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www.medjugorje.ws » Eco de Maria Reina de la Paz » Eco de Maria Reina de la Paz 190 (Noviembre-Diciembre 2006)

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Mensaje del 25 de septiembre de 2006
“Queridos hijos, también hoy estoy con
vosotros y os invito a todos a la conversión
total. Decidíos por Dios, hijitos, y encon-
traréis en Dios la paz que busca vuestro
corazón. Imitad la vida de los santos; que
sean ejemplo para vosotros; y yo os esti-
mularé todo el tiempo que el Altísimo me
permita estar con vosotros. Gracias por
haber respondido a mi llamada”.
Conversión total
El mensaje de este mes se encierra en un
marco temporal que reclama nuestra aten-
ción a la excepcionalidad de la presencia de
María entre nosotros. Comienza con tam-
bién hoy estoy con vosotros
y finaliza con
hasta cuando el Altísimo me permita estar
con vosotros.
Su presencia entre nosotros es
un don gratuito del Padre, don que puede
repetirse como no puede repetirse. No pode-
mos saber si habrá otros mensajes y en todo
caso, no tiene sentido esperar el próximo
para archivarlo con los demás. Los mensajes
de María no tienen como objetivo informar-
nos de las últimas novedades, aunque sean
cel0estiales. María no nos llama a absorber
noticias, sino a cambiar de vida y de modo
radical.
Os invito a todos a la conversión total.
La llamada es para todos, tanto para los ope-
rarios de última hora como de la primera.
Todos podemos, debemos, entrar en esta
conversión total, nunca alcanzada definiti-
vamente, nunca reservada a los buenos, nun-
ca imposible para los pecadores y nunca
sólo tarea nuestra. Nosotros debemos dejar-
nos convertir
por Dios, debemos dejarnos
penetrar y fecundar por su Amor misericor-
dioso. Pero atención: este dejarnos hacer no
significa que debamos comportarnos pasiva-
mente con una espera inerte o indiferente.
Debemos desear con todas nuestras fuerzas
este encuentro con Dios, preparado y espe-
rado por Él mismo. El Padre me espera en la
comunión con Jesús. Yo debo decir con
Jesús (Padre) no has querido ofrendas ni
sacrificios pero en su lugar me has formado
un cuerpo
(He 10, 5). La conversión total es
dejar entrar a Jesús en nuestra vida, es esta
total inmersión en Jesús, lo cual no se consi-
gue con técnicas ascéticas ni con programas
de vida, sino con una oración auténtica y un
auténtico abandono.
Ciertamente, un cambio radical de vida
no es ni puede ser sólo tarea nuestra, sino del
Espíritu Santo. No está en nosotros este
poder, aunque sí rehusar a la Vida de Jesús
en nosotros. Aunque esta marginación que
es tremenda, a menudo es más fácil de lo
que pueda parecer, pues aunque no sea de
una manera explícita, sí puede ser sutilmen-
te presente y operante en nosotros. El que no
está conmigo está contra Mí,
dice Jesús (Mt
12, 30). Estar con Él significa vivir de Él y
en Él, significa ser Eucaristía viviente. Es
ésta una meta a nuestro alcance, aunque al
mismo tiempo difícil no sólo de alcanzar,
sino también de proponérnosla con toda
seriedad.
Pero María insiste en alentarnos y lo
hará hasta que Dios se lo permita: Yo os
alentaré hasta que el Altísimo me permita
estar con vosotros.
Éste es el objetivo de su
presencia entre nosotros. Ella no viene para
transmitirnos informaciones, sino para con-
seguir la transformación de nuestras vidas.
Ella no añade nada a lo Revelado, sino que
viene en ayuda de los pequeños, de los últi-
mos, de todos aquellos que desean con cora-
zón sincero recibir directamente del Espíritu
Santo Luz y Sabiduría para penetrar el mis-
terio del Amor eterno. Sigamos sus invita-
ciones; decidámonos por Dios, es decir
decidámonos a dejar que Jesús viva en noso-
tros y en Dios encontraremos la paz que
busca nuestro corazón,
esa paz verdadera
que es fruto de la comunión entre el Padre y
el Hijo. Esta paz que ya nos ha sido dada,
está en la Eucaristía y en el sacramento de la
Reconciliación y es una paz no sólo personal
sino también universal, la paz que todo el
mundo espera de la revelación de los hijos
de Dios. Imitad la vida de los santos y que
os sean de ejemplo
, nos sugiere María. La
vida de los santos es la manifestación de las
grandes e impensables cosas que Dios pue-
de obrar en los hombres y, por lo tanto, en
cada uno de nosotros. ¡Ánimo! Todos esta-
mos llamados a la santidad, que para ello
Dios nos ha dado un cuerpo.
Nuccio Quattrocchi
Mensaje del 25 de octubre de 2006
“Queridos hijos, hoy el Señor me ha
permitido que os diga nuevamente que
vivís en un tiempo de gracia. No sois cons-
cientes, hijitos, de que Dios os da una gran
oportunidad para que os convirtáis y viváis
en paz y amor. Estáis demasiado ciegos y
atados a las cosas terrenales, y pensáis en la
vida terrenal. Dios me ha enviado para
guiaros hacia la vida eterna. Yo, hijitos, no
estoy cansada, aunque veo vuestros corazo-
nes apesadumbrados y cansados para todo
lo que es gracia y don. ¡Gracias por haber
respondido a mi llamada!”.
La vida eterna
Un mensaje insólito no tanto por el con-
tenido como por el tono. Mientras que el
contenido se refiere como siempre a la lla-
mada a la conversión, al retorno a Dios, a
abandonarnos a Él, a emprender un camino
serio y consciente hacia la vida eterna, el
tono no es el de la invitación sino más bien
de reproche. Nos habíamos habituado a ser
invitados, solicitados y animados y ahora
nos encontramos con sorpresa ante un estilo
diferente, un estilo que no contiene al menos
explícitamente una invitación. Queridos
hijos, hoy el Señor me ha permitido deci-
ros nuevamente que estáis viviendo un
tiempo de gracia.
Los cielos están aún
abiertos para la humanidad y sobre el mun-
do, pero ¿somos conscientes de ello? ¿No
sois consciente hijitos, que Dios os da una
gran oportunidad para convertiros y vivir
en la paz y en el amor?
Es verdad, decidi-
damente verdad que la mayoría y yo mismo
no somos conscientes de ello. ¡No nos aban-
dones María! En la súplica a la Reina del
Rosario de Pompeya te decimos: Si Tú no
nos ayudaras porque somos hijos ingratos y
no merecemos tu protección, no sabríamos a
quien dirigirnos
y hoy te lo repetimos. El
presente es aún tiempo de gracia, tiempo
oportuno para convertirnos y vivir en la
paz y el amor.
Acojamos esta oportunidad,
esta gracia celestial, antes de que sea dema-
siado tarde. Me vienen a la mente las lágri-
mas y la lamentación de Jesús por Jerusalén:
“¡Ojalá en este día conocieras también tú el
mensaje de paz! Pero está oculto y no pue-
des verlo. Porque llegará un día en que tus
enemigos te rodearán con trincheras, te cer-
carán y te estrecharán por todas partes y te
echarán al suelo. Matarán a todos tus habi-
tantes y no dejarán de ti piedra sobre pie-
dra, porque no has conocido el tiempo en el
que Dios te ha visitado”.
(Lc 19, 42.-44). El
camino de la paz y del amor no está aún
escondido a nuestros ojos; aunque estemos
tan ciegos y atados a las cosas de la tierra
preocupándonos sólo de la vida terrenal, los
cielos aún no están cerrados y la gracia pue-
de despertarnos de este sueño, de este ador-
mecimiento que apesadumbra nuestra alma.
Debemos darnos prisa y decidirnos seria-
“Ven, Señor, a visitarnos con tu paz:
tu presencia nos llenará de gozo”
Noviembre-Diciembre
2006 - Editado: por Eco di Maria, C.P.
47 - 31037 LORIA (TV)
(Italia) - Tel / fax 0423. 470331
A. 22, N° 11-12; Esd.a.p. art.2,com.20/c, leg.662/96 filiale di MN-Autor.tribun.MN: 8.11.86, ccp 14124226
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mente por la conversión total, como María
nos ha exhortado. Dios me envía para guia-
ros hacia la vida eterna,
nos dice María.
Con su guía no podemos perder el objetivo
si verdaderamente queremos conseguirlo.
Ella no se cansa de asistirnos y de guiarnos
aunque vea nuestros corazones apesa-
dumbrados.
Somos nosotros que rechazan-
do las gracias, oprimimos nuestros corazo-
nes gravándolos con pesos inútiles yendo en
pos de un falso bienestar, arrastrados por
una Babel siempre nueva y siempre antigua.
Somos nosotros que, seducidos por la vieja
tentación de vivir al margen de Dios no
hemos apreciado las gracias y los dones,
alienándonos de la verdadera vida, de la
vida eterna, es decir de la vida de Dios.
Levantémonos y volvamos a nuestro Padre
diciéndole: Padre, he pecado contra el Cielo
y contra Ti y no soy digno de ser llamado
hijo Tuyo. Trátame como a uno de tus cria-
dos
(Lc 15, 18-19). El Padre espera nuestro
retorno, lo tiene todo preparado, sólo falta
nuestra decisión. Entreguémonos a María
con abandono filial y la confianza de los
pequeños y Ella sabrá hacer de cada uno de
nosotros un don para el Padre y un fruto de
amor para nuestros hermanos .
N.Q.
Los niños
de la Eucaristía
Dentro de poco será Navidad y revivire-
mos el misterio más grande de nuestra histo-
ria: Dios, el Creador del Universo entero,
viene a nosotros y se hace Niño. Pequeño,
indefenso, inocente y puro, como cualquier
otro niño que nace y que en sus primeros
años de vida, crece, mostrando toda la belle-
za de la criatura apenas salida de la mente
del Creador. Aunque ya se sabe que después,
el tiempo y las circunstancias lo cambian.
Si para iniciar su aventura entre los hom-
bres, Dios escoge precisamente la semblanza
de un niño, significa que en la infancia resi-
de una sabiduría y un poder particular, osaría
decir un “concentrado” de todo, vistas las
proporciones exteriores de los recién naci-
dos, conteniendo un alma capaz de infinito.
Jesús miraba a estos niños con mucho
respeto y predilección. También María pre-
fiere aparecerse a los niños y confiarles
importantes revelaciones teológicas y místi-
cas, porque con su simplicidad e ingenuidad
los niños mantienen libre de imperfecciones
cuanto escuchan y son capaces de transmi-
tirlo sin interpretaciones ni manipulaciones.
Sin embargo, más allá de estas caracte-
rísticas propias de los niños, no considera-
mos suficientemente su capacidad espiritual,
sino que a menudo la minimizamos y las
más de las veces la ignoramos, como es la
oración. Los niños saben orar y su oración es
fuerte y poderosa y alcanza el corazón de
Dios, sin perderse en los razonamientos de
los grandes, debido a las heridas que van
acumulando a lo largo de los años, ni son
movidos por intereses egoístas, en los cuales
cae el hombre en edad adulta. Una vez más
la misma Virgen nos lo enseña, cuando a
unos niños de Fátima se “atreve” no sólo a
pedirles que oren, sino a que se sacrifiquen
o mejor dicho a que se entreguen totalmen-
te, recibiendo una respuesta pronta e inme-
diata, sin cálculos ni reservas.
Con este espíritu, un movimiento – el
Apostolado Mundial de Fátima – ha pro-
movido una iniciativa que se repite anual-
mente como es la “Hora Santa Mundial de
los Niños”. Este año se celebró el 6 de octu-
bre pasado en el Santuario de la Inmaculada
Concepción en Washington. La invitación –
dirigida a los allí presentes, así como a todos
los niños del mundo - consistía en orar ante
el Santísimo Sacramento por la paz en las
familias y en el mundo.
Desde el año 2003, en el día de la fiesta
dedicada a Nuestra Señora del Rosario, cada
año se ha ido celebrando regularmente, “la
Hora Santa Mundial de los Niños”
y el
tema de este año ha sido: “María, Reina de
las Familias, ruega por nosotros”.
Este
acontecimiento se organiza para responder al
Mensaje de Nuestra Señora de Fátima, ini-
ciado con las apariciones del Ángel de la Paz
en 1916 a los tres “Pequeños Pastorcillos”.
El “Ángel de la Paz”, como él mismo se
definió, enseñó a los niños unas Oraciones
Eucarísticas, mientras el Cáliz y la Hostia
permanecían suspendidos en el aire y ellos
estaban arrodillados en oración. Esta fue la
primera Hora Santa de los Niños.
Para los niños del mundo es una oportu-
nidad histórica sin precedentes para poder
unir sus oraciones. El mismo Papa Juan
Pablo II, en el año 1994 escribió “Una Carta
a todos los Niños del Mundo” en la que les
decía: “Mis Queridos Jóvenes Amigos, con-
¡Llevad al mundo
la esperanza de Dios!
Un gran acontecimiento ha tenido lugar
en la Iglesia italiana del 16 al 20 de octubre:
el 4º Encuentro Eclesial Nacional con el
tema: “Testigos de Jesús Resucitado esperan-
za del mundo”.
Tuvieron cita en Verona los
delegados de las 226 diócesis italianas junto a
expertos e invitados de otros países; pero el
trabajo preparatorio ha comprometido duran-
te meses a toda la realidad eclesial, a la que se
le había confiado la reflexión de la primera
carta de San Pedro, donde el Apóstol invita de
modo explícito a ser “esperanza viva”.
Había una gran expectativa respecto de
este momento y los frutos no han faltado.
Parece, de hecho, que de todo este trabajo la
Iglesia italiana sale con mayor vigor y sobre
todo más consciente de su potencial en el
interior de la escena del mundo: “El desafío
es el de comunicar el Evangelio de una for-
ma eficaz, que salga al encuentro de los
caminos reales y cotidianos del hombre” –
reza el mensaje introductoria.
Este Congreso tiene lugar cada diez
años, nace como una constante actualización
del Concilio Vaticano II, aquel extraordina-
rio acontecimiento de gracia que modificó
decididamente la orientación de la Iglesia,
suscitando cambios radicales en la época. A
la luz pues de un Espíritu que siempre
renueva, es bueno actualizarlos para com-
prender si efectivamente las actualizaciones
se concretan o se quedan sólo en el papel.
La importancia de los laicos
En particular la figura del laico, tan valo-
rado por el Concilio y luego promovida
durante todo el pontificado del Papa
Woytyla, resulta vivificada por todo lo que
se evidenció en el debate. Una figura no
siempre comprendida, a menudo marginada
por la prepotencia clerical de los párrocos, o
bien relegada a encargos organizativos ordi-
narios. Se constata pues la necesidad de
tener laicos maduros, que sepan vivir su
compromiso cristiano en lo cotidiano, y no
sólo en las “ocasiones” litúrgicas. Paola
Bignardi, en su intervención a este respecto,
afirma: “Los laicos sienten la necesidad de
tomar la palabra en la comunidad y les gus-
taría poder hacerlo no en lugares apartados,
reservados a los laicos, sino en lugares ecle-
siales, de todos, contribuyendo con su expe-
riencia de Dios en el mundo a delinear el
rostro de comunidades abiertas a la vida.
Quieren, en definitiva, poder expresarse en
los lugares de la corresponsabilidad eclesial
de forma viva, y no ritual y formal”.
¡Su amor nos basta!
Fueron muchas las intervenciones y las
contribuciones, pero es siempre la palabra
del Pastor la que da las coordenadas justas
para no perder de vista el objetivo y no
correr el riesgo así de “correr en vano”. En
dos momentos diferentes, con un discurso y
una homilía, el papa Benedicto dio a su
grey perlas muy preciosas, que vale la pena
leer en toda su integridad para quien tenga
oportunidad. “Estamos llamados a ser
mujeres y hombres nuevos, para poder ser
verdaderos testigos del Resucitado!
– dijo el
Papa en una de sus intervenciones – “en un
mundo que se presenta casi siempre como
obra nuestra, en el que Dios parece haberse
convertido en alguien superfluo y extraño”.
Es pues un gran desafío para el cristiano
dialogar con la humanidad actual que está per-
diendo de vista cada vez más su propia digni-
dad: “Hoy tiene lugar una reducción radical
del hombre, considerado un sencillo producto
de la naturaleza… tratado como cualquier
otro animal. Pero el hombre lleva inscrito en
lo más profundo de su ser, la necesidad de
amor, de ser amado y también de amar”.
¿Cómo hacer entonces en una época en
la que, a pesar de todos los progresos reali-
zados, el mal no está vencido, sino que por
el contrario su poder parece reforzarse?
“Hay que anunciar con convicción que el
único Dios ama personalmente al hombre,
lo ama apasionadamente y quiere a su vez
ser amado por él”,
responde el papa
Ratzinger. “Precisamente porque nos ama
verdaderamente, Dios respeta y salva nues-
tra libertad. Al poder del mal prefiere poner
el límite de su paciencia y de su misericor-
dia, ese límite que, en concreto, es el sufri-
miento del Hijo de Dios. Así también nues-
tro sufrimiento queda transformado desde
dentro, y es introducido en la dimensión del
amor y encierra una promesa de salvación”.
Esta elección de la fe y del seguimiento
de Cristo nunca es fácil: por el contrario,
resulta siempre un contraste y controverti-
da… “Pero no perdamos el ánimo por esto”
exhorta el Pontífice, “Dios nos ha dado una
esperanza invencible en la vida eterna…
Fuertes por esta esperanza no tenemos mie-
do de las pruebas que, aunque sean doloro-
sas y pesadas, nunca pueden alcanzar la
alegría profunda que deriva del amor de
Dios. ¡Su amor nos basta!”
El Evangelio no cambia…
El resultado de este Congreso es pues
una invitación renovada para que cada cris-
tiano se transforme en “testigo” capaz y dis-
puesto a asumir el compromiso de dar cuen-
ta a todos y siempre de la esperanza que lo
anima (cfr 1 Pe 3, 15): “Sólo a partir de la
Resurrección se comprende la auténtica
naturaleza de la Iglesia y de su testimonio,
que no es algo independiente del misterio
pascual, sino que es su fruto… En un mundo
que cambia, el Evangelio no cambia.
Redacción
2
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fío a vuestras oraciones los problemas de
vuestras familias y los de todas las familias
del mundo”. También el Papa Benedicto XV,
durante la primera guerra mundial invitó a
los niños a orar con estas palabras: “…
Tended vuestras manos, amados y omnipo-
tentes niños,
al Vicario de Cristo y dadle el
consuelo de la incomparable victoria de
vuestras preciosas oraciones”. Unos meses
más tarde inició el fenómeno de los
Mensajes de Nuestra Señora de Fátima.
Stefania Consoli
Muere el obispo
de la “Iglesia del silencio”
Es más que obligado
por parte del Eco dedi-
car un amplio espacio al
recuerdo de quien fue
un querido amigo de
nuestro boletín, Mons.
Paolo M. Hnilica,
obis-
po jesuita y Presidente
de la Asociación “Pro
Deo et Fratribus-Famiglia di María”. Lo
recordamos con afecto y agradecimiento
porque su estima y afecto nunca nos faltó
(amaba mucho el Eco). Por invitación de D.
Angelo, Mons. Hnilica respondía siempre de
buen grado a prestar su pluma para publicar
en nuestro pequeño diario, sus vicisitudes, y
sobre todo para hablar de María, de Quien
estaba perdidamente enamorado.
Obispo a los 30 años
Nació en Unatin (Eslovaquia) en 1921,
siendo ordenado clandestinamente, primero
sacerdote y después Obispo para la Iglesia
perseguida, llamada “Iglesia del silencio”.
Tenía 30 años cuando fue ordenado Obispo,
pero a causa de la terrible dictadura comu-
nista que encarcelaba la jerarquía eclesial de
su país, tuvo que huir a Occidente.
El Papa Pablo VI le notificó su consagra-
ción episcopal, precisamente el 13 de mayo
de 1964, aniversario de la primera aparición
de Nuestra Señora de Fátima, que en la vida
personal y pública del Obispo Hnilica,
revistió una importancia particular. De
hecho, él dedicó toda su vida al mensaje de
Fátima, pidiendo continuamente durante su
apostolado, ayuda y oraciones por la conver-
sión de Rusia.
Apóstol de la profecía de Fátima
Durante la época de la guerra fría, cuan-
do ni se sospechaba que el imperio de la
Unión Soviética un día no muy lejano pudie-
ra desaparecer, el Obispo Hnilica recordaba
a todos la importancia de la profecía de
Fátima y en particular la petición de la con-
sagración al Corazón Inmaculado de María
por la conversión de Rusia. Consagración
que el Santo Padre Juan Pablo II realizaba el
25 de marzo de 1984. Aquel mismo día y con
la ayuda de las oraciones de la Madre Teresa
de la cual era muy amigo, Mons. Hnilica, en
su viaje de vuelta de Calcuta a Roma, pudo
quedarse dos días en Moscú para realizar en
secreto la misma consagración que el Papa
hacía en Roma, en espíritu de colegial unión
con todos los Obispos.
El ecumenismo de la caridad
Tras la caída del muro de Berlín, las puer-
tas hacia el territorio de la ex Unión Soviética
se abrieron para la Asociación “Pro Deo
Fratribus – Famiglia di Maria” que empezó a
actuar en diversas localidades, desde Siberia
a Ucrania. De los fines perseguidos por la
Asociación, destacan el “sacerdotal” y
“mariano”; ello expresa la exigencia de vivir
una vida auténticamente entregada a Jesús
Sumo Sacerdote, en el “Totus tuus” mariano
de San Luís Grignon de Montfort, entendido
como programa de vida en la consagración al
Corazón Inmaculado de María. El campo de
acción de la Asociación a nivel caritativo y
ecuménico, se desarrolló en las Diócesis del
Este denominándose “ecumenismo de la cari-
dad”, para ayudar a los hermanos ortodoxos
necesitados en las ayudas más elementales,
organizadas en Occidente por los hermanos
católicos.
Con la “Iglesia del silencio”
Mons. Hnilica dedicó toda su vida al ser-
vicio de la Iglesia, particularmente a la
Iglesia que en el pasado se la había denomi-
nado “Iglesia del silencio”, especialmente
en la acogida de los que huían al extranjero
y que eran desprovistos de todo. Ayudó a
innumerables personas, entre ellos muchos
sacerdotes, religiosos y religiosas que en
Roma buscaban el apoyo de Mons. Hnilica,
donde él tuvo la gracia de residir desde su
partida de Eslovaquia.
Las dos estrellas que lo guiaron
Ciertamente no le faltó el sufrimiento
que con ánimo sereno y plena confianza
ofrecía a Jesús misericordioso y a Nuestra
Señora. El vivió y difundió asiduamente
estas dos devociones: el culto a la Divina
Misericordia,
unido a Sor Faustina
Kowalska y el culto al Corazón Inmaculado
de María, unido al mensaje de Fátima. Estas
dos devociones fueron las dos estrellas prin-
cipales de todo su ministerio episcopal
orientado desde siempre hacia el Este y
hacia el Este más profundo, a Rusia.
La oscura etapa de la tribulación
Desde que empezaron los vientos duros
de la tribulación en los terribles años de la
persecución contra los cristianos, él perma-
neció firme, así como cuando tuvo que pre-
sentarse ante un tribunal civil, no hace
mucho para responder de un proceso en el
que se vio envuelto; él lo asumió como
siempre, con espíritu de oración y de peni-
tencia y la divina providencia lo premió
liberándole de todo.
Ayuda a los necesitados
Nadie de los que acudían a él en busca
de ayuda moral, espiritual o material, quedó
nunca defraudado. Siempre “Padre Paolo”
como le gustaba que le llamaran, acudía a
las necesidades del prójimo y nunca se negó
siempre que podía hacerlo, a ayudar en las
pequeñas como en las grandes necesidades
de fe para que pudieran encontrar en la
Iglesia el justo lugar. Esta plena disponibili-
dad le llevó a ser conocido y amado por tan-
tos en el transcurso de su vida.
Abandonado a la Divina Misericordia
En los últimos años sufría a causa de su
fragilidad física que se iba degradando, aun-
que lo soportaba con valentía y paciencia.
Hasta el último momento se dio al Señor y
al prójimo, muriendo plenamente abandona-
do al Amor Misericordioso de Dios y en
filial devoción a la Virgen.
Fue llamado a la Casa del Padre el día en
que se conmemora la resurrección del
Señor, el domingo 8 de octubre de 2006.
En este mismo día, seis años antes (domin-
go 8 de octubre del 2000), Juan Pablo II
confiaba el Nuevo Milenio a Nuestra Señora
de Fátima, lo que llenó de gozo a Mons.
Hnilica, que tanto había difundido la impor-
tancia y la extraordinaria profundidad del
contenido del mensaje de Fátima.
(Notas de la Asociación “Pro Deo Fratribus –
Famiglia di Maria)
Una escuela que reza
Hace unas horas he podido conocer al
fundador de una escuela, donde el maestro y
los alumnos oran juntos. Existe verdadera-
mente en nuestros tiempos una cosa así: ¡no
podía dar crédito a mis ojos y a mis oídos! El
siciliano p. Giovanni Salerno tuvo un sueño
de joven, una especie de: “visión de un mona-
guillo”
. Le parecía entrar en una iglesia y ver
a su derecha a la Virgen. Ella parecía estar
rodeada de muchos niños pobres, que le pedí-
an ayuda. Este sueño lo acompaña aún hoy.
El camino de su vida pasó a través de
muchas estaciones importantes. De niño se
enfrentó con los sufrimientos de la II Guerra
mundial; fue educado por unos padres que
vivían cristianamente, por ejemplos de
sacerdotes y por la leyenda escrita en la
puerta de entrada al seminario: “Quien ayu-
da a los pobres, sirve a Dios”.
Su camino lo
llevó como médico y misionero agustino a
América del norte y del sur, pero su corazón
quedó ligado a una región muy pobre en los
Andes del Perú. Allí hoy está su escuela,
donde los Siervos de los pobres acogen
alrededor de mil niños sin padres ni casa.
Los niños proceden de las ciudades, de
los suburbios, de los bosques y de las monta-
ñas selváticas. La obra no les ofrece otra
seguridad que la confianza absoluta de ser
abrazados por la providencia de Dios: “Lo
que tú no puedas hacer, lo hará Dios en tu
vida”.
Así vive esta obra desde hace décadas;
niños pequeños y grandes son curados, asisti-
dos, sanados, y sobre todo amados, porque en
cada uno de estos niños es acogido Cristo en
casa. Éstos no encuentran sólo una casa o una
escuela donde son instruidos y formados para
poder luego desarrollar un trabajo autónomo;
la misión más noble de la Obra es la forma-
ción cristiana de estos jóvenes. De momento
hay 4 grandes casas y en todas ellas, junto a
la entrada, hay una capilla donde cada día se
expone el Santísimo Sacramento para ser
venerado. Cada hora está presente un niño,
por turnos,
y así el Señor y Maestro no está
nunca solo. A las 5, cuando termina la escue-
la, todos los niños y maestros se reúnen
juntos durante una hora en una gran sala,
y permanecen en oración y en silencio, y lue-
go celebran la Eucaristía, momento en el que
se depositan en el altar todas las preocupacio-
nes y alegrías, las penas y dolores, pero tam-
bién todas las intenciones que los niños llevan
en el corazón, así como las de los bienhecho-
res de la obra y las preocupaciones del mun-
do entero.
Qué maravilloso ejemplo para nuestras
escuelas ateas, donde los niños de los países
ricos crecen con valores y hechos puramen-
te materiales y no conocen otros entreteni-
mientos para divertirse y despreocuparse de
todo. ¡Y qué gran responsabilidad pesa
sobre los padres y educadores que creen que
sin formación religiosa pueden transmitir a
los niños el sentido de la vida y alegría!
Rita Gervais
3
Eco 190
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Fue un defensor
de Medjugorje
Mons. Paolo Hnilica fue un valiente tes-
timonio en la Iglesia de la gracia extraordi-
naria que emana de aquel lugar. Fue famosa
su carta enviada a los grupos de oración
vinculados a Medjugorje en 1997, de la cual
entresacamos unos párrafos, por la elocuen-
te síntesis que contiene sobre el valor del
acontecimiento de Medjugorje:
Una realidad viva
“Nadie puede negar –aunque de hecho
hay quien intenta hacerlo- que el Movimiento
espiritual de la Reina de la Paz es una realidad
viva en la Iglesia, suscitada por un espíritu de
oración y no de iniciativa humana. Este río de
luz, de vida, de paz y de amor hacia la Madre
de Dios, ha generado grupos de oración por
doquier, ha inspirado conversiones y continua
sanando y consolando el corazón de todos
aquellos fieles que han encontrado en la sen-
cillez del mensaje de la Reina de la Paz una
orientación auténtica para volver al Evangelio
y al corazón de la Iglesia.
Transformados por la gracia
Miles de sacerdotes y centenares de obis-
pos han celebrado allí la S. Misa y escucha-
do en confesión a largas filas de fieles trans-
formados por la gracia materna de María.
Muchos de ellos vuelven a sus diócesis dan-
do un unánime testimonio: “en Medjugorje
la gente se convierte”. Conversiones que
dejan perplejos a los Pastores porque son
“conversiones duraderas”. Es innumerable la
gente que ha experimentado allí la presencia
de María, como innumerables son las sana-
ciones espirituales y también físicas, las
vocaciones al sacerdocio y a la vida consa-
grada, nacidas de la gracia de Medjugorje.
Estos son algunos de los grandes frutos espi-
rituales que han llevado a muchos a la con-
clusión de que verdaderamente la Reina de la
Paz está presente en Medjugorje.
Una luz de esperanza
Infinidad de grupos de oración esparci-
dos por los cinco continentes han encontra-
do en el mensaje de la Reina de la Paz una
luz de esperanza y de consuelo y constitu-
yen estos grupos, una presencia cristiana
viva y operante en la Iglesia. Esta presencia
materna nos recuerda lo acontecido en
Guadalupe, Lourdes y Fátima y en otros
lugares de apariciones marianas, donde
antes eran como desiertos espirituales y la
visita materna de María hace florecer la vida
y la esperanza, se ha ejercido el perdón y se
ha vuelto a la paz.
Una voz en el desierto
La Reina de la Paz ha venido a Bosnia-
Hercegovina para proponer un mensaje de
paz y de reconciliación a unos pueblos que
años más tarde se verían involucrados en
una guerra infernal que en poco tiempo
hubiera masacrado aquellas tierras. Su voz
había gritado en un desierto. Ella venía para
advertir, amonestar y suplicar a sus hijos
que sin la conversión del corazón no sería
posible la verdadera paz. La paz que había
en 1981 era solo aparente, ya que diez años
más tarde estallaba la guerra. Pero eso nadie
lo sabía. En los tiempos de las primeras apa-
riciones nadie comprendía por qué en un
país donde había una convivencia pacífica,
la Señora de la aparición hablaba de la nece-
sidad de un urgente retorno a Dios para
obtener la verdadera paz. El 26 de junio de
1981 Ella se mostraba llorando delante de
una gran cruz. El 26 de junio de 1991 caían
las primeras bombas sobre el aeropuerto de
Ljubljana en Eslovenia.
Persecuciones…
Sin embargo, para el mensaje de
Medjugorje como para el de Fátima que tam-
bién habla de paz y de conversión, el camino
en la Iglesia no es fácil y tiene el mismo des-
tino del de los profetas: muchas conversiones
pero también muchas persecuciones, mucha
gracia, pero también mucha lucha y como
ocurre con los profetas, sólo después de
muchos sufrimientos y tribulaciones, los
hombres llegan a comprender su importancia.
El acontecimiento de Medjugorje se
inserta en un período de la historia de la
humanidad especialmente amenazado por las
fuerzas del maligno. Sin el encuentro con la
Madre de Jesús no habría vida sobrenatural y
esta vida está siempre amenazada, hay siem-
pre un Herodes que intenta suprimirla.
El Camino Maestro
Es solamente nuestra conversión la que
decide la suerte del futuro de la humanidad.
No son los programas, los convenios ni las
palabras los que cambiarán al mundo. La
Reina de la Paz nos ha indicado el Camino
Maestro para obtener la conversión del cora-
zón. Es el Camino que conduce al Cenáculo
donde por medio de la oración y en comu-
nión con María la Esposa del Espíritu Santo,
reconocemos nuestros pecados, hacemos
penitencia y nos convertimos.
No nos debe extrañar que Satanás haga de
todo para destruir los frutos sobrenaturales
que han madurado a raíz del Movimiento
espiritual de Medjugorje. Por nuestra parte,
para defendernos debemos amar con auten-
ticidad, servir e imitar a nuestra Reina y
Madre de la Paz, viviendo sus Mensajes.
Confusión…
Debemos caminar con María y con Ella
descubrir a Su Hijo. Este camino espiritual
considerado por muchos una bendición para
la Iglesia, no crea confusión. La confusión es
siempre obra del maligno. Los mensajes de
la Reina de la Paz no desorientan sino que
orientan y llevan a la Verdad evangélica y
Medjugorje mismo ha supuesto para muchos
peregrinos un lugar de reconciliación con la
Iglesia y no de separación de la Iglesia.
Sabemos bien que hay ciertas voces con-
trarias a Medjugorje, pero no es la primera
vez que en torno a un acontecimiento sobre-
natural haya en la Iglesia pareceres discor-
dantes, aún entre los mismos obispos. “El
mundo está perdiendo el sentido de lo sobre-
natural y la gente lo encuentra en
Medjugorje a través de la oración, el ayuno
y los sacramentos” esto decía el Santo Padre
hace algunos años…
Los tiempos del “Totus tuus” universal
Unamos nuestros corazones al Corazón
Inmaculado de María. Estos son Sus tiem-
pos, los tiempos anunciados en Fátima y
confirmados por el mensaje de Medjugorje.
Son los tiempos del “Totus tuus” universal.
La Reina de la Paz nos quiere unidos en la
oración y en una confiada espera de un
Nuevo Pentecostés que renueve la faz de la
tierra. En camino con Ella, vayamos al
encuentro del Señor.
(Paolo M. Hnilica, obispo)
La peregrinación
del corazón
Hace poco que hemos celebrado el
Jubileo del Cielo, el 25 aniversario de la pre-
sencia de la Virgen entre nosotros. Desde
aquel 25 de junio de 1981 hasta hoy, una
buena parte del mundo ha desembarcado en
Medjugorje. Algunos lo han hecho solo de
paso, otros, los más, tras una primera vez
han vuelto repetidas veces, como para acudir
a la llamada de una cita amorosa.
A estas alturas Medjugorje es ya conoci-
da en todos los rincones de la tierra y cada
vez que uno vuelve es como ir a beber un
sorbo de agua que emana fresca y que colma
nuestra sed de Dios y de su amor. Una sed
innata en nosotros, tal vez ignorada volunta-
riamente o no y que a menudo pretendemos
aplacar con sorbos de “agua envenenada”.
María ha venido para despertar en nosotros
esta sed y para ayudarnos a encontrar en el
pozo de Jacob, a Aquél que apaga toda sed,
a su Hijo Jesús. Este es el deseo de nuestra
peregrinación, ponernos en camino para
encontrar al Señor y allí, en Medjugorje, no
es difícil encontrarlo, no sentir su llamada a
la conversión y la necesidad de orar, de
reconciliarnos con Dios y de acercarnos a la
confesión para iniciar una nueva vida.
Aunque no basta ir a Medjugorje
muchas veces para conservar las gracias que
allí recibimos. Es necesaria otra peregrina-
ción, la de nuestro interior, que María nos
indica en sus mensajes, un camino espiritual
que nos ayude a descubrir cada día y en cada
circunstancia de nuestra vida cotidiana, la
voluntad de Dios. Esto es lo que hace María,
tal como nos enseña el Vaticano II (LG 58):
“Avanzó en la peregrinación de la fe” desde
la Anunciación “¿Cómo será posible
esto…?” a Belén “Lo puso en un establo
porque no había sitio para ellos”, en el
encuentro con Simeón “A Ti una espada te
traspasará el alma”, en el encuentro con
Jesús en el templo “¿Por qué me busca-
bais?”, “María conservaba todas estas cosas
meditándolas en su corazón”, hasta el
Calvario, bajo la Cruz.
María pues realizó una peregrinación
del corazón y de la mente para conservar la
comunión con Dios y para ser la “sierva del
Señor” siempre y también y sobre todo
cuando no entendía. San Agustín dice de
María: Ella no buscó comprender para creer,
sino que creyó para comprender” y en
Medjugorje nos enseña a todos a ser “sier-
vos del Señor” y a vivir en comunión con El
y también y sobre todo en las dificultades,
en las incomprensiones, en el desprecio y en
la aridez del desierto, para que aprendamos
a morir a nosotros mismos para así resurgir
como criaturas nuevas, tal como el Padre nos
ha pensado y creado. Y también para que
desde nuestra disponibilidad total colabore-
mos en la realización del proyecto que El
tiene sobre cada uno de nosotros y a través
de nosotros, sobre el mundo entero.
María sabe muy bien que para ser siervos del
Señor es necesario que seamos dóciles a los
impulsos del Espíritu Santo, que nos des-
prendamos de nuestro “yo” y de nuestros
proyectos para estar preparados para seguir
Noticias de la tierra bendita
4
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Pertenecer a María
de Stefania Consoli
Es bien sabido que en el pasado siglo, los
santos y los Papas nos han mostrado el
camino seguro para llegar directos al
Corazón de Jesús, una serie de senderos que
dan siempre con el mismo objetivo: la
Consagración a María. Pero, ¿nos hemos
preguntado qué significa verdaderamente
pertenecer a Ella? ¿Es un modo de liberar-
nos de nuestras responsabilidades? ¿Es una
evasiva para permanecer inactivos y pasivos
diciéndonos a nosotros mismos: “¿Tanto le
importa a Ella?... ¿O bien se trata de una lla-
mada a conformarnos con María en todo,
acogiendo en nosotros su misma vida?
Pertenecer a María significa acoger el
plan que el Señor trazó para la Joven de
Nazaret, hace 2000 años. Significa aceptar
que aquel misterioso designio que cambió
totalmente su vida, cambie también la nues-
tra, hasta ser una morada elegida de Dios:
“… Tú concebirás en tu seno y darás a luz
un hijo”
(Lc 1,31).
Pertenecer a María significa entrar en su
Sí, en aquel consentimiento que Ella pro-
nunció con naturalidad ante una propuesta
que habría dejado atónito a cualquiera: ser
Madre de Dios desafiando las leyes de la
biología y del orden social, en virtud de una
fuerza inconcebible a la razón y clara sólo a
la luz de la fe: “…el Espíritu Santo descen-
derá sobre ti”
(Lc 1,35).
Pertenecer a María significa vivir un
abandono confiado e incondicional que deja a
Dios toda iniciativa para que lo imposible se
haga posible: “He aquí la Esclava del Señor,
hágase en mí según tu palabra”
(Lc 1,31)
Pertenecer a María significa dejar actuar
al Espíritu Santo aún sin comprender y
renunciar a nuestras ciencias, lógicas y
reglas y cualquier plan o programa: “lo lla-
marás Jesús… y será llamado santo”
(Lc
1,31.35).
Pertenecer a María significa finalmente
aceptar ser incomprendidos y ser considera-
dos al margen del sentido común por perma-
necer fieles a Dios, como José que “hizo
como le había ordenado el ángel del Señor y
recibió en su casa a su esposa”
(Mt 1,24) y
no la repudió.
Pertenecer a María significa pues tener
la valentía de ser cristianos a toda costa, en
toda elección y en toda actuación a pesar de
que nos consideren ineptos, fatalistas y con-
formistas… Sólo así la Palabra –que tanto
tiene que decirnos aún- podrá hacerse carne
en nosotros y transformarnos en instrumen-
tos de salvación para aquellos que estén dis-
puestos a escucharnos.
EL TENISTA
DE LA GOSPA
“Queridos hijos… Cada uno de vosotros
es importante, por esto, hijitos, orad y ale-
graos conmigo por cada corazón que se ha
convertido y se ha transformado en instru-
mento de paz en el mundo…”.
En su mensaje del 25 de junio de 2004,
María Santísima subrayó cómo cada uno de
nosotros, a pesar de la fragilidad de la natu-
raleza humana, tiene un papel fundamental
en el plan de salvación de Dios que Ella ha
venido a realizar apareciéndose en
Medjugorje, y puede dar testimonio de Su
Amor en el ambiente en el que el Señor nos
ha llamado a vivir. Ningún ámbito social o
profesional están excluidos de Su acción de
gracia, ni siquiera aquellos en los que es
aparentemente más difícil vivir la fe.
El mundo del deporte es uno de éstos.
Los días saturados de trabajo suelen coinci-
dir con los días festivos, circunstancia que
dificulta a los creyentes, frecuentar regular-
mente los sacramentos. La fe en Dios se sus-
tituye por la superstición, la virtud de la
humildad por la vanagloria, la pobreza por el
deseo desenfrenado de dinero.
Pero María desea que Sus hijos renueven
y conviertan también el mundo del deporte,
y últimamente ha llamado a un joven nacido
bajo Su manto para difundir Su voz también
allí donde Dios no es escuchado.
Se trata del joven tenista de Medjugorje
Marin Cilic, que acaba de cumplir 18 años.
El año pasado, Marin fue el mejor tenista
junior del mundo, y en su primer año de acti-
vidad profesional llegó a la semifinal del tor-
neo ATP de Gstaad, en Suiza, entrando así a
formar parte del equipo nacional croata de
tenis que participa en la Copa Davis.
Con motivo del torneo de Gstaad se hizo
una pequeña mención a la fuerza del testi-
monio que puede dar la presencia de un
joven hijo de María en el mundo del depor-
te. El sorprendente ascenso de Marin en la
competición dio pie a que en el sitio Internet
oficial del torneo se hablase de Medjugorje,
y en términos que raramente se encuentran
en la prensa católica: “Desde 1981, en el
pequeño pueblo de Medjugorje, en Bosnia
Herzegovina, se aparece la Virgen María.
Hoy Medjugorje es un lugar bendito, y des-
de entonces han acudido allí más de 20
millones de fieles, haciendo de la pequeña
población en los límites con Croacia uno de
los lugares más frecuentados de peregrina-
ción en el mundo. También Marin Cilic vie-
ne de Medjugorje…”
Marin necesita nuestra oración, no para
que pueda, un día vencer a Roger Federer en
la primera posición de las clasificaciones
mundiales, sino para que pueda testimo-
niar la presencia de María en un mundo,
el del deporte,
lejanísimo de Dios. Para
lograr esto, no es suficiente que Marin pro-
ceda de Medjugorje. Incluso en las dificulta-
des que comporta esta profesión, él tendrá
que ser fiel a la oración, a la Santa Misa,
viviendo día a día en el Amor de Dios y con
un estilo de vida lejano al pecado, convir-
tiéndose de este modo en un instrumento de
paz y trayendo a todos la bendición de Dios
y su mensaje de salvación.
Guido Villa
la voz de Dios y dejarlo todo como
Abraham, para adentrarnos en unla aventura
con Cristo, que no sabemos a dónde nos lle-
vará, pero que sólo con sencillez y con fe
podremos vivir con plenitud.
Ella desea que también nosotros haga-
mos cada día nuestra peregrinación del
corazón y de la mente para descubrir a la luz
del Resucitado aquellas sombras que ofus-
can el esplendor de nuestra alma, a fin de
que con la oración, los sacramentos y el ayu-
no, entremos en un camino de purificación
para quedar inmaculados. Para convertirnos
en criaturas nuevas, capaces de ser esos ins-
trumentos dóciles en las manos del Padre,
luz para el mundo: “Sed irreprensibles y
sencillos, hijos de Dios inmaculado, en
medio de una generación perversa y degene-
rada, en medio de la cual debéis brillar como
astros en el mundo”. (Fil 2, 14-15).
María sabe que el mundo de hoy corre
hacia el precipicio y por ello está tantos
años con nosotros y no deja de repetirnos
sus llamadas porque quiere generarnos
como hijos inmaculados que sigan al
Cordero, adonde Él vaya y estén preparados
para ofrecerse por la salvación de los herma-
nos que están en peligro (“dad testimonio
con vuestra vida y sacrificad vuestras vidas
para la salvación del mundo”
Mensaje del
25.2.1998).
Este es el sentido de Medjugorje, al
menos así me parece y es el signo de la infi-
nita misericordia de Dios que se da en don a
aquellos que responden a su llamada y a tra-
vés de ellos, a todo el mundo.
Cecilia Appugliese
Mensaje a Mirjana
2 de octubre de 2006
“Queridos hijos, vengo a vosotros en este
vuestro tiempo para dirigiros la llamada a la
eternidad. Ésta es la llamada del amor, os
invito a amar, porque sólo a través del amor
conoceréis el amor de Dios. Muchos de
vosotros piensan que tienen fe en Dios y que
conocen sus leyes. Se esfuerzan por vivir de
acuerdo a ellas, pero no hacen lo que es más
importante: no Lo aman. Hijos míos orad,
ayunad. Éste es el camino que os ayudará a
abriros y a amar. Sólo a través del amor de
Dios se obtiene la eternidad. Yo estoy con
vosotros, yo os guiaré con amor maternal.
Gracias porque habéis respondido”.
Luego la Gospa añadió: “Hijos míos, los
sacerdotes tienen las manos bendecidas por
mi Hijo. ¡Respetadlos!”
Un Arzobispo argentino
en Medjugorje
Mons. Emilio Ogñénovich,
de la
Archidiócesis de Mercedes-Luján
(Argentina), tras la visita, comentó:
“Desgraciadamente en el interior de la
Iglesia hay aún mucha ignorancia sobre la
gran realidad sobrenatural que está teniendo
lugar en Medjugorje, en el corazón del mun-
do moderno… Medj. puede ser comparada a
una madre, a una mujer en el sexto mes de
embarazo
que espera con impaciencia el
momento del nacimiento de su hijo, pero
nadie puede adelantarlo, porque el momento
justo llegará”
5
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El camino
de una llamada
de redacción
Habíamos ya anunciado en el número
anterior del Eco el nacimiento de una nueva
firma,
de un espacio en el que querríamos
explicar el núcleo de una llamada cuyas raí-
ces están en el Corazón de la Reina de la Paz
y que expresa en plenitud lo que en muchos
mensajes ella misma nos pide que hagamos:
ofrecer nuestra vida por la salvación del
mundo.
Parecería una llamada dirigida a
unos pocos, porque pudiera dar la apariencia
de ser ardua e imposible de vivir: únicamen-
te los santos en el pasado osaban ofrecer la
propia vida a Dios como víctimas de amor,
podría objetar alguno.
¡No es cierto! Quien sabe cuántos en lo
más secreto de su corazón se entregaban sin
reservas a Dios, dejándole la libertad de
hacer de ellos lo que Él creía mejor, hasta el
punto de confiarles pesadas cruces para ali-
gerar a otros. Éste es de hecho el amor más
grande, como el de Jesús, que se ofreció a sí
mismo muriendo por nosotros en la cruz.
El hecho de que esta invitación está diri-
gida a todos los cristianos lo testimonia San
Pablo mismo cuando en su carta a los roma-
nos escribe: “Os exhorto, pues, hermanos, a
que por la misericordia de Dios ofrezcáis
vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo
y agradable a Dios” (Rm
12, 1).
Y entonces, si la invitación está dirigida
a todos, dejémonos interpelar y busquemos
en nosotros la respuesta a querer ser como
Jesús, una Eucaristía viva, viviente, sacra-
mento de salvación para toda la humanidad.
El ofrecimiento a Jesús a través de María
Este camino es para todos los cristianos
pero, al mismo tiempo es una llamada diri-
gida a los más generosos, a quien desea pro-
gresar y abrir el camino a los demás entran-
do en un camino de ofrecimiento de la pro-
pia vida a través del Corazón Inmaculado de
la Virgen María. Intentaremos indicar del
modo más sencillo los pasos necesarios para
proceder en esta dirección. Naturalmente el
guía es el Espíritu Santo, nadie más en la
Iglesia. Los sacerdotes tienen únicamente la
misión de introducir y acompañar las almas,
como hacen los padres con los hijos, que
luego tendrán que madurar para comprender
qué tienen que hacer en su propia vida.
Pero ¿qué es el ofrecimiento de la vida?
¿Qué es el abandono? ¿Qué son las almas
ofrecidas?
El primer paso es: decidirse por Dios
Si miramos nuestro comportamiento de
“buenos cristianos” podemos pensar que nos
hemos decidido por Dios, pero luego hay
que verificar en qué medida esto es verdade-
ro. Ocurre de hecho que vamos a menudo a
la Iglesia o frecuentamos un grupo de ora-
ción, pero si se nos dice algo que no nos
gusta nos rebelamos, a veces de forma muy
agresiva. ¡Esto significa que dentro de noso-
tros no nos hemos decidido por Dios!
Quien vive en el mundo sabe bien cómo
las situaciones a menudo son extremada-
mente exigentes, y entonces se hace muy
difícil respirar con una “respiración espiri-
tual”. ¡A duras penas se advierte la fuerza
del Espíritu Santo! Esto acontece porque las
personas no han puesto a Dios en el primer
lugar o bien no han encontrado una oración
que les abra completamente a Dios. En con-
secuencia, no se han decidido completamen-
te por Dios y dentro de sí están divididos
entre muchas cosas.
La división interior es la causa de nues-
tra debilidad, de la confusión, de las tensio-
nes en las relaciones interpersonales.
Cuando decimos escoger a Dios y decidirse
por Él, entendemos: decidirnos con todo
nuestro ser, amarLo con todo nuestro ser y
amar al prójimo como a nosotros mismos.
El segundo paso es: abandonarse a Dios
Para muchos fieles es muy difícil aban-
donarse completamente a Dios, práctica-
mente imposible. Solamente un niño es
capaz de abandonarse completamente; un
niño en el seno de la madre. Se abandona
porque siente el corazón de la madre, siente
su vida.
Quien no crece en la oración hasta el
punto de abrirse a Dios no puede abandonar-
se a Él. Quien se rige según su mente, quien
en la oración no siente a Dios, su bondad y
su amor, tal como un niño siente el amor de
la madre, no podrá nunca abandonarse.
La Virgen en un mensaje a la pequeña
vidente Jelena definió de modo muy gráfico
lo que es la oración: “La oración es un colo-
quio con Dios. En cada oración tenéis que oír
la voz de Dios”. Naturalmente la Virgen no se
refería al don de visiones extraordinarias o a
otros carismas, sino sólo a la capacidad de
sentirse en comunión con Dios. “No podéis
vivir sin oración” – continuaba la Virgen – “la
oración es vida. La oración os sirve para tener
claridad, para alcanzar la felicidad. La ora-
ción os enseña a llorar y a florecer…”
En la oración podemos reposar, igual
que un niño en el seno materno. Podemos
encontrar a María, si nuestro corazón se
abre para escuchar, para reconocer que Ella
es la madre pura e inmaculada. Podemos
tranquilizarnos viendo que Dios nos da
siempre cosas buenas.
En el camino del ofrecimiento el aban-
dono es muy importante. Sólo después de
haber realizado el paso del abandono pode-
mos entregarnos a alguien, como cuando un
chico y una chica se conocen y sienten que
fluye el amor, entonces se entregan recípro-
camente para unirse luego definitivamente
en el matrimonio.
Hace diez años la Virgen decía en un
mensaje: “Queridos hijos, hoy os invito a
ofrecer vuestras cruces y vuestros sufri-
mientos por mis intenciones. Hijitos, yo soy
vuestra madre y deseo ayudaros pidiendo
para vosotros la gracia ante Dios. Hijitos,
ofreced vuestros sufrimientos como don a
Dios
para que se conviertan en una bellísima
flor de alegría. Por esto, hijitos, orad para
poder comprender que el sufrimiento pue-
de convertirse en alegría
y la cruz se con-
vierte en el camino de la alegría” (mens. 25
de septiembre de 1996). ¿Nos lo creemos?
Entonces caminemos adelante juntos para
comprender cómo recorrer este camino.
(continuará)
“¡Ofreced vuestras vidas!”
¡HENOS AQUÍ¡
En Verona, en el Congreso Nacional, con
mis dos hijos más pequeños Lucas y Teresa,
mi parroquia y mi diócesis…Simplicidad y
felicidad profunda de decir: ¡HENOS
AQUÍ! Henos aqu í físicamente reunidos
con el Papa, pero henos aquí sobre todo por
haber experimentado cotidianamente este
año el misterio de despojamiento, muerte y
resurrección con Jesús.
Respondiendo a la llamada de María en
Medjugorje en comunión con otros hermanos
y hermanas, Ella ha podido tomarnos de la
mano guiándonos día a día en la lucha de las
tinieblas frente a la luz, hacernos partícipes
de la dinámica pascual a través de nuestro
ofrecimiento. En la vida diaria María nos lle-
va a tocar el Mal del mundo, viviéndolo en
nosotros y en torno a nosotros, con la defen-
sa del Espíritu Santo. Todo aquello que
hemos encontrado lo llevamos a su Mesa con
el fin de que Jesús lo acoja y lo eleve al Padre,
transformando con su ofrecimiento todo mal
en amor para la salvación del mundo.
Esto es lo que el camino vivido nos ha
revelado, esto es a lo que el Señor a través de
María nos ha llamado y formado. Ésta es la
Esperanza que encontramos haciendo cami-
no, en las prueba que la existencia nos pone
delante. Por eso he deseado estar en Verona
en esta Santa Misa para decir al Santo Padre:
¡HENOS AQUÍ!... tómanos, ponnos sobre el
altar y entréganos a Jesús.
Elena Ricci
Oración de los periodistas
Oh María, tu joven vida estuvo marcada
por una noticia inimaginable e inconcebible,
que sería la Buena Nueva
para toda la humanidad.
Tú experimentaste la emoción y el desconcierto
que todos sentimos ante los sucesos.
Y fuiste capazde dar hospitalidad
A Dios en tu casa y en nuestra casa.
Oh María, también nosotros periodistas
estamos llamados a dar noticias que pueden
construir o pueden destruir,
pueden orientar o desorientar,
hacer felices o hacer infelices.
Ayúdanos, oh María, a decir siempre la verdad
con el sabio estilo de la caridad
para prolongar la casa de la esperanza.
Oh María, tu libertad fue
un rayo de luz,
que se ha doblegó solamente ante Dios,
porque Dios es el sentido y el fin de la libertad.
Mujer de la bella Noticia, ayúdanos a nosotros
los periodistas
a no vender nunca nuestra libertad
al cálculo del interés o del poder
para que podamos dar agua limpia
a la gente que desea
construir un mundo mejor. Amen.
Mons. Angelo Comastri
LA S. MISA DEL ECO
Queridos hermanos de la familia del
Eco, estáis invitados a uniros espiritualmen-
te a la Santa Misa que se celebra el 25 de
cada mes
para apoyar esta obra nuestra y
por todas las intenciones de los lectores. La
participación “en el Espíritu Santo” de cada
uno de nosotros enriquecerá esta celebración
que no dejará de darnos frutos abundantes
de gracia, paz y bendición.
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Aquel Nombre
(pensamientos sencillos)
de Pietro Squassabia
¿Sabéis que pronto nacerá el niño? Sí, y
¿qué nombre le querrán dar? Aquel que ha
dicho el ángel: Jesús.
Al mismo tiempo se escucha decir a un
niño: ¡qué nombre tan bello! Esto es una
felicitación del pequeño y también una ala-
banza a los progenitores quienes le han dado
ese nombre.
Cuando pienso en Dios Padre que ha
dado a su Hijo, y mediante el ángel, el nom-
bre de Jesús, me pregunto: ¿Cuánto amor ha
puesto Dios en la elección de este nombre?
¿Cuánta belleza ha infundido en este nom-
bre? ¿Cuánta dulzura ha impreso en este
nombre?. Verdaderamente Dios ha dado al
Hijo el nombre más bello, el nombre que
mejor resume la persona del Hijo; verdade-
ramente el Padre se ha metido a sí mismo en
este nombre.
Este nombre es, seguramente, honor
para el Hijo y alabanza para el Padre. El
nombre para Dios es una cosa importante,
porque identifica a la persona: incluso en el
paraíso, escucharemos llamarnos con nues-
tro nombre. Si esto es válido para el hom-
bre, cuanto más lo es para Jesús. “En el
nombre de Jesús toda rodilla se doble en el
cielo, sobre la tierra y bajo la tierra”,
dice
el apóstol Pablo en la carta a los Filipenses.
He aquí lo que produce el nombre de Jesús.
El doblar, en cada lugar, donde sea, la rodi-
lla: para alabar y agradecer a Dios, como El
lo desea, para pedir a Dios, como El lo
desea, para reconocer lo que somos, como
El lo desea. Todo lo que no podemos hacer
sin invocar el nombre de Jesús.
Pienso en la dulzura que experimentaba (o
que experimenta) María cuando llamaba a su
Hijo por su nombre, y en la felicidad que sen-
tía cuando lo llamó por primera vez. Pienso
en el apoyo que este nombre le daba, con sólo
pronunciarlo, en el momento más oscuro y
difícil de su vida terrena. Pienso que incluso
Dios se alegraba al pronunciar este nombre, al
llamar a Jesús. Este nombre es ayuda y sos-
tén, y medicina para nuestra alma, es un nom-
bre que da la vida. Procura amor hacia la per-
sona llamada (Jesús) y hacia el prójimo.
Habituémonos, entonces, a pronunciar a
menudo este nombre con fe, con el corazón:
nos haremos un gran bien. Este nombre pue-
de parecer milagroso: el pronunciarlo hace
presente a la persona llamada, hace presente
a Jesús. Pidamos a María que nos haga pres-
tar atención al nombre de Jesús, que nos lo
haga recordar a menudo con mucho amor,
porque este nombre transforma verdadera-
mente nuestro ser: probemos, advirtamos
que esto es cierto. Además, de esta forma,
Jesús, que vive en nosotros, no permanecerá
relegado y humillado en un ángulo oscuro de
nuestro corazón, sino que será honrado por
aquello que es verdaderamente: nuestro rey.
Y nosotros podremos, de esta manera, parti-
cipar en la fiesta del rey , en compañía de
nuestro rey, y poseer la verdadera felicidad
que está solamente en EL. Así, Jesús, que
nace en una cabaña, podrá encontrar un lugar
más acogedor que lo hospede.
L
OS SIGNOS DE LA PRIMAVERA
No sé si es un error, pero no me lo pare-
ce: me da la impresión de ver signos de la pri-
mavera en este invierno, diría polar, en el que
se encuentra la humanidad, y del que también
la Iglesia se resiente. Veo muchas maneras de
hacer diferentes, modos de pensar, modos de
decir, modos de vivir, todos diferentes. Noto
cerca de mí algo nuevo, verdadero, algo que
precede al germinar de la vida, algo que hace
pensar en los cielos nuevos y en la tierra nue-
va
de la que habla la escritura.
Pero no, no es una utopía, son signos
demasiado evidentes, no pueden ser ilusio-
nes, diría que son tangibles, que se tocan
con la mano. Entonces tengamos confianza
y permanezcamos vigilantes para captar la
vida al brotar, en su despertar, para no dejar
escapar el don que se nos da de lo alto.
También Medjugorje es un ejemplo de
esto. La vida que aquí brota es una realidad,
es algo verdadero el bien que se difunde sin
medida. A nosotros nos toca acoger esta gra-
cia verdaderamente desmesurada con pron-
titud, sin preguntarnos por qué el tiempo es
breve. María está cerca de nosotros y nos
lleva de la mano y nos consuela.
Yo estoy con vosotros…
de Giussepe Ferraro
Hay una expresión que recorre con sor-
prendente frecuencia los mensajes de la
Reina de la Paz, hasta el punto de que ya no
suscita una particular emoción en los cora-
zones distraídos de sus hijos: “¡Yo estoy con
vosotros!”.
El Padre Slavko a quien le preguntaba
cuál era según él el mensaje más importante
que el Cielo ofrecía en Medgugorje, respon-
día sistemáticamente: “la presencia especial
de María entre nosotros”.
La Virgen, de hecho, nos llama con sin-
gular insistencia a reconocer lo excepcional
de la gracia de Su presencia especial en este
tiempo: “Este tiempo es mi tiempo”
(Mensaje del 25-01-1997), “Queridos hijos,
esto es una gracia que pueda estar con
vosotros”
(25-11-1992). Ella nos invita con
pasión materna a no banalizar el don, y a
sacar frutos de esta irrepetible efusión de
gracia que brota de su presencia especial
entre nosotros: “Por este motivo, queridos
hijos, escuchad y vivid lo que os digo, por-
que será importante para vosotros cuando
ya no esté con vosotros, acordaros de mis
palabras y de todo lo que os he dicho”
(Mensaje del 25-12-1989).
¿Pero por qué María nos repite asidua-
mente que “Ella está con nosotros”, que
no estamos solos, que “Su Corazón sigue
atentamente nuestros pasos
” (Mensaje 25-
12-1986), instándonos a captar en Su pre-
sencia, más allá de cualquier descontada
afectividad espiritual, un don de gracia más
profundo y fundamental?
En el libro del Éxodo, en los albores de
la historia de la salvación, a Moisés, que
confesaba toda su radical incapacidad para
realizar la misión confiada por el Altísimo
de liberar al pueblo de Israel de los opreso-
res: “¿Quién soy yo para ir adonde el Faraón
para hacer salir de Egipto a los israelitas?”.
Yavhé responde simplemente: “Yo estaré
contigo” (Ex. 3, 11-12).
Éste es el verdadero secreto de la victo-
ria sobre nuestra parálisis interior, sobre
nuestra inadecuada forma de servir a la ver-
tiginosa misión a la que María nos
llama en este tiempo, el funda-
mento de la absoluta certeza que
de nuestro “sí” a Su llamada, bro-
tará el pleno cumplimiento del
plan salvífico que el Padre nos
otorga por medio de Ella :
“Queridos hijos, quiero que com-
prendáis que Dios ha escogido a
cada uno de vosotros en Su pro-
yecto de salvación para la huma-
nidad…Yo estoy con vosotros para que
podáis realizarlo todo”
(Mensaje 25-01-
1987). “Quiero salvar a todas las almas y
ofrecérselas a Dios”
(Mensaje 25-08-1991).
Es importante pues reconocer “la ampli-
tud, la longitud, la altura y la profundidad”
de este Amor inefable “que sobrepasa todo
conocimiento” (Ef 3,18), que está en el fon-
do y en la raíz de la presencia especial de
María “entre nosotros”. De hecho, hoy la
Reina del Cielo, no desciende entre sus hijos
sola, sino que con ella se hace extraordina-
riamente próxima a los hombres toda la
Iglesia celeste, los Ángeles, los Arcángeles
y todos los Santos, hoy más cercanos que
nunca en nuestras almas, desesperadamente
sedientas de amor puro, y trágicamente
incapaces de acogerlo y de darlo, “ahora
cuando se dice que Dios está lejano, en ver-
dad Él no ha estado nunca tan cerca”
(Mensaje 25-09-1999).
María está con nosotros en este tiempo
para hacernos plenamente partícipes del mis-
mo Amor que reina en la Nueva Jerusalén y
que, a través de Ella, se quiere comunicar
hoy a las almas de sus hijos y al universo
entero. Una inmensa corriente de gracia
celeste que, tocando la tierra devastada del
corazón de los hombres - mortalmente
corrupta por el gran pecado del mundo y que
rechaza la comunión filial con el Corazón
del Padre - se conviete en potencia de amor
sacrificado -. Aquel “canto nuevo” del Ángel
Inmolado, que a través de la presencia
especial de María la Madre de Dios,
quiere hoy triunfar en el corazón de
sus hijos y, a través de ellos, guiar a la
creación entera a los nuevos cielos y
la tierra nueva que irradian de la carne
glorificada del Resucitado.
Por ello el “estar con nosotros”
de María constituye hoy una gracia
edificante
, un don inefable ofrecido a
la Iglesia y al mundo, que fructifica
por medio de Su ofrecimiento total a Dios
por nosotros, para que los hijos que Ella ha
llamado puedan hacerse plenamente partíci-
pes de Su misma misión salvífica, instru-
mentos elegidos y canales encendidos de Su
mismo amor inmaculado para todas las
almas y toda la creación.
Por esto Ella, en perfecta comunión con
la “kenosis” (abajamiento –n.d.r.) del Hijo,
no duda en sumergirse místicamente en los
abismos del sufrimiento humano, presente
en los corazones y en la Carne de sus hijos:
“Yo estoy con vosotros y vuestro sufrimien-
to es el mío”
(Mens. 25-04-1992) para obte-
ner para ellos la gracia de ofrecer incondi-
cionalmente la vida a Dios, para poder unir-
la íntimamente a la Suya, haciendo que
mane una potencia de amor mayor que cual-
quier fragilidad humana: “Yo he logrado
tomar sobre mí una parte de la Cruz que
Jesús había destinado para vosotros.¡Esta
Cruz pesa y vosotros sois pequeños! Por
eso, queridos hijos, amadme para no per-
derme”
(Mensaje 14-04-1985).
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y la estúpida. En realidad, toda aquella
humanidad estaba herida por el pecado que
como una serpiente continuaba mordiendo y
endureciendo los corazones. Tú, Cordero del
Padre, viniste a cargar con los pecados del
mundo, y por eso los cargaste sobre tus
espaldas junto al pesado leño, donde los
consumaste con tu ofrecimiento.
Ayúdanos Jesús, a mirar con misericordia
los errores de los otros, haznos capaces de
morir por estos hermanos, para que como el
buen ladrón se arrepientan y sean dignos del
paraíso.
5. MISTERIO DOLOROSO - Jesús mue-
re en la cruz
No se puede, Señor, contemplar este
evento sin permanecer mudos, despojados
de pensamientos y palabras…Cualquier
comentario resulta vano, porque eso es un
misterio que supera toda nuestra lógica y
razón. Dios que se hizo carne para estar con
los hombres ha permitido que esa misma
carne fuese muerta por amor a la humani-
dad. ¿Qué quiere decir todo esto?
Ayúdanos a comprender Señor, cada vez
que contemplamos el crucifijo, que tu final
no estaba sobre aquel leño: eso era sólo un
tránsito. Sí, Señor, porque tú estás vivo, y la
crucifixión es sólo preludio de resurrección.
Como María, haznos mirar con estos ojos a
la cruz sobre la cual, también nosotros, cada
día, estamos llamados a morir.
S.C.
Villanova M., 1 de noviembre de 2006
Resp. Ing. Lanzani - Tip. DIPRO (Roncade TV)
“Que el Señor os bendiga y os proteja.
El Señor haga brillar su rostro sobre
vosotros y os sea propicio.
El Señor dirija a vosotros su rostro
y os conceda la paz”.
Los lectores escriben
desde las misiones
Balbina Fernandes de Tanzania -
Infinitas gracias por la regular publicación
del Eco de María. Lo recibo de una hermana
benedictina de Tanzania. Soy muy feliz
cuando llega mi Eco, porque de esta manera
sé aquello que acaece en Medjugorje y tam-
bién en Roma, así como en los otros lugares
donde los jóvenes católicos se reúnen. Esta
pequeña publicación es informativa, pero
también inspiración del Espíritu Santo. He
aprendido los misterios luminosos gracias a
esta revista…
Sergio León de la Habana, Cuba-
Generosos hermanos,
¡paz y salud!
Muchísimas gracias por la revista que me
enviáis, es un yacimiento de luz y de infor-
mación mariana y cristiana que recibimos de
vosotros. Nuestras misiones se extienden
por todo el país y la revista Eco de María nos
ha acompañado siempre y la leen en muchas
comunidades. En la provincia de Pinar del
Río hay una ciudad fundada por los italianos
en el siglo XVII, llamada Mantua cuya
patrona es Nuestra Señora de las Nieves.
Incluso allí hemos llevado vuestra revista.
Sr.Cristian Maria Reiss de Colombia-
Queridos amigos, ¡gloria a Dios y alabada
sea María! Gracias por la revista. Habéis
estado presentes en cada Eucaristía, en cada
santo Rosario y estaréis siempre presen-
tes…¡Que el Padre os ame y os dé salud, gra-
cia y bendiciones! Que Jesús os llene de paz,
gracia y felicidad, sea siempre vuestro acom-
pañante en el camino. Día y noche, tanto en
la oscuridad como en la claridad. Que el
Espíritu Santo os llene de todos sus dones.
Que María Santísima os ame, os guíe, os pro-
teja y os consuele. Y que el buen San José os
ayude espiritualmente, moralmente y mate-
rialmente. ¡Os ruego oréis por mi santidad!
Tengo cáncer y soy feliz de ofrecele al buen
Dios, a María, todos los dolores para conso-
larlos en reparación de mis pecados y de
todos los del mundo entero.
Emile Tognizin de la república de
Benin (África) - Buenos días, os mando
esta carta para agradeceros sinceramente…
En nuestra parroquia hacemos adoración
nocturna. Rezamos también en las casas, y
en estas oraciones participan los refugiados
de Togo. Varios grupos de oración animan la
vida parroquial los primeros viernes de mes.
Oro por vosotros y por la obra que el Señor
os ha confiado, a fin de que el Señor la ben-
diga y la haga prodigarse siempre más.
Sr Camillina de Filipinas - Soy una
religiosa del Ministerio de los enfermos, en
misión en Filipinas desde hace 20 años.
Recibo puntualmente la revista Eco de
María en inglés, que pongo a disposición de
quien desea leerla. Veo que es acogida con
placer y leída con interés. Os agradezco este
generoso don. Me disgusta no poder ayudar-
les económicamente, porque vivimos y tra-
bajamos de las ofertas. Lo que les ofrezco es
nuestra oración de comunidad, para que la
Virgen sostenga este cotidiano esfuerzo para
hacer conocer a tantas criaturas suyas su
mensaje de paz, amor y conversión. Estoy
segura del bien que hace el Eco a nuestros
pobres, que se llaman cristianos, pero que
viven en tanta indiferencia y superficialidad.
¡OREMOS JUNTOS!
En el mes de noviembre hacemos memo-
ria de nuestros difuntos y a menudo se recu-
rre al rezo de los Misterios dolorosos del
Rosario
, para meditar sobre la realidad de la
muerte, de la cual ni Jesús estuvo exento. Os
proponemos unas breves reflexiones que
puedan ser el fondo de vuestra oración.
MISTERIO DOLOROSO – Jesús se ofre-
ce a sí mismo en el huerto de los olivos.
Señor Jesús, en ese momento todo el
mundo te abandonó, incluso aquellos a los
que habías llamado a velar contigo, fueron
vencidos por el sueño. Y tu Padre estaba pre-
sente solo con Su tremenda voluntad: la
muerte de cruz. ¡Cuánto dolor, Jesús, pasó
por tu corazón en aquel momento, ¡cuánta
desolación! Sin embargo no cediste a la ten-
tación de desistir, te ofreciste, te abandonas-
te confiado a tu destino de pasión y te con-
firmaste como cordero.¡Gracias!
Ayúdanos Señor, en nuestras noches de
dolor, en la oscuridad del sufrimiento, a no
buscar explicaciones, a no procurar reme-
dios, sino a abandonarnos con tu misma
confianza en las manos de la Providencia.
2. MISTERIO DOLOROSO - Jesús es
flagelado y condenado a muerte
“¿Qué es la verdad?”- te preguntaba
Pilato en aquel momento en el que todos te
acusaban y él no entendía. ¿Quién tenía
razón? Todos parecían justos y lo querían
imponer, pero tú eras el único Justo. Y no te
impusiste, te callaste, perdonaste, acogiste la
ignominia de la injusticia. ¿Por qué Señor?.
En todos nosotros está siempre el impulso
de rebelarse ante las ofensas, pero tú te
callaste y permitiste que tu cuerpo fuese des-
truido con la flagelación.
Ayúdanos Señor, a dominar nuestra ira,
nuestra necesidad de defendernos a toda
costa. Haznos comprender que nuestro ofre-
cimiento silencioso salva no sólo a nosotros,
sino también a nuestros flageladores que “no
saben lo que hacen”.
3. MISTERIO DOLOROSO - Jesús es
coronado de espinas y abofeteado
Se burlaban de ti, Señor, y así creían ser
más fuertes, más importantes, más poderosos.
Quisieron enfangar tu realeza, disfrazándote
de “títere” con un falso cetro en la mano,
recubriéndolo de esputos. Pero tu Reino no es
de este mundo, no necesitas vestidos, excep-
to el de la humildad, de la mansedumbre. Tu
cabeza estaba atravesada por largas y afiladas
espinas, pero tu corazón lo estaba todavía
más porque veía como el pecado había hecho
horribles a tus hermanos.
Ayúdanos Señor, a no buscar honores y
ventajas en perjuicio de los demás.
Ayúdanos a ser hijos auténticos de tu Reino,
a estar en el mundo pero no ser del mundo.
4. MISTERIO DOLOROSO - Jesús con
la cruz a cuestas sube hacia el Calvario
Fue un largo viaje, a pesar de todo y del
breve recorrido de las calles. Pero a medida
que avanzabas a la cima del monte encon-
traste a toda la humanidad, la cruel y la
doliente, la enemiga y la amiga, la enrabiada
El Eco de María es gratuito y vive sólo de
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