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www.medjugorje.ws » Eco de Maria Reina de la Paz » Eco de Maria Reina de la Paz 182 (Julio-Agosto 2005)

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Mensaje del 25 de mayo de 2005:
“Queridos hijos, os invito de nuevo a
vivir con humildad mis mensajes.
Testimoniadlos especialmente ahora que
nos acercamos al aniversario de mis apa-
riciones. Hijitos, sed signo para los que
están alejados de Dios y de Su amor. Yo
estoy con vosotros y os bendigo a todos
con mi bendición maternal. Gracias por
haber respondido a mi llamada.”
Ser signo
De nuevo os invito a vivir con humil-
dad mis mensajes. Es una invitación recu-
rrente, es la invitación de siempre. María no
condesciende con los gustos cambiantes de
los consumidores de noticias. Ella sabe que
la verdadera noticia, la única noticia capaz
de transformar la historia humana, es la
venida de Dios en el hombre, es Cristo
Jesús. Fuera de esto todo es vanidad. ¿Qué
saca el hombre de toda la fatiga con que se
afana bajo el sol? Una generación va, otra
generación viene; pero la tierra para siem-
pre permanece
(Qo 1, 2b – 3).
La venida de Jesús lo cambia todo; no
sólo la historia, sino la misma realidad; no
sólo la realidad del hombre desde hace 2000
años, sino desde que el primer hombre fue
creado. Así, toda la creación está redimida
en Cristo Jesús y de hecho gime y sufre dolo-
res de parto
(cfr Rm 8, 22), es decir, nace a
la vida. Toda la creación, y en particular la
criatura humana, afronta este parto largo y
doloroso. Pero no estamos solos. De hecho,
ningún parto en el mundo está tan bien asis-
tido y guiado: María está con nosotros, Ella
nos asiste, Ella nos guía. Desde que Jesús
nos recibió en Juan (Jn 19, 26) nosotros
somos Sus hijos y desde entonces no nos ha
abandonado nunca. Ahora, en este especialí-
simo tiempo de gracia, María está cerca de
nosotros como nunca lo había estado antes
para repetirnos, sin temor a no ser original,
lo que nos ha dicho desde los primeros días
de Su presencia en Medjugorje. No nos invi-
ta a añadir alguna práctica pía a nuestro cul-
to sino a vivir lo que profesamos. El camino
que Ella nos sugiere es la oración, el ayuno,
la frecuencia sacramental, la Sagrada
Escritura. El método es el abandono confia-
do en Dios. No con palabras, sino con gestos
concretos de vida.
Hoy nos invita una vez más a vivir con
humildad sus mensajes y en particular a
testimoniarlos ahora que nos acercamos
al aniversario de Sus apariciones.
Es una
indicación clara de cómo celebrar el 24º ani-
versario de Su presencia en Medjugorje:
vivir en la humildad, es decir, con el estilo
propio de María, los mensajes recibidos y de
ese modo autentificarlos. Pero todo esto,
María no lo pide para Su gloria. Ella, humil-
dísima sierva de Dios, no ha buscado nunca
la gloria para Sí. Hijitos, sed un signo para
los que están alejados de Dios y de su
amor.
Esto es lo que está en el corazón de
María: llegar a los que están alejados. Los
que están lejos de Dios
necesitan un signo
que pruebe como Él busca y desea su cerca-
nía. Los que están lejos de su amor, es
decir, los que no logran sentir el amor de
Dios y no creen en este amor, necesitan un
signo que dé prueba de lo grande y miseri-
cordioso que es Su Amor y cómo éste no
depende de sus méritos. Necesitan signos y
no palabras. Necesitan encontrar a Cristo
para encontrar en Él el sentido de su vida,
para conocer en Él el amor del Padre, para
recibir de Él el fuego del Espíritu. Y noso-
tros podemos ser signo si, aun conscientes
de nuestra indignidad absoluta, por fe y con
temor nos dejamos inhabitar por Cristo.
Gracias, María, porque nos llamas a una
tarea tan bella y tan grande. Nosotros sabe-
mos que ser signo tal como Tú nos pides
significa seguir los pasos de Jesús y por lo
tanto negarnos a nosotros mismos, tomar
nuestra cruz y seguirlo
(cfr Mc 8, 34) pero
sabemos también que Tú estás con nosotros
y nos bendices con Tu bendición materna
y así no tenemos miedo y nos abandonamos
a Ti para que se cumpla en nosotros la
voluntad del Padre. Sí, Padre, completamen-
te Tuyos en Jesús y María.
Nuccio Quattrocchi
Mensaje del 25 de junio de 2005:
“Queridos hijos, hoy quiero agradece-
ros cada sacrificio que habéis ofrecido por
mis intenciones. Os invito, hijitos, a ser
mis apóstoles de paz y de amor en vues-
tras familias y en el mundo. Orad para
que el Espíritu Santo os ilumine y os guíe
por el camino de la santidad. Yo estoy con
vosotros y os bendigo a todos con mi ben-
dición maternal. Gracias por haber res-
pondido a mi llamada.”
Apóstoles de la paz
y del amor
En un mundo en el que los sacrificios ya
no tienen valor sino que son considerados
pesos inútiles cuando no injustos, María nos
agradece cada sacrificio que hemos ofre-
cido por sus intenciones.
Ella no hace dis-
tinciones, en este mensaje, entre pequeños y
grandes sacrificios; nos agradece cada
sacrificio
precisando los que hemos ofreci-
do por sus intenciones.
No cuenta tanto el
peso del sacrificio como ponerlo en sus
manos, entregarlo a Su Corazón. Ella sabe
qué hacer con él, cómo unirlo al único ofre-
cimiento verdaderamente salvífico para la
humanidad de ayer, de hoy, de mañana:
Jesucristo muerto y resucitado por nosotros.
Sólo ella puede purificar cada sacrificio
nuestro para completar lo que falta a los
padecimientos de Cristo, a favor de su cuer-
po que es la Iglesia
(Col 1, 24). Esto es un
gran consuelo para todos. En particular, es
un gran consuelo para los enfermos; ¡cuánto
sufrimiento desperdiciado porque no se le ha
ofrecido a Ella y cuántas gracias perdidas
porque no hemos sabido pedirlas! Respecto
de esto es emblemático el mensaje del
11.09.1986: Queridos hijos, en estos días,
mientras festejamos la Cruz, deseo que tam-
bién para vosotros vuestra cruz se convierta
en gozo. Especialmente, queridos hijos,
orad para poder aceptar la enfermedad y
los sufrimientos con amor, tal como los
aceptó Jesús. Sólo así podré, con gozo,
daros las gracias de sanación que Jesús me
permite.
Debemos tomar conciencia del tesoro de
gracias que Jesús nos da como don a cada
instante. No tenemos nada que inventar,
nada que programar, nada por descubrir;
sólo tenemos que aceptar, desear, vivir Su
Vida en nosotros. Cuando Lo recibimos en
su santa Comunión, ¿no Lo recibimos en Su
Cuerpo y en Su Sangre? ¿Qué hacemos de
este Cuerpo y de esta Sangre si, al salir de la
iglesia, no queda rastro en nosotros? Si
Jesús está en nosotros, Él debe ser visible y
no nosotros. Él debe crecer y nosotros dis-
minuir
(Jn 3, 30). ¡En cambio, qué estorbo
es nuestra persona y qué insignificante la
presencia de Cristo en nosotros! Sin embar-
go, Jesús está siempre allí, presto para aten-
¡Es el verano
de los jóvenes!
Julio - agosto 2005 - Editado: por Eco di Maria, C.P.
27 31030 Bessica (TV)
(Italia) - Tel / fax 0423. 470331
A. 21, N° 5-6; Esd.a.p. art.2,com.20/c, leg.662/96 filiale di MN-Autor.tribun.MN: 8.11.86, ccp 14124226
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dernos; Su Amor subsiste y persiste, a pesar
de las ofensas, a pesar de las traiciones. El
Padre consiente todavía a María que nos
visite, que nos anime; nos contempla a tra-
vés de Jesús y Su amor se hace misericordia.
Y María, no sólo nos agradece, sino que nos
abre un camino: os invito, hijitos, a ser mis
apóstoles de la paz y del amor en vuestras
familias y en el mundo.
Es ésta, quizás, la
flor abierta de los sacrificios ofrecidos a Ella
y la flor que dará fruto si queda expuesta al
sol del Espíritu. De hecho, nos exhorta así:
Orad al Espíritu Santo para que os ilumi-
ne y guíe por el camino de la santidad.
No
es algo que quede fuera de nuestro alcance.
Jesús, haciéndose cargo de nuestro pecado,
nos ha abierto el camino a Dios, es decir, el
camino de la santidad. La santidad debe
ser la condición normal, la característica
existencial, de todos los que en cualquier
lugar invocan el nombre de Nuestro Señor
Jesucristo
(1 Cor 1, 2). La humanidad y toda
la creación tienen una necesidad vital de esta
revelación de santidad, de la revelación de
los hijos de Dios
(Rm 8, 19). Apóstoles de
la paz y del amor
para que en la paz y en el
amor se vuelvan a fundar la familia y el
mundo. Sus apóstoles para que la paz y el
amor nos alcancen inmaculados. Sus após-
toles
porque suyos son los verdaderos após-
toles de los últimos tiempos,
según la ense-
ñanza de San Luis María Grignon de
Montfort.
N.Q.
Búsqueda interior y libertad:
Dos alas de juventud
Pasé por su casa hacia las 9 de la maña-
na y la encontré ocupada limpiando el huer-
to. Con un sencillo delantal de trabajo sobre
el hábito negro, había cogido una planta sal-
vaje para erradicarla, y tiraba con tanta fuer-
za que cuando la planta cedió ella casi pier-
de el equilibrio. Me acogió con su sonrisa
acostumbrada, contenida y profunda, una
sonrisa estupenda para mí única en el mun-
do. No recuerdo qué comenté sobre su tra-
bajo, - Sí, ya es hora de que vosotros los
jóvenes nos toméis el relevo – dijo sacu-
diéndose el delantal y señalando dos sillas
que estaban por allí.
“Dejarlo todo para seguir al Señor…”
me dijo el día en que le comuniqué que iba
a entrar en una Comunidad religiosa, - …
para mí ha sido un momento exigente, un
paso de confianza total… ¿para pensar bien
todo lo que dejaba? No tenía casi nada. Una
elección que haría de nuevo, ¡sí, si me lo
pidiese estaría dispuesta a volver a empezar!
– Lo decía con una seguridad y profundidad
que me tocaron en lo profundo, aquella her-
mana anciana tenía la decisión de quien es
perfectamente consciente del mundo en el
que vive y no se arredra ante la vida.
Recuerdo la decisión con la que me dijo:
- ¿La pobreza? Una elección de libertad. ¿La
obediencia? Una elección de libertad. ¿La
castidad? Una elección de libertad. –
Entonces no podía estar plenamente conven-
cido, ahora lo puedo testimoniar con todo mi
ser. “Libertad” es una realidad funda-
mental para nosotros los jóvenes.
Y de la
interpretación torcida de este concepto deri-
van todas las degeneraciones típicas del
mundo juvenil que conocemos tan bien.
Hay una libertad “exterior” que por
mucho que se amplíe no llegará nunca a ser
completa y verdadera. El “hacer todo lo que
quiero” no puede nunca satisfacer nuestro
profundo deseo por la vida. Cuanto más se
acata esta falsa libertad, más revela la propia
inconsistencia. Hay por el contrario una
libertad interior,
la libertad que Dios nos
ha dado y que constituye de algún modo par-
te importante de nuestro ser a Su imagen y
semejanza”: con nuestra voluntad podemos
elegir en cualquier momento la vida o la
muerte, el bien y el mal, decidirnos por los
mandamientos de Dios, por las leyes que
están impresas en nuestras almas, o bien rea-
lizar lo que es contrario a todo esto.
Sí, las grandes elecciones de la vida
asustan un poco el mundo de nosotros los
jóvenes,
porque cada elección implica una
renuncia. Pero arriesgando el todo por el
todo, realizando valientemente las eleccio-
nes decisivas de nuestra vida podremos des-
cubrir que cada renuncia nos lleva siempre
hacia la auténtica libertad, libertad de ser lo
que somos, libertad para vivir plenamente
nuestra autenticidad de criaturas elegidas.
Es el miedo el que bloquea a muchos
jóvenes ante elecciones decisivas, pero la
alternativa es permanecer en una especie de
espera pasiva, en una no-vida. En la decisión
de consagrar mi vida a Dios, lo que prevale-
ció no fue el aspecto de la renuncia, pues yo
ya podía saborear cómo cada renuncia lleva-
ba hacia una libertad inestimable, se trataba
de eliminar lo superfluo para dejar espacio
en mí para la única cosa importante.
Entrar en una comunidad no ha signifi-
cado renunciar a los amigos, o a la experien-
¡Es el verano de los jóvenes!
Les esperan importantes citas. Y ellos
acudirán prontos, desde todos los rincones
del mundo para no perder esos momentos de
gracia que los reunirán a todos festivamente
en torno a Aquél que se ha quedado bajo las
especies del Pan y del vino para continuar
dándonos su amor.
“HEMOS VENIDO PARA ADORARLO”
Éste es el tema de las dos citas, la prime-
ra en el festival de los jóvenes en
Medjugorje
(del 1 al 6 de agosto), un
encuentro que nunca ha fallado en dar a los
jóvenes corazones sedientos de Dios y de
verdad la gracia necesaria para volver a casa
con una esperanza renovada y nuevamente
sanados. Pero otro acontecimiento más
extraordinario, también reunirá a gran canti-
dad de ellos. Será en Colonia con motivo de
la XX JORNADA MUNDIAL DE LA
JUVENTUD,
un encuentro esperadísimo y
preparado con mucho cuidado por el país
que va a acoger a todas las diócesis del pla-
neta para garantizar a los jóvenes una estan-
cia de calidad bajo en todos los aspectos,
materiales y espirituales.
¡SED COMO LOS MAGOS!
¡Qué idea acercar la multitud de jóvenes
a esos tres misteriosos personajes del evan-
gelio! Dejemos que sea el Papa una vez más
el que nos explique esta idea: “En verdad, la
luz de Cristo esclarecía la inteligencia y el
corazón de los Magos. “Éstos partieron”
lanzándose con valentía por caminos ignora-
dos y emprendiendo un largo y no fácil via-
je. No vacilaron en dejarlo todo para seguir
la estrella que habían visto aparecer en
Oriente. Imitando a los Magos, también
vosotros, queridos jóvenes, os preparáis para
realizar un “viaje” desde todas las regiones
del globo hacia Colonia. No sólo es impor-
tante que os preocupéis de la organización
práctica de la Jornada Mundial de la
Juventud, sino que de lo que tenéis que ocu-
paros en primer lugar es de la preparación
espiritual, en una atmósfera de fe y de escu-
cha de la Palabra de Dios”.
RECONOCED LOS SIGNOS
Muchas veces Dios nos llama, sobre todo
en nuestra juventud, y a nosotros nos cuesta
reconocer su voz en medio de tanto estruendo
que ensordece nuestras ciudades. Por esto el
Pontífice escribía: “Es importante aprender a
escrutar los signos con los que Dios nos lla-
ma y nos guía. Cuando se tiene conciencia de
estar guiados por Él, el corazón experimenta
una alegría auténtica y profunda”.
SED ADORADORES
“En el establo de Belén Cristo se dejó
adorar, bajo la pobre apariencia de un recién
nacido, por María, José y los pastores; en la
Ostia consagrada lo adoramos sacramental-
mente presente en cuerpo, sangre, alma y
divinidad, y se nos ofrece a nosotros como
alimento de vida eterna. La santa Misa se
convierte entonces en la auténtica cita de
amor con Aquél que se ha entregado com-
pletamente por nosotros”.
¿QUÉ LLEVAR COMO DON?
Los Magos llevaron dones preciosos
que, como sabemos, tenían un gran simbo-
lismo. ¿Pero a los jóvenes qué se les pide
que lleven? “Queridos jóvenes, ofreced tam-
bién vosotros al Señor el oro de vuestra exis-
tencia, es decir, la libertad de seguirlo por
amor respondiendo fielmente a su llamada;
haced que suba a Él el incienso de vuestra
oración ardiente, en alabanza de su gloria;
ofrecedle la mirra, es decir el afecto lleno de
gratitud hacia Él,
verdadero Hombre, que
nos ha amado hasta morir como un malhe-
chor en el Gólgota. Sed adoradores del úni-
co Dios verdadero, poniéndolo en el primer
lugar en vuestra existencia”.
ELECCIONES VALIENTES
“Escuchar a Cristo y adorarlo lleva a
hacer elecciones valientes, a tomar decisio-
nes a veces heroicas. Jesús es exigente por-
que quiere nuestra felicidad auténtica. A
algunos los llama a dejarlo todo para seguir-
lo en la vida sacerdotal o consagrada. Quien
sienta esta invitación que no tenga miedo de
dar el “sí” y se ponga generosamente en su
seguimiento.
ES TIEMPO DE TESTIMONIOS
AUTÉNTICOS
Son muchos los contemporáneos nues-
tros que no conocen todavía el amor de Dios,
o buscan llenarse el corazón con sucedáneos
insignificantes. Es urgente, por lo tanto, ser
testimonios del amor contemplado en Cristo.
¡JUAN PABLO II ESTARÁ!
El Papa que los ha invitado no estará pre-
sente físicamente, pero lo estará en Espíritu,
junto a María. Y se encontrará con cada uno
de ellos, en lo secreto del corazón. Y estas
palabras que les había escrito las podrá
sugerir en el silencio de la oración y de la
adoración que cada joven se prestará a reali-
zar: “Queridísimos jóvenes encaminados
idealmente hacia Colonia, el Papa os acom-
paña con su oración. Que María, “mujer
eucarística” sostenga vuestros pasos, ilumi-
ne vuestras elecciones, os enseñe a amar lo
que es verdadero, bueno y bello. Que os lle-
ve a todos a su Hijo, el único que puede
satisfacer las expectativas más íntimas de la
inteligencia y del corazón del hombre. ¡Con
mi Bendición!”
Red.
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cia de la vida universitaria, o al afecto de mi
familia o al proyecto de una familia futura, y
mucho menos a mi juventud. Entrar en una
comunidad ha significado escoger algo, más
importante, algo tan grande capaz de rebasar
y abrazar en sí a todo el resto.
“Encerrarme en el convento” como a
veces decía ironizando sobre la que era una
visión difusa, significaba abrirme para reci-
bir el máximo, para recibir todo lo que el
Señor deseaba darme. - ¿Y por qué ya a los
19 años, no puedes esperar un poco para ver
aún el mundo, vivir aún alguna experiencia?
Ahí donde he sabido dejar verdadera-
mente todo mi espacio interior a Dios,
estoy convencido de no haber perdido nada
de lo que es verdaderamente importante para
la formación de mi persona. No, no podía
esperar ni un mes más si en mí estaba tan cla-
ra la necesidad de poner todo mi entusiasmo,
mi inteligencia, todas las facultades de mi
juventud al servicio de la Reina de la Paz.
Ser joven significa también tener esta
actitud de apertura interior, de búsqueda
continua y apasionada de la Verdad, no
pararse en metas intermedias; la actitud de
quien no pretende haber comprendido el
mundo y está por lo tanto siempre receptivo
para aprender, para salir enriquecido de cada
experiencia y vicisitud. Significa tener esta
receptividad, esta sensibilidad que aún no se
ha comprometido por el deseo de afirmarse,
por la necesidad de defender algo adquirido.
Sólo cuando estamos libres de prejuicios,
del miedo de poner en juego nuestras segu-
ridades humanas podemos estar en grado de
recibir de quien sea, reconocer la voz de
Dios también en quien tiene quizás menos
experiencia que nosotros.
Búsqueda interior y libertad, dos alas
para elevarse en la aventura de la vida, en
nuestro porvenir que es don de Cristo y no
puede ser más que afrontado con esperanza y
alegría. Y reflexionando sobre ello puedo
afirmar que sólo quien tiene esta actitud inte-
rior, sólo quien es joven por dentro está en
condiciones de avanzar por la vida espiritual.
La Santísima Trinidad es juventud, es nove-
dad continua, novedad que a veces no puede
más que trastornar, implicándonos al mismo
tiempo, abandonando constantemente el don
ya adquirido por aquel que es aún desconoci-
do podremos avanzar en la gracia y avanzar
por nuestro camino original de santidad.
Qué estupor causa encontrar esta mis-
ma actitud joven en la cara de sor Miriam
y en algunos consagrados ya no tan jóvenes,
ese ánimo y ese consuelo para quien como
yo ha escogido este camino. He oído decir
muchas veces “En Dios está la fuente de la
auténtica juventud” sin comprender el valor
profundo de esta verdad. Pero hoy redescu-
bro toda su importancia cuando hablo con
mis hermanos y hermanas mayores y noto
en ellos esa apertura a la escucha, esa mira-
da que me hace sentirme amado, importante
a los ojos de Dios, esa mirada humilde que
sabe descubrir en mí el misterio de Dios, un
instrumento suyo a través del cual pasa de
modo único e irrepetible una chispa de la
vastísima obra de Dios.
Y gracias al testimonio de personas
como ellos y como sor Miriam se desvanece
en mí cualquier miedo de llegar a la edad
madura perdiendo así una parte de mí mis-
mo, algo que siento que es fundamental para
mí. E interiormente libre bendigo a Dios: -
Para Ti, Señor, mi juventud, a Ti te entrego
ese futuro que no sé imaginar, ¡haz sólo que
mi amor por Ti pueda crecer cada día más!
Francesco Cavagna
La persona humana es una criatura que
no puede hacer otra cosa que amar, ha sido
creada por Dios con el objetivo de hacerla
vivir siempre junto a Él que es comunión de
amor. El hombre nace por amor, vive por
amor y muere por amor; en suma, es el fru-
to de un amor inmenso y en cada instante de
su existencia él desea alcanzar ese mismo
resplandor que lo ha creado y que lo sostie-
ne constantemente. Sin embargo, ocurre
muy a menudo que llegamos a un punto de
nuestra vida en el que nos damos cuenta de
no haber amado hasta el fondo y de haber-
nos reservado siempre algo para nosotros.
De haber buscado siempre el amor de los
demás y de no haber amado nunca a nadie.
¿Pero cómo puedo encontrar algo que no he
usado nunca? También en estos momentos
la gracia de Dios nos auxilia y consigue
hablar a nuestros corazones de forma com-
pletamente misteriosa.
Fueron los ojos de un joven los que
hicieron renacer en mí el deseo de volver
a ser feliz como lo era él,
lo había visto
muchas veces pero hasta ese día no había
tenido la valentía de mirarlo con más aten-
ción. Aparentemente no parecía tener nin-
gún motivo por el que ser feliz, y sin embar-
go su mirada y su sonrisa dejaban traslucir
un corazón desbordante de amor. ¿Qué es lo
que lo convertía en esto?
¿Por qué motivo
conseguía transmitir tan bien las ganas de
vivir que hacía “resucitar” cuerpos antes pri-
vados de vida? Leí su historia, que otros han
escrito, y finalmente he comprendido qué es
lo que le convertía en fuente de amor: era el
Amor mismo que se servía de él para trans-
mitir la verdadera vida a los demás. Este
joven nunca se ha quedado para él el amor
que recibía sino que todo lo que le había
sido dado lo regalaba abiertamente.
Todo el que lo ha encontrado verdadera-
mente, cara a cara, no ha podido menos que
enamorarse, no ha podido más que enamo-
rarse de Él y hoy se puede ver en todos esos
jóvenes que han decidido dar un sentido a
sus vidas, especialmente en esos jóvenes
cansados de fingir y cansados de contentar-
se con las “migajas” de amor que el mundo
ofrece. Jóvenes valientes que se han decidi-
do por Dios, que han decidido abrirle las
puertas sin miedo de quedar desilusionados
o insatisfechos.
Todos los jóvenes que se han enamo-
rado de Cristo tienen un corazón que late
por la Iglesia,
y su corazón joven y fuerte
que consigue mandar la sangre a todas las
partes del cuerpo para que éste pueda vivir y
obrar. Un corazón que trabaja día y noche,
que no para nunca, que late tanto más fuerte
cuanto más dura es la lucha que todo el
cuerpo ebe sostener. ¡Qué potencial tan
grande hay en el corazón de los jóvenes!
Tienen en su mano el futuro del mundo y es
por esto que el mundo busca cualquier modo
y medio de raptar su corazón.
¿Pero cuál es la exigencia profunda de
los jóvenes de hoy? Es seguramente la de
ver la coherencia en quien es más anciano
que ellos, especialmente en materia de fe y
de moral. Es gracias al ejemplo de numero-
sos santos de nuestro tiempo que muchísi-
mos jóvenes se han decidido por Dios y han
respondido a la llamada de María para con-
vertirse en sus testigos. En este sentido la
familia tiene un papel determinante para el
crecimiento y la madurez de la fe en los
jóvenes pero ellos piden a todos los que se
creen cristianos auténticos que demuestren
su propia fe concretamente, sin compromi-
sos. Jesús oró por la unidad de los hijos de
Dios en la vigilia de su pasión: “Como tú,
Padre, estás en mí y yo en ti, que también
ellos sean una sola cosa, para que el mundo
crea que tú me has enviado”.
(Jn 17, 21).
Sólo con esta profunda relación de amor y
de respeto recíproco
entre los jóvenes y los
menos jóvenes, la Iglesia podrá ir adelante
valientemente, podrá afrontar las dificulta-
des que se presentarán cotidianamente por-
que mantiene la unidad. Jesús oró por esto y
todos nosotros estamos llamados a hacer lo
mismo… ¡Oremos, oremos, oremos!
Alessandro Macinai
¡El corazón de los jóvenes late por la Iglesia!
Con los ojos
de un misionero
Resulta siempre arbitrario imaginar la
vida de un misionero y el ambiente en el que
ésta se desarrolla, tan distinta de nuestros
parámetros occidentales – productos de una
sociedad consumista y evolucionada. Sin
embargo, a muchísimos hombres de misión
llegan las páginas de nuestro periódico:
esperado, deseado, distribuido con generosi-
dad hasta en poblaciones de difícil acceso.
Un misionero nos ha escrito: cuando llega el
Eco hago varias fotocopias y lo distribuyo
por los pueblos perdidos de la Amazonia. Y
como él, muchos otros, afectuo-
sos y valientes amigos que no
escatiman fuerzas para llevar el
reflejo del amor de Dios a las
poblaciones sedientas de Él.
Es un deber pues dirigir el
pensamiento a todos los que se
prodigan incondicionalmente a
favor de quien a veces parece que
no tiene ni derecho a vivir, sólo
por haber nacido en Países menos
afortunados que otros.
Pero, ¿qué es lo que pasa allí?
¿Qué es lo que necesita esta gente? De todo,
se puede decir. Y son muchas las organiza-
ciones religiosas y laicas que se ocupan de
satisfacer sus necesidades, en la medida de
lo posible.
Cuenta Francesco Bazzoli, un laico que
desde hace ya varios años vive entregado a
los habitantes del Congo y de Ruanda, afec-
tados además de por el hambre también por
una guerra sin fronteras donde el poder mili-
tar rige con prepotencia: “En el Congo hay
una gran variedad de grupos afiliados a
varios señores de la guerra y a países
extranjeros” escribe Francesco, “entre noso-
tros están los Maji – Maji que serían los
“partisanos” locales. No tienen reglas, no
tienen disciplina, no tienen
divisas, no se sabe si son ban-
didos u otra cosa. En general
los militares hacen lo que
quieren; no están pagados, tie-
nen fusiles, se aprovechan de
ellos y nadie puede decirles
nada. Todos tienen miedo y se
callan. Por la guerra se han
cerrado muchas misiones pero
el obispo quiere abrirlas de
nuevo para dar confianza a la
3
Eco 182
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¿Por qué la misión?
...una cuestión de amor
“Dios ha amado tanto al mundo , hasta
ofrecer a su Hijo....Por esto ha mandado
Dios a su Hijo, no para juzgar al mundo
sino para salvar al mundo” (Jn 3,16-17)
Es ésta la expresión más bella con la
que se describe la misión cristiana. Luego
en Dios existe un amor que se extiende : un
amor originariamente paterno que se extien-
de hacia el Hijo y hacia la creación. La crea-
ción tiene en sí misma belleza, fuerza, gracia,
grandeza porque el amor la ha pensado, la ha
querido, el amor la ha realizado. Y el hombre
es la cúspide de esta fascinante creación. Si
pudiéramos bajar al corazón de la realidad, o
sea al corazón del hombre, al corazón de las
relaciones y vivencias humanas, descubriría-
mos esta verdad: ¡que toda la creación está
enamorada de su Creador!
Pero este mundo que Dios ha creado por
amor, este mundo que está enamorado de
Dios hasta en su esencia material, sufre; aun-
que no lo sepa; porque el amor ha sido con-
tradicho originalmente por el hombre. Dios
que ha creado el mundo, lo ama; el mundo, a
su vez, está enamorado de Dios aun sin
saberlo, y es castigado y grita y gime porque
el amor ha sido traicionado.(cfr. Rm 8). Y el
Espíritu Santo refuerza este gemido, inten-
cionadamente, hasta que en la plenitud de los
tiempos el fruto del amor, el Hijo, sale del
Padre y viene a habitar entre nosotros.
El Hijo de Dios ha venido al mundo y ha
encontrado (por habérselo preparado con
anterioridad) un corazón completamente
enamorado de Él: el Corazón inmaculado
de María
. Fue en ese momento que el ena-
moramiento objetivo de la creación toma
conciencia en un sujeto lleno de santidad y
gracia: en María, Aquella Virgen Madre, que
se enamoró de Cristo como cada madre de
su hijo, pero en este amor se enraizó el ena-
moramiento del Creador y el de toda la cre-
ación. Este primer amor entre Madre e Hijo
fue un amor total: maternal, cariñoso, frater-
no, filial, ¡todo!
Después de Maria, y junto a ella, está
la Iglesia: la pequeña y humilde comuni-
dad, sabedora del enamoramiento de Dios y
del enamoramiento del mundo. Se hace
Iglesia en cualquier lugar del mundo donde
emerja esta conciencia enamorada: al princi-
pio está en María, luego en los primeros dis-
cípulos, y con los siglos, se manifiesta
sobretodo en los Santos.
Los santos son la expresión más cons-
ciente de la Iglesia enamorada. Y después,
después viene el enamoramiento de Cristo
que se dilata en las conciencias y en el mun-
do , allí donde sólo es mencionado, sólo es
presentido, sólo es esperado....hasta los
extremos confines de la tierra.
Esta es la historia de la salvación: toda
una larga misión de amor que comienza en
el Padre, llega al mundo y luego sube de
nuevo a Él. Cristo es quien organiza esta
misión, el Espíritu Santo es el que la condu-
ce, la Iglesia es la realidad en la que se va
realizando.... Todo el resto ¿qué importa? El
resto queda encerrado en esta certeza: Dios
puede hacer lo que quiera, puede alcanzar a
las almas como quiere, puede enamorarlas
de manera desconocida para nosotros. Yo
estoy convencido de que la mayor parte de
las criaturas Él se las enamora antes de
morir, para estar seguro de tenerlas consigo.
¡Pero mientras tanto he aquÍ la obra
DESCUBRIMOS NUEVAS POBREZAS
En Sarajevo, hay una residencia de
ancianos de las Hermanas de San Vicente que
fue incendiado y demolido en parte.
Enseguida después de la guerra las Hermanas
repararon la estructura y el muro fue acabado.
Pero faltan aún muchas cosas para poder aco-
ger de nuevo a los ancianos más solos, aban-
donados y enfermos y los trabajos están para-
dos desde hace años porque no llegan más
ayudas. La falta de asistencia a los ancianos
solos y enfermos ocasiona tragedias terribles.
Por esto es una obra urgentísima.
En Rumania, en la ciudad de Campina,
un valiente joven italiano, Paolo Gozzo, des-
de hace algunos años ayuda por la mañana
como voluntario en un orfanato que llevaban
hermanas italianas y por la tarde, incluidos
los sábados y domingos, acoge en una habi-
tación alquilada niños y jóvenes “rom” para
darles a ellos, que están mal vistos por todos
y ayudados por nadie, un refuerzo escolar y
momentos de recreo de educación para man-
tenerlos alejados de la calle y de la delin-
cuencia. Desearía adquirir un poco de terre-
no y construir una casa para llevar adelante
mejor su trabajo.
De la Parroquia de Jasenovac en
Croacia, también en nombre del Obispo de
Pozega, hemos recibido la petición de con-
tribuir a la reconstrucción de la iglesia
parroquial dedicada a María Asunta y a San
Nicolás, destruida en la guerra 1991-95. Se
comenzaron las obras, pero luego se suspen-
dieron por falta de fondos.
Los donativos para estos tres casos
podéis enviarlos a nuestra cuenta corriente
postal pero indicando bien el destino: 1)
Residencia de ancianos de Stup; 2) Paolo
Gozzo – Rumania; 3) Iglesia de Jasenovac.
Intentaremos que luego os llegue un agrade-
cimiento o acuse de recibo de los propios
interesados. Gracias de corazón por cuanto
nos enviáis para los pobres de Bosnia y tam-
bién por cuanto espero que nos mandéis para
estos tres destinos. La Reina de la Paz cier-
tamente os recompensará.
Alberto Bonifacio – Centro Información
Medjugorje
– Via S. Alessandro, 26 – 23855
PESCATE (LC) –
Tel. 0341-368487 – fax 0341-368587 – e-mail:
b.arpa@libero.it
Para eventuales ayudas y donativos enviarlos a:
A.R.PA. Associazione Regina della Pace Onlus
(misma dirección):
* cuenta corriente postal n. 46968640
gente y para recomenzar una catequesis de
paz, de reconciliación y de convivencia”.
Hambrientos de Dios
Francesco, en los tiempos litúrgicos
fuertes, acompaña a los sacerdotes a los pue-
blos perdidos para celebrar las festividades:
“He vivido una Navidad entre los pobres en
una misión en la selva pero ha sido verdade-
ramente una Navidad Santa porque los cris-
tianos después de 9 años han recibido los
sacramentos. ¡Durante esos días el niño
Jesús ha nacido de verdad! Han llegado de
todas partes de la vasta parroquia. Han lle-
gado a hacer 100 km a pie con pocas cosas,
algo de comer y como los pastores han lle-
gado para adorar al Rey del mundo.
¡Tuvimos una larga celebración de cinco
horas con bautismos, primeras comuniones,
confirmaciones, matrimonios!
Gente abandonada, pobre, que no tiene
ni siquiera dos peces para que Cristo pueda
hacer el milagro. Pero tienen mucha fe, y el
milagro tendrá lugar porque en Pascua esta-
remos de nuevo con ellos. Ya hemos cons-
truido un tabernáculo para acoger a Cristo
Resucitado que cada día se hace hostia y ali-
mento para nosotros”.
La humanidad necesita a Cristo “pan par-
tido”
No sólo los misioneros se hacen eco de
esta necesidad, sino que el mismo Papa ha
sabido expresar con las palabras adecuadas la
verdadera necesidad de los hombres. Lo hizo
Juan Pablo II en el Mensaje para la Jornada
Misionera Mundial 2005,
en los últimos
días de su vida: “Invito a todos a contemplar
a Jesús “pan partido” por la humanidad ente-
ra. Siguiendo su ejemplo, también nosotros
debemos entregar la vida por los hermanos,
especialmente por los más necesitados”
exhortaba el anciano Papa. Y también: “La
Eucaristía no es sólo expresión de comunión
en la vida de la Iglesia; ésta es también pro-
yecto de solidaridad para toda la humanidad”;
es “pan del cielo” que, entregando la vida
eterna, abre el corazón de los hombres a una
gran esperanza. Sólo Jesús puede apagar el
hambre de amor y la sed de justicia de los
hombres; sólo Él hace posible a cada persona
la participación en la vida eterna”.
Los misioneros, “pan partido” para la vida
del mundo
Pero para que Cristo pueda llegar a la
boca de la gente son necesarios los pastores.
Por esto el Santo Padre añade: “También
hoy Cristo manda a sus discípulos: Dadles
vosotros mismos de comer
(Mt 14, 16). En
su nombre los misioneros van a muchas par-
tes del mundo para anunciar y testimoniar el
Evangelio. Ellos mismos se hacen “pan par-
tido”
para los hermanos, llegando a veces
hasta al sacrificio de la vida”.
Entrevistado por Francesco, el p. Simone
– un misionero Saveriano muerto el año
pasado – explica: “Nosotros buscamos estar
presentes al máximo. Nuestra presencia para
la gente es una garantía: alimenta la espe-
ranza. Para que la misión sea verdaderamen-
te eficaz hay que ayudar a la gente a adqui-
rir una nueva mentalidad, que enseñe a per-
donar y a vivir juntos de un modo nuevo.
Hay que alimentar el sentido de la responsa-
bilidad para que cada uno se sienta partícipe
en la obra de reconstrucción después de tan-
tas heridas mortales.
Por esto nosotros los misioneros debe-
mos tener la capacidad de entrar más en con-
tacto con la gente con la que trabajamos, con
su mismo estilo de vida. Esto implica con-
fiar más en quien está delante nuestro, acep-
tando incluso que cometa algún error. Ver en
definitiva a nuestro interlocutor desde un
punto de vista distinto del colonialista.
Sentirnos no superiores sino hermanos,
aceptando ponernos un poco a un lado para
conseguir que las personas se hagan más
responsables”.
¿Quién ha robado la infancia de los
niños?
Así concluye Francesco su historia: “me
dan ternura los niños con el kalashnikov que
es más grande que ellos. Cuando te paran se
sienten grandes, cuando les preguntas la
edad se la aumentan. Un día ayudé a uno a
intentar ir en bicicleta. Lo cogía por la silla,
él ponía el trasero de un lado a otro, era ridí-
culo, no porque fuera pequeño, sino porque
el fusil en bandolera, que no puede abando-
nar nunca, le fastidiaba.”
Redacción
4
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¡Un año más de gracia!
Nos estamos ya acostumbrando a esta
cita que recuerda el primer día en el que
la Virgen Maria comenzó a aparecerse a seis
jóvenes de Medjugorje en 1981.
La costumbre es un elemento de la vida
que nos trasmite seguridad. Pero cuidado, no
la subestimemos sustituyéndola por la rutina
ya que nos haría perder el gusto y el efecto.
El evento celebrado el pasado 25 de
junio en Medjugorje – al igual que en
muchos hogares del mundo a modo de
recuerdo- no podrá decirse de algo ya pasa-
do. Porque es la expresión de una gracia tan
sublime que nos debería dejar estupefactos a
cada instante, a pesar de que estamos cada
día mas inmunizados ante las sensaciones
intensas que los medios de comunicación
nos trasmiten de manera cada vez más sofis-
ticada e ilusoria.
No, la visita cotidiana de la Madre de Dios
entre nosotros, desde hace ya 24 años, es algo
tan excepcional y extraordinario que es para
olvidarse de las costumbres adquiridas. Y
muchos se darán cuenta cuando estas termi-
nen y nos sintamos huérfanos. Como cuando
el viejo Papa, Juan Pablo II dejó esta tierra.
Es sabido que en la penuria se valora la
riqueza perdida. Nuestros ancianos hicieron
tesoro de ello durante su existencia, difícil a
veces, por los eventos de gran porte como
las guerras mundiales. Pero nosotros, hijos
del consumismo, hemos crecido con distin-
tos parámetros, y nuestra mentalidad de usar
y tirar nos hace sentir incómodos frente a las
cosas que duran. A veces preferimos un
caramelo dulce que pronto se gasta antes
que los alimentos “de cada día”- a la larga
insípidos- que pero nos nutren.
Pero las apariciones en Medjugorje están
hechas de cotidianidad, no obstante el
número de años. De ordinariedad , a pesar
de su carácter extraordinario. De normali-
dad, aunque es la misma Reina del Cielo la
que baja sobre la tierra. De sencillez y natu-
ralidad, y por esto provocan a las mentes
complicadas de los hombres, cada día más
sumergidos y viciados por las más refinadas
tecnologías.
Maria en Medjugorje es un alimento
sólido que dura en el tiempo y nos hace cre-
cer. María es una madre que no ha tenido
prisa en instruirnos con sus mensajes porque
cada mamá sabe como educar a sus propios
hijos. Maria es el regalo gratuito del Padre a
un mundo en el que todo se paga. A veces
hasta el derecho de existir.
Entonces abramos los ojos , como un
niño frente a una cosa bella. Dejemos que el
estupor reconquiste nuestros sentidos y los
purifique. Festejemos así a la Reina de la
Paz que cada día “roba” a Dios ese permiso
de venir a visitarnos. Ella ,abogada nuestra.
Ella , de todos nosotros , madre.
¡Cuántas palabras, cuántas sonrisas, cuán-
tos abrazos en estos años! Creemos de ver-
dad que estaba todo destinado a nosotros?
Sólo esto bastaría para darle las gracias y
responder con generosidad a sus invitacio-
nes, donándole todo de nosotros mismos.
Sin reservarnos nada. Tal como Ella se ha
ofrecido a nosotros.
Los tiempos son realmente adversos
como para limitarse a breves respuestas per-
sonales, y la gracia que brota del Corazón
Inmaculado es demasiado potente como
para dejarla inactiva. Es tiempo de un “fiat”
decidido. Como el de María en Nazareth.
Aquel “SI” que ha hecho posible el inicio
de la salvación.
Pronunciemos un sí que no se limite a
una práctica devocional o a oraciones ya
dichas. María tiene necesidad de nuestras
vidas, ofrecidas junto a la de Ella y la de su
Hijo. Seremos también nosotros canales de
gracia e instrumentos de paz en los sitios
donde vivamos. Verdaderos apóstoles y tes-
timonios de María , que de Medjugorje ha
hecho su propia casa. Y de nosotros, sus
“queridos hijos”.
Stefania Consoli
Inmaculados, como Ella
Es una verdad fundamental de la doctri-
na católica que la vida inmaculada represen-
ta el pleno cumplimiento de la gracia bautis-
mal y por lo tanto, por así decirlo, el recorri-
do obligado de toda vida de fe auténtica. Sin
embargo, incluso en el pasado reciente,
muchos “católicos buenos”, por adoptar una
lógica mundana que parecía ser la única
“humanamente razonable”, fueron induci-
dos a relegar la idea misma de poder ser
inmaculados espiritualmente en el rango de
las pías y nobilísimas utopías, buenas como
máximo para un desaparecido grupo de
almas bellas completamente ajenas a la rea-
lidad de las relaciones que gobiernan histó-
ricamente al mundo. Por otro lado, esto ya
se había dado en otras etapas del camino his-
tórico de la Iglesia. También en tiempos de
San Francisco no pocos exponentes de la
institución eclesial consideraban que la
pobreza evangélica era un ideal irrealizable,
y consecuentemente la Iglesia quedó
expuesta a todo tipo de compromisos y de
terribles enfermedades espirituales que
podrían haberla destruido para siempre.
Ésta es generalmente la hora de la
intervención inesperada en la historia de
Aquél “que ama la Iglesia y se ha entregado a
sí mismo por Ella” (Ef 5, 25). Así, al final del
pasado milenio, cuando ya se hablaba con
una desconcertante desenvoltura (paradójica-
mente también en el ámbito eclesial) de una
era post-cristiana, brotó inesperadamente del
Corazón del Padre una misteriosa potencia de
gracia. Capaz, si era acogida, no sólo de sal-
var a Su Esposa de los acontecimientos que se
avecinaban, sino también de generar en Ella
un indecible esplendor de belleza desconoci-
da, un nuevo rostro de luz “sin mancha y sin
arruga”, una inmaculadez nueva que es la
única que la puede preparar plenamente “para
las bodas con Su Señor”. Por eso el Padre ha
mandado a María entre los hombres, la mis-
ma Madre de la Vida Inmaculada, para rege-
nerar en el mundo a los miembros del Cuerpo
místico de Su Hijo querido.
La Virgen, en el mensaje del pasado dos
de abril, a Mirjana pide a sus “queridos
hijos” que desde la eternidad Ella ha elegido
este tiempo “para renovar la Iglesia”. A la
objeción de la vidente “Esto es demasiado
difícil para mí. ¿Puedo yo hacer esto?
¿Podemos nosotros hacer esto?” la Virgen res-
ponde: “Hijos míos, ¡yo estaré con vosotros!
¡Apóstoles míos, yo estaré con vosotros y os
ayudaré! Renovaos primero vosotros mismos
y vuestras familias, y os será más fácil”.
¿Pero qué significa renovar? Significa acoger
en nosotros y dar al mundo la Vida inmacula-
da del Altísimo presente de modo perfecto en
María, esa misma corriente de amor puro de
Dios que a través de Ella se nos ofrece hoy en
plenitud, esa fuerza que es la única capaz de
“hacer nuevas todas las cosas”.
Ella es el signo verdadero de la inter-
vención de Dios en la historia de este tiem-
po.
Una increíble respuesta de amor, con el
estilo inefable de Dios, a las múltiples espi-
rales de tinieblas que hoy como nunca pare-
cen querer sofocar definitivamente la Verdad
y la Vida en el mundo. Por esto María está
hoy presente de un modo especial y nos lla-
ma a consagrar nuestra vida a Su Corazón
Inmaculado, “os invito a consagraros a mi
Corazón Inmaculado… de forma que todo
pertenezca a Dios a través de mis manos”
(Mens. 25.10.1988) para ser en Ella y con
Ella, un ofrecimiento vivo e inmaculado al
misionaria de la Iglesia! La misión de la
Iglesia está allí donde la Iglesia vibra con
este amor, toma conciencia, sufre, lo desea,
quiere dilatarlo. Porque el Amor tiene nece-
sidad de hacerse carne: el Evangelio que la
Iglesia predica es amor concreto, los sacra-
mentos son amor concreto, la Eucaristía,
sobretodo, es amor hecho carne y sangre,
hecho alimento. Y dondequiera que alguien
intuye este enamoramiento y se ofrece para
ser instrumento fluido, viviente, esencial de
este amor, allí esta la misión.
Misión, por tanto, significa ayudar a
los demas a tener conciencia de este amor:
una pequeña semilla existe en cada uno de
nosotros, se trata de hacerlo más verdadero,
más lleno, más rico, más total. El deber de la
misión nace del derecho del amor que quie-
re distribuirse y ofrecerse. Dios y el mundo,
el Creador y la criatura tienen derecho de
conocerse y de amarse con la mayor pleni-
tud posible.
¡Todos son llamados a la plenitud del
amor , y por tanto todos son sujetos y obje-
tos de misión! Ninguna mujer , ningún hom-
bre dice:”a mí me basta un poco de amor”.
Quien ama , lo quiere todo. Así esta hecho el
corazón del hombre! Y así es la misión.
(extraído libremente de : ¿Por qué la misión? -
A.M.Sicari)
Noticias de la tierra bendita
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Entrevista al p. Carmelo
Una parroquia eucarística”
Padre Carmelo, has pasado dos años
en Medjugorje: ¿cómo has tenido esta
posibilidad, qué ha significado y significa
para ti esta experiencia?
Tengo que decir que estuve en
Medjugorje llamado por la Virgen, que se
sirvió de un pequeño artículo precisamen-
te del “eco”
de Maria Reina de la Paz que
decía que no había sacerdotes de lengua ita-
liana para atender a los peregrinos. Esto me
entró en el corazón como una llamada. Le
pedí a la Virgen que me confirmara si ésa era
realmente una llamada para mí, que me die-
ra un billete de pasaje y que se ocupara de
mi estancia allí. Al poco tiempo, cenando
con amigos, uno de ellos tenía un billete de
más para ir a Medjugorje y quería regalarlo
a alguien...Yendo a Medjugorje pedí el dis-
cernimiento al p. Slavko que me confirmó la
voluntad de la Virgen para que estuviera allí
para comprender los planes de Dios.
Me quedé en Medjugorje casi dos años
(1995-1997). Me dedicaba a los peregrinos
de lengua italiana y de lengua francesa, para
la celebración de la Eucaristía pero sobreto-
do para las confesiones, que me llevaban más
tiempo. Confesaba de 8 a 10 horas diarias.
Veía pasar la gracia de Dios de manera incre-
íble, visible, porque me hallaba dentro de la
gracia, pero no era consciente de que vivía en
ella. Todo me parecía normal, pero en reali-
dad no era normal.... ¡Era sólo la gracia de
Dios que hacía posible los imposibles!
Tras esta experiencia, ¿cómo te guía la
Virgen? ¿Cómo transcurre tu vida y tu
sacerdocio
?
Cuando me fui de Medjugorje, le pedí a
la Virgen que me acompañara, recordándole
sus palabras: “Yo estaré siempre con voso-
tros”. He vivido la experiencia de consagrar-
me a Ella, a su Corazón Inmaculado, no con
una fórmula (aun habiendo hecho un camino
de consagración), sino pasando a través de
su vientre materno en Medjugorje y renacer.
He recibido un nuevo estilo de vida, un nue-
vo modo de pensar, y sobretodo un nuevo
modo de ser, como hombre, como cristiano
y como sacerdote.
Por eso he consagrado a la Virgen cada
uno de mis pasos, cada una de mis palabras,
cada acción, cada actividad pastoral, todo
aquello que el Señor hubiera preparado para
mí en el futuro. Tengo la certeza de que Ella
camina delante de mí y lo prepara todo por-
que todo le pertenece. No tengo nada mío,
todo es suyo, todo lo que soy y lo que tengo.
Esta regeneración me ha llevado a una nue-
va vida, no siempre comprendida por quien
debiera comprenderla.
He empezado a vivir las “5 piedras”
recomendadas por María, y ello ha potencia-
do la dimensión de mi sacerdocio. Al regre-
sar el Obispo, me encomendó una pequeña
parroquia de montaña en Vigliatore(Prov. de
Messina) donde la gente estaba acostumbra-
da a tener sacerdote sólo el domingo. Yo
continuaba celebrando la Eucaristía, adoran-
do y celebrando la Liturgia de las Horas
como si fuese una gran catedral; me decía a
mí mismo: “¡Señor, yo soy sacerdote para
Ti, para tu gloria y para la salvación de las
almas, estén o no presentes, pero yo no pue-
do reducir ni mi tiempo ni mi amor por Ti,
Los frutos de Medjugorje
en Sicilia
Recientemente he sido invitado a una
parroquia en Sicilia para animar un triduo de
preparación a la fiesta de San Blas, patrono
de la iglesia parroquial. Era la primera vez
que visitaba esta tierra, caracterizada por
realidades muy particulares, como el Etna,
de día blanco de nieve, y con la lava que
baja como un río rojo desde el cielo por la
noche. Y luego el mar, profundamente azul,
con esas pequeñas islas que vistas desde el
avión muestran toda su belleza. Pero lo que
en realidad deseo compartir es algo que el
Señor me ha permitido ver de las riquezas
espirituales de Sicilia.
Mi experiencia parroquial de 4 años
como vicepárroco me hacía a menudo
reflexionar sobre cómo se puede avivar la
vida de fe de una comunidad parroquial
.
Sí, sabemos todos que en una parroquia hay
jóvenes, niños, hay una vida intensa, pero
sentía siempre una insatisfacción a causa de
la superficialidad con la que vivíamos la
profundidad de nuestra fe y porque no nos
empeñábamos suficientemente en descubrir
todas sus riquezas. Pensé largo y tendido
sobre cómo una parroquia puede revivir y
despertar del sueño del tradicionalismo y del
habitualismo.
Después el Señor me pidió un nuevo
paso, un cambio: pasar de la vida pastoral a
la vida consagrada. En mi corazón sigo lle-
vando el sueño de una parroquia renovada,
donde la parroquia se trasforma realmente
en un oasis para las almas sedientas de Dios
y hambrientas de su verdad. Y esa simple
parroquia siciliana, con su pequeña y pobre
iglesia, he visto que posee una riqueza que
no es de este mundo.
Sabemos que la Virgen ha comenzado
a renovar la parroquia de Medjugorje
reuniendo a sus hijos entorno a la
Eucaristía
. De hecho es a través de la ado-
ración que se puede entrar en la profundi-
dad de la vida de fe, mejor que de ningún
otro modo. Esto es lo que he visto en la
parroquia de San Blas: la Misa celebrada
con dignidad, calma y adoración, enriqueci-
da con diversos símbolos expresivos y cánti-
cos adecuados, que crea un clima en el que
nadie queda pasivo, nadie se aburre aun
siendo larga la celebración. La participación
es realmente viva, porque todos sienten que
la Misa es parte de su propia vida y sus
vidas, de igual modo, son parte de la santa
Misa. He podido también observar que es
posible realizar en una parroquia la adora-
ción perpetua cubriendo todas las horas
semanales, de día y de noche, con el apoyo
de más de 200 fieles.
Todos estos signos de fe vividos son la
confirmación de lo que ya sabía: P. Carmelo
Barbera
, el párroco de esta bella realidad,
procede de la escuela de María. De hecho el
Señor le concedió la gracia de vivir 2 años
en Medjugorje, donde él ha asimilado un
espíritu adecuado a nuestros tiempos: en
María a través de la Eucaristía se aprende a
entrar en la vida divina y de este modo, a
participar de las promesas de Dios. Dejemos
hablar al p. Carmelo en la entrevista que
sigue a continuación
para comprender
mejor uno de los frutos de las apariciones de
la Virgen en Medjugorje: frutos que llevan
la gracia del cielo a diversos lugares alcan-
zando a las almas y ayudándolas a su vez a
llevar frutos de salvación y conversión.
p. Arpad Csapai
Padre, íntimamente
unido al del
Cordero, que es el
Corazón de luz de
la nueva Creación.
Para poder comu-
nicarnos a nosotros
y al universo entero
cada plenitud de
gracia, María sólo
nos pide un “sí”
que brote de la verdad profunda de un cora-
zón libre y ardiente de hijos, unido vitalmen-
te al Suyo. Y ésta es hoy más que nunca la
única llave capaz de abrir el Corazón del
Padre para que derrame en nosotros y, a tra-
vés de nosotros, en toda la Creación, corrien-
tes extraordinarias de esa Vida nueva y reno-
vadora que mana incansablemente del costa-
do abierto de Cristo y de cada “sí” que
damos nosotros al Amor sacrificado.
¿Pero cuál es la razón profunda por la
que María nos llama con insistencia apasio-
nada para acercarnos a Su Corazón
Inmaculado: “Yo soy vuestra madre y deseo
que vuestros corazones se parezcan a mi
Corazón… Por esto hijitos acercaos a mi
Corazón inmaculado y descubriréis a Dios”
(Mens. 25.11.1994), “Deseo que mi cora-
zón, el corazón de Jesús y vuestro corazón
se fundan en un único corazón de amor y de
paz”
(Mens. 25.07.1999)? Porque solamen-
te acogiendo el don de su misma vida inma-
culada, que hoy por medio de María se nos
ofrece de modo extraordinario, podremos
ser como Ella elevados y asuntos en el abra-
zo de la perfecta comunión con el Padre,
culmen y cumplimiento supremo de la obra
salvífica de Cristo.
La Asunción de María ha sido de
hecho el fruto sublime de su inmaculadez
perfecta,
es decir de la incondicional apertu-
ra de Su Corazón para acoger y dar en cual-
quier circunstancia, incluso de prueba extre-
ma, el amor puro de Dios. Es precisamente
éste el don que Ella hoy, por pura gracia, es
enviada para comunicar a sus hijos y a todo
el Universo, para que tenga lugar la recapitu-
lación final de todas las cosas en Cristo y en
Él la asunción al Padre, en el vórtice “indeci-
ble y glorioso” del Amor trinitario.
Se comprende mejor ahora el significa-
do verdadero de las llamadas maternales
de María en estos años.
No son pías exhor-
taciones para ser más buenos, sino una lla-
mada apasionada a no dejar escapar un extra-
ordinario tesoro de gracia que hoy nos ofre-
ce el Padre. Un don capaz de meternos con
una inmediatez natural en la plenitud de la
Vida divina para convertirnos en canales e
instrumentos de comunicación de esta Vida
para la creación entera. Por esto es tiempo de
una verdad definitiva en nuestra respuesta a
la llamada que el Altísimo nos dirige a través
de María. Una respuesta capaz de sumergir-
nos establemente en el gran océano de luz y
de vida inefable que mana de Su Corazón
inmaculado. ¡Cuánta responsabilidad en dar
una respuesta finalmente verdadera a Dios!
¡Multitud de almas están esperándola!
¡El Amor se paga sólo con Amor! Que
al final venza en cada corazón el amor incan-
sable de la Madre, que todavía hoy espera
nuestro “sí” para ofrecerlo a Jesús y poder
colmarnos con el don de Su misma vida
inmaculada, la única capaz de saciar nuestra
sed de verdad y de vida y de abrirnos a la
comunión plena con el Corazón de Dios, úni-
ca fuente de resurrección y de luz, de nuevos
cielos y de tierra nueva para el mundo.
Giuseppe Ferraro
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sólo porque sean pocos los presentes! Poco
a poco la gente se ha ido sumando a este
estilo de vida. Era un dejarme guiar por la
Virgen para vivir el Evangelio, sin interpre-
taciones ni reglas, sino vivido en el ámbito
de la Iglesia, porque la parroquia para mí
significa respirar con la respiración de la
Iglesia Universal, con el Papa, con el
Obispo, a través de la obediencia.
En tu parroquia me ha impresionado
mucho la experiencia viva de los feligre-
ses durante la Misa: se realiza lo que la
Virgen pide en Medjugorje, esto es, que
entorno a la Eucaristía se puede renovar
una comunidad parroquial. ¿Cómo han
respondido los feligreses? ¿Cómo partici-
pan? ¿Cómo ha sido el desarrollo?
La parroquia ha comenzado un camino
de consagración a María cuando he llegado.
Poco a poco se ha vuelto más sensible a los
misterios de Dios. Tras la consagración
hemos recibido un gran don: la adoración
perpetua, desde hace un año, día y noche,
todas las semanas, todos los meses. Y esto
gracias a una hora de adoración que cada
uno asume personalmente. Así Jesús queda
expuesto las 24 horas con la certeza de que
siempre hay alguien adorándolo. Esta ado-
ración se lleva a cabo tras la Eucaristía, cele-
brada con atención, sin mirar el tiempo, sino
al encuentro de Jesús que habla en la
Liturgia de la Palabra, que se ofrece en la
Eucaristía.... y en la necesidad de oírlo
hablar y dialogar, de corazón a corazón, en
la adoración.
Es de verdad un milagro, a pesar de
tener la parroquia menos de 2000 habitantes
y yo estar solo y sin ayuda ministerial, que
la parroquia consiga llevar adelante la ado-
ración perpetua.
No tienes ayuda ministerial, pero hay
muchas personas que te ayudan a animar
la misa y los momentos de oración...
Una gran ayuda nos la ofrecen los lai-
cos: ellos sostienen la adoración, animan la
Eucaristía, mientras que el corazón propio
de la parroquia es una fraternidad, que se
llama “Pequeño rebaño de la Inmaculada
Madre de la Divina Misericordia
” formada
por cinco hermanas que han decidido vivir
juntas, y por hermanos y otras familias.
Habiendo dedicado al Señor toda su propia
vida, los miembros pueden ser fuente de
oración y comunión en el interior de la
comunidad parroquial.
¿Cómo ha nacido toda esta realidad?
Esta fraternidad nace como respuesta,
por un lado a Dios que puso en mi corazón
esta llamada, por otra es una respuesta a la
gente que pedía un estilo de vida mas com-
prometido, evangélico y radical. Cuando
volví a Italia me preguntaban acerca de
mi experiencia en Medjugorje y no sabía
que decirles; era una experiencia que se
debe hacer. Daba testimonio de haberme
encomendado a Ella, haber entrado en
sus entrañas y haber renacido a una nue-
va vida.
He propuesto un camino de consa-
gración de 33 días a la Santísima Trinidad
por medio de María, porque Ella es quien
nos hace descubrir ser hijos de Dios, vivir
en el corazón de la Trinidad y por tanto vivir
la vida como un ofrecimiento al Padre por la
salvación del mundo.
Ha nacido un amplio movimiento que se
denomina “He aquí tu Madre”. Muchos se
han adherido a este camino. Actualmente
hay cerca de 6000 consagrados. Cada uno
vive su consagración de modo distinto, hay
quien la ha reducido a un simple acto de
devoción y otros que lo han tomado como
un camino de vida. Por tanto vive en María
la vida cristiana. Dentro de esta fraternidad
“He aquí tu Madre” ha nacido esa realidad
antes mencionada, “el pequeño rebaño”, por
el deseo de algunas hermanas que iniciaron
la vida en comunidad.
Has mencionado el ofrecimiento a
Dios Padre por la salvación de las almas,
¿cómo vivís esta dimensión del ofreci-
miento?
Sentimos que el Señor nos llama para
que nos ofrezcamos a la Divina Misericor-
dia como holocausto, como víctimas, no en
sentido negativo de sufrimiento, sino un
ofrecerse como regalo, como don, como
Jesús, y un ofrecerse alegre y consciente
como María. Es ser víctima del amor para
la salvación de las almas; un proyecto que
se realiza sobretodo en la Eucaristía, por-
que es donde nos unimos a Jesús altar, víc-
tima y sacerdote. Yo como sacerdote siento
hondamente esta dimensión que durante la
Eucaristía me hace alcanzar de verdad los
límites de la tierra en el ofrecimiento junto
a Jesús. Pero esto es para todos también,
porque todos somos llamados a ofrecernos
como “sacrificio santo y grato a Dios; éste
es el culto espiritual”, dice San Pablo. Es
un continuo hacer subir al Padre el ofreci-
miento de la vida de Jesús, así como la
nuestra. Después en la vida cotidiana, en
todo lo que el Señor nos ofrece para vivir,
sin preguntarnos por qué, pero sabiendo
que todo viene del Señor y todo debemos
darle en señal de gracia, en ofrecimiento,
para implorar la Misericordia y la segunda
venida de Jesús.
¿Podrías hablar un poco de tu dimen-
sión sacerdotal, de toda esta realidad que
ves nacer en ti y entorno a ti?
Esta dimensión del sacerdocio está uni-
da verdaderamente al sacerdocio de Jesús y
es de porte universal. Ser sacerdote significa
llevar a los hombres a Dios y Dios a los
hombres y no solamente ser el lugar donde
se celebra el ofrecimiento de Jesús como
víctima. El sacerdocio se convierte en
acción de gracias, de ofrecimiento a Dios de
parte de la humanidad; porque a través de la
confesión llevo a Dios todo el sufrimiento
de los hombres, los problemas de los hom-
bres de todos los tiempos, de todo el mundo.
La Virgen en Medjugorje me ha enseña-
do cuán grande es el ministerio sacerdotal,
sobretodo en el sacramento de la reconcilia-
ción. En ese periodo estaba en crisis porque
en el ministerio de la confesión no recono-
cía a las almas tocadas por la gracia del
perdón, pero en Medjugorje he visto gran-
des milagros: llegaban personas cargadas de
pecados, tristes de cara, tensas, feas.
Durante la confesión veía renacer las
almas, los rostros se volvían luminosos.
¡Un año mas tarde leí que la Virgen había
prometido a los sacerdotes renovarlos en el
ministerio de la confesión!
También en la dirección espiritual veo
cuán importante es que el sacerdote hoy día
sea padre, que sea la imagen de la paternidad
y maternidad de Dios juntas, porque esta
dimensión del sacerdote padre y madre se
vuelve sanación para las almas heridas por
una paternidad y maternidad humana que ya
no son el reflejo de la divina. Pienso que
estos son los tiempos en los que Dios desea
darse Él mismo a las almas a través de
María, la Iglesia y el Ministerio sacerdotal.
¿Qué siente tu corazón de pastor en la
guía del rebaño?
Siento por una parte todo el sufrimiento
de las almas que se cosecha en la vida peca-
minosa, pero experimento también que
muchos se han sentido heridos por la
Iglesia, o mejor, por los hombres de Iglesia
que han mostrado rechazo a causa de sus
pecados: ¡cuántas veces hemos enjuiciado!
pero Jesús dice que éste no es tiempo de jui-
cios, sino de misericordia. Los confesiona-
rios se han vuelto salas de tribunal, en lugar
de ser lugares de misericordia, de perdón y
de sanación. El Señor me pone en contacto,
también ahora, no sólo en Medjugorje, con
una humanidad herida, alejada de Dios por
sentirse juzgada por Él, y por la Iglesia por
sus situaciones de divorciados, casados en
segundas nupcias, o jóvenes que viven esta
dimensión desviada de la sexualidad...
Siento ese sufrimiento enormemente en
los hombres que contactan el ministerio
sacerdotal por casualidad. Pero el Señor se
sirve de tantas cosas sobre todo durante las
celebraciones y la evangelización: llama a
las almas y las atrae al amor.
Entiendo bien estas sensaciones al
haberlas vivido en mi propia carne: me sen-
tí rechazado por el amor de Dios, sentía no
ser apto, no ser digno y buscaba la atención
del amor de Dios de cualquier manera.
Después, cuando el Señor me hizo experi-
mentar verdaderamente mi nulidad, sentí
que no me juzgaba, sino que me amaba tal
como era, comprendí que sólo este amor
divino podía hacerme renacer, abandonán-
dome a Él con fe plena. Mi única oración de
entonces era: yo me abandono a Ti...
Y desde entonces comencé a subir des-
de el abismo de mis pecados, de mis heri-
das. El Señor me sacaba de allí. Siento que
soy una miseria amada, y que Dios se ofre-
ce para llevar misericordia a los demás. Y
doy gracias a Dios por haber vivido la
experiencia negativa del pecado de las heri-
das, por haber sentido este amor de Dios,
por poder comprender a las almas y ellas
poderse ver comprendidas. No es un acto
humano, es el corazón de Cristo que en mi
corazón los comprende, es Jesús mismo que
los escucha.
Es un sacerdocio para todos, para los
que ves y para los que no ves, por tanto se
alcanza en él una dimensión universal e
incluso alcanza a las almas del Purgatorio.
En toda esta experiencia que has
explicado, queda claro que te formaste en
la escuela de María. ¿Cómo piensas agra-
decérselo a nuestra querida madre?
A Ella se lo debo todo y cada día me
doy más cuenta. He descubierto la verdade-
ra identidad de Jesús, porque me ha sido
dada por María. He redescubierto también la
acción del Espíritu Santo, vivir en la poten-
cia del Espiritu. Dios se ha encomendado
del todo a María para venir a este mundo;
luego es normal que todos nos encomende-
mos a María para llegar a Dios. No hay otro
camino.
(entrevistado por P. Arpad C.)
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Villanova M., 25 de junio de 2005
Resp. Ing. Lanzani - Tip. DIPRO (Roncade TV)
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Vida a buen precio
Últimamente se habla mucho de la vida,
de la procreación, de maternidad, de libertad
de elección… Temas todos muy queridos
para Dios que es la Fuente de la vida y el
mayor defensor de la libertad. Sin embargo
el modo y el tono con los que se tratan estos
temas llevan poco rastro del Creador, de
Aquél que es capaz de crear de la nada y que
ha amado tanto al hombre que le ha dado
capacidad de transmitir él mismo la vida a
otros seres. Un misterio éste que nos debería
asombrar continuamente y admirar el proce-
so vital que se repite, desde el comienzo del
mundo, en cada pareja de seres vivos. Y de
la admiración no puede más que nacer grati-
tud y alegría por tanto bien recibido.
Pero el hombre no se contenta con
recibir. Quiere poseer. Incluso detener el
poder que es el principio divino que caracte-
riza la existencia de cualquier criatura. Y así,
ayudado de una ciencia demasiado a menu-
do concentrada en los propios descubrimien-
tos más que en el bien real de cada indivi-
duo, el hombre se hace señor del misterio y
lo pone al servicio de su propio egoísmo.
“La vida no se vota”
Es lo que ha sucedido en Italia, que fue
convocada a mediados de junio para la vota-
ción en un referéndum sobre la modalidad
para adoptar en la llamada “procreación
médicamente asistida”, es decir, la procrea-
ción realizada fuera del cuerpo femenino.
Todos, improvisadamente, se han convertido
en expertos: políticos, sociólogos, periodis-
tas, gente del espectáculo. Unos a favor,
otros en contra de una ley que de algún
modo intenta reducir al mínimo la excesiva
producción de embriones para implantar
luego en el seno de las mujeres deseosas de
un embarazo a cualquier precio.
Los medios de comunicación prolifera-
ban en términos médicos y biológicos con
esa arrogancia de quien presume saber más
que los demás. Seguramente cada uno movi-
do por la propia buena fe que lo convencía
de la bondad de su postura. ¿Pero dónde
estaba la verdad? O mejor: ¿qué engaños se
apropiaban de los corazones, hasta impedir-
les identificar el auténtico Bien?
Muchos, diversos, difícilmente enumera-
bles. Pero no es difícil captar quién está a la
cabeza de este movimiento de pensamiento
que pretende regir el misterio de la vida
según principios puramente individualistas.
Sólo un odio a la vida por encima de todo,
porque ésta es la expresión más alta de Dios,
su adversario eterno. Es satanás quien la
detesta porque un día, quisiendo poseer con
prepotencia las llaves, se autoexcluyó de ella
relegándose a sí mismo y a muchos otros en
los abismos de muerte perenne. Y desde
entonces quiere destruirla, provocando ver-
daderos y auténticos genocidios de inocen-
tes. De todas las edades.
Hoy les toca a los embriones ser exter-
minados. A millones. A millares. Todos los
que una vez concebidos no tienen derecho a
una cuna donde crecer, nacer y desarrollar la
existencia que ha comenzado en ellos son eli-
minados. O transformados en experimentos.
O bien congelados prolongadamente a la
espera de que un calor (ciertamente no mater-
no) los libere de la prisión de hielo que los
tiene paralizados quien sabe desde cuándo.
¿Y el alma? Sí, ¿quién piensa en el alma
que cada embrión lleva en sí y que comien-
za precisamente con la concepción? ¿Somos
conscientes de que una vez creada ésta es
inmortal? ¿Qué se hace de estas almas que
han padecido estos procesos selectivos com-
pletamente artificiales? ¿Cómo se sienten?
¿Le interesa a alguien? O es que estamos
sólo atentos a ese deseo inevitable de las
parejas que desgraciadamente no pueden
procrear por circunstancias adversas y que
están dispuestos a someterse a intervencio-
nes incluso humillantes con tal de experi-
mentar la alegría de sentirse padres.
Un derecho fundamental, entendá-
moslo. Una necesidad no sólo lícita sino
vital en la existencia humana, sobre todo
femenina. No es ciertamente el íntimo y san-
to anhelo de maternidad lo que aquí se cues-
tiona sino que es la pretensión de gestionar
la vida según los propios gustos y caprichos
lo que se critica. Es la indiferencia hacia las
almas de los más indefensos, los únicos a los
que nadie les ha pedido opinión, y que por
tanto no tienen ningún derecho de elección.
Sobre su destino decide sólo el quórum de
los votantes en el referéndum…
La Iglesia sí que se ha hecho oír. No ha
callado estas tremendas verdades y ha
exhortado a los italianos a al menos, no acer-
carse a las urnas; una abstención que quería
decir: ¡nadie tiene el derecho de manipular
la vida de los demás.Un eslogan acompaña-
ba la postura de la mayoría de los católicos:
“La vida no se vota”. Sí. Porque la vida es
un don que viene de un Donador atento y
respetuoso, que nos pide el permiso para que
sea acogida, y no puede estar sujeta a cues-
tiones numéricas de mayorías o minorías.
El Papa Benedicto XVI, en un encuen-
tro sobre la Familia ha recordado:
“En la generación de los hijos el matri-
monio refleja su modelo divino, el amor de
Dios para el hombre. En el hombre y en la
mujer la paternidad y la maternidad, tanto el
cuerpo como el amor, no se dejan encerrar en
lo biológico: la vida se da completamente
sólo cuando con el nacimiento se dan tam-
bién el amor y el sentido que hacen posible
decir que sí a esta vida. Y es de esta idea que
aparece con claridad lo contrario que es al
amor humano, a la vocación profunda del
hombre y de la mujer, cerrar sistemáticamen-
te la propia unión al don de la vida, y aún
más suprimir o manipular la vida que nace”.
Seguramente la aportación científica en
estos años ha sido fundamental para mejo-
rar la vida de cada persona, a través de cuida-
dos cada vez más sofisticados de enfermeda-
des penosas. Es un ámbito que debe ser sos-
tenido por la oración de todos nosotros, para
que las investigaciones estén iluminadas por
la sabiduría de Dios, creador de nuestro cuer-
po. ¿Quién mejor que Él puede ayudarnos?
Convirtámonos pues en sus colaborado-
res activos, cada uno con lo que le compete;
pero dejemos de arrogarnos derechos que no
nos pertenecen: ¡que nadie se sienta dueño
para decidir sobre la vida de los demás!
Stefania Consoli
Los lectores escriben…
Giuseppe Habe de Eslovenia: Estoy
anciano y enfermo. Agradezco mucho el
Eco y os lo agradezco de todo corazón. El
Eco es para mí alivio y consuelo.
M.C. Rementeria de España: Deseo
agradeceros vuestro maravilloso trabajo.
Nos mantiene en contacto con Medjugorje,
y con las enseñanzas de la Virgen. Nos ayu-
da mucho realmente, es el alimento espiri-
tual que necesitamos. Muchísimas gracias.
Rosanna Capogreco de Roma: Gracias
por vuestro trabajo y el bien que hacéis a
todos. Me gusta mucho leer el Eco de María;
es un periódico de espiritualidad profunda
que me da alivio y alegría.
Benedicto XVI
“María, un tabernáculo viviente”
“En el año especial de la Eucaristía
que estamos viviendo, María nos ayuda
sobre todo a descubrir cada vez más el
gran sacramento de la Eucaristía. En
particular vamos a detenernos para
meditar el misterio de la Visitación de la
Virgen a Santa Isabel.
María llevaba en su seno a Jesús
recién concebido. Es una chica joven,
pero no tiene miedo, porque Dios está
con Ella, dentro de Ella. De algún modo
podemos decir que su viaje fue – nos
gusta subrayarlo en este Año de la
Eucaristía – la primera “procesión
eucarística” de la historia.
Tabernáculo
vivo del Dios hecho carne, María es el
Arca de la Alianza, a través de la que el
Señor ha visitado y redimido a su pue-
blo. La presencia de Jesús la colma con
el Espíritu Santo”.
Que nos bendiga Dios Omnipotente,
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Amén.
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ciones
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