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www.medjugorje.ws » Eco de Maria Reina de la Paz » Eco de Maria Reina de la Paz 200 (Julio-Agosto 2008)

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Mensaje del 25 de mayo de 2008
“Queridos hijos, en este tiempo de
gracia, en el que Dios me ha permitido
estar con vosotros, os invito de nuevo,
hijitos, a la conversión. Trabajad por la
salvación del mundo especialmente
mientras estoy con vosotros. Dios es
misericordioso y concede gracias espe-
ciales, y por eso, pedidlas por medio de la
oración. Yo estoy con vosotros y no os
dejo solos. Gracias por haber respondido
a mi llamada”.
Trabajad por la
salvación del mundo
“La gracia es el favor, el socorro gratui-
to que Dios nos da para que respondamos a
su invitación: ser hijos de Dios, hijos adop-
tivos, partícipes de la naturaleza divina, de
la vida eterna
(Catecismo de la Iglesia
Católica, n.1996). María es la llena de gra-
cia,
tal como afirma el Ángel Gabriel en su
saludo (Lc 1,28) y como nosotros repetimos
en el Ave María;y el tiempo que estamos
viviendo es un tiempo de gracia, porque
con el don de María nosotros recibimos a la
vez a la Mamá celestial y a la plenitud de
gracia que hay en Ella y que Ella trae
conSigo. A Su presencia en Medjugorje,
que ya es una gran gracia, se añade Su dul-
ce e insistente llamada a acoger el Amor del
Padre, a abandonarse a Su Voluntad, a vivir
la comunión con Él hasta dejarnos confor-
mar a Jesús. También hoy la Madre insiste:
en este tiempo de gracia, en el que Dios
me ha permitido estar con vosotros, os
invito de nuevo, hijitos, a la conversión.
La conversión es el camino de asimila-
ción a Cristo y es una gran gracia pero
necesitada de nuestro libre para que pro-
duzca fruto. No es fácil porque requiere un
cambio de orientación, porque comporta el
ofrecimiento incondicional de uno mismo
sobre el modelo de Jesús y María, pero nos
aseguran su ayuda, y el resultado depende
sólo de nosotros y de nuestra libre acepta-
ción de la Voluntad Divina.
Trabajad de una manera especial por
la salvación del mundo mientras estoy
con vosotros.
Este es el punto principal del
mensaje de hoy. Nuestra conversión perso-
nal, nuestra ascesis de comunión con
Cristo, no se refieren a la esfera personal
sino que engloban a toda la creación. La
salvación del mundo, hecha posible y cier-
ta por la Encarnación, Muerte y
Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo,
no está desvinculada de nuestra salvación
personal y espera nuestro a Dios (cfr.
Rm8, 19-23). Todos estamos llamados a
obrar, a trabajar por la salvación del
mundo.
No importa si se nos llama a traba-
jar tan sólo por una hora o a soportar el
peso de una entera jornada; su recompensa
será según justicia o incluso magnanimidad
(cfr. Mt 20, 1-16). La debilidad de nuestra
naturaleza humana no es un límite, es más,
puede ser nuestra fuerza: cuando soy débil
es entonces cuando soy fuerte,
dice el
Apóstol (2 Cor 12,10), y es también así
para nosotros porque es nuestra debilidad
humana la que nos hace realmente necesita-
dos de Dios, es nuestro vacío el que espera
ser llenado por Él. ¿Quién nos separará del
Amor de Cristo? Nada ni nadie nos podrá
separar del amor de Dios, en Cristo Jesús,
nuestro Señor
(cfr. Rm 8, 35-39); sólo yo
tengo en mí, en mi voluntad, la capacidad
de rechazar ese Amor ¡Qué responsabilidad
tan grande y terrible se nos confía! No se
requieren títulos especiales para trabajar
por la salvación del mundo;
basta con
dejarse guiar por María y esto siempre es
posible pero de forma especial mientras
Ella está con nosotros.
No desaproveche-
mos esta invitación de María; no retrase-
mos nuestra decisión a mañana; podría ser
demasiado tarde. No intentemos valorar
nuestras capacidades, Dios suplirá nuestras
carencias. Dios es misericordioso y conce-
de gracias especiales, y por eso, pedidlas
por medio de la oración. Yo estoy con
vosotros y no os dejo solos.
Tenemos todo
lo necesario, y lo tenemos en abundancia,
¿a qué esperamos?
Nuccio Quattrocchi
Mensaje del 25 de junio de 2008
“Queridos hijos, también hoy con
gran gozo en mi corazón os invito a
seguirme y a escuchar mis mensajes. Sed
gozosos portadores de la paz y del amor
en este mundo sin paz. Yo estoy con voso-
tros y os bendigo a todos con mi Hijo
Jesús Rey de la paz. Gracias por haber
respondido a mi llamada”.
Os invito a seguirme
En el 27 aniversario de Sus apariciones
en Medjugorje, Maria nos sostiene en el
camino hacia Ella y en la escucha de sus
mensajes y lo hace con gran gozo. Es gozo
por la acción de gracia que Dios cumple a
través de Ella, es gozo por la respuesta que
millones de personas en todo el mundo le
han dado siguiéndola y viviendo sus invita-
ciones. Son los hijos más humildes, y por
tanto más disponibles a la fe, son los más
pobres y por tanto, más necesitados de Dios.
Pero esto no es todo; los que La siguen son
personas de todas las categorías sociales,
personas pías y grandes pecadores, niños,
adultos, ancianos, laicos y consagrados.
Dios no se fija en el lugar que ocupas en la
sociedad, ni en tu título de estudios, ni en el
trabajo que desempeñas, ni en el aspecto
físico, ni siquiera en lo que fue de tu pasa-
do. El hombre ve la figura pero Yavé mira al
corazón
(1 Sam 16,7). Dios es Amor y bus-
ca el corazón que sepa acogerlo como
Amor. No importa lo que tú hayas sido has-
ta hoy; si tu corazón no está del todo cerra-
do a Él, si queda aún una espiral abierta,
invítale y El vendrá porque ya te ha alcanza-
do en Cristo, y espera sólo que tú le reco-
nozcas en Él: Si alguno me ama (o sea, abre
su corazón a Mí) guardará mi palabra, y mi
Padre le amará y vendremos a él y en él
haremos morada.
(Jn 14, 23).
Queridos hijos, también hoy con gran
gozo en mi corazón os invito a seguirme
y a escuchar mis mensajes.
Pero la ale-
gría
de María no se refiere sólo al pasado;
está abierta también al futuro; es la alegría
producida por aquellos que desde hoy
comenzarán a seguirla y a escuchar sus
mensajes, es alegría porque también hoy el
Padre le ha permitido hablarnos. El Cielo
está aún abierto; es aún tiempo de gracia;
no te detengas; intenta tomarte en serio lo
que Ella te dice; Ella te lleva a Cristo y en
Él, al Padre; intenta seguirla y escucharla.
Seguidamente experimentarás la paz y el
amor porque Ella es la Reina de la Paz y del
Amor y cuando paz y amor se enciendan en
ti, podrás gozosamente llevarlos y donarlos
a los demás, a aquellos que todavía no los
conocen.
Sed gozosos portadores de la paz y
del amor en este mundo sin paz. Porque
éste es de verdad un mundo sin paz. Si hay
El amor es voluntad de vivir y de
hacer vivir, porque la vida es el pri-
mero de todos los bienes. Y en la
medida en la que ama, la persona
humana se realiza.
(Elena Vergani)
Eco
nu´mero
200
Julio - Agosto
de 2008
- Editado: por Eco di Maria, C.P.
47 - 31037 LORIA (TV)
(Italia) - Tel / fax 0423. 470331
A. 24, N° 7-8; Esd.a.p. art.2,com.20/c, leg.662/96 filiale di MN-Autor.tribun.MN: 8.11.86, ccp 14124226
200
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guerra, obviamente no hay paz. Pero la
ausencia de guerras no significa la paz:
divisiones, vejaciones, violencias, perver-
siones, injusticias pero también ansias,
miedos y preocupaciones no son expresio-
nes de paz y mucho menos de la paz que
Jesús nos ha prometido: La paz os dejo, mi
paz os doy; no como el mundo la da os la
doy yo
(Jn 14, 27). Yo estoy con vosotros y
os bendigo a todos con Mi Hijo Jesús, el
Rey de la Paz.
Baje sobre nosotros y sea
por nosotros acogida esta bendición que
nos trae la verdadera paz, la que anunciaron
los Ángeles de la Natividad de Jesús y defi-
nitivamente ganada tras Su Muerte y
Resurrección. Esta paz que nada ni nadie
nos puede quitar porque es expresión de Su
Presencia en nosotros, en nuestro corazón,
en nuestra alma. Sólo ahuyentándolo de
nosotros perderíamos esta paz, pero María
vela por nosotros y esto no sucederá nunca
porque a pesar de nuestros límites, a pesar
de nuestro mismo pecado, creemos en el
Amor y todo el que crea en Él no permane-
cerá en tinieblas
(cfr Jn 12,46). Mientras
palpite tu corazón, nada está perdido;
donaLe ese latido y El lo sustituirá por el
Suyo y serás hijo en el Hijo. Paz y alegría
en Jesús y María.
N.Q.
Para ti pido el bien
“Por amor de la casa de Yavé, nuestro Dios, te deseo todo bien”. (sal 121)
“Pediré el bien para ti”, afirma el salmista. Es de sabios desear el bien de los demás.
Por ello estamos todos llamados, como dice el salmo, a pedir el bien de los demás, como
hizo Jesús, nuestro Mediador del bien ante el Padre. Pedir el bien del prójimo es como donar
el bien al prójimo. El bien parece como algo que se transmite, como cuando una madre
transmite a su hijito el afecto que siente por él.
Cuando se habla de bien, la mente va hacia algo bello, a las cosas buenas, hacia esas
cosas que sólo provienen de Dios, y que Dios Padre parece haber reunido en Su Hijo. De
este modo, pedir el bien del prójimo, desear el bien al prójimo, es un poco como donar a
Jesús a los demás. Nada debe impedirnos desear el bien de los demás: ni siquiera los acon-
tecimientos adversos de la vida, ni tampoco las personas hostiles.
Este nuestro deseo de bien del prójimo, es como defender del mal a los demás, y a noso-
tros mismos; es como bendecir a los demás y los acontecimientos de la vida. Si obramos
así, nos comportaremos un poco como Dios, que bendice siempre, que siempre dona a
todos, que hace que llueva sobre buenos y malos. Cada una de nuestras acciones, aún la mas
pequeña, debería ser verdadera ocasión de bien para el prójimo. Incuso un simple saludo,
como “Paz y Bien” puede transmitir algo de bien. Tal vez por esto San Francisco pensó en
saludar de este modo. También simples palabras como “te quiero” pueden ser portadoras de
bien. Si llegamos a ser portadores de bien en nuestra vida, no desatenderemos las pequeñas
cosas de esta vida, porque el bien saca alimento incluso de pequeños gestos, de pequeñas
atenciones, de palabras sencillas.
Pidamos a María que nos haga siempre portadores de bien para todos, que nos haga
comprender que el bien de los demás es también bien nuestro, que el mal del prójimo es
también nuestro, porque ningún mal del prójimo puede ser bien nuestro. PidámosLe de nue-
vo que nos done un ánimo atento a escoger las acciones que llevan el bien a los demás, sin
distinción de personas. De este modo, nuestra vida, tal vez, cambiará, y con la nuestra tam-
bién la de los demás.
P
ENSAMIENTOS
S
ENCILLOS
de Pietro Squassabia
Queridísimos, con este artículo termina
esta pequeña y simple serie de meditaciones
sobre las Letanías Lauretanas, que nos ha
acompañado en este periodo. Agradezco al
Señor que con esta ocasión nos ha dado a
todos, a mí el primero, la oportunidad de
reflexionar sobre las invocaciones y los títu-
los más bellos que la piedad cristiana ha
sabido dar a la Virgen Santísima.
En este artículo quiero detenerme a
reflexionar sobre las dos últimas invocacio-
nes que se recitan en las Letanías: Reina de
la familia y Reina de la paz.
Reina de la familia
Esta invocación trae consigo una dulzura que
nos abre de par en par el corazón; nos hace
contemplar a la Virgen Santísima mientras
vive su “vocación”, fundamento éste que es la
base común entre todas las demás elecciones
de María. La de Esposa del justo José, preci-
samente en función del plan redentor que pre-
veía el nacimiento del Hijo unigénito como
perfecto hombre, y por tanto hijo de una
mamá y de un papá como los demás hombres.
Por eso invocar a María como Reina de la
familia es reconocerle esta vocación suya,
vivida con la máxima disponibilidad y dona-
ción. Creo que esta invocación, querida por el
Santo Padre constatando la belleza y la gran-
deza de la familia como “pequeña iglesia
doméstica”, donde se realiza el proyecto de
amor, de colaboración por parte del hombre y
de la mujer con Dios, es invocar a María y a
José para que cada familia sea un lugar ben-
dito, santo y santificante para los hijos que el
Señor dona a los esposos.
Sabemos de qué manera se ataca hoy día
a la institución del matrimonio: tan divino,
por ser imagen de la misma Trinidad, y tan
humano, por ser el único lugar donde este
amor divino se encuentra con el amor del
hombre. Por ello es justo que invoquemos a
Ella, la Virgen Santa, como Reina de todas
nuestras familias.
Reina de la paz
Esta invocación resuena siempre en el
corazón de los cristianos precisamente por-
que, como discípulos de Cristo, son desde
siempre perseguidos; pero ésta es más que
una oración que la cristianidad eleva a la
Santísima Virgen para que haya paz entre
todos los pueblos. Ésta es una invocación
insertada por vez primera en las letanías por
el Papa Benedicto XV, en 1917. Aquellos
eran tiempos donde en Europa se combatía
la primera guerra mundial, que concluyó
con un balance de millones de víctimas.
Eran tiempos en los que Rusia fue trastor-
nada por la revolución que llevó al poder al
comunismo que, como dijo la Virgen en
Fátima, habría propagado graves errores en
la mente y en los corazones de las personas,
y mucho sufrimiento a la Iglesia.
Me gusta subrayar la providencial coinci-
dencia entre las apariciones de Fátima, donde
la Virgen pidió que se recitara el Santo
Rosario para detener la guerra y para que el
Papa insertara precisamente la invocación a
la Reina de la Paz en las letanías. Pero aún
hoy este título es especialmente querido no
sólo por toda la cristiandad, sino también por
la misma Virgen María. Desde 1981, de
hecho, apareciéndose en Medjugorje, la
Virgen se presenta como “Reina de la Paz”.
¡Cuánto nos consuela esta invocación a
nosotros que estamos siempre al borde de la
destrucción, siempre listos para destruirlo
todo y a todos y así alimentar nuestra ansia de
poder. Es confortante que desde el Cielo
nuestra Santa Madre nos recuerde que Ella es
la que vela por nuestros hijos y por nuestras
familias; y que siempre es Ella la que se hace
mensajera de esa paz que nace del Corazón
del “Príncipe de la paz”, Cristo Señor. Paz
que no tendrá nunca fin, paz que nos hace
vivir la misma vida de Dios. Paz proclamada
por el coro de los ángeles aquella noche de
Navidad, donde el Dios hecho niño ha nacido
para nosotros en la más santa de las familias.
Concluyamo
L
AS
L
ETANIAS
...
del P. Ludovico Maria Centra
“El Santo Rosario no es una práctica
relegada al pasado”, comenta concluyendo
el mes de Mayo el Santo Padre, “sino una
oración que trae paz y reconciliación. En la
experiencia de mi generación las tardes de
mayo evocan dulces recuerdos ligados a las
citas vespertinas que rendían homenaje a la
Virgen (...) Hoy, todos juntos, confirmamos
que el Santo Rosario no es una práctica rele-
gada al pasado, ni oración de otros tiempos
nostálgicos (...) El Rosario está, en cambio,
conociendo casi una nueva primavera. Éste
es sin duda uno de los signos más elocuen-
tes del amor que las nuevas generaciones
nutren por Jesús y por su Madre Maria.
En el mundo actual tan disperso, esta
oración ayuda a poner a Cristo en el cen-
tro, como hacía la Virgen, que meditaba
interiormente todo lo que se decía sobre su
Hijo y después todo lo que Él hacía y decía
(...) Que María nos ayude a acoger la gra-
cia que proviene de estos misterios, para
que a través nuestro pueda “regar” la
sociedad, comenzando por las relaciones
cotidianas, y purificarla de tantas fuer-
zas negativas, abriéndola a la novedad
de Dios.
El Rosario, cuando se reza de
modo auténtico, no mecánico ni superficial
sino profundo, trae, sin duda, paz y recon-
ciliación. Contiene en sí la potencia sana-
dora del Nombre Santísimo de Jesús, invo-
cado con fe y con amor en el centro de
cada Ave María”.
Benedicto XVI
“El Rosario está
conociendo una
nueva primavera”
2
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¡Estamos en
el Doscientos!
de Stefania Consoli
¡Quién sabe porqué los números redon-
dos hacen más efecto que el resto de núme-
ros! A veces parecen a primera vista más
importantes. En realidad, todas las etapas
son importantes, por ser únicas e irrepeti-
bles, dada la variedad de factores que las
componen. En cambio, cuando una fecha se
nos presenta seguida por unos ceros, de
algún modo se celebra más. Surge luego,
espontáneamente, el deseo de detenerse por
un instante para mirar atrás y hacer un
pequeño balance, para luego enseguida alar-
gar la mirada hacia el horizonte futuro,
hecho de cosas esperadas, aún no vistas, en
espera de lo mejor.
Es lo que sucede en esta edición de Eco,
marcado por una cifra sonada: ¡El número
doscientos! Sí, doscientas veces ha salido el
pequeño Eco de las rotativas de la imprenta
para entrar en las casas, en los bolsillos y tal
vez en los corazones de muchas personas en
todo el mundo, como hoja llevada por el
viento, a veces por brisas desconocidas.
Muy variados son los caminos que recorre
Eco, a veces imprevisibles y casuales.
En realidad es una mano liviana pero
potente que lo empuja a cada rincón del
mundo para llevar pequeñas semillas de fe a
las almas sedientas de Dios. Es la mano de
María, la Reina. Es Ella la que dirige cada
palabra que vamos a escribir, la Madre que
con atención nos anima a seguir nuestro
camino incluso cuando todo parece adverso
e imposible. Ella ha inspirado el nacimiento
de este periódico y Ella lo lleva adelante; de
esto estamos absolutamente seguros. Y lo
experimentamos cada vez que el periódico
se planifica, cuando en la mente se crea un
vacío absoluto y no se hallan ideas y conte-
nidos. No queda más que rezar entonces,
tocar al Corazón de María y esperar que sea
Ella quien “dirija” a la redacción. Lo expe-
rimentamos incluso cuando los gastos supe-
ran nuestros presupuestos y nos pregunta-
mos si podremos llevar a imprimir “el próxi-
mo numero”....De manera misteriosa pero
concreta siempre reunimos la suma necesa-
ria para publicarlo. Y luego las traducciones
en muchos idiomas, el compromiso de esos
hermanos y hermanas que con generosidad
prestan su tiempo y su ingenio para hacer
hablar a Eco en distintas naciones; hay que
coordinarse, entenderse, exhortarse... Pero
es bajo Su manto, el de María, que todo esto
sucede, y entonces todo resulta fácil, basta
solo con abandonarse. Y creer.
Doscientos, pues. Quiere decir muchos
años. Mirando atrás y haciendo “balance”,
el pensamiento se va enseguida a Don
Angelo que ha generado y hecho crecer el
Eco como una madre providencial, luchan-
do a veces como un león cuando las dificul-
tades lo acorralaban, incluida su salud que
lentamente le “arrancaba” literalmente el
bolígrafo de sus manos.
Pero si nuestro periódico continúa exis-
tiendo es sólo porque sigue siendo “eco” de
un evento que fielmente se repite y continúa
enriqueciendo nuestros días: las apariciones
de la Virgen en Medjugorje. Esto es pues lo
que debemos celebrar: una gracia especial
acordada por el Cielo y de la que tal vez no
hayamos comprendido bien su significado.
Y pensamos que sea indicativo que esta
nuestra celebración coincida con la fecha
del 27 aniversario de las apariciones de la
Reina de la Paz. También de esto, podemos
decir, el periódico se hace “eco”.
Y por fin, miremos al futuro, confiando
una vez más nuestro periódico a María, jun-
to al deseo de que éste sea siempre reflejo
limpio de su gracia. Consagramos a Ella a
todos los colaboradores, a los voluntarios,
pero sobre todo a los lectores que siguen
sintiendo estima y agradecimiento, revelan-
do así su deseo de crecer en la escuela de la
Madre de Dios. Agradecemos pues al Señor
que aún hoy “permite a María estar con
nosotros y no dejarnos solos”.
Un cumpleaños importante para el Eco....
L
L A M A D O S A L A
C
O M U N I Ó N
Parece como si el Eco hubiera sido inspirado desde lo Alto, no ya para transmitir una
sabiduría, sino para crear comunión. Tal vez sea esa la llamada de nuestro pequeño periódi-
co: ser humilde instrumento en las manos de María para generar hermandad en Dios, para
crear unidad de propósitos y verdadera comunión en un único Espíritu.
Incluso por la correspondencia que nos llega, se intuye esto. La lectura por sí sola, sin
la comunión, no produce frutos. Sí, los árboles que María parece haber plantado con su
sabia mano entre nosotros, no están en condiciones de dar fruto sin el abono de la comu-
nión. Es verdad que habitamos tierras muy lejanas entre sí, pero la comunión supera cual-
quier distancia, cualquier barrera; no está condicionada por las lenguas, por las culturas o
por las costumbres. La comunión crea amistad entre nosotros y amistad con Dios. Dios es
Comunión y parece transmitir Su poderío y su amor a los que viven en comunión.
Ciertamente si vivimos la comunión entre nosotros, sabremos transmitirla también a los
demás, tal vez a muchos, porque la comunión es fuerte, es valiente, posee el poder de Dios.
Y así el Eco, a pesar de ser un pequeño periódico, está llamado a crear un enlace fuerte y
fraterno entre nosotros, una comunión verdadera de amor entre el Cielo y la tierra. De este
modo haremos sitio a Jesús ya aquí en la tierra porque Él, como ya nos dijo, está presente
donde hay comunión. Ésta, además, siendo energía de amor, contagia a los demás, y hace
bellos a todos, también al Eco, que por sí solo sería poca cosa. El pequeño Eco es tal vez
querido por la Madre precisamente porque acerca a sí a tanta gente para caminar en unión,
y no aisladamente, por el sendero indicado por Ella, que es el mismo que nos indicó su Hijo.
Entonces podremos decir que Eco se embellece por el amor del que lo lee y del que lo
acompaña con la oración y su ayuda, en unidad de Espíritu; por el amor de quien lo escri-
be y le dedica tiempo, en unidad de Espíritu. Si hacemos esto, ciertamente dejaremos obrar
a María, que hace bellas todas las cosas, a ejemplo de Jesús.
Pietro Squassabia
T
ras doscientos números
la mirada se hace profunda
de Don Alberto Bertozzi
Doscientos números de Eco son una
bella meta podría decir cualquiera que esté
inserto en los mecanismos que regulan el
mundo de la imprenta. Si una publicación
como la nuestra llega a esta “edad” quiere
decir que quien escribe y quien lee da y reci-
be algo importante y útil.
Os invito sin embargo a ir más allá de
esta consideración nada banal.
¿Qué me queda de estos doscientos?
¿Cuántas palabras, cuánto empeño y
dedicación y, sobre todo, cuánto amor ha
pasado? Y ¿cuánto permanece en mí? Desde
María, madre de Dios, hasta las palabras que
nos comunica, hasta los que traducen y
comentan, se ha puesto en marcha una ope-
ración de anuncio de oración y de caridad
que han dado fruto. Yo estoy llamado en mi
conciencia de hombre, de creyente y de
sacerdote a verificar qué es lo que ha cam-
biado en mí. Me acuerdo de la parábola del
sembrador (y de la semilla) que concluye:
“con el treinta, con el sesenta...”
No quiero proponer un examen de con-
ciencia para reducirlo a “contabilidad del
alma”. No se puede medir el bien en térmi-
nos de cantidad. Cierto...Pero la calidad se
intuye. Es más, la ven las personas cercanas
a nosotros. Intentemos recordar o de estar
atentos ante frases como “desde que lees Eco
has cambiado...”, “gracias por traerme el
periódico...”; “reza por mí, sé que la Virgen
te escucha...” ¿Os ha ocurrido esto? Bien.
Todos los dedicados a Eco, desde la redac-
ción a la secretaría, a los traductores, a los
que lo envían, a los distribuidores y al más
pequeño de los lectores: ¡Festejémoslo! A la
manera de María, que movida por el Espíritu,
canta con la humildad que le es propia, las
obras de Dios, no su grandeza, ni su fe.
Maria, ayúdanos a exultar como tú lo haces.
¿No me ha quedado nada?
Puede que se dé el caso. A pesar de los
muchos dones y las numerosas llamadas que
puede haber traído Eco, puede que uno haya
permanecido igual, quieto en la casilla de
salida. O bien que haya salido con entusias-
mo y luego, por motivos dispares, se haya
empantanado. Esto no es un chiste: ésta es la
realidad de muchos. Pienso en muchos jóve-
nes.. “Tras doscientos ejemplares, soy peor
que antes...” Bien, si llegas a decirlo, acom-
pañando tus palabras con una lágrima,
mejor. Si llegas a sentir que la herida quema,
agradece conmigo a la Señora que no se ha
cansado de ti y continúa- como toda madre-
a decirte las mismas cosas. Habrá segura-
mente una palabra que se habrá quedado en
tu corazón. Empieza por ella, “tan sólo una
palabra, y yo seré salvado” y ten la certeza
que ni la Santa Trinidad ni María te van a
abandonar. Me parece que Don Angelo,
seguramente con palabras más ardientes, me
habría dicho las mismas cosas. Es más, me
las llegó a decir antes del primer ejemplar.
Estoy seguro que vosotros, lectores de Eco,
le dais una gran alegría también a él.
3
Eco 200
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“Es un placer anunciaros oficialmente
que al apóstol San Pablo dedicaremos un
especial año jubilar, desde el 28 de junio de
2008 al 29 de junio de 2009 con ocasión
del bimilenario de su nacimiento!”
Seguramente la alegría con la que
Benedicto XVI ha proclamado este evento
no es una apariencia formal, porque el
encuentro con Pablo de Tarso - el Apóstol
que mejor que ningún otro ha sabido expre-
sar la universalidad del mensaje de Cristo -
no puede sino alegrar el corazón de todos.
Sus cartas, de hecho, destinadas a persona-
jes concretos, nos interpelan personalmen-
te, nos hacen sentir “amigos” suyos, casi
familiares, destinatarios únicos de esas
misivas. Estaban dirigidas a grupos de gen-
te que vivió una época y una mentalidad
muy lejana a la nuestra, si bien las sentimos
muy cercanas, modernas y siempre nuevas.
¿Quién de nosotros no se encuentra a sí
mismo leyendo las famosas epístolas?
¿Quién el que se queda indiferente frente a
las numerosas solicitudes que San Pablo
nos ofrece con una ansiedad casi “mater-
nal”, en el deseo de llevar al hombre a res-
ponder a Su Señor?
El redescubrimiento de esta luminosa
figura y sus cartas es uno de los objetivos
que la Iglesia se propone durante este año,
rico de numerosas iniciativas de las que en
su momento tendremos ocasión de hablar:
encuentros, peregrinaciones siguiendo las
huellas de San Pablo, coloquios con otras
Comunidades cristianas, una liturgia espe-
cial ante la tumba del Apóstol y ante sus
cadenas que, según la tradición, le mantu-
vieron prisionero en Roma. Esta valiosa
reliquia está ahora expuesta en una teca ilu-
minada junto a su sepulcro en la Basílica
Papal de San Pablo fuera de las Murallas.
“Este año para todos nosotros este templo
debe transformarse en una nueva Damasco,
en un templo de verdadera conversión”, afir-
ma en una Carta pastoral para el Año
Paulino el obispo de Cartagena, Mons. Juan
Antonio Reig Pla, “...invito a todos a dejar-
se invadir por el mismo fuego que quemaba
interiormente a San Pablo y que no le permi-
tía quedarse quieto en un solo sitio.”
red.
El anuncio de San Pablo
en la luz de María
de Giuseppe Ferraro
A primera vista podría parecer que el
anuncio de San Pablo, más que en otros
autores inspirados, deje en la sombra la
figura y la función de María. De Ella, de
hecho, en los escritos del Apóstol, no se
hace referencia directa, sino bastante margi-
nal, como en la carta a los Gálatas: “mas al
llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios
a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la
Ley.” (Gal 4,4). En realidad, analizándolo en
profundidad, no se nos escapa que entre las
fulgurantes intuiciones proféticas del
Apóstol y el humilde mensaje de la Reina de
la Paz hay asombrosas convergencias. Es
ante todo, muy significativo que la única
referencia explícita y directa a un pasaje de
la Sagrada Escritura presente en el mensaje
de la Reina de la Paz, esté reservado a un
escrito fundamental del Apostol: “…
Glorificad a Dios, mis queridos hijos, con el
Himno a la Caridad (Cor 13), para que el
amor de Dios pueda crecer en vosotros día a
día hasta su total plenitud.” (Mens. 25.6.88).
Para conocer el valor de estas referen-
cias, debemos recordar que María nos invita
a releer la Sagrada Escritura a la luz de Su
presencia extraordinaria en el mundo: Si
oráis, Dios os ayudará a descubrir la verda-
dera razón de mi venida. Por eso, hijos, orad
y leed las Sagradas Escrituras, de tal mane-
ra que por medio de mi venida, descubráis
en las Sagradas Escrituras el mensaje para
vosotros.
(Mens. 25.6.91). Es ésta una llave
valiosa que Ella nos dona para iluminar, por
un lado, el verdadero significado de Su pre-
sencia, un “signo grandioso” (Ap 13,1) que
se coloca a pleno título en el horizonte de la
historia de la salvación y del camino de la
Iglesia en este tiempo y , por otro lado, que
nos consiente releer de manera nueva y sor-
prendentemente actual la Palabra de Dios,
llevando a la luz aspectos fundamentales,
hasta hoy apenas señalados. Se dibuja de
este modo una extraordinaria y a primera
vista insospechada, sintonía entre el men-
saje de la Reina de la Paz y los contenidos
básicos del anuncio de San Pablo.
La Virgen nos invita a glorificar a Dios,
sumergiéndonos plenamente en “el amor
que es leal y agradable a Dios...”
(Mens.
25.6.88), que “lo acepta todo, aún lo que es
duro y amargo por amor a Jesús que es
Amor” (ibidem).
Es ésta aquella “caridad”
que baja de lo Alto, que San Pablo canta
admirablemente en la Carta a los Corintios:
“La caridad es paciente, es benigna, no es
envidiosa, no es jactanciosa, no se hincha;
no es descortés, no busca lo suyo, no se irri-
ta, no piensa mal; no se alegra de la injusti-
cia, se complace en la verdad; todo lo excu-
sa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tole-
ra” (Cor 13, 4-7). Éste es el camino de ofre-
cimiento total de la vida al Padre, que María
ha recorrido de modo perfecto y sobre el
que no se cansa de llamar a sus hijos, para
unirlos cada vez más estrechamente al
Corazón de Aquel que “a pesar de tener la
forma de Dios, no reputó como botín (codi-
ciable) el ser igual a Dios, antes se anonadó,
... y así por el aspecto, siendo reconocido
como hombre, se humilló, haciéndose obe-
diente hasta la muerte, y muerte de cruz, por
lo cual Dios le exaltó..” (Fil 2, 6-9).
Colocando esta analogías en el contexto
de los capítulos centrales de la Carta a los
Corintios, se refuerza la sustancial conver-
gencia entre el fulgurante anuncio profético
del Apóstol y el nivel profundo del mensaje
de la Reina de la Paz, que ilumina con luz
nueva “la verdadera razón de su venida”
(Mens. 25.6.91). De hecho, la presencia de
María en Medjugorje se inscribe sin duda
en una tonalidad claramente apocalíptica,
proyectada en el horizonte de la segunda
venida de Cristo y del cumplimiento final
de la obra de la salvación. (Estas aparicio-
nes mías aquí en Medjugorje son las últi-
mas para la humanidad. ¡Daos prisa en
convertiros!-
Mens. 17.4.82, etc.) Ella, de
hecho, es enviada para regenerar a los
miembros del Cuerpo Místico del Hijo,
para preparar a la Iglesia de la tierra a la
gran misión que , por inescrutable “misterio
de Su voluntad” (Ef 1, 9), Dios le ha confia-
do desde la eternidad, o sea que a través de
Ella se cumpla la definitiva “recapitulación
en Cristo de todas las cosas, tanto las del
cielo como las de la tierra” (Ef 1,10). Es
éste “un tiempo nuevo...que Dios os da
como gracia, a fin de que lleguéis a cono-
cerlo más a El.
(Mens. 25.1.93), del que
nos habla Maria en sus mensajes y hacia el
cual nos lleva con sabiduría.
Éste conocimiento pleno e inmediato
del Padre, al que nos quiere llevar la Reina
de la Paz, es la condición celestial que Ella
ya experimenta en plenitud de la perfecta
comunión trinitaria, una meta que la Iglesia
de la tierra es hoy llamada ineludiblemente
a alcanzar, un paso absolutamente necesa-
rio para poder llevar la vida y el amor de
Dios a toda la creación , para que el univer-
so entero sea plenamente reintegrado en
Cristo.
Es éste también el sentido profundo del
camino de ofrecimiento total al que nos
llama la Reina de la Paz en sus mensajes,
el único camino capaz de unir en Ella el
Corazón de la Iglesia al del Hijo, única
fuente viva y eterna de esa caridad descrita
por San Pablo. De hecho, sólo de esta rela-
ción viva e inmediata de la Iglesia y de sus
miembros con el misterio de Cristo se pue-
de generar el cumplimiento de la obra de la
salvación del mundo. No por casualidad el
Apóstol, en el capítulo XIII de la carta a los
Corintios, coloca esta realidad final inme-
diatamente después del “Himno a la
Caridad”: “La caridad no tendrá fin. Las
profecías desaparecerán, el don de lenguas
cesará y la ciencia se desvanecerá... Ahora
conozco de modo imperfecto, pero entonces
conoceré perfectamente,
como también yo
soy conocido. Éstas son pues las tres cosas
que permanecen: la fe, la esperanza y la
caridad, pero de éstas la mas grande es la
caridad” (Ef 13, 6-9).
Para todos nosotros que hemos encon-
trado la gracia de la Reina de la Paz en
Medjugorje esta experiencia viva e inmedia-
ta del misterio de Dios que quiere revelarse
con intensidad nueva al alma, representa en
diversos modos la experiencia mas común y
básica. Es éste un sello de los nuevos cielos
y de la tierra nueva que María anuncia y que
se hace más perceptible y enfocado cuanto
más acepta el alma ofrecerse a Dios a través
de su Corazón Inmaculado. Una señal ine-
quívoca del aproximarse del tiempo profeti-
zado por San Pablo, cuando cesarán todas
las mediaciones:
“cuando vendrá lo que es
perfecto, lo imperfecto desaparecerá”. Es
éste el verdadero triunfo del Corazón
Inmaculado de María, cuando el misterio de
la perfecta comunión con la vida trinitaria,
ya realizado en Ella perfectamente, se cum-
plirá plenamente también en la Iglesia de la
tierra y en el entero universo.
Se realizará entonces finalmente el gran
anuncio del Apóstol: “ Así también en
Cristo somos todos vivificados... luego, los
de Cristo, cuando Él venga; después será el
fin, cuando entregue a Dios Padre el rei-
no....Pues es preciso que El reine hasta
poner a todos sus enemigos bajo sus pies. “
(Cor 15, 23-25).
COMIENZA EL AÑO DEDICADO A SAN PABLO
COMIENZA EL AÑO DEDICADO A SAN PABLO
4
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TUS SIGNOS
SON SEMILLAS
Aliento de paz y de amor,
brisa de Paraíso que nace en el corazón,
pronto mi propia respiración.
Este es el signo recogido en Medjugorje,
esto lo que en el corazón ha queda-
do.Ningún hecho clamoroso
ni extraordinario,
ni signos del sol o en el cielo
por muchos admirados,
sólo brisa ligera y perfume de pureza:
Tu Mano sobre mi alma,
caricia de paz y de salvación.
Y los signos se hacen semillas.
Y las semillas poco a poco,
con el tiempo, florecen
y emanan Tu perfume.
La respuesta de amor de un hijo,
tan buscada y esperada,
lentamente madura un tímido Sí.
Ahora todo ha cambiado, aunque todo
parece que igual ha quedado.
Ahora ya nada es como antes.
Ahora Tú, María, vives en el alma mía
y paciente esperas mi total e incondicional Sí.
Una caricia más, María,
Tú que te llevas todo lo que yo poseo.
Coge todo, tómame a mi, María,
y hazme don para Jesús.
Oh Madre mía, todo tuyo, no mas mío.
Que en Ti se consuma el alma mía,
profecía de Amor, dulzura mía.
¡Ave María! ¡Ave María!
(Anónimo)
Sucede en Medjugorje...
E
L MES DE LA
G
OSPA
Acaba de finalizar el mes
del Sagrado Corazón, el mes
de grandes santos como
Antonio, Luis Gonzaga,
Juan Bautista, Pedro y Pablo
y desde hace años para
muchos fieles es también el
mes de la Gospa, mes en el
que agradecer de manera
especial todas las cosas estu-
pendas que María ha obrado
a través de su especial pre-
sencia aquí en Medjugorje.
Es también un mes en el que
es normal “hacer balance”
del año que concluye. Para
nosotros es el vigesimosép-
timo año de gracia
y la
Virgen nos recuerda todavía
que este tiempo es un
don....¿lo estamos aprovechando?
L
OS
OBREROS
DEL
A
NIVERSARIO
En Medjugorje junio es también mes de
grandes preparativos; en la primera mitad
del mes se puede respirar una especie de
“calma antes del ciclón”: todo el mundo está
en cierto modo implicado en esta prepara-
ción para el gran evento: los frailes, el coro
parroquial, las comunidades, los hoteles y
sus empleados, los comerciantes e incluso
aquellos que se preparan a hospedar dos o
tres invitados en su casa. Si se vive de este
modo, es bonito vivir en comunión esta pre-
paración, una comunión amplia que abarca
todo el pueblo...quizás no seamos todos
conscientes de ello en cada momento de la
jornada, pero ¿no estamos en cierto modo
trabajando para y con María?
P
ROGRAMAS
V
ERANIEGOS
,
DENSOS
Y
C
AUTIVADORES
Tras el Aniversario, el tiempo veraniego
transcurre rápido e intenso entre un evento y
otro: si a mediados de julio hay a veces
menos visitas, se puede de todos modos
decir que hasta octubre Medjugorje estará
en plena actividad y con gran movimiento
de peregrinos. Justo después del 25 de junio
viene otra oleada de peregrinos para el 2 de
julio, día de la especial aparición de la
Virgen a Mirjana; siguen luego los ejerci-
cios espirituales para los sacerdotes, el festi-
val de los jóvenes, que año tras año cuenta
con mas presencias, luego viene la solemni-
dad de la Asunción de María al Cielo y más
tarde la fiesta de la exaltación de la cruz,
fiesta que aquí en Hercegovina es muy
popular y que por vieja tradición se anticipa
al domingo que precede la fecha litúrgica
del 14 de septiembre.
E
N EL
C
ALOR
... R
EPOSO
No tarda en llegar el habitual calor que
hace inconfundible el verano en
Hercegovina. Si julio suele ser de tiempo
variable, en agosto el sol es siempre abrasa-
dor e implacable. Los peregrinos, pues, para
poder escalar las santas montañas deben
partir pronto por la mañana
o bien esperar que la noche
atenúe un poco el calor
diurno. Al amanecer en el
Krizevac corre una brisa
especial, y el sol, subiendo
hacia nordeste, alarga sus
rayos directamente sobre el
caminito que sube timida-
mente por el recio monte.
Es cuando los matorrales y
los árboles, la tierra, las
piedras y las cruces van
tomando un color más
intenso y vivo, despertando
del torpor de las tinieblas.
Todo se colorea luego con
la luz serena del nuevo día,
y también el alma parece
recibir esa misma luz de
esperanza lista para hacer
frente a la jornada con los
ojos renovados por el amor de Cristo que
por nosotros se inmoló en la cruz hasta la
muerte. ¿Podríamos tal vez mostrarnos
rebeldes al encontrarnos con esas cruces
nuestras cotidianas que nos esperan al pie de
la montaña? El será en nosotros fuerza y
amor y María completará en nosotros la
obra del Espíritu de Dios, Espíritu de humil-
dad, Espíritu de verdadero Amor de dona-
ción y de sacrificio.
L
A APARICIÓN EN LA
N
OCHE
Durante casi todo el verano se da tam-
bién la aparición especial al vidente Ivan,
dos veces por semana a las diez de la noche,
a veces en la cima del Podbrdo, otras a los
pies de la colina junto a la Cruz azul, puesta
como recuerdo de la primera aparición del
24 de junio de 1981.
Si los peregrinos consiguen mantener el
silencio y el recogimiento, esta oración noc-
turna es una experiencia inolvidable marca-
da por la intimidad profunda que cada alma
puede experimentar en este especial encuen-
tro con la Madre. También llegando justo
antes de la aparición, se nos llama a custo-
diar el recogimiento que reina entre los fie-
les ya reunidos, el rosario continúa entre
algún canto susurrado; luego a las diez hay
esos siete o diez minutos de conmovedor
silencio. Entonces Ivan, con su tenue voz
explica con pocas palabras lo sucedido. A
veces María se presenta feliz, otras deja
entrever algo de tristeza pidiendo que se ore
por determinadas personas o situaciones.
Casi siempre se dirige a nosotros llamándo-
nos “queridos hijos” y antes de volver al
Cielo nos bendice.
María está siempre con nosotros. Estos
encuentros fugaces deben entenderse como
una ayuda, un despertar del alma para
aprender a vivir en la concienciación de que
la Virgen nos ha llamado y nos ama perso-
nalmente; cada una de nuestras pequeñas
oraciones es muy valiosa ante sus ojos y
¡Cuanto desea Ella vernos siempre felices,
siempre conocedores de Su presencia entre
nosotros, siempre mirando a las cosas del
Cielo!
Francesco Cavagna
Mensaje a Mirjana
del 2 de Junio de 2008
“Queridos hijos, yo estoy con vosotros
por la gracia de Dios, para haceros grandes,
grandes en la fe y en el amor, a todos voso-
tros. A vosotros, cuyos corazones se han vuel-
to duros como piedra por el pecado y la cul-
pa* y deseo iluminaros a vosotros, almas
devotas, con una nueva luz. Orad para que mi
oración encuentre los corazones abiertos
para que pueda iluminarlos con la fuerza de
la fe y abrir caminos de amor y de esperanza.
Sed perseverantes, yo estaré con vosotros”.
* Mientras decía esto, la Virgen miraba a los
presentes a quienes se refería, con expresión
de dolor y lágrimas en sus ojos.
La Aparición a Ivanka
Con ocasión de la última aparición coti-
diana del 7 de mayo de 1985 la Virgen, reve-
lándole el décimo y último secreto, dijo a
Ivanka que por el resto de su vida tendría una
aparición al año en el día del Aniversario.
Así ha sucedido también este año.
Ivanka tuvo la aparición en su casa, y
duró 6 minutos. Estaban presentes única-
mente la familia de Ivanka, su marido y sus
tres hijos. Después de la aparición, la viden-
te Ivanka dijo: “La Virgen me ha hablado
del noveno secreto
. Nos ha dado la bendi-
ción maternal”.
5
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Orar juntos,
en grupo
En este tiempo el Señor está despertando
muchas almas a la fe; también a través de
María Santísima está indicando un camino
siempre más concreto de conversión y de
santidad. Quien es tocado por la gracia y se
decide por Dios reconoce su intervención y
está listo para ofrecerse respondiendo en
libertad a la invitación de Dios, tomando un
camino de fe más serio. La iniciativa es de
Dios, la respuesta está en el hombre: sentir-
se bendecido y acogido en los brazos de un
Padre que desea atraer a sí a cada hijo, por-
que “en El nos eligió antes de la constitu-
ción del mundo para que fuésemos santos e
inmaculados ante El en caridad”
(Ef. 1, 4).
Es un camino que implica a todo el pueblo
de Dios. Es necesario entonces que cada uno
sienta la responsabilidad hacia sus propios
hermanos, redimidos de igual modo por la
sangre de Cristo. Especialmente cuando
rezamos, nos sentimos parte del cuerpo mís-
tico de Cristo, en el que la gracia de Dios
fluye junto a la oración y al ofrecimiento de
cada uno. La Iglesia de los santos que vive
ya plenamente en Dios y las almas que espe-
ran todavía ser purificadas en el Purgatorio
son una realidad concreta que debemos lle-
var en la oración.
“Orar juntos” significa pues sentirse en
comunión con cada criatura, cercana o leja-
na a nosotros en el tiempo y en el espacio, y
no sólo reunirse para un encuentro de ora-
ción, como habitualmente se entiende. Es
necesario crecer en armonía con los demás
en el Espíritu Santo, a través de Jesucristo, si
no es asi, siempre hay el riesgo de caer en el
individualismo, incluso en la fe.
El grupo de oración:
forja de comunión
Vivir la comunión en Dios es el don más
grande y la cosa más difícil, pero es el fruto
del camino espiritual y signo de madurez. El
modelo para nosotros es la Santísima
Trinidad, donde la vida fluye y se genera
continuamente entre el Padre, el Hijo y el
Espíritu Santo. Hay quien tiene oportunidad
de vivir esta experiencia en comunidad reli-
giosa, quien en una parroquia, en un movi-
miento, en un grupo de oración o en familia.
El punto de partida es que la persona se deci-
da por Dios, esté disponible a dejarse guiar y
transformar por el Espíritu Santo, que siem-
pre abre caminos nuevos, dándonos fuerza y
gracia; que sea humilde, disponible a escu-
char y al sacrificio y sobre todo deseosa de
ofrecerse a Dios por completo, poniendo a
disposición de los hermanos los dones que ha
recibido gratuitamente de El. Todo esto se
aprende poco a poco, a través de un camino
de conversión personal y comunitario.
Encontrarse para orar juntos es un momento
esencial, que consolida la unión con Dios y
la comunión con los demás hermanos. La
cumbre es la participación viva en el sacrifi-
cio eucarístico: ofrecerse sobre el altar junto
a Jesús, Cordero inmolado, obteniendo de Él
luz y fuerza para nuestro camino cotidiano.
Es modelo para nosotros la experiencia de la
primera comunidad cristiana, en la que los
creyentes “eran asiduos en el escuchar las
enseñanzas de los Apóstoles y en la unión
fraterna, en la partición del pan y en las ora-
ciones.”
(Hch 2, 42).
Si con atención posamos los ojos sobre
las palabras que María nos ha donado duran-
te estos 27 años, nos daremos cuenta de que
la palabra “familia” está muy presente. La
Virgen nos habla de ella con afecto, señalán-
dola como lugar de santidad, de conversión
y de oración. La indica como posibilidad de
auténtico crecimiento cuando hacemos que
en el centro de la misma reine Dios y su ley
de amor. Por otro lado, también María, lla-
mándonos queridos hijos nos dice lo que
Ella es, fue y será siempre: la madre escogi-
da por Dios para Sí mismo y para toda la
humanidad. Y si es madre, ¿Dónde sino en
una familia, la Virgen de Nazaret ha vivido
principalmente su misión maternal? Con
Ella, José, esposo y padre, acogía en esta
tierra al Unigénito hijo del Altísimo.
No hay que esforzarse en hacer familia
porque ésta no es una invención humana,
más bien es la imagen fiel de la Santísima
Trinidad, el modelo de comunión de amor
por excelencia, donde de manera perfecta la
vida se comunica de una persona a otra en
una continua proposición de amor del Padre,
en una continua respuesta de amor del Hijo:
“La hartura de alegría ante ti, las delicias a
tu diestra para siempre.”(Salmo 15,11). Éste
es el núcleo familiar al cual somos enviados
para contemplar e imitar, para ser capaces
de relacionarnos y hacer que fluya el amor,
ese bien valioso que teje nuestra vida.
Vale la pena detenerse un instante a con-
siderar el valor de tal bien, del cual la fami-
lia debiera ser el ámbito privilegiado. De
hecho, del amor venimos y a él regresamos,
como le sucede a un río que, empujado por
su mismo fluir, busca verterse con prisa a
ese mar, llegar a sus profundidades y allí
encontrar asilo. Así es pues, porque el amor
es una urgencia que nace en nosotros sin
consultarnos; es una ley del alma que deter-
mina las decisiones más profundas y orienta
nuestros deseos. No es un simple sentir, no
es algo que sólo se percibe y luego desvane-
ce, tal como inició. El amor es una realidad
concreta, una dimensión estable, un movi-
miento eterno e inmutable que queda fijado
en nosotros y nos mueve de manera correc-
ta. Todo lo podemos en virtud del amor, que
dona plenitud y gozo, nos motiva a superar
las dificultades y borra el recuerdo del dolor.
Cuna del amor, por lo tanto, es la fami-
lia: es su tálamo, es su casa, el lugar en el
que el amor, alimentándose, expresa lo
mejor de sí mismo, como un fuego que arde
leña. Y si hoy día la familia vive una de sus
crisis más profundas, donde la segregación y
la división reinan soberanamente, donde el
vivero de la vida se transforma en campos
de muerte, significa que en el fondo tene-
mos miedo del amor.
Precisamente por ello María nos devuel-
ve al principio, a que recomencemos, a que
redescubramos los elementos principales
que hacen sólida a la familia. Sintomático es
el hecho de que todos los videntes de
Medjugorje hayan recibido el impulso a for-
mar familia, una elección que les ha costado
no pocas críticas e incomprensiones pero
que de algún modo revela un plan más
amplio que el natural. Si nos fijamos bien,
de hecho, el sello de la familia lo ha puesto
María sobre muchas realidades espirituales:
todas las Comunidades religiosas nacidas o
inspiradas en Medjugorje tienen caracterís-
ticas de familia, porque compuestas por
hombres y mujeres que comparten el mismo
carisma, hermanos y hermanas que siguen
“esposamente” a Jesús, comprometiéndose
a amarse mutuamente. ¿No era esto lo que
vivieron también los discípulos que seguían
las huellas del Maestro junto a las mujeres,
compartiendo las fatigas y las alegrías del
camino?
“Donde están dos o tres congregados en
mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”
(Mt 18,20). Esto es lo que dejó tras de sí el
Maestro: la invitación a reunirse para orar,
compartir y sostenerse. Y lo mismo hace
María en Medjugorje: “Renovad la oración
en vuestras familias, formad grupos de ora-
ción, y así experimentaréis el gozo en ora-
ción y comunión. Todos los que oran y son
miembros de grupos de oración, están
abiertos a la voluntad de Dios en el corazón
y testimonian gozosamente el amor de
Dios”
(25.09.2000).
Familia natural y espiritual pues,
espacio de comunión profunda, reflejo de la
Trinidad beata. Es el don de la Reina de la
Paz para nosotros sus hijos, porque es en la
familia donde nace la vida y se genera el
amor. ¿Queremos aceptarlo?
F
AMILIA
N
ATURAL Y
E
SPIRITUAL
,
el don de María en Medjugorje
di Stefania Consoli
Carta a Eco de Maria
Otoniel Cruz Tirado de Bogotá, Colombia
El Amor que proviene de Dios, la Paz que nos ofrece el Señor Jesucristo, y el fuego que
arde en nuestro corazón por el Espíritu Santo, avive en vosotros el deseo de seguir siendo
constructores del Reino.
Tributo un amor especial a María Reina de la Paz, de quien he recibido tantas bondades;
primero porque mi parroquia natal, en un pueblito cuyo nombre es la Paz Santander, tiene
ese nombre y allí la conocí, bajo tal advocación. Quiero Agradecer a vosotros por el perió-
dico que me han enviado, desde que apenas comenzaba a dejar mi adolescencia; en verdad
que ha sido un instrumento que me ha permitido sentirme acompañado y animado en la ora-
ción. Hoy más que nunca puedo decir que “el Señor ha hecho maravillas en mí” pese a mi
pequeñez, a mi fragilidad y a mis múltiples pecados donde la misericordia de Dios se ha
manifestado, y en María me he sentido privilegiado al pronunciar su nombre y sencillamen-
te decir “Señora de la Paz”.
El primero de noviembre, fiesta de todos los Santos, recibí, la noticia de haber sido lla-
mado, a servir a la Iglesia, en el ministerio ordenado de los diáconos, para la Diócesis
Urbana de Fontibón. Con profunda alegría, me atrevo a reconocer en aquella mujer, a la
escogida desde siempre, para que nos trajese el don maravilloso de la Paz; ese mismo Don,
que es Jesucristo, ha venido a mí y me siento llamado a corresponderle. Que en María,
Nuestra Señora y Reina de la Paz, Dios nos siga bendiciendo.
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LAS NUEVAS COMUNIDADES
en el pensamiento
del Papa Benedicto XVI
Comunidades nuevas, movimientos
eclesiales, grupos varios. Este es el nuevo
panorama que a partir del Concilio se está
delineando siempre más en la Iglesia. Está
bajo los ojos de todos este florecimiento en
el Espíritu que revela como el Señor desea
aportar nueva linfa al Cuerpo que es la
Iglesia para rejuvenecerla, enriquecerla de
nuevos carismas y adaptarla más a las exi-
gencias de nuestros tiempos.
A pesar de ello, no siempre esta germi-
nación halla comprensión y consenso. Es
más, en perfecto estilo con la enseñanza
evangélica, estas realidades a menudo viven
lo que Jesús dijo: “No hay nadie que habien-
do dejado casa, o hermanos, o hermanas, o
madre, o padre, o hijos , o campos, por amor
de mí y del Evangelio no reciba el céntuplo
ahora en este tiempo... con persecuciones”.
(Mc 10 , 29-30). Y así, tal vez por el miedo
a una excesiva vanguardia, o digamos, por el
miedo a perder el control sobre las cosas, el
lícito discernimiento por parte de la autori-
dad eclesiástica se vuelve a veces en total
desconfianza hacia lo nuevo; la sana poda-
dura pasa a ser una auténtica mutilación; la
necesaria amonestación paterna se hace
imposición y prohibición. Y entonces,
¿cómo hacer para aprobar las iniciativas
del Espíritu
si quien se ha propuesto culti-
var estas pequeñas flores hace de todo para
arrancarlas de raíz?
La respuesta la oímos del mismo Papa,
Benedicto XVI, que dijo lo siguiente a los
Obispos reunidos en un seminario de estu-
dio convocado por el Consejo Pontificio
para los Laicos a fin de reflexionar sobre la
solicitud pastoral a favor de movimientos
eclesiales y nuevas comunidades:
“Los movimientos eclesiales y las nue-
vas comunidades son una de las novedades
más importantes promovidas por el Espíritu
Santo en la Iglesia para la actualización del
Concilio Vaticano II. Pablo VI y Juan Pablo
II supieron acoger y discernir, animar y pro-
mover la imprevista irrupción de las nuevas
realidades laicas que, en formas variadas y
sorprendentes, volvían a dar vitalidad, fe y
esperanza a toda la Iglesia. De hecho ya
entonces daban testimonio de la alegría, de
la racionalidad y de la belleza de ser cristia-
nos, mostrándose gratos de pertenecer al
misterio de comunión que es la Iglesia.
¿Cómo es posible no darse cuenta que
una tal novedad, espera todavía ser ade-
cuadamente comprendida
según la luz del
dibujo de Dios y de la misión de la Iglesia
en los escenarios de nuestro tiempo?
No pocos prejuicios han sido superados,
además de resistencias y tensiones. Queda
por completar el importante deber de pro-
mover una comunión más madura entre los
componentes eclesiales, para que todos los
carismas, respetando sus características,
puedan plena y libremente contribuir a la
edificación del único Cuerpo de Cristo. (...)
Os pido que vayáis hacia tales movi-
mientos con mucho amor. ¡Podría hasta
casi decir que no tengo nada mas que aña-
dir! La caridad es el signo distintivo del
Buen Pastor: ésta hace eficaz y autoritario el
ejercicio del ministerio que se nos ha confia-
do. Ir al encuentro de los movimientos y las
nuevas comunidades con mucho amor nos
lleva a conocer adecuadamente sus realida-
des, sin impresiones superficiales ni jui-
cios reductivos.
Nos ayuda también a com-
prender que los movimientos eclesiales y las
nuevas comunidades no son un problema o
un riesgo más que puedan sumarse a los que
ya gravan nuestra existencia. ¡No! Son un
don del Señor, un recurso valioso para enri-
quecer con sus carismas a toda la comuni-
dad cristiana. Por esto, no debe faltar una
fiel acogida que les dé espacio
y valore sus
contribuciones en la vida de las Iglesias
locales. Las dificultades o incomprensiones
sobre cuestiones específicas no deben dar
lugar a un encerramiento. El “mucho amor”
inspire prudencia y paciencia. A nosotros
Pastores se nos pide que acompañemos de
cerca, con solicitud paterna, de manera
cordial y sabia, a los movimientos y a las
nuevas comunidades, para que puedan gene-
rosamente poner a servicio de la utilidad
común, de manera ordenada y fecunda, los
numerosos dones de los que son portadores.
Quien está aún en fase naciente, requie-
re el ejercicio de un acompañamiento aún
más delicado y vigilante por parte de los
Pastores de las Iglesias. Quien sea llamado a
un servicio de discernimiento y de guía no
pretenda enorgullecerse de sus carismas,
sino que se guarde bien de no ahogarlos (cfr.
1 Ts 5, 19-21), resistiendo a la tentación de
uniformar lo que el Espiritu Santo ha queri-
do multiforme para concurrir a la edifica-
ción y a la dilatación del único Cuerpo de
Cristo, que el mismo Espíritu hace fuerte en
la unidad (...)
Cuando sean necesarias intervenciones
correctoras, sean también ellas expresión de
“mucho amor”. El Espíritu de Dios nos ayu-
de a reconocer y custodiar las maravillas
que El mismo suscita en la Iglesia en favor
de todos los hombres.”
Redacción
Sin el Espíritu
Sin el Espíritu:
Dios esta lejos,
Cristo queda en el pasado,
el evangelio es carta muerta,
la iglesia, una simple organización,
la autoridad, un dominio,
la misión, propaganda,
el culto, una simple evocación,
y el actuar cristiano,
una moral de esclavos.
Pero en él, y en una sinergia indisoluble:
el cosmos se levanta
y gime en los dolores del reino
y el hombre lucha contra la carne,
Cristo resucitado está junto a nosotros,
el evangelio es potencia de vida,
la iglesia signo de la comunión trinitaria,
la autoridad servicio librador,
la misión un Pentecostés,
la liturgia es memoria y anticipación
y el actuar humano se diviniza.
(Ignacio de Laodicea)
Los encuentros de oración:
espejo de la liturgia
También nuestros encuentros de oración
debieran reproducir el esquema de la cele-
bración eucarística. En el silencio ante Dios
creamos espacio en nosotros para entrar en
intimidad con El, para que el Espíritu Santo
pueda actuar libremente y despertar nuestra
alma. En una actitud de humildad, como
criaturas débiles y necesitadas de su amor y
de su ayuda, le confiamos así cada carga,
cada pecado, preocupación y sufrimiento,
cuando vemos que con nuestra voluntad
humana no podemos cambiar las situacio-
nes. Este silencio interior nos abre a escu-
char su Palabra que siempre inspira algo
nuevo en el alma, si sabemos bajar a lo pro-
fundo e interpretar qué es lo que quiere
decirnos el Espíritu Santo en ese momento.
Es posible así compartir concretamente con
los hermanos, y que cada uno, superando
temores y vergüenzas, puede abrirse a dar y
recibir, presentándose de modo verdadero,
sincero y humilde.
Así es como la oración nace espontánea
desde lo profundo del corazón, expresándo-
se como petición de perdón, como interce-
sión, alabanza y agradecimiento.
Ser juntos instrumentos
de bendición
La perseverancia y la certeza de que el
Señor ya conoce lo que es bueno para cada
uno de sus hijos nos abre a un abandono
siempre mas grande a su voluntad y nos hace
permanecer en paz incluso cuando pasamos
la prueba, el sufrimiento, cuando racional-
mente no comprendemos. De este modo
podemos llegar a ser instrumentos de bendi-
ción: llevar a cada situación la vida de Dios,
que vence toda muerte y abre el alma a la
resurrección, a ser una criatura nueva.
Es necesario que cada uno se decida a
vivir delante de Dios en la integridad, en la
pureza, renunciando a cualquier compromi-
so humano, para permanecer fiel. La gracia
de Dios es siempre más fuerte y quiere divi-
dir la luz de la tiniebla, para que todo reca-
pitule en Cristo. La oración debe pues llevar
a la transformación de la vida, a vivir la san-
tidad allí donde el Señor lo ha previsto para
nosotros. Si no es así, nuestras palabras que-
dan vacías, sin manifestar el poder renova-
dor del Espíritu Santo. En este camino nos
abre paso la Madre de Dios, que en cada
momento de su vida ha sabido decir su Sí en
plenitud, permaneciendo fiel a Dios. A tra-
vés de esta comunión en Dios también sata-
nás será derrotado, si los hombres, en su
libertad, deciden pertenecer por completo a
Jesús.
Chiara Piccinotti
“....Los grupos de
oración son fuertes,
y a través de ellos
puedo ver, hijos, que
el Espíritu Santo
obra en el mundo”.
(mensaje del 25.6.04)
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Los lectores escriben
Don G. Bellò de Treviso (Italia):
¡Tenéis un “Eco” super, doc, top! Merece
difusión y sustento de todos, de los devotos
de la Virgen , de los que se creen “cultos” y
de los sacerdotes que lo pueden ofrecer al
Consejo Pastoral, a los Catequistas, y los fie-
les. Hay “sermones” y “comentarios” genia-
les y argumentos de mucha actualidad.
Enhorabuena. Os bendigo y agradezco.
W. J. Allan de Canadá: El día de la fies-
ta de la Virgen de Fátima pensé que lo apro-
piado era enviar un pequeño donativo eco-
nómico para el sustento de esa pequeña per-
la que es el ECO. La publicación es peque-
ña pero contiene un tesoro de sabiduría (los
mensajes de María) y páginas de amor, de
consejos y de consolación...
Un grupo de voluntarios de Canosa de
Puglia (Italia) : vuestro bellísimo periódico
trae paz y oración a casa. Nuestro grupo está
formado por voluntarios, que cada día se
encuentran en la Casa del Voluntariado
abierta todos los días, para estar junto a los
discapacitados.
24 preguntas...
24 repuestas
¿El día más bello? Hoy.
¿El obstáculo más grande? El miedo.
¿La cosa más fácil? Equivocarse.
¿El error más grande? Renunciar.
¿La raíz de todos los males? El egoísmo.
¿La mejor distracción? El trabajo.
¿La peor derrota? El desánimo.
¿Los mejores profesionales? Los niños
¿La primera necesidad? Comunicar
¿La felicidad más grande?
Ser útil a los demás.
¿El misterio más grande? La muerte.
¿El defecto más grande? El mal humor
¿La persona más peligrosa? La que miente.
¿El peor sentimiento? El rencor.
¿El regalo más bello? El perdón.
¿El más indispensable? La familia.
¿La mejor ruta? El camino correcto.
¿La mejor sensación? La paz interior.
¿La mejor acogida? La sonrisa.
¿La mejor medicina? El optimismo.
¿La satisfacción más grande?
El deber cumplido.
¿La fuerza más grande? La fe.
¿Las personas más necesarias?
Los sacerdotes.
¿La cosa más bella del mundo?
El amor.
Madre Teresa
de “Recuerdo y Mensaje”
La experiencia de Nando
Nando, colaborador de los envíos de Eco desde el principio, ha vivido una experien-
cia singular durante su complicada y reciente enfermedad. Ahora nos cuenta lo que ha
vivido.
“Estaba muy mal físicamente, cuando de repente sentí una presencia, como de una per-
sona amiga que me acogía: tenía la impresión de que fuera la Virgen. A pesar de mi
grave estado de salud, mi alma se hacía muy presente y entonces Le dije: “Sé que me
deseas aquí, pero ahora no estoy listo todavía, porque tengo aún que completar algunas
cosas para mi familia que me necesita”. Mi esposa, que estaba a mi lado, no entendía
porque yo hablaba de esa manera. Maria oyó mis palabras y me dijo: “Está bien, pero
debo pedírselo a mi Hijo”. Y mientras percibía una sensación de bienestar general, sen-
tía que los años dedicados a Eco y a realizar el plan de María no había sido tiempo
pasado en vano. Este sentimiento me daba mucha confianza en Ella. Tras este hecho,
mi salud comenzó a mejorar y ahora estoy muy bien, para la edad que tengo. Y si pien-
so que los médicos no me daban esperanza de vida, siento como que fue María quien
me devolvió la salud física, junto a una gran paz y confianza en el Señor. Ahora com-
prendo mejor que María es verdadera Madre, dócil, hasta el fondo, a los planes del
Hijo.
Con esta experiencia de Nando, María quiere tal vez darnos a entender que también
hoy puede repetirse lo acontecido en las bodas de Caná en las que Su intercesión de
Madre hizo que el Hijo transformara el agua en vino, para gozo de los comensales, y
también nuestro. Ahora Nando y su esposa Lina consideran lo acontecido una gracia
de Cielo, que guardan como tesoro.
La Iglesia en Albania:
“¡No nos dejéis solos”
Los Obispos de Albania piden al Papa
que no se les deje solos frente a tantos desa-
fíos que la Iglesia afronta en el país. Es lo
que ha afirmado a “Radio Vaticana” el
Arzobispo de Scutari, Angelo Massafra; “La
Iglesia en Albania está muy viva: quienquie-
ra que venga a participar de nuestra liturgia,
a ver nuestras experiencias de fe, se queda
verdaderamente sorprendido por una vitali-
dad, una vivacidad de experiencia de fe que
conmueve. Los que vienen de Europa han
perdido este entusiasmo. Claro, esto no
quiere decir que no tengamos dificultades ni
problemas, pero las cruces que tenemos en
nuestra vida cotidiana demuestran que la
vitalidad esta ahí”. Entre los desafíos de la
Iglesia de Albania, ha recordado “las del
secularismo, la de la voluntad de enriquecer-
se rápido, la de la inmigración externa y
también interna, con pueblos que se mueven
de lugar, con muchos problemas también
sobre la familia”. “
El cristianismo en Albania tiene orígenes
muy antiguos. Fue probablemente San Pablo
quien anunció el Evangelio, y ya en el 58
d.C. Durazzo tenía ya un Obispo, San César.
En el cuarto siglo, casi todo el país se cris-
tianizó, con 50 sedes obispales en todo el
territorio. Sobre una población de 3.200.000
habitantes, los católicos son hoy cerca de
medio millón, organizados en dos
Archidiócesis y en tres Diócesis, a la que se
añade la Administración apostólica de la
Albania del sur, que reúne a los fieles del
rito bizantino pertenecientes a la Iglesia
griego-católica albanesa y los de Rito latino.
El Eco de María vive sólo de donativos
que pueden hacerse
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enviando su donativo. Que el
Dios de todo bien recompense
vuestra generosidad con el céntu-
plo en gracia y bendición.
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caciones
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Secretaría del Eco
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Eco en Internet: http://www.ecodimaria.net
E-mail redacción: ecoredazione@infinito.it
Villanova M., 25 de Julio de 2008
Resp. Ing. Lanzani - Tip. DIPRO (Roncade TV)
Que nos bendiga Dios Omnipotente,
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Amén.
VADEMECUM
PARA LOS DISTRIBUIDORES
DE “ECO DE MARIA”
“He aquí la esclava del Señor”
“¡Queridos hijos! También hoy quiero invi-
taros a vivir los mensajes...” (10.10.1985)
“Deseo que seáis activos en vivir y comuni-
car mis mensajes.” (5.6.1986)
Imitemos a Maria, acojamos la invita-
ción de María a difundir sus mensajes, sea-
mos también nosotros sus siervos. No hay
recompensas económicas para los distribui-
dores de Eco, es más, lleva su tiempo la dis-
tribución de Eco, y dinero ponerlo en el
correo. Pero la recompensa es grande ya en
el corazón, porque sientes paz y gozo. Te
ayuda a mantener alta la fe al encontrarte
con otros hermanos que comparten este
evento extraordinario de la presencia de
María entre nosotros. Es casi como una
“elección” a un encargo silencioso y valioso,
que no dejará, a su debido tiempo, de dar
esos frutos que la misma Virgen Maria pon-
drá en nuestras manos como recompensa.
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