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www.medjugorje.ws » Eco de Maria Reina de la Paz » Eco de Maria Reina de la Paz 191 (Enero-Febrero 2007)

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Mensaje del 25 de noviembre de 2006:
“Queridos hijos, también hoy os invi-
to: orad, orad, orad. Hijitos, cuando
oráis, estáis cerca de Dios y Él os da el
deseo de eternidad. Éste es el tiempo en el
que podéis hablar más de Dios y hacer
más por Dios. Por esto no opongáis resis-
tencia, sino dejad, hijitos, que Él os guíe,
os cambie y entre en vuestra vida. No olvi-
déis que sois peregrinos en camino hacia
la eternidad. Por esto, hijitos, dejad que
Dios os guíe como un pastor guía a su
rebaño. Gracias por haber respondido a
mi llamada”.
Peregrinos hacia
la eternidad
En todos los medios de comunicación a
distancia, uno de los principales problemas
consiste en proteger el mensaje de los daños
que pueden producirse por las interferencias
repentinas durante la transmisión. La ciencia
y la técnica están hoy en día, en grado de
asegurar la suficiente protección del conte-
nido. Y en caso de daños no excesivamente
graves, de reconstruir el mensaje original.
La comunicación entre el hombre y Dios
no necesita de apoyos científico-técnicos: es
inmediata y se realiza a través de un canal
privilegiado: la oración. Sin embargo, este
canal no es inmune a interferencias más o
menos graves. La protección en este caso no
puede ser asegurada mediante un código
matemático, o mediante refinados instru-
mentos físicos, sino que se encuentra en la
profundidad de nuestra alma, donde ninguna
interferencia puede penetrar, porque es un
lugar reservado únicamente para Dios.. Si
nuestra oración brota de las profundidades
del alma, entonces Dios está cerca de noso-
tros. Hijitos, cuando rezáis estáis cerca de
Dios, y Él os da el deseo de eternidad.
Cuando la oración está dirigida a la alaban-
za de nosotros mismos, sea incluso a través
de Dios, como por ejemplo la oración del
fariseo en Lucas 18,9-14, no puede elevar-
nos a Dios. Algo completamente diverso
ocurre con la oración del publicano. Con el
abandono que María nos enseña, con la abs-
tención de los ruidos del mundo, con el ayu-
no de la autosuficiencia, y de todo lo que lle-
na el vientre, pero vacía el alma, nuestra ora-
ción fluirá sin interferencias, llegará a Dios,
y alcanzará en Él la paz y el amor. Y puesto
que hasta los latidos de nuestro corazón nos
pueden distraer, reclinemos, como Juan, la
cabeza sobre el Corazón de Jesús, para no
oír más nuestros latidos, sino únicamente los
latidos de Su Corazón. Y así nuestros pensa-
mientos se perderán en los Suyos, y también
mis deseos y razonamientos, mis afectos y
todo lo mío, hasta que pueda decir con San
Pablo, ya no soy yo que vivo en mí, sino que
es Cristo que vive en mí (Gál 2,20). Y este
deseo siempre más fuerte, siempre más pre-
sente, siempre más puro, ¿no es el deseo de
eternidad del que nos habla María? ¿No es el
don de Dios y el fruto de la oración agrada-
ble al Señor? Porque la eternidad no es sino
la vida en Dios, y ésta no es sino la asimila-
ción en Jesús, que se debe iniciar en esta
vida, en esta tierra.
Éste es el tiempo en el que podréis
hablar más de Dios, y hacer más por Dios.
Éste es el tiempo en el que la Iglesia nos lla-
ma para que atendamos a la Navidad, el
nacimiento de Jesus, la venida de Dios en el
hombre. Éste es el tiempo en el que la litur-
gia nos invita a meditar sobre la caducidad
de todo aquello que nos rodea, para ayudar-
nos a concentrar cada espera y cada esperan-
za en el Evento que, único, nos abre el cami-
no hacia la eternidad. Éste es el tiempo en
que debemos dejar caer todo nuestro firma-
mento, liberarnos de todos los ídolos. De
esta manera, libres y ligeros podremos
hablar de Dios, testimoniar que sólo Él es el
Señor. Así podremos hacer más por Él, aco-
gerlo en el pequeño que nace al margen del
mundo, reconocerlo en el hombre rechazado
por los señores de palacio, servirlo en la
mujer ignorada por quien escribe la historia.
Pero todo esto no podemos hacerlo solos.
Debemos dejar obrar a Dios en nosotros,
abandonarnos a Su gracia. Por ello, no opon-
gáis resistencia, sino dejad hijitos, que Él os
guíe, os cambie y entre en vuestra vida, ¡’y
será navidad’!
Nuccio Quattrocchi
Mensaje del 25 de diciembre de 2006:
“Queridos hijos, también hoy os trai-
go en brazos a Jesús recién nacido. Él, que
es el Rey del cielo y de la tierra, es vuestra
paz. Nadie, hijitos, os puede dar la paz
como Él, que es el Rey de la Paz. Por eso,
adoradlo en vuestros corazones, elegidlo a
Él y en Él tendréis la alegría. El os bende-
cirá con su bendición de paz. ¡Gracias por
haber respondido a mi llamada!”
Jesús nuestra paz
Ahora como entonces, María nos da a
Jesús. Es Ella la que da a Dios un cuerpo de
hombre. En su seno virginal Dios se hace
hombre. No es solamente gracia de reconci-
liación. Es mucho más, infinitamente más: es
el milagro de la nueva creación. Ahora el
hombre puede dirigirse a Dios llamándolo
Padre, ahora el hombre ya no es una simple
criatura de Dios, incluso hecho a Su Imagen
(Gen 1,27), ahora puede elevarse a hijo.
Queridos hijos, también hoy os traigo en
brazos a Jesús recién nacido
, nos dice
María, y este también hoy, no está limitado a
todas las veces que en Navidad se ha presen-
tado a los videntes con el Niño en brazos,
sino que es un dilatado hoy de más de 2000
años. Desde el nacimiento de Jesús, Ella no
hace otra cosa que ponernos en contacto con
Él. Nos lo dio entonces, y hoy nos lo da toda-
vía hoy. Y ahora como entonces podemos
acogerlo o rechazarlo, adorarlo o maldecirlo.
Y como nada existe fuera de Él (Jn 1,3), cada
una de nuestras acciones, cada actividad,
cada pensamiento y acción, hacen referencia
a Cristo Jesús, y no hay otra posibilidad.
Ante Jesús no existe la abstención. Quien no
está con Él, está contra Él
(Mt 12,30).
Él, que es el Rey del cielo y de la tie-
rra, Él es vuestra paz . Y es exactamente
así. Jesús es nuestra paz, pero no nuestro
suministrador de paz. En Él encontraremos
la paz en la plenitud del término, pero no
fuera de Él. La vida en Cristo, es decir, la
vida cristiana, no es un mercado, ni un lugar
de intercambio de bienes de consumo, sino
comunión con Dios y con los hermanos,
entrega gratuita de sí, abandono incondicio-
nal al Amor. Jesús es nuestra paz (Ef 2, 14)
y esto no significa una vida tranquila, sin
sufrimientos, sin dolores, sin problemas, sin
humillaciones. No podemos esperar una
vida cómoda, pues la vida de Jesús no fue
una vida cómoda. Os dejo la paz, os doy mi
paz
. No como la da el mundo, sino como yo
os la doy (Gv 14,27)
. Es la paz que procede
de la comunión estrecha entre el padre y el
hijo y es la verdadera paz, la única que no
depende de los altibajos de la vida. El hom-
bre no puede encontrar paz si prescinde de
su origen divino, y viceversa, sólo en Dios
puede reposar, es decir, encontrar paz.
Hijitos, nadie os puede dar la paz como Él
que es el Rey de la paz.
Dejemos de pedir
CANTO DE LOS PASTORES
“Padre nuestro que estás en los cielos
cuida de tu grey para que permanezca com-
pleta y sea tuya
Sea salvada tu propiedad
En el cielo como en la tierra.
Danos hoy los pastos de mañana
tráenos la extraviada
y nosotros te la ofreceremos
y no permitas que nos acechen
y sálvanos de los lobos, que así sea.
Erri de Luca
Enero – febrero de 2007
- Editado: por Eco di Maria, C.P.
47 - 31037 LORIA (TV)
(Italia) - Tel / fax 0423. 470331
A. 23, N° 1-2; Esd.a.p. art.2, com. 20/c, leg. 662/96 filiale di MN-Autor. tribun. MN: 8.11.86, ccp 14124226
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la paz a quien no puede dárnosla, dejemos
de buscarla allí donde no podemos encon-
trarla. Vuelve al Señor, alma mía, a tu paz
porque el Señor te ha beneficiado, El me ha
sacado de la muerte
(la verdadera, la que ha
expulsa a Dios de la propia vida), ha libera-
do mis ojos de las lágrimas, ha preservado
mis pies de la caída
(Sal 114).
Por eso, adoradlo en vuestros corazo-
nes, elegidlo a Él y en Él tendréis la ale-
gría.
Acojamos a Jesús, adorémoslo en
nuestro corazón, no con palabras, no con
discursos, sino dentro de nosotros, allí don-
de late la vida, en el corazón. Latido tras
latido, que Su Corazón sustituya al nuestro
en el silencio, en lo escondido, siguiendo el
modelo de María. Imitemos la simplicidad
de la Madre, pisemos Sus pasos. Sacudamos
el polvo de nuestra humanidad, devolvámos-
la a la tierra y permanezcamos libres, puros
en el espíritu, como Dios nos ha dado la ale-
gría
de ser
. Él te bendecirá con su bendi-
ción de paz
. Seremos así capaces de conver-
tir la aspereza de nuestra vida en un calvario
de gloria y resurrección, para nosotros y
para los que nos rodean. No es defendiendo
nuestras ideas que construimos el Reino,
sino dejando que en la divina humildad de
Cristo sean puestas en la Cruz. Si son de
Dios no serán presa de la muerte, sino que
de ella traerán gloria eterna.
N.Q.
nacido en el mundo, porque sabe que lo
necesitamos. Y en la época actual postmo-
derna necesita quizás aún más un Salvador...
¿Quién puede defenderlo sino Aquél que lo
ama hasta sacrificar en la cruz a su Hijo uni-
génito como Salvador del mundo? Cristo no
nos pone a salvo de nuestra humanidad, sino
a través de ella; no nos salva del mundo, sino
que ha venido al mundo para que el mundo
se salve por medio de Él (cf. Jn 3,17).
¡Debemos “renacer”!
“Si Jesús no hubiese nacido sobre la tie-
rra, los hombres no podrían haber nacido para
el Cielo. ¡Precisamente porque Cristo nació,
nosotros podemos ‘renacer’! María, que
estrechó entre sus brazos al Redentor, tam-
bién sufrió un martirio interior. Compartió su
pasión y tuvo que, una vez más, tomarlo entre
sus brazos cuando lo bajaron de la cruz. A
esta Madre, que conoció la alegría del naci-
miento y el dolor de la muerte de su divino
Hijo, confiémoslo todos aquellos que son per-
seguidos y sufren, de varios modos, por testi-
moniar y servir al Evangelio”.
BENEDICTO XVI
“¿Necesitamos aún
un Salvador?”
El “tiempo litúrgico” propuesto por la
Iglesia en este periodo, nos hace caminar
con Jesús a través de los caminos de su
Palestina, en esa vida pública que culminará
en la cima del Calvario, hora en la que el
Cordero tomará realmente sobre sí los peca-
dos del mundo para aniquilarlos en la cruz.
Pero este recorrido salvífico tiene un
comienzo preciso – la Navidad – un aconte-
cimiento que no puede quedar limitado a los
pocos días del final de diciembre cuando las
luces y los pesebres nos lo recuerdan, sino
que debe ser un punto de partida cotidiano en
nuestra reflexión sobre el misterio de Cristo.
Por ello retomamos algunos pensamientos
del papa Benedicto XVI que justamente en
estos días de navidad han sabido indicar con
la luz apropiada el profundo significado de la
venida de Jesús, el pequeño Emmanuel.
¡Dios nos enseña a amar a los pequeños!
Dios se ha hecho pequeño para que
nosotros pudiéramos comprenderLo,
acogerLo, amarLo; la Palabra eterna se ha
hecho pequeña, tan pequeña como para estar
en un pesebre. Se ha hecho niño para que la
Palabra esté a nuestro alcance. Dios nos
enseña así a amar a los pequeños. A amar a
los débiles. A respetar a los niños. El niño de
Belén nos hace poner los ojos en todos los
niños que sufren y son explotados en el mun-
do, tanto los nacidos como los no nacidos.
En los niños convertidos en soldados y enca-
minados a un mundo de violencia; en los
niños que tienen que mendigar; en los niños
que sufren la miseria y el hambre; en los
niños carentes de todo amor. En todos ellos,
es el niño de Belén quien nos reclama; nos
interpela el Dios que se ha hecho pequeño”.
El Don entre los dones
“Dios se ha hecho don por nosotros. Se
ha dado a sí mismo. Por nosotros asume el
tiempo. Él, el Eterno que está por encima del
tiempo, ha asumido el tiempo, ha tomado
consigo nuestro tiempo. Navidad se ha con-
vertido en la fiesta de los regalos para imitar
a Dios que se ha dado a sí mismo. ¡Dejemos
que esto haga mella en nuestro corazón,
nuestra alma y nuestra mente! Entre tantos
regalos que compramos y recibimos no olvi-
demos el verdadero regalo: darnos mutua-
mente algo de nosotros mismos. Darnos
mutuamente nuestro tiempo. Abrir nuestro
tiempo a Dios. Así la agitación se apacigua.
Así nace la alegría, surge la fiesta.
Para vivir, el hombre necesita pan, fruto
de la tierra y de su trabajo. Pero no sólo vive
de pan. Necesita sustento para su alma: nece-
sita un sentido que llene su vida. Así, para los
Padres, el pesebre de los animales se ha con-
vertido en el símbolo del altar sobre el que
está el Pan que es el propio Cristo: la verda-
dera comida para nuestros corazones. Y
vemos una vez más cómo Él se hizo peque-
ño: en la humilde apariencia de la hostia, de
un pedacito de pan, Él se da a sí mismo”.
¿Es todavía necesario un ‘Salvador’ para
el hombre?
Pero, ¿tiene todavía valor y sentido un
“Salvador” para el hombre del tercer mile-
nio
? ¿Es aún necesario un “Salvador” para el
hombre que ha alcanzado la Luna y Marte, y
se dispone a conquistar el universo; para el
hombre que investiga sin límites los secretos
de la naturaleza y logra descifrar hasta los
fascinantes códigos del genoma humano?
¿Necesita un Salvador el hombre que ha
inventado la comunicación interactiva, que
navega en el océano virtual de internet y que,
gracias a las más modernas y avanzadas tec-
nologías mediáticas, ha convertido la Tierra,
esta gran casa común, en una pequeña aldea
global? ¡Este hombre del siglo veintiuno,
artífice autosuficiente y seguro de la propia
suerte, se presenta como productor entusias-
ta de éxitos indiscutibles!”.
Lo parece, pero no es así…
“Se muere todavía de hambre y de sed, de
enfermedad y de pobreza en este tiempo de
abundancia y de consumismo desenfrenado.
Todavía hay quienes están esclavizados,
explotados y ofendidos en su dignidad, quie-
nes son víctimas del odio racial y religioso, y
se ven impedidos de profesar libremente su fe
por intolerancias y discriminaciones, por
ingerencias políticas y coacciones físicas o
morales. Hay quienes ven su cuerpo y el de
los propios seres queridos, especialmente
niños, destrozado por el uso de las armas, por
el terrorismo y por cualquier tipo de violencia
en una época en que se invoca y proclama por
doquier el progreso, la solidaridad y la paz
para todos. ¿Qué se puede decir de quienes,
sin esperanza, se ven obligados a dejar su
casa y su patria para buscar en otros lugares
condiciones de vida dignas del hombre?
¿Qué se puede hacer para ayudar a los que,
engañados por fáciles profetas de felicidad, a
los que son frágiles en sus relaciones e inca-
paces de asumir responsabilidades estables
ante su presente y ante su futuro, se encami-
nan por el túnel de la soledad y acaban fre-
cuentemente esclavizados por el alcohol o la
droga? ¿Qué se puede pensar de quien elige
la muerte creyendo que ensalza la vida?”.
Una desgarradora petición de ayuda
¿Cómo no darse cuenta de que, precisa-
mente desde el fondo de esta humanidad pla-
centera y desesperada, surge una desgarrado-
ra petición de ayuda? Nuestro Salvador ha
El hombre,
corazón de la paz
Una vez más nos viene a hablar de paz,
Ella que es la Reina. No se cansa, no se aba-
te porque conoce el valor de este bien funda-
mental para la existencia humana, sin
embargo tan escaso, tan ausente, tan frágil y
difícil de mantener. La paz es un don que
viene de lo alto, es Jesús mismo, pero custo-
diarla es tarea nuestra, es el fruto de nuestro
compromiso, de una férrea voluntad de vivir
la paz y de transmitirla. Los ángeles, en
aquella noche de Belén, la cantaban a “todos
los hombres de buena voluntad”; la paz que
buscamos, y que continuamente perdemos
está, por tanto, íntimamente ligada al naci-
miento de nuestro Salvador. Él es quien nos
la ofrece, ¿y por qué nosotros la perdemos?
“Estoy plenamente convencido de que res-
petando a la persona se fomenta la paz.”
declara el Santo Padre en su Mensaje para
la Jornada Mundial de la Paz 2007
, sobre
el tema: La persona humana, corazón de la
paz.
“Es éste un compromiso que compete al
cristiano, llamado a ser infatigable obrero de
paz y ardiente defensor de la dignidad de la
persona humana y de sus inalienables dere-
chos.” Es pues la persona en todos sus com-
ponentes, la destinataria y el centro mismo
de la paz; es el “lugar” en el que la paz se
genera y se desea habitar. Defendiendo al
hombre, se defiende la paz misma,
no un
bien externo, sino la criatura humana en su
integridad y dignidad: “Justo por haber sido
creado a imagen de Dios, el individuo, sin
distinción de raza, religión o cultura, tiene
dignidad de persona.; no es sólo algo, sino
alguien, capaz de conocerse, de poseerse, de
donarse libremente y de entrar en comunión
con otras personas. Por esto debe ser respe-
tado, y no hay razón que justifique manipu-
larle como si de un objeto se tratara”, subra-
ya el Papa. “Quien goza de mayor poder
político, tecnológico, o económico, no pue-
de aprovecharse de ello para violar los dere-
chos de los demás, menos afortunados. De
hecho, la paz se basa en el respeto de los
derechos de todos. Sabedora de ello, la
Iglesia se hace defensora de los derechos
fundamentales de cada persona”.
¿Cuáles son pues estos derechos que en
sí mismos contienen el germen de la paz?
2
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Un corazón
ardiente por Ella
de Cristina Palici
Lo tenia él en su pecho y lograba encen-
der el de aquel que se acercaba a sus obras.
Hablamos de San Bernardo de Claraval
(1091-1153), uno de los primeros monjes
cistercienses, tercer padre medieval y último
padre de la Iglesia en orden cronológico, y
que fue un faro de luz espiritual que iluminó
toda la Europa occidental del siglo XII.
Bernardo, de hecho, fue capaz de recuperar
original y genialmente el pensamiento cris-
tiano que le precedió.
Doctor mariano
Entre los doctores de la Iglesia, es cono-
cido como el Doctor mariano, pero no por
haber escrito mucho sobre la Virgen, ni por
haber revelado nuevos aspectos teológicos
dogmáticos sobre la Virgen de Nazaret. De
hecho, los escritos de Bernardo dedicados a
María no son numerosos y pocas son las alu-
siones a la Madre del Cristo en el conjunto
de su rica obra. Pero todos sus escritos y su
propia vida están impregnados de ella: inclu-
so cuando Bernardo no habla de ella, María
esta siempre presente. Ejemplo de ello son
los escritos donde invita a los hermanos al
silencio, a la humildad, a la pureza del cora-
zón, a la obediencia filial, virtudes todas que,
según el santo, no sólo brillan en María, sino
que es ella misma quien las dispensa.
Lo que le valió en verdad el titulo de
Doctor mariano fue ese corazón ardiente por
María, su tierna y suave devoción a la Madre
del Salvador. De sus sermones dedicados a
ella, la Iglesia extrajo bastantes páginas,
celestiales y llenas de piedad, para la sagra-
da liturgia. La tradición de terminar la jorna-
da de oración con el Salve Regina u otra antí-
fona mariana proviene de una de sus ideas.
Tenía una gran fe en su poderosa intercesión,
hasta afirmar que “Dios ha querido que no
obtengamos nada que no pase por las manos
de María”.
En su pensamiento “ella es nues-
tra mediadora”
y nosotros recibimos el
Espíritu que “rebosa, se vierte de ella”.
Mostrando la Fuente
Sus “Alabanzas a la Virgen Madre” son
de las más celebres, no porque digan algo
nuevo sobre la Virgen, sino porque a su vez
inflaman el corazón hacia ella, la hacen viva,
presente y palpable a todos los que leen las
homilías. Él admira la fe de la Virgen, se
entusiasma por su humildad, se deja cegar
por su pureza radiante. Pero todo ello con
una única finalidad : llevar los corazones a
beber de esta “fuente que riega los jardines”.
Su estilo vivaz, florido, abundante y sen-
tencioso es tan dulce como para atraer el
ánimo del lector, deleitarle y elevarle hasta
el corazón de la Madre. Es tan suave que ali-
menta y dirige la devoción hacia ella, que
anima a seguirla. Porque la Madre es la
estrella que lleva a Jesús, es el acueducto
portador de las gracias que emana la Fuente.
Es aquella que reparte los beneficios de
Dios y restaura el Universo. Sobre ella,
escribe Bernardo en una de sus últimas
homilías: “In te et per te ed de te benigna
manus omnipotentis quidquid creaverat
recreavit” - En ti, para ti,y de ti, la mano
benigna del Todopoderoso recrea todo lo
que ha creado.
El misterio del “Fiat”
Justamente por este motivo, Bernardo
contempla a María, para aprender a dejarse
restaurar y recrear por Dios. Y contemplando
lo que Dios hizo en Ella con la Encarnación,
una verdadera re-creacion, llega a decir:
“Cada alma, aun llena de pecados, sumergi-
da en los vicios, esclava de pasiones, prisio-
nera del exilio…aun condenada y sin espe-
ranza alguna…puede sin embargo llegar a
dilatar el ánimo a la esperanza del perdón,
de la misericordia, y hasta aspirar a las nup-
cias del Verbo, y no temer a llegar a pactar
una alianza con Dios mismo, y no dudar
ante un enlace de amor con el rey de los
ángeles”,
como María.
En las “Alabanzas a la Virgen” Bernardo
describe, a través de María, el misterio de
Dios y el del hombre, el misterio del “Fiat!”
por el cual inicia la relación Hombre-Dios y
puede invadir el alma del cristiano hacién-
dola fecunda en Dios. Aparecen dos figuras
destinadas especialmente a ayudarnos a
decir nuestro “Fiat” a Dios: la figura de la
Virgen como estrella y como amante divina.
La Estrella del mar
María es la estrella del mar, la guía de
todo hombre, la guía de la historia porque
ella es la humanidad perfecta: siendo la
cima de la humanidad, ella resume en sí la
historia humana. El hombre no está ya solo
en su búsqueda de Dios, no está ya abando-
nado a la inseguridad del mar en la oscuri-
dad de la noche: un punto fijo ha aparecido
en el cielo: la Madre.
“Oh, quienquiera que tú seas, tú que en
el ondear de los acontecimientos de este
mundo, en lugar de caminar por tierra, te
sientes zarandeado por vientos y tempesta-
des, no apartes tus ojos del fulgor de esta
estrella. Si surgen vientos de tentación, mira
la estrella, invoca a María…en los peligros,
en las angustias, en las incertidumbres,
piensa en María, invoca a María. Ella no se
aparte nunca de tus labios, de tu corazón. Y
para obtener ayuda de su oración, no aban-
dones nunca el ejemplo de su vida, recogida
en Dios”.
Las trampas de una actividad excesiva
Sobre esto, Bernardo señala: Sólo quien
reza como María, quien vive recogido en
Dios, puede vivir y amar como María. Por
esto es necesario, dice el santo, evitar una
actividad excesiva, cualquiera que sea su
condición u oficio, incluso hasta si es dentro
de la Iglesia, porque “muchas ocupaciones
conducen a menudo a la dureza del corazón,
no son sino sufrimiento del espíritu, pérdida
de la inteligencia y dispersión de la gracia”.
Es un mensaje muy actual que el Papa
Benedicto, el 20 de agosto de este año, fies-
ta de San Bernardo, retomó dirigiéndolo
sobretodo a los sacerdotes y a los consagra-
dos: “¡Cuán útil es también para nosotros
esta llamada a la oración!” Nos ayude San
Bernardo a concretarla en nuestra existen-
cia, él que supo armonizar la aspiración a la
soledad y a la tranquilidad (….) con la
urgencia de misiones importantes al servicio
de la Iglesia.
Confiemos este difícil deseo de hallar
equilibrio entre interioridad y trabajo nece-
sario, a la intercesión de la Virgen, a quien
Bernardo desde niño amó con tierna y filial
devoción hasta merecer ese titulo de Doctor
mariano”.
Pagaron con la vida
24 sacerdotes, religiosos y laicos fueron
asesinados en el 2006, mientras desarrolla-
ban su trabajo en el campo misionero. Lo
refiere la agencia Fides que recoge a todo el
personal eclesiástico que ha muerto de forma
violenta, o ha sacrificado la propia vida de
manera consciente, sin sustraerse al propio
empeño de testimoniar y hacer apostolado.
África es el continente que registró el
año pasado el mayor número de víctimas,
seguido de América, sin quedar excluídas ni
Asia ni Oceanía.
De estos testimonios de la fe el Santo
Padre ha dicho: “hombres y mujeres que en
todos los rincones de la tierra sufren y pagan
incluso con la vida su fe en Cristo...
Aquellos católicos que mantienen su fideli-
dad a la Sede de Pedro, sin ceder a los com-
promisos, a veces incluso al precio de graves
sufrimientos.(...) Toda la Iglesia admira su
ejemplo y ora para que ellos tengan la fuer-
za de perseverar, sabiendo que sus tribula-
ciones son fuente de victoria, aunque en el
momento puedan parecer un fracaso.
Red.
Ante todo, la vida misma, hoy cada día
siempre mas amenazada en cada una de sus
fases, desde el embrión robado al misterio
intimo del seno femenino y manipulado fria-
mente por instrumentos de laboratorio, has-
ta la muerte, que se pretende gestionar a
voluntad, unas veces llevandola a cabo, otras
exorcizándola a través de juventudes artifi-
ciales. “Por lo que concierne al derecho a la
vida- escribe Benedicto XVI- es obligado
denunciar los estragos que nuestra sociedad
está haciendo: además de las víctimas de los
conflictos armados, del terrorismo y de toda
forma de violencia, se suman también las
del hambre, las del aborto, las que son fruto
de experimentos con embriones y de la euta-
nasia. ¿Cómo no podemos ver en todo esto
un atentado a la paz?”.
Otro elemento que continuamente rompe
el equilibrio delicado de la paz es la intoleran-
cia hacia otras religiones, causa de la mayoría
de conflictos de hoy dia: La Iglesia por tanto
reivindica el derecho a la libertad religiosa
de cada uno: “Hay regímenes que imponen a
todos una única religión, mientras que regí-
menes indiferentes alimentan, no una perse-
cución violenta, pero sí un sistemático des-
precio cultural hacia las creencias religiosas.
En resumidas cuentas, no se respeta un dere-
cho humano fundamental, con graves reper-
cusiones en la convivencia pacifica.”
Hemos indicado dos componentes
importantes en el hombre, que debemos pro-
teger para salvaguardar la paz. El Papa en su
mensaje cita muchos otros, entre los cuales
las “injustas desigualdades aún hoy presen-
tes en el mundo como el acceso a bienes
esenciales como la comida, el agua, la casa,
la salud; e incluso las persistentes desigual-
dades entre hombre y mujer en el ejercicio
de los derechos humanos fundamentales”.
La lista es larga. Nos paramos aquí y deja-
mos a la conciencia de cada uno la tarea de
descubrir los ámbitos en los que la paz está en
peligro, para que cada uno se haga defensor
apasionado, responsable del bien que Maria
Reina de la Paz nos trae intercediendo por
nosotros y que por desgracia muchas veces el
hombre con mucha superficialidad quebranta.
Y como dice nuestro Pontífice: “La paz es a
la vez un don y un deber”- don para pedir
mediante la oración, deber a realizar con
coraje sin nunca cansarse.
S.C.
3
Eco 191
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Fin de Año
en Medjugorje
Clima de fiesta, de recogimiento, de ale-
gría interior. Atmósfera de gracia y de ora-
ción, como acostumbra a ser siempre en
Medjugorje, en esta tierra escogida y mode-
lada por María, para realizar su proyecto de
renovación de la Iglesia y de la humanidad.
Cada periodo del año en Medjugorge está
ligado a gracias particulares y originales, a
dones que siempre tienen un perfume nuevo
y diverso.
¿Por qué pasar el fin de año aquí en
Medjugorje?
Me gustaría dejar que sean las mimas
personas que he encontrado las que lo testi-
monien , en cuyos rostros expresan bastante
bien la unicidad del don celestial que se reci-
ben aquí, en estos días: rostros llenos de gra-
titud y de entusiasmo, y también de esperan-
za y de espera.
Sentirse en casa, sentirse en familia.
Éste es el deseo que renace en los corazones
en este tiempo santo. Aquí la Virgen nos
acoge a todos en su abrazo, haciendo sentir
a las almas ese calor especial que es única-
mente fruto de Su presencia. Por esto la tie-
rra bendita de Medjugorje nos deja lleno de
recuerdos y sentimientos que tocan las esfe-
ras más profundas de nuestro ser, y por esto
nace el deseo de volver, precisamente y
sobre todo en estos días, para dejar que la
creatividad de Dios y la generosidad de la
Virgen nos renueven.
Bajo el manto de María están presente
muchos jóvenes en este paso de año, pero no
sólo: familias, ancianos, también niños, todos
de muy diversas nacionalidades. La vigilia
nocturna se desarrolla en un recogimiento tal,
que sólo la gracia celeste puede explicar. A
las 22h comienza una larga adoración para
santificar las últimas horas del año que finali-
za. La oración común conduce a cada cora-
zón a confiar a Dios con fe todo lo malo y
bueno vivido en el pasado, para que todo pue-
da ser recapitulado en Cristo, y con esta
libertad entrar en el nuevo año, unidos espiri-
tualmente a toda la Iglesia celeste, íntegros en
la decisión personal de seguir a Jesús por el
camino estrecho, en comunión los unos con
los otros, unidos en Dios y a Dios.
A las 24h. no son los gritos mundanos los
que anuncian el advenimiento del nuevo día,
sino el repicar festivo de las campanas de los
dos campanarios conocidos ya en el mundo
entero. A continuación comienza la santa
Misa presidida por el párroco Iván y conce-
lebrada por decenas de sacerdotes. Después
de la celebración todavía cantos festivos
entorno a la Iglesia de la que nuestra Madre
es Reina, en el frío del invierno y la oscuri-
dad de la noche, cada uno es feliz de poder
comunicar al mayor número de almas posi-
ble la paz y el calor que nuestro Dios pone en
el corazón. Abrazos, estrechamiento de
manos, alguna palabra, pero a veces también
una sencilla mirada permite que dos almas se
encuentren y se comuniquen a Dios.
La alegría se transmite y crece más... En
la oscuridad nocturna, esta luz enteramente
interior, brilla aún más vivamente, y el frío
invernal deja su lugar al calor que emana de
todos. Esto es pregustar lo que será la felici-
dad celestial.
Francesco Cavagna
¿Por qué habéis venido?
Fabio, 24 años
Aquí se recupera el valor de ser hombre
en toda su dignidad. Esto gracias a la comu-
nión en Dios con los hermanos. Aquello que
se experimenta aquí es verdadera unión, en
la discoteca estamos todos juntos, pero te
sientes solo. Aquí se puede degustar la ver-
dadera felicidad.
Claudia, 33años
Sinceramente considero que éste es el
lugar más adecuado para pasar el fín de
año, con la posibilidad de hacer una revi-
sión, de encontrar un poco de silencio para
detenerme en paz y analizar mi vida. Iniciar
el año con la Virgen es una buena garantía
.
Anja, 19 años
También yo he venido para encontrar la
paz, para mí ha sido algo nuevo poder pasar
el fín de año en la iglesia, y tener una com-
pañía con quien poder compartir algo rela-
cionado con Dios.
Isabella, 54años
¿Por qué he venido? Para tener este
impulso y comenzar el año con la Virgen,
¡para estar con Jesús y María!
Virgilio
Estoy aquí porque lo veo como algo muy
positivo esperar el año nuevo con la Virgen,
para mí y sobre todo para mis hijos, porque
pienso que aunque yo como progenitor, diga
muchas cosas a mis hijos, al final es siempre
el Señor quien habla a sus corazones...
¡Agradezco que en estos lugares se pueda
verificar esta apertura de corazón!
Mario, 28 años
Quiero pasar el fín de año en paz, con
sencillez, con Dios. Quería una compañía,
pero no como la que se encuentra en el mun-
do... Aquí he encontrado personas con quien
puedo compartir verdaderamente aquello
que soy, porque también ellos buscan a Dios.
Loris, 36 años
Tenía más motivos para no venir que
para venir, pero al final estoy contento de
estar aquí. María me ha llamado, de esto
estoy seguro.
Cristina, 22 años
He tomado esta decisión porque quería
pasar un fin de año diferente, y no en el usual
pub lleno de ruido y en medio de una compa-
ñía superficial. No esperaba que esta expe-
riencia fuese a cambiar mi vida. Siento que ha
cambiado mi modo de pensar, mi modo de ser.
Luca, 29 años
He venido aquí para conocer a Dios y a
la Virgen, para procurar orar de un modo
más profundo.
EN EL AÑO RECIEN INICIADO
El tiempo como don
Por el p. Gabriela Pedicino osa
“No nos lamentemos y no murmuremos
sobre nuestros tiempos, queridos herma-
nos”
(San Agustín, Discurso Caillau-Saint
Ives 2, 92). Así exhorta a sus oyentes el
Obispo Agustín de Hipona a no mirar al
pasado pensando siempre que ha sido mejor
que el presente. Y dice además: “¿Que hay
de nuevo e insólito en el padecimiento de la
humanidad actual que no hayan ya padeci-
do nuestros padres?¿Podemos realmente
afirmar que estamos padeciendo tanto o
más que ellos? Sin embargo hallarás hom-
bres que se lamentan de sus tiempos conven-
cidos de que sólo los tiempos pasados fue-
ron bonitos. Pero podemos estar seguros de
que pudiendo retornar a esos tiempos pasa-
dos, tampoco dejarían de lamentarse igual-
mente. Si en realidad encuentras buenos
esos tiempos pasados, será precisamente
porque ya no te pertenecen....”
Pienso que todos tendemos a razonar de
este modo, me pregunto si ha habido algún
periodo en el que el hombre no se haya
lamentado del tiempo presente.
Cuando se dispone uno a vivir un nuevo
año lo primero que hay que hacer es mirar
hacia el año recién terminado y dar gracias a
Dios por todas las gracias recibidas. Si no
hacemos esto, no sabremos vivir bien los
días que el Señor en su bondad nos regala.
Tenemos necesidad de aprender a leer
nuestro tiempo, los días vividos como don
del Señor, de lo contrario pasamos a ser nos-
tálgicos de un tiempo que ya no existe, y que
tal vez sólo existió en nuestra imaginación, y
si no, me atrevo a decir, somos unos cristia-
nos fracasados.
Hacer memoria era importante para
Israel, es importante para todos nosotros.
¿Donde ves al Señor? ¿Dónde lo hallas sino
en el quehacer cotidiano? Es allí, justo en lo
ordinario, donde se ha de descubrir su extra-
ordinario modo de obrar. Tenemos por tanto
necesidad de los ojos de la fe, de la mirada
atenta de María para saber leer nuestros días
como días de Dios, en los que obra Dios.
Por lo tanto ánimo, retomemos nuestro
camino hacia ese puerto tan ansiado, retome-
mos nuestro camino hallando cada día nues-
tro reposo en el Señor Jesús y en su invita-
ción: venid a mí todos los que estáis fatigados
y cargados, que yo os aliviaré (Mt 11,28).
Queridos amigos el Señor hace esto, está
dispuesto a hacerlo cada día si confiamos en
Él, si recurrimos a Él. ¿Por qué camino estás
yendo? ¿En qué mares desconocidos deam-
bulas?
¡Vuelve a Él!
¡En este año que
te regala no
pierdas la oca-
sión, no pierdas
tiempo, vuelve a
Él!¡ Ofrece tu
vida a Él!
¡Él es la meta!
¡Felicidades y
buen camino!
Noticias de la tierra bendita
4
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Un incesante deseo
de volver
“¿Por qué Medjugorje?” - me preguntas-
te sorprendida. ¿No has estado ya una vez
allí?
Te contesté con una respuesta simplona,
pero ahora deseo decirte porque, en mi opi-
nión, cientos de miles de peregrinos van y
vienen a Medjugorje, como respuesta a una
llamada misteriosa.
Hay una gracia que Dios concede a sus
hijos para conducirlos a la perfección, pero
hay además una gracia propia de lugares pri-
vilegiados, donde han tenido lugar hechos
prodigiosos o donde han vivido u obrado
diversos santos. Esa gracia que se capta visi-
tando célebres santuarios, como en Lourdes
o en Fátima, o incluso ermitas, abadías,
como las de Camaldoli, La Verna , etc. Pues
bien, en Medjugorje dicha gracia se siente
por todas partes, no sólo en la Iglesia, o en
lugares donde se ha aparecido la Virgen,
sino que parece respirarse en el aire, la sien-
tes contemplando el cielo, el paisaje, cada
aspecto de la naturaleza, bendecida por la
continuada presencia de la Reina de la Paz.
Y te entra un incesante deseo de volver,
para gozar de la oración intensa, de la recon-
ciliación con Dios y con el prójimo, y tal vez
para dar un cambio en tu vida… Ciertamente,
muchos acuden a pedir sanaciones, salud,
poder superar dificultades de todo tipo, y aún
sin haber recibido la respuesta esperada, se
reciben siempre gracias del todo inesperadas:
se aprende el justo valor que hay que dar a
cada cosa y a cada persona, se comprende
mejor lo que de verdad importa, y lo que, en
cambio, es inútil, cuando no dañino. Allí
aprendes a abandonarte completamente en las
manos de Dios, a aceptar su voluntad, inclu-
so en casos de extremo sufrimiento, y sientes
en tu corazón la paz y la alegría de sentirte
amado por el Padre, que es el regalo mayor
que puede darte.
Al regresar a casa, (así lo experimentan
muchos) se siente siempre la irresistible
necesidad de explicar y testimoniar lo vivi-
do, aun sabiendo de que no todo lo que se
vive y se siente en Medjugorje se puede
explicar con palabras, ¡esa impresión de
estar siempre bajo la mirada atenta y vigi-
lante de la Madre, sumergidos en celebracio-
nes religiosas intensas y de recogimiento, en
contacto con miles de peregrinos que en
diversos idiomas oran, cantan, participan en
la Liturgia y te hacen pensar en el paraíso
aquí en la tierra!
Todo en Medjugorje invita a la paz, al
silencio interior, a escuchar la Palabra…y no
molestan ni siquiera los vendedores de rosa-
rios y objetos sagrados que responden a las
necesidades del peregrino en la tarea de
hacer partícipes a los demás, a los que no
pudieron o no quisieron venir, de su propia
experiencia espiritual, a través de un rosario,
una imagen o un recuerdo.
Y espero que, incluso a ti, un día te suce-
da lo que a muchos les ha ocurrido, que fren-
te a la propuesta de una peregrinación a
Medjugorje, sin saber cómo ni porqué, sor-
prendiéndote a ti mismo, llegues a decir: ¡Sí,
voy!
Nilde Totti
Un naturalista en Medjugorje:
EL JARDÍN
QUE NACE DE LAS ROCAS
Recientemente, junto a mi esposa Laura,
realicé una peregrinación a Medjugorje.
Con el filtro de mi sensibilidad como geó-
grafo y naturalista, atento al mundo que nos
rodea, deseo compartir una de las muchas
reflexiones que este viaje ha suscitado en mi
corazón.
En las tres principales apariciones de
los últimos 150 años María Santísima ha
escogido como escenarios unos ambientes
cársicos.
Son cársicos todos los relieves en
los que las rocas son solubles (las rocas solu-
bles más comunes son los calcáreas, com-
puestas de carbonato de calcio) y en las que
por tanto el agua es capaz de ir abriendo grie-
tas en las rocas y penetrar en su interior, ori-
ginando una circulación subterránea. En los
relieves cársicos, además de un ambiente
superficial iluminado por el sol, hay también
otro subterráneo, rico de grutas y de aguas.
Si el hombre, al igual que la montaña
cársica, se abre a la palabra de Dios hacién-
dola penetrar en su interior, se deja “desin-
crustar” de todo pecado y se deja transfor-
mar en criatura nueva.
En Lourdes en 1858, María Santísima
se apareció en una pequeña gruta manantial,
como para indicarnos la verdadera fuente de
la gracia, que es su Hijo, nuestro Señor y
Salvador Jesucristo, y para llevarnos a Él.
Ella, siendo Inmaculada, nos puede conducir
directamente a la profundidad del corazón
del Dios encarnado.
En Fátima, en 1917, María Santísima se
apareció en una gran “olla”, una especie de
cuenco cerrado que recoge el agua y la con-
duce hacia el centro, como para decirnos que
desea recogernos entorno a Ella misma,
como “una gallina hace con sus pollitos”, y
nos invita a dejarnos rociar por el agua que
viene de lo alto y a dejarnos arrastrar hacia
el Centro, que es su Hijo, nuestro Señor y
Salvador Jesucristo.
En Medjugorje, en cambio, en 1981,
María Santísima se apareció en un campo de
karren, una especie de desierto de piedra.
Los karren son rocas corroídas por el agua,
en principio recubiertas por un estrato de
suelo (karren de tipo cubierto), pero al ero-
sionarse el suelo quedan al descubierto.
María Santísima nos dice: con vuestro
pecado estáis convirtiendo al mundo en un
desierto, un árido pedregal incapaz de soste-
neros; si en cambio os acercáis a mi , y a tra-
vés de mí, a mi Hijo, no tendréis nada que
temer; el desierto se convertirá en un jardín
para vosotros, el jardín de la paz entre voso-
tros y el Altísimo, el jardín en el que yo jun-
to a mi Hijo os llevaremos de la mano hasta
la salvación.
En Medjugorje, acercándose a María con
el corazón, se advierte como este desierto
árido se vuelve en verdad un jardín que
transmite alegría y paz.
En Medjugorje, aun rehuyendo instinti-
vamente de las aglomeraciones y la muche-
dumbre, he notado cómo mezclarte entre el
gentío de la iglesia, abarrotada de peregrinos,
no crea malestar sino comunión y alegría.
Bendito sea Nuestro Señor Jesucristo y
María Inmaculada, Madre de Dios, Reina
del Universo, y por don del Altísimo, tam-
bién solícita Madre nuestra, que continua
atrayéndonos a Ella y a su Hijo y Hermano
nuestro, el Dios uno y trino.
Ugo Sauro
El grupo de
“ La Oracion del día 2”
Ha nacido así, de manera sencilla, pero
realiza lo que María misma hace el día 2 de
cada mes en la aparición a la vidente
Mirjana, permaneciendo con ella en oración
por “aquellos que no han conocido el amor
de Dios” y que por tanto no son creyentes.
María le ha pedido siempre ayuda para orar
por esa intención. En el testimonio de Pina
(Salerno - I) vemos como el deseo de la
Virgen llega a tomar cuerpo con absoluta
sencillez y naturalidad:
Estuve en Medjugorje el día 2 de agosto
y obtuve la gracia de presenciar la aparición
a Mirjana. Llegamos al lugar de la aparición
a las 6 de la mañana y el cobertizo estaba ya
lleno de gente. Nos acomodamos fuera, en el
suelo, sobre unas piedras, y comenzamos a
orar. Mientras, el lugar se llenaba de más y
más gente. Un ligero viento removía las
hojas de los árboles. Todos estábamos reuni-
dos en oración, y al cabo de hora y media un
gran viento nos sorprendió.....poco des-
pués... ¡EL SILENCIO! El viento se había
parado. ¡Enseguida intuimos que la Madre
estaba entre nosotros! Sentí una alegría
enorme al pensar que la Virgen estaba allí,
junto a mí, mientras mi corazón acogía la
invitación de María a la oración. Era como
si se hubiera grabado en mi corazón “el
espíritu de la oración” dándome a entender
la importancia de la misma y sobretodo la
necesidad y la urgencia de la oración para
los que todavía no conocen el amor de Jesús.
Sentí mucho amor dentro de mí por la Virgen
y el deseo de colaborar con Ella.
De vuelta ya en casa, el sacerdote que
me sigue en mi camino de fe , me sorprende
enormemente al comunicarme su intención
de formar el grupo de “la Oración del dia
2”. Lo maravilloso del caso es que este
sacerdote no ha estado nunca en
Medjugorje y sólo había oído hablar del
lugar... Ahora el grupo ha nacido y os invi-
tamos a todos a uniros a nosotros espiritual-
mente para llevar el amor de Dios a todos
aquellos que todavía no lo conocen. ¡Tal
como Maria quiere!
Mensaje a Mirjana
(2 de enero de 2007)
“Queridos hijos, en este tiempo santo
lleno de las gracias de Dios y de su Amor
que me manda a vosotros, os pido que no
tengáis el corazón de piedra. Que el ayuno y
la oración sean vuestras armas para cono-
cer y acercaros a Jesús, mi Hijo. Seguidme,
seguid mi ejemplo luminoso, os ayudaré,
estoy cerca de vosotros, os lo agradezco”.
APARICIÓN ANUAL A JAKOV
DEL 25 DE DICIEMBRE DE 2006
“Queridos hijos! Hoy es el gran día de
la alegría y de la paz. Alégrense conmigo.
Hijitos, de manera especial, los invito a la
santidad en sus familias. Deseo, hijitos, que
cada una de sus familias sea santa, y que la
alegría y la paz de Dios, que Dios hoy les
envía de manera especial, reinen y moren en
sus familias. Hijitos, abran hoy sus corazo-
nes en este día de gracia; decídanse por
Dios y pónganlo en el primer lugar en sus
familias. Yo soy su Madre. Los amo y les doy
mi bendición maternal”.
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Asemejarse a Él
(pensamientos sencillos)
de Pietro Squassabia
Hemos visto al Niño que ha nacido: es
maravilloso. Es distinto a los demás: tiene la
realeza del verdadero Rey y la mansedum-
bre del Cordero.
Se parece a su madre en todo. Y también
Maria se asemeja a Jesús: en su modo de
hacer, de pensar, en su modo de vivir, en su
manera de ser.
También nosotros debemos asemejarnos
a Jesús. Cuando estamos contentos y las
cosas nos van bien, se nos pide asemejarnos
a Jesús; cuando tenemos pruebas y en el
dolor, estamos llamados a parecernos a
Jesús. Debemos siempre cogerle a Él como
modelo y ejemplo.
Y cuando no nos asemejamos a Él, o
mejor, cuando no conseguimos asemejarnos
a Él, pidámosle a la Madre que nos haga
capaces de esto. Entonces nos vendrá dada
esa realeza del verdadero Rey también a
nosotros para poseer todas las cosas y para
no ser esclavos de ninguna. También se nos
dará la mansedumbre del Cordero para darle
a Dios y a los demás todo lo que poseemos,
todo de nosotros mismos. De este modo
podremos ya experimentar el Cielo en esta
tierra, ya sea en los momentos de máxima
felicidad como en las pruebas más duras que
nos ofrece la vida. Viviendo de este modo no
acusaremos nunca a los demás, como hace el
demonio, el acusador, sino que seremos ayu-
da para el hermano porque haremos como
Jesús, nuestro amigo y salvador.
Cuando Jesús subió al Cielo, la Madre se
quedó con los apóstoles. Pienso en la gracia
de esa presencia. Pienso que los apóstoles
viendo a Maria, llegaron a sentir lo mismo
que cuando vieron a Jesús. Pienso que Maria
habló de Jesús a los apóstoles más con las
obras que con las palabras. En verdad, Maria
explicó muchas cosas a los apóstoles sobre
Jesús, que éstos no habían entendido.
Esta de Maria ha sido una gracia extra
que Jesús ha concedido a los apóstoles (y
también a nosotros) con su muerte y ascen-
sión al cielo.
Pienso dentro de mí: ¡Qué gracia tan
grande tuvieron los apóstoles con la presen-
cia física de Maria! ¡Que “suerte” tuvieron!
Pero, mientras pienso esto, siento como una
voz que me dice: la “suerte” que tuvieron los
apóstoles, la has tenido también tú. Sí, es
verdad, y ya lo he experimentado. María,
también con el evento de Medjugorje, está
muy presente, casi puedes darle la mano y
tocarla. Es este que vivimos un tiempo de
gracia muy especial. Reconozco verdadera-
mente que la “suerte” de los apóstoles es
también la nuestra. Gracias Maria porque
eres maravillosa como tu Niño. Gracias por-
que nos transmites ese “ser maravillosa” para
que también noso tros podamos ser un poco
maravillosos. Gracias por tu extrema cerca-
nía, tan extrema como para poder sentirte
entre nosotros, en nuestros hermanos.
¿Qué voy a ser?
Hagamos el supuesto de que las plantas
saben pensar. En el fondo, en los cuentos
infantiles, las plantas, los animales e incluso
a veces los minerales se comportan como
hombres, con su dosis de razón, fábula y
sentimiento. No temamos a la fantasía e
imaginemos a una de estas criaturas. Una
semilla tan pequeña como para parecer
insignificante.
Nació en algún lugar de Palestina hace
más de 2000 años, de quien sabe qué planta,
o de qué árbol... una de tantas que el viento
zarandea con su fuerza de un lado a otro, para
luego dejarse caer en un terreno listo para
acogerla. Es aquí que nace una singular histo-
ria que hace de esa semilla, una “pieza úni-
ca”, en la que de alguna manera está ya escri-
to su futuro. Pero, ¿a qué familia pertenecía?
¿A los chopos? ¿A los pinos? ¿O a las robus-
tas encinas? Difícil es contestar, porque de
ese árbol no se vieron nunca los frutos, una
vez crecido. Excepto uno. El único. Un fruto
destinado a quedarse para siempre.
La semilla crecía y, como todas, se ima-
ginaba lo que iba a ser: ¿un gran árbol para
decorar el jardín de una casa? ¿Tal vez cobi-
jo para los campesinos abrasados por el sol
implacable de los campos?¿ Simplemente
servirá como descanso para los pájaros
migratorios, o como cuna para los polluelos
recién nacidos anidados en sus ramas? Tal
vez nada de todo ello, sino sólo trasformada
en otra cosa: cortada, desmenuzada, cepilla-
da para convertirse en silla, o en tonel o en
una barca.
Fantaseaba la pequeña semilla mientras
cambiaba su apariencia, transformándose
primero en brote, luego en retoño, hasta lle-
gar a ser un delgado pero agraciado arbusto.
La forma era ya la definitiva, pero sólo con
el tiempo obtendría vigor y altura, proyec-
tando todas sus ramas en mil direcciones. La
plenitud de la vida solía llegar en primavera
cuando una misteriosa fuerza escondida en
los meses de invierno, hacía brotar un rami-
llete de hojas frescas, capaces de ondear con
la primera brisa.
Pasaron diversas estaciones y se acerca-
ba el tiempo en el que el árbol, ya sólido y
maduro, habría descubierto su destino. Si
bien nunca hubiera imaginado cuál iba a ser
su destino. Justo a él. El único entre todos.
La respuesta no tardó en llegar. Un hacha
comenzó a desvelarla, cuando penetró su
cuchilla cortante en la corteza todavía vir-
gen. Justamente allí, en su base. Un golpe
tras otro iba abriendo heridas profundas en
su madera, que vertió numerosas gotas de
resina. Igual que lágrimas, rojas como la
sangre. Lo cogieron una vez abatido, lo lle-
varon a otro lugar y lo despojaron de todas
sus ramas....
¡Cuantos años se necesitaron para que
creciera! ¡Cuantos cuidados para protegerlo
de los caprichos del tiempo! Y ahora zac, en
un instante caen cortadas al suelo con ruido
sórdido que no deja lugar a dudas. Pronto se
sintió desnudo y totalmente indefenso.
Por algún tiempo se quedó entre las
paredes de un viejo almacén, en una esquina
oscura. Desperdigados un poco por todas
partes, quedaban también otros troncos, en
silencio. No se comunicaban entre ellos.
Pensar sobre su destino los dejaba mudos y
temerosos.
Volvió de nuevo la primavera. Los judí-
os la llamaban el mes de Nissan. Pero nues-
tro árbol en la húmeda oscuridad de la bode-
ga, había perdido el sentido del tiempo. Fue
entonces que unas manos duras y fuertes,
con prisa y nerviosismo, lo escogieron entre
muchos otros. Lo desempolvaron, cortaron
un trozo para luego atarlo de través, arriba,
en la parte superior.
Su destino estaba siendo revelado, entre
el temor y el desconcierto, ligeramente emo-
cionado porque había “llegado su hora”, se
dejó conducir con mansedumbre hacia afue-
ra, hacia una multitud vociferante y agitada.
Algunos rostros se mostraban encolerizados,
otros sorprendidos. Sólo uno tenía semblan-
te de paz y serenidad a pesar de la corona de
espinas que le ceñia la cabeza. Justamente a
él le fue entregado. Por un instante se cruza-
ron la mirada. Mansa, como un cordero. Una
mirada que lloraba amor y que se encendió
cuando vislumbró la oscura corteza de aque-
llo que iba a ser su trono.
Un salto y el tronco queda apoyado
sobre el dorso flagelado. Quería hacerse
ligero para no agrandar esa llagas ya abier-
tas. Pero no podía. Estaba obligado a descar-
gar todo su peso sobre el dorso de aquel
hombre, para dejarse transportar. No encon-
tró reticencia alguna. Al contrario. Las
manos, agarrándolo para sujetarlo bien,
parecían acariciarle con ternura y gratitud.
Temblaba el tronco y advertía una extraña
sensación. Nunca nadie lo había tocado de
esa manera.”¡Este hombre tiene el cuerpo
muy lastimado -pensaba el tronco- sin
embargo una fuerza misteriosa sale de él!
Por tres veces cae bajo mi peso, pero hay
algo invisible que lo levanta con ligereza...”
Quién sabe cuanto tiempo duró el cami-
no hasta una altura, fuera ya de la ciudad.
Cuanto más se acercaban al lugar llamado
“calavera”, mas se advertía un olor a muer-
te, de gélida violencia. Justamente esto es lo
que iba a encarar el ingenuo tronco: un
espectáculo fúnebre. Por desgracia suya,
había sido invitado a ser uno de los protago-
nistas.
Ahora es bajado al suelo. Un fuerte rui-
do le acompaña. Aumenta la confusión y el
griterío se traslada bajo lo que queda de
aquel hombre. Ha llegado su turno: en un
instante es despojado de las pocas vestiduras
que lo cubrían.
Algún que otro gesto todavía, golpes
sonoros de martillo y en un momento los dos
cuerpos se adhieren perfectamente- el de la
semilla convertida en árbol y de Dios hecho
hombre. Los mismos clavos puntiagudos lo
hieren, atravesando primero la carne, luego
la madera. La sangre, junto a la resina es ya
un todo uno.
Queda erguido, recto en vertical, como
encarando al cielo y muchas, demasiadas
miradas se entrecruzan, como “atraídas”
hacia el hombre crucificado. Algunas son de
desafío, otras de curiosidad, muy pocas de
indecible dolor.
¿Para esto había nacido aquella pequeña
semilla, que luego se convirtió en árbol?
¿Para esa hora sobre el Gólgota tan dolorosa
y tan injusta?
Sí, pero no era la única. También aquel
moribundo que había sido clavado en ella,
había venido expresamente al mundo para
morir como “malhechor”.
Pero no termina ahí. La historia conti-
nuaba... Pero fue indispensable que una
semilla, una entre las muchas nacidas en
Palestina, creciera y ofreciera su vida para
convertirse en Cruz. Tálamo, manto de un
rey que se humilló hasta convertirse en sier-
vo nuestro.
Stefania Consoli
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En el anterior número de Eco iniciamos
un recorrido para comprender el valor del
ofrecimiento de la vida a Dios.
Es un cami-
no que nace en el corazón de María en
Medjugorje y pasa por las almas que desean
entrar siempre más en comunión con Jesús y
unirse a su ofrecimiento por la salvación del
mundo. A través de unas palabras del Padre
TOMISLAV VLASIC en una de sus refle-
xiones seguimos dibujando nuestro camino.
“En el pasado oí esta afirmación de un
sacerdote: ¡Parece que en estos tiempos no
nos queda más que el ofrecimiento de la
vida para poder cumplir todos los planes de
María, Reina de la Paz.!
¿
QUÉ ES EN REALIDAD
LA VIDA OFRECIDA?
Cuando se habla de las almas ofrecidas o
de las almas victimas, una sensación de
malestar invade el corazón del hombre:
algunos quedan atemorizados, otros se dejan
sobrellevar por el temor y se encierran en un
sufrimiento patológico... Dios no quiere
nada de eso. El Señor sólo quiere vencer
definitivamente en nosotros a la muerte, al
infierno; quiere hacernos capaces de enfren-
tarnos a satanás y de destruir todas sus
obras: ¡Dios quiere resucitar en nosotros!
Esta dinámica se encuadra en la dinámica de
la lucha entre la Luz y las tinieblas, y cuan-
do la Virgen nos invita a ofrecernos, lo hace
para llamarnos a entrar en la Luz. No se tra-
ta pues de una llamada para enfermar sino
más bien para adorar y glorificar a Dios
también en el sufrimiento, en la enferme-
dad, e incluso cuando nos sentimos “ence-
rrados en un sepulcro”.
Es una llamada completamente positi-
va…
Quien se ofrece, quien se entrega com-
pletamente, vive en sí la dinámica de la
resurrección y se siente llamado a vivir la
vida en plenitud. Hemos observado cómo en
las almas, después de un cierto tiempo de
camino, desaparecen los miedos, las preocu-
paciones, entra la serenidad, la alegría y la
sencillez en la relación con los demás.
¿Qué es lo importante?
“Dios amó tanto al mundo, que envió a su
propio Hijo....” El amor del Padre era tan
grande que envió a su propio Hijo a la profun-
didad de la miseria humana para salvar al
mundo. Él desea impregnar ese mismo amor
en cada uno de nosotros para que podamos,
como Jesús, alcanzar el fondo de la miseria
humana y llevar la salvación. Ninguna contra-
riedad o dificultad puede apagar el amor vivo
en nosotros, ya que éste prende continuamen-
te a través de las pequeñas pruebas hasta con-
vertirse en un amor grande, limpio, como lo
es la Eucaristía. Las almas ofrecidas son pues
las personas que se abren a la totalidad del
Amor de Dios, que lo solicitan, que lo desean.
¿Cuál es la tarea de una persona que se
ofrece?
Es hacer crecer ese amor continuamente,
purificarlo día a día, adorar y rezar a Dios en
cada situación, para que el amor se alimente
en nosotros y sea el centro de nuestras
acciones. Los instrumentos de suma impor-
tancia para custodiar y hacer crecer nuestra
capacidad de “ser amor” son: la devoción al
Corazón Inmaculado de María - filtro que
nos purifica de todo lo negativo que lleve-
mos- la adoración al SS. Sacramento- puro
amor divino presente en esta tierra y que
nutre a nuestra alma; la adoración a la Cruz-
de la que emanan todas las gracias. No obs-
tante, debemos tener presente siempre que
el amor vivo va madurando y se purifica
continuamente a través de las pruebas, a tra-
vés de las cruces. Éstas son ocasiones para
evaluar la centralidad del amor de Dios en
nosotros: si nos comprometemos en vivir el
amor, seguro que superaremos las pruebas.
Además, ofreciendo a Dios nuestra victoria,
ésta repercutirá sobre toda la tierra.
¿Cuáles son los medios?
¡Esta llamada no es fácil! No quiere ser
una afirmación que desanime o atemorice,
sino que quiere profundizar en la concien-
ciación de que la llamada es hasta el fondo
y es provocación para todos los niveles fal-
sos que poseemos interiormente, es provo-
cación a satanás y nos compromete en una
lucha contra él. No debemos luchar con
armas y bastones, sino con el único medio
adecuado para derrotarle: ¡el amor! Con los
sacrificios no podemos entrar en la profun-
didad de la salvación, pero con el amor, sí...
Pero entonces ¿por qué el Señor permite los
sacrificios? Para que podamos alcanzar la
profundidad del amor: los sacrificios son
una excelente ocasión, y las cruces, el único
material combustible en la dinámica del
amor.
¿Cuáles son los pasos concretos para
cumplir con la llamada?
En principio es de suma importancia
consagrarse al Corazón Inmaculado: La
Virgen desea guiar, proteger y purificar las
almas que se encaminan al ofrecimiento,
para poder preparar un lugar para Jesús en
nuestro interior.
En segundo lugar debemos permitir a
Dios que realice en cada uno de nosotros
todo lo que ha predispuesto, sin interferen-
cias de nuestra lógica humana, llena de idea-
les e intereses egoístas. Permitámosle guiar
nuestras vidas a través de los pasos que Él
conoce, y que nosotros a menudo ignoramos.
En cada prueba debemos pedir “que se cum-
pla Su voluntad”. Con actitud gozosa debe-
mos orar para que en esos momentos nazca
en nosotros el verdadero amor, la paciencia,
la humildad y todas aquellas virtudes presen-
tes en el alma de la Virgen María.
¿Cuál es el recorrido?
El recorrido a seguir es el de las pruebas,
las cuales purifican y refuerzan las virtu-
des.Aceptando las pruebas con amor, trans-
formando las solicitudes que se nos presen-
tan en peldaños hacia la humildad, la
paciencia, la responsabilidad, se progresa
espiritualmente de manera constante y
madura: sin estos pasos no es posible ofre-
cer la propia vida y ser “amor sacrificado”,
porque satanás puede destruirnos con facili-
dad a través de pequeñas cosas que crean
confusión, ira, insatisfacción y amargura.
(2. continua)
¡El ECO, también presente
en Letonia y en Rusia!
El pasado 13 de diciembre , día en el que
recordamos a Santa Lucía, celebramos el
segundo cumpleaños del Eco de María en
lengua letona. Un agradecimiento a Dios y a
su Santísima Madre llena nuestro corazón
por ello, y con Ella deseamos cantarle su
“Magnificat”.
Toda la aventura con “el pequeño instru-
mento de Maria” inició en noviembre de
2004. Un grupo de peregrinos de varios
lugares de Letonia deseaban ir a Medjugorje
con motivo del aniversario de la muerte del
Padre Slavko, pero a causa de problemas
con los visados, la peregrinación se canceló.
Los peregrinos no quisieron volver a casa en
esos días y decidieron quedarse a rezar en
Riga, en sus iglesias según el espíritu de
Medjugorje. ¡Y fue así que Medjugorje vino
a Letonia! Al final las personas testimonia-
ron haber recibido grandes gracias, como si
hubieran estado en la “tierra bendita”.
Fue justamente en esta “peregrina-
ción” que nació la idea de un periódico
local dirigido a los peregrinos de
Medjugorje. Las personas estaban ansiosas
de saber más sobre este lugar de gracia, de
leer el último mensaje con su comentario, o
conocer la fecha de la próxima peregrina-
ción a Medjugorje.
Entre los peregrinos también estaba el
padre Janis que en aquel tiempo residía en el
monasterio de Viljani. Algunos monjes del
monasterio recibían la edición polaca del
Eco de María que Ewa Jurasz – redactora en
Cracovia- les enviaba. “¿Por qué hacer un
periódico más? ¡Podríamos simplemente
traducir el Eco y añadir unos artículos más
específicos para los peregrinos letones!” Era
la mejor manera de resolver el problema.
Para comprender mejor la voluntad de
Dios fuimos a visitar a nuestro Cardenal
Janis Pujats y le pedimos la bendición para
nuestro periódico. Cuando lo bendijo, tuvi-
mos la certeza que todo esto venía de Dios.
Sólo debíamos resolver pequeños problemas
de practicidad. Nuestro Señor se ocupó
incluso de ellos. La imprenta se hallaba a
solo medio kilómetro del monasterio del
Padre Janis, que fue el primer traductor del
Eco en letón. En él trabajaban ya Emilija y
Silvija, las actuales responsables de la edi-
ción, pero ésta ya es la próxima historia...
Fue así como todo se inició.
Actualmente el Eco en lengua letona
es la única publicación sobre Medjugorje
en nuestro país, que sale regularmente. La
situación por el momento es estable: se
imprimen 1500 copias en una edición men-
sual, en lugar de bimensual, atendiendo la
petición de nuestros lectores que desean leer
el mensaje del mes de la Virgen y su comen-
tario en un breve plazo (no todos tienen
acceso a internet).
Enviamos el Eco a las iglesias en las que
los sacerdotes se abren a los mensajes de
María en Medjugorje (como en otros países
también en Letonia hay división entre sacer-
dotes sobre la autenticidad de las aparicio-
nes de la Reina de la Paz). Una parte de la
distribución la llevan los voluntarios, la otra
llega por correo postal. Toda la financiación
viene a través de los donativos. Por ahora la
mayor parte del trabajo recae sobre Emilija.
Es ella la que se ocupa de la redacción, de
las cuestiones económicas y de la coordina-
ción. Daina y Zinaida traducen del inglés,
“¡Ofreced vuestras vidas!”
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¡El Eco cuenta
también contigo!
Los lectores escriben (y lo dicen también
personas ajenas al periódico) que ECO es
alimento para el alma, ayuda en la fe, es luz
en el ambiente en el que vivimos.
Este periódico que consideramos inspi-
rado por María, trae el bien a mucha gente
en muchos lugares de la tierra. Pensamos que
es alimentado desde lo Alto, porque sólo des-
de lo Alto se originan las cosas buenas. Pero
Dios, para realizar sus planes, se sirve de las
personas. Así, para hacerse hombre, se sirvió
del seno de una Virgen; para dar origen al
pueblo elegido se sirvió de Abraham, sabio
que habitaba muy lejos de la tierra prometi-
da; para divulgar la buena noticia se sirvió de
los apóstoles. Dios podría haber obviado al
hombre en todo esto, pero ha elegido obrar
de esta manera, comportarse como si tuviera
necesidad de él.
También el Eco tiene necesidad del hom-
bre, de su tiempo, de su fe, de sus recursos.
Así que el Eco para vivir, necesita de ti, de
tus oraciones y de tu disponibilidad. Sin tí
no puede continuar porque, evidentemente,
así esta escrito en el plan divino.
Para mantener vivo el ECO ha surgido
la necesidad de recortar costes, entre ellos
los costes de envío, mediante una organiza-
ción distinta de los envíos. Para cualquier
necesidad sobre el tema podréis contactar
con secretaría. Pedimos desde aquí tu gene-
rosa contribución ya que los costes han subi-
do sensiblemente hasta el punto de poner en
riesgo la impresión normal del periódico.
Confiamos en tu oración y contamos con tu
ayuda, también económica, en la medida de
tus posibilidades. María nos bendiga a todos
y nos asista.
P.S.
AUSTRALIA INDIGENA
QUE ORA
El pasado octubre estuve presente en el
XX aniversario del encuentro que tuvo lugar
entre el Papa Juan Pablo II y el pueblo indí-
gena, con ocasión de su visita a nuestra tie-
rra. Más de 600 personas -la mayoría indíge-
nas- vinieron de toda Australia e incluso de
Nueva Zelanda, para esta semana de celebra-
ciones: era una bellísima representación de la
Comunidad Aborigen Católica. Con sus ora-
ciones, sus cantos y danzas -diversas por los
diferentes grupos y tribus- han embellecido
la semana, ya rica en fe, alegría y esperanza,
renovando el sentido de dignidad.
Fue durante la Santa Misa conclusiva
con el Legado Papal, el cardenal Edward
Cassidy, que Dios tocó mi corazón. Había
un hombre, ricamente vestido de colores,
procedente de la comunidad de Puerto
Keats. Él venía por delante como en proce-
sión, trayendo regalos para el nuevo Papa.
En este momento – del aria solemne- no
estaba acompañado ni de la música, ni del
canto, ni de la danza. Era solamente esa
figura solitaria que venía silenciosamente
hacia nosotros (celebrantes).
“He aquí el hombre”- estas palabras del
Evangelio de Juan me venían a la mente,
mientras lo veía venir hacia delante.
Palabras referidas a Jesús en Su Pasión, y
mis ojos se bañaban en lágrimas, mientras
captaba que Jesús estaba entre nosotros.
Aquel hombre, que ahora estaba respetuosa-
mente arrodillado ante el Legado Papal,
representaba la Australia indígena que traía
sus regalos a la Iglesia oficial. En este
momento me parecía ver algo de la humil-
dad de Dios, que continuamente está de
rodillas ante la humanidad, trayendo como
regalo a Su único Hijo.
Mi oración es que podamos conocer más
profundamente este amor de Dios, de Aquel
que nos llama con gran humildad”.
p. David
del ruso y del polaco, mientras que Silvija se
ocupa de la paginación. ¡A menudo todas se
quedan hasta tarde por la noche para termi-
nar el trabajo!
Desde septiembre pasado el ECO en
letón tiene una hermana: la edición en
lengua rusa. L
a idea de traducirlo al ruso
cobijaba ya en nosotros desde hace ya tiem-
po, pero no deseábamos hacerlo publico. Así
que hemos esperado hasta que el Espíritu
Santo nos ha dado el impulso para comen-
zar. Cada vez había mas personas en Rusia
deseosas de leer el Eco. También la traduc-
tora Zinaida estaba preparada... ¡Era el
momento de comenzar! Se imprimieron las
primeras 500 copias y se enviaron a los lec-
tores. Tambien Zenta, profesora de ruso, nos
ayuda con la traducción y el periódico es leí-
do en Letonia,
en Moscú,
en San
Petersburgo y en Siberia. Estamos agradeci-
dos a nuestro joven apóstol Radion que nos
ayuda a contactar en Rusia con personas
interesadas en Medjugorje. Gracias también
a Piero Gottardi que incluye en su página
web la edición en estas dos lenguas.
Por último deseamos dar las gracias a
“los hombres de buena voluntad” que nos
ayudan a realizar el plan de la Reina de la
Paz. Primero a nuestros lectores, que repre-
sentan para nosotros la motivación para tra-
bajar aún más. Gracias especiales por vues-
tras cartas en las que compartís tanto las gra-
cias recibidas como vuestros problemas.
Naturalmente sin ayuda económica no
podríamos publicar nuestro periódico:
¡Gracias por tanto a todos los que nos ayu-
dan espiritual y materialmente!
Nuestros saludos y nuestro amor a todos
los que distribuyen nuestro Eco, así como a
todos los sacerdotes que le dan la bienveni-
da en sus iglesias. ¡Gracias Emilija, Silvija y
todos los traductores por vuestros sacrificios
en estos dos años! Gracias a los empleados
de la imprenta, que trabajan sin parar para
ayudar a la Virgen. ¡Dios os bendiga!
Agradecemos a nuestro párroco, Padre
Joseph, que nos sostiene con buenos conse-
jos y nos echa una mano cuando es necesa-
rio. No podemos olvidar a Maija, la guía de
las peregrinaciones a Medj., siempre muy
cercana y que nos ayuda de muchas mane-
ras. Nuestros mejores deseos para Sor
Stefania, Beverley y todos aquellos que tra-
bajan en la redacción del Eco en Italia
¡Gracias! En estos agradecimientos finales
deseamos incluir de manera especial a Ewa
que desde Polonia nos ha ayudado a iniciar
nuestro trabajo. ¡Dios los bendiga a todos!
El padre Janis actualmente está viviendo
un periodo de discernimiento en la comuni-
dad “Kraljice Mira” en Medjugorje. El
Señor le ayude en esta importante fase de su
camino hacia la consagración. Todos noso-
tros sentimos un profundo vínculo espiritual
con la comunidad fundada por el padre
Tomislav Vlasic y deseamos ofrecer a nues-
tros lectores sus palabras para ayudarles a
comprender con mayor profundidad el signi-
ficado de los mensajes de María y así vivir-
los con mayor plenitud. Pensamos que el
Eco de María no debería ser únicamente una
lectura espiritual sobre la fe católica sino
una verdadera guía del espíritu en el viaje
hacia la vida de la Santisima Trinidad.
El equipo del Eco en Letonia
Villanova M., 25 de enero de 2007
Resp. Ing. Lanzani - Tip. DIPRO (Roncade TV)
“Que el Señor os bendiga y os proteja.
El Señor haga brillar su rostro sobre
vosotros y os sea propicio.
El Señor dirija a vosotros su rostro
y os conceda la paz”.
El Eco de María es gratuito y vive sólo de
donativos que pueden hacerse
por CORREO:
en este número de cuenta:
141 242 226 a nombre de
Eco de María
CP 47 - 31037 LORIA (TV)
por VÍA BANCARIA:
Associazione Eco di Maria
Banco de Valencia
(Gruppo BANCAJA)
IBAN: ES59 0093 0999 1100 0010 2657
Gracias por la ayuda para
difundir el mensaje de María
Para nuevas suscripciones o para modifi-
caciones
en la dirección escribir a la
Secretaría del Eco
CP 47 31037 LORIA (TV)
E- mail: info@ecodimaria.net
Eco en Internet: http://www.ecodimaria.net
Suscripciones: info@ecodimaria.net
E-mail redacción: ecoredazione@infinito.it
Seis millones de peregrinos
en Guadalupe
Con una enorme afluencia calculada en
torno a los seis millones de personas proce-
dentes de todos los rincones de Méjico y del
extranjero acudieron a su cita con ocasión de
la fiesta de la Virgen de Guadalupe en la
Basílica que conmemora las apariciones que
tuvieron lugares hace 475 años a Juan Diego
– refiere el diario Zenit. Un incesante río de
personas se prostró, como cada 12 de
diciembre, a los pies de la “morenita del
Tepeyac”, como la llamaba Juan Pablo II.
La tarde del 11 de diciembre tuvo lugar
la tradicional serenata a la Virgen y el mar-
tes por la mañana al alba se cantaron Las
mañanitas,
canciones tradicionales mejica-
nas con las que se felicita a quien cumple
años o celebra su santo.
Utilizando todo tipo de vehículos, a pie o
en grupos que se acercaron a Guadalupe de
rodillas, los peregrinos llegaron al santuario
mariano más visitado del mundo. Danzas
locales, con representantes de todas las
etnias del País, dieron color a la jornada, con-
firmando el amor hacia la Virgen de
Guadalupe de los cerca de diez millones de
indígenas que viven en el territorio mejicano.
(de Zenit)
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