mundo o de la segunda venida de Jesús, viene a nosotros sólo como Madre de la Esperanza, esperanza que quiere dar al mundo de hoy, a las familias, a los jóvenes cansados, a la Iglesia en crisis.

La Virgen en esencia quiere decirnos: si vosotros sois fuertes, también la Iglesia será fuerte; por el contrario, si sois débiles también la Iglesia lo será. Vosotros sois la Iglesia viva, vosotros sois los pulmones de la Iglesia. Tenéis que adoptar una nueva relación con Dios, un nuevo diálogo, una nueva amistad: en este mundo sólo sois peregrinos de viaje. En particular, la "Gospa" nos pide la oración en familia, nos invita a transformar la familia en un pequeño grupo de oración, para que vuelva la paz, el amor, la armonía entre los familiares. María también nos llama a valorar la S. Misa poniéndola en el centro de nuestra vida. Recuerdo que una vez, durante la aparición, Ella dijo: "Hijitos, si mañana tuvieseis que elegir entre encontraros conmigo o ir a la s. Misa, no vengáis conmigo, id a Misa!"
Cada vez que se dirige a nosotros nos llama "queridos hijos". Lo dice a todos, sin distinción de raza o nacionalidad… No me cansaré nunca de decir que la Virgen es verdaderamente nuestra madre, para la que todos somos importantes; cerca de Ella nadie puede sentirse excluido, todos somos hijos amados, todos somos "hijos queridos". Nuestra Madre sólo desea que abramos la puerta de nuestro corazón y hagamos lo que podamos. Del resto se ocupa Ella. Metámonos en su seno y encontraremos cerca de Ella seguridad y protección".

(de una grabación)

 

¡Hijitos, preparaos para la Santa Misa!

del p.Slavko Barbaric

ORAD AL ESPÍRITU SANTO - Al comienzo de la novena para la Inmaculada en 1983, Jelena Vasilj dijo en la ceremonia parroquial que la Virgen deseaba que antes de la Misa se orara al Espíritu Santo. La creímos y aceptamos la invitación comprometiéndonos a orar, pero pensando que la invitación hacía referencia a la novena, y que después dejaríamos de hacerlo. El 2 de enero de 1984 Jelena llegó con un nuevo mensaje de la Virgen: "¿Por qué habéis dejado de orar al Espíritu Santo? Os pedí que rezaráis siempre y en todos los periodos del año, para que el Espíritu Santo se derrame sobre todos vosotros. ¡Volved pues a rezar!" Obedecimos, y así todas las tardes, antes de la Misa, comenzamos a cantar un himno al Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es el Espíritu que Dios prometió enviar a los apóstoles, a la Iglesia, y a través del cual tendrá lugar la renovación de la tierra. Es el Espíritu que al principio descendió sobre las aguas y que trajo la paz y el orden. Es el Espíritu de Dios que resucitó de los muertos, que curó a los enfermos, que dio calor a quien tenía frío y que ahora extiende sus dones con abundancia a cuantos se lo piden. Se trata particularmente del Espíritu que nos puede conducir al misterio eucarístico de la presencia de Cristo. Es el Espíritu sin el cual el hombre no puede nada. Es también oportuno invocarlo en cualquier situación de necesidad, y sobre todo cuando nos preparamos al encuentro con Cristo en el sacrificio de la Misa.

OFRECEOS CON JESÚS EN EL ALTAR - La Virgen es la Madre de la Palabra de Dios, la primera que tuvo fe en él. Luego Él se encarnó y se hizo hombre en su corazón puro, que la gracia de Dios había no solamente preservado del pecado, sino también llenado de su misericordia. Así, ella, como Madre se convirtió en la primera "víctima" y su primer "tabernáculo", el santuario de Jesús para su presencia divina entre los hombres. Por lo tanto, su única misión y deseo es aún hoy el de enseñarnos a decir que Sí y a convertirnos en "víctimas vivas para dar gracias a Dios". Ella nos enseña maternalmente cómo celebrar la Santa Misa y qué hacer: María no habla teológicamente de la Misa, ni utiliza imágenes bíblicas, ni siquiera hace referencia a normas litúrgicas. La Virgen desea sencillamente que nosotros "vivamos" y "experimentemos" la Eucaristía: "Queridos Hijos, os invito a una oración más activa y a la participación en la Misa. Deseo que cada Misa vuestra sea experiencia de Dios" (Mens. 16.5.85)... Y repite el 3 de abril de 1986: "Queridos hijos, os invito a vivir la Santa Misa. Muchos de vosotros han experimentado su belleza, pero todavía hay algunos que no vienen con ganas. Yo os he escogido, queridos hijos, y Jesús en la Santa Misa os da sus gracias. Por esto vivíd conscientemente la S. Misa y que vuestra asistencia esté llena de gozo. Venid con amor y acoged en vosotros la S. Misa".

CONVERTÍOS EN EUCARISTÍA PARA LOS DEMÁS - Tras haber participado en la Santa Misa con el corazón, estamos dispuestos a vivir en el Espíritu y a luchar contra las obras de la carne. En esta lucha por la vida se obtienen victorias y se sufren derrotas, se cometen pecados y se padecen heridas. Pero el amor y la sanación de las heridas son vivos y eficientes. Así nosotros asistimos a la Misa que Jesús celebra para nosotros, y salimos renovados y bien dispuestos. Podemos entonces decir que, con el primer paso de la Iglesia, en el momento en que Jesús celebra la Misa por nosotros, comienza nuestra Misa, nuestro sacrificio por los demás. Éste crece gracias al sacrificio de Cristo y lo pone como máximo resultado alcanzable, punto de partida y de llegada. Así pues, también nuestra vida puede ser una MISA, una Eucaristía para los demás, que nos realiza, nos une y se concreta en el mundo. Así quedamos unidos a Cristo en una auténtica unidad de vida y nos hacemos sacrificio vivo para dar gloria al Padre. Nos convertimos en su presencia en el mundo continuando la obra de redención, tras haber sido nosotros mismos los frutos de esta redención.

Por estos motivos la vida cristiana es una vida esencialmente eucarística, es decir una vida de amor que se entrega voluntaria y gozosamente a los demás. De este modo la Eucaristía se convierte en fuente de paz. De hecho, cualquier camino de paz es también camino eucarístico. Cuanto más desinteresado sea el amor demostrado a los demás, más fácilmente se conseguirá la paz con Dios y con los hombres.
Extraído libremente de: "Celebrad la Misa con el corazón"

 

En el Corazón de la Inmaculada

En 1983 el famoso teólogo Von Balthasar dijo: "Entramos en un tiempo en el que la Virgen encontrará su lugar en toda la Iglesia. La Virgen no es uno de los Santos, es la Madre de Dios, es la Madre de la Iglesia, es la criatura nueva, y dentro de la Iglesia tiene que manifestar todo su esplendor. Nosotros debemos relacionarnos con Ella tal como Dios lo ha previsto". Para entrar en una relación viva con María, para penetrar en su Corazón Inmaculado que, como anunció en Fátima está destinado a triunfar, es importante ante todo asumir una actitud activa, dinámica. Como escribió san Agustín: "Dios nos ha creado sin nosotros, pero no nos salvará sin nosotros". Toda la belleza del hombre está en su libertad y en la participación libre en la dinámica de Dios en el universo, que responde a la misión que el Señor le confió de gobernar la creación y las criaturas, y esto acontece a través de nuestra respuesta a Dios.

Hay una actitud pasiva, estática, que no tiene nada que ver con el triunfo del Corazón Inmaculado de María. Hay diversas situaciones en las que el hombre permanece pasivo interiormente. Un elemento que generalmente causa pasividad es el miedo escondido en el fondo del alma y que lleva a temer incluso a Dios. ¡Así no es posible triunfar! También la indiferencia es una característica de la pasividad interior: la indiferencia en acercar al prójimo, en comunicar la paz... ¿Quién puede llevar el perdón a otro si por dentro está frío?

Lo que en cambio lleva al triunfo del Corazón Inmaculado de María es una actitud dinámica que favorezca la apertura interior, aquella misma apertura que encontramos en la Virgen en el momento de la concepción de Jesús. El peligro que se corre en las comunidades, en los santuarios, en los movimientos espirituales es el de detenerse. Cuando la dinámica en un alma se detiene, entonces se detiene todo. ¿Qué no es el triunfo del Corazón Inmaculado de María? Son las fantasías, los profetismos, los fanatismos, el actuar por la fuerza y los esquemas humanos que condicionan la acción de Dios. ¿Qué constituye en cambio su triunfo? Es sencillamente la realidad. San Pablo en la carta a los Efesios escribe que somos inmaculados, o mejor, santos e inmaculados. Ésta es la realidad. En el bautismo hemos recibido, en virtud de la gracia, el don de ser inmaculados. El triunfo de María tendrá lugar cuando nosotros seamos capaces de responder plenamente a la gracia que nos hace inmaculados.
Juan Pablo II cuando en Fátima consagró el mundo a la Virgen lo definió como "Entrega confiada a María". Pero esto no basta. Habría que añadir otra expresión: "abandono a María", que literalmente significa abandonar, dar, para que Ella lo entregue todo a Dios. Cuando nos confiamos a María ya no pertenecemos más a nosotros; nuestra vida pertenece a Dios a través de la Virgen.
Dios nos ha dado como madre a María; su corazón es el "jardín nuevo" donde podemos apropiarnos de nuevo de nuestra originalidad y, en base a nuestra respuesta, se pone de manifiesto la potencia del triunfo de su Corazón Inmaculado. Puede parecer extraño, pero sin nosotros no es posible. Por esto en Medjugorje la Virgen ha dicho: "sin vosotros, sin vuestras oraciones no puedo ayudaros". ¡Es bellísimo! Estamos llamados a construir un mundo nuevo junto a la Inmaculada. ¡Estamos llamados a participar en el plan maravilloso de la salvación de la humanidad!

Los pasos hacia el triunfo del Corazón Inmaculado de María pasan a través de nuestro corazón. Tenemos que ser conscientes de poseer la pureza de la Inmaculada. A menudo nos sentimos castigados, frustrados, abandonados por Dios; la fe casi nos parece una ilusión fuera de la realidad. En realidad, nosotros desde el bautismo poseemos ya la pureza de la Inmaculada, pero el demonio intenta alejarnos de esta conciencia para cerrarnos a la esperanza. ¿Cómo combatirlo? Creyendo que a cada instante lo recibimos todo de Dios gratuitamente. Pocos lo creen... De hecho, muchos creen que a Dios hay que pagarle un peaje; y rezan mil rosarios, hacen penitencias heroicas, multiplican las "prácticas religiosas"... Y así se acaba haciendo un comercio con Dios. Pero Dios es bueno, ama a los buenos y a los malos. Entonces, ¿por qué nosotros no le permitimos que nos ame cuando nos equivocamos, cuando somos frágiles, cuando somos débiles? ¿Por qué no permitimos a su bondad gratuita que se comunique a los demás también a través de nuestro corazón? Todas nuestras oraciones y ayunos, los sacrificios sirven para abrirnos, para superar las barreras dentro de nosotros y unirnos a la bondad infinita de Dios. De otro modo, no dejamos de ser unos fariseos, "sepulcros blanqueados" y dentro no triunfa más que la muerte. Incluso nos maravillamos, nos preguntamos: ¿cómo tras tantos años de penitencia no he cambiado? Porque queremos cambiar con nuestros propios medios, es la respuesta.

Si queremos entrar en el Corazón de la Inmaculada debemos pedirle que nos ayude a acoger la bondad gratuita de Dios, de la que nacen todas las virtudes. Si la Inmaculada vive en nuestros corazones, Ella generará a Dios en nosotros. Entonces nos convertiremos en instrumentos del triunfo de su Corazón Inmaculado.
Redacción

Quizás alguno aún no sabe que la Virgen cuando formó el grupo de oración en Medj. pidió a través de Jelena que estuviesen a su disposición durante cuatro años sin elegir ningún tipo de vocación. Durante este tiempo Ella iba a mostrar al grupo el camino de la oración y los pasos fundamentales en la vida espiritual. Les pidió, en definitiva, ser fieles en la espera porque aquel tiempo era necesario para dar al grupo la preparación adecuada.

 

 

En la espera...

de Jelena Vasilj

En la vida esperamos sobre todo realizarnos y, si somos generosos, esperamos que los demás también se realicen en sus vidas. Para los padres esto consiste en la cooperación directa con Dios en la creación de una vida, mientras que para los consagrados consiste en dar a luz a la criatura para la vida eterna. Pensemos en San Pío: cuánto sufrimiento por la salvación de las almas... o en Madre Teresa, que como lema de su apostolado escogió las palabras de Jesús en la cruz: Tengo sed. De las almas, naturalmente. Toda la creación está pues a la espera de la vida, de la que san Juan nos dice que es Dios mismo (cf Jn 1, 4). Es una vida que ahora no poseemos en plenitud y cuya realización esperamos en la vida futura. De ésta el apóstol san Pablo escribe: Ahora vemos como en un espejo, de manera confusa, pero entonces veremos cara a cara. (1 Cor 13, 12).

¿Pero nos preguntamos por el sentido de la espera? ¿Por qué el Señor nos hace esperar, o mejor, por qué el Señor nos priva de esta visión escondiéndose? Está claro que la respuesta está de nuestra parte, dado que Dios quiere prepararnos al encuentro con Él. Recuerdo algunas palabras impresionantes de San Ignacio de Antioquía. Mártir, ya consciente de su futuro martirio, decía: "Quiero ser triturado y despedazado como el grano", o bien: también yo quiero morir para convertirme en Cuerpo de Cristo. La respuesta, pues, exigente pero sencilla, es la siguiente: tenemos que estar preparados para la vida eterna.
¿Y cómo nos prepara el Señor? Saliendo de en medio... Puesto que nosotros no estamos aún preparados para gozar enteramente del bien que es Él, se hace a un lado para suscitar en nosotros el deseo de poseerlo. Un deseo que nos prepara a la futura posesión de Dios. Un deseo que, como dice san Agustín, es el fruto de la fe, porque lo que se ve se posee, y por tanto ya no se desea más: "Que el Señor vaya a preparar el lugar: vaya y se sustraiga de nuestra mirada, se esconda para ser creído. Preparamos el lugar cuando vivimos de fe. De la fe nace el deseo, el deseo prepara a la posesión, puesto que la preparación de la morada celestial consiste en el deseo, fruto del amor." Agustín nos explica en qué consiste este fruto: "... a este fruto de la contemplación está ordenado todo el esfuerzo de la acción; ... se busca por sí mismo, y no está subordinado a nada más... Representa el fin que satisface todas nuestras aspiraciones. Por esto será un fin eterno, porque sólo un fin sin final podrá satisfacernos enteramente...Es precisamente de esta alegría, que saciará todos nuestros deseos, de la que el Señor hablaba cuando dijo: Vuestra alegría nadie os la quitará".

Es muy importante saber esperar este fruto. Los santos, de hecho, se distinguen por la capacidad de saber esperar, de creer. De esto podemos decir que no saber esperar es la enfermedad de nuestra sociedad. Esperamos sólo cuando no nos queda otro remedio, y a menudo en lugar de esperar, lo simulamos causando numerosas y a veces atroces sufrimientos a quien está cerca nuestro. Diría que ésta es la dinámica del pecado donde el hombre, casi obligado a actuar, no es capaz de posponer su deseo de la posesión. Estamos impulsados como por una prisa para actuar, tal como Jesús nos hace comprender cuando dice a Judas: Lo que tienes que hacer, hazlo pronto (Jn 13, 27).
La espera en lugar de poseer el fruto del deseo a menudo provoca lágrimas, tal como dice el Salmo: Mis lágrimas se han convertido en pan para mí, día y noche, cuando me dicen todo el día: ¿Dónde está tu Dios?" (Sal 42, 2). La espera provoca gemidos y auténticos duelos espirituales... "Esto que es el fruto de su trabajo, la Iglesia lo da a luz ahora en el deseo, entonces lo dará a luz en la visión; ahora gimiendo, entonces exultando; ahora orando, entonces alabando a Dios" (Íbid). Los sufrimientos nos preparan para acoger a Cristo: ensanchan nuestra alma y la hacen capaz de acoger la vida. Por esto abrazados a la cruz llegamos al gozo total de la vida eterna, como dice san Agustín: "Es como si uno viese de lejos la patria, y estuviese en medio del mar: ve dónde tiene que llegar, pero no sabe cómo llegar... Ahora, para enseñarnos el camino ha venido de allí aquél hacia quien nosotros queríamos dirigirnos. ¿Y qué ha hecho? Nos ha dado la madera con la que atravesar el mar de este siglo. Nadie, de hecho, puede atravesar el mar de este siglo, si no es llevado por la cruz de Cristo. Aunque uno tenga los ojos enfermos puede agarrarse al madero de la cruz. Y quien no consigue ver de lejos la meta de su camino, que no abandone la cruz, y la cruz le hará llegar. (Io.eu.tr.2,2).*

 

Los lectores escriben

Pablo Martínez, de Rosario, Argentina - Deseo daros las gracias por este gesto fraterno de caridad al enviarme cada dos meses vuestra publicación. Doy gracias especialmente por la última (n.165). ¡Que Dios bendiga y sostenga vuestro apostolado!

Padre Gianni Viganò de Guatemala - Os agradezco el Eco de María: he estado un par de veces confesando… en Medj. Que la Reina de la Paz obtenga la paz para este mundo tan agitado. Unidos en la oración, os bendigo de corazón.

Hna Alda de Maimelane (Mozambique) - Gracias de corazón por el Eco en italiano y en portugués. Que el Señor bendiga con el Corazón de María todo vuestro trabajo y el bien que está haciendo el Eco.

Padre Francesco Peyron de S. Bartolomeo (Cuneo - I) - Os agradezco por la querida publicación que recibo regularmente y difundo. Rezo por vosotros, para que el Eco continúe difundiendo en todas partes los mensajes, el Espíritu, el perfume de María, fecundados por vuestros sacrificios escondidos. ¡GRACIAS!

Fabio Maccari di Terni (I) - Me congratulo con vosotros por el trabajo que lleváis a cabo para comunicar y explicar los mensajes de Medjugorje. No sólo "prestáis" vuestra voz a la Bienaventurada Virgen para hablar también a los que están lejos, sino que proporcionáis también la llave para meter en el corazón el germen de esperanza y de caridad presentes en los mensajes celestiales.

Pierluigi Zanini de Selvazzano (PI - I) - Queridísimos amigos, os escribo para agradeceros a todos los que habéis trabajado en el pasado con don Angelo y que trabajáis ahora con amor y dedicación, en silencio, por el Eco de María. Fui a Medj. desde las primeras apariciones y ha sido con gran emoción que he recibido la colección de los 100 primeros números de la publicación. Todos los números que han salido hasta ahora son la prueba objetiva de que es la misma Reina de la Paz que los quiere y que cada uno de los que han trabajado y trabajan está "llamado" por Ella al servicio. ¡¡¡Gracias, gracias, gracias!!!
Gracias por el bien, el amor, la alegría, la paz, que gracias a vuestra humilde, desinteresada y asidua contribución, María difunde en el mundo a través de estas "poderosas" pacientes. Ruego por vosotros, por todos los lectores, para que Ella, manteniéndonos unidos, continúe enseñándonos con paciencia para que demos los frutos que Dios Padre espera de cada uno de nosotros.

Alessandro Macinai de Monteriggioni (Siena - I) - Recibo el Eco por correo desde hace un año y lo encuentro verdaderamente edificante y lleno de testimonios y de espiritualidad. La iniciativa de recoger en un solo volumen los 100 primeros números de Eco ha sido verdaderamente una idea óptima porque me permitirá recorrer los pasos de la historia de Medjugorje. Quien, como yo, ha empezado a conocer a la Gospa después de 20 años que comenzaron las apariciones, podrá profundizar en el conocimiento de los mensajes.

Rosa Hauser de Buch (A) - Os agradezco de corazón por el Eco de María que recibo y difundo siempre con mucha alegría. Gracias a Dios todavía existe una publicación tan maravillosa que nos conduce a todos hacia la fe.

Sor Alda de Maimelane (Mozambique) - Gracias de corazón por el Eco en italiano y en portugués. Que el Señor bendiga con el Corazón de María todo vuestro trabajo y el bien que el Eco está haciendo.

 

* Ya se ha publicado la colección de los 100 primeros números del Eco encuadernada en un solo volumen. Quien esté interesado puede pedirla en nuestra secretaria:

Tel/fax: 0423.470331

Para nuevas suscripciones o para modificaciones en la dirección escribir a la Secretaría del Eco: CP 27 31030 BESSICA (TV)

El Eco de María es gratuito y vive sólo de donaciones que se pueden hacer al nº de c.c.p.: 14124226 a nombre de Eco di Maria, C. P. 149, 46100 MN

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