Actualizaciónes  | Medjugorje  | Mensajes  | Artículos y Noticias  | Videos[EN]  | Galería[EN] | Mapa del Sitio  | Sobre[EN]  | Libro de Visitas  | Enlaces  | Screensaver  | Wallpaper | Web Feed

www.medjugorje.ws » Eco de Maria Reina de la Paz » Eco de Maria Reina de la Paz 207 (Noviembre-Diciembre 2009)

Other languages: English, Deutsch, Español, Français, Italiano
Download (0.1 MB )
background image
“El eterno hoy de Dios ha bajado al
hoy efímero del mundo y arrastra nuestro
hoy pasajero hasta el hoy perpetuo de
Dios. Dios es tan grande que puede hacer-
se pequeño. Dios es tan poderoso que pue-
de hacerse inerme y venir a nuestro
encuentro como niño indefenso, para que
podamos amarle.
Dios es tan bueno que renuncia a su
esplendor divino, y baja al establo, para
que podamos encontrarle y para que su
bondad nos toque tambien a nosotros, se
comunique con nosotros y continúe obran-
do a través nuestro. Esto es la Navidad”.
Mensaje del 25 de septiembre de 2009:
“¡Queridos hijos, trabajen con alegría
y arduamente en su conversión. Ofrezcan
todas sus alegrías y tristezas a mi
Corazón Inmaculado para que los pueda
conducir a todos a mi Hijo bien amado, de
modo que en Su Corazón encuentren la
alegría. Estoy con ustedes para enseñarles
y conducirlos a la eternidad. ¡Gracias por
haber respondido a mi llamado!”
Trabajar
en la propia conversión
La conversión a la que Maria nos invita
(y es ya la quinta invitación que recibimos
en los ultimos ocho mensajes) es necesaria
para nuestra vida, es indispensable para que
ésta no se vea reducida a la dimensión física
o biológica, sino elevada a la eternidad a la
que Dios la ha llamado. Para evitar equívo-
cos, debemos recalcar que nuestra existencia
terrena no es simplemente algo que nos pre-
para a la vida eterna, entendida como vida
después de la muerte, sino que la vida eter-
na comienza ya en este mundo, es vida en el
Espíritu Santo, es vida vivida en la gracia de
Dios. Este conocimiento debe iluminar y
orientar nuestras obras, nuestras elecciones,
nuestras relaciones, nuestros planes, en defi-
nitiva todo lo que pensamos, hacemos, pla-
neamos, tememos, esperamos...
Debemos, dia tras dia, caminar con Dios,
respirar su Espíritu Santo, para que Jesús,
con progresión continua e imparable, viva en
nosotros. Esto es vivir la conversión a la que
Maria nos llama. No se trata de un camino
fácil, no se trata de una elección hecha de
una vez por todas, sino de una práctica que se
explica en cada circunstancia y que requiere
humildad, vigilancia, determinación y sobre-
todo abandono confiado a la Voluntad del
Padre. ¡Queridos hijos, trabajad con ale-
gría y árduamente en vuestra conversión!
Así es como nos exhorta Maria, y es en rea-
lidad una invitación con tono aflijido y angu-
stiado. Nosotros, siempre atentos al trabajo
que asegura nuestra subsistencia material, no
estamos atentos ni dispuestos por igual a
reconocer la importancia de este trabajo al
que Maria nos invita; sin embargo éste es
precisamente el trabajo que construye nue-
stra eternidad; cualquier otro trabajo tiene
una finalidad mucho mas limitada, por muy
importante o necesitado que este sea. Por lo
tanto, trabajemos en nuestra conversión,
es más, trabajemos árduamente, es decir
con asiduidad, con determinación, con
esfuerzo... y aún así, no basta; Maria nos
pide también que trabajemos con alegría.
No es una petición abusiva, mas bien al con-
trario, ensalza el carácter de todo lo que se
hace por puro amor. Y se trata de verdadera
alegría, de pura alegría, porque en este caso
no saboreamos sólo el amor humano ¡Sino
tambien el Amor de Dios! Y en esta expe-
riencia se arraiga y crece nuestra conversión.
En este camino Maria está con nosotros:
Estoy con vosotros para enseñaros y con-
duciros a la eternidad.
¿A qué esperamos?
¡Que no nos suceda también hoy a nosotros
de no reconocer el tiempo de la visitación!
(cfr Lc 19, 41-44). Maria no sólo nos llama
sino que nos sugiere además un camino con-
creto para trabajar en nuestra conversión:
Ofreced todas vuestras alegrías y tristezas
a mi Corazón Inmaculado.
Ofrezcámos a
Maria todo lo que Ella nos pide y que sea
éste un ofrecimiento de Amor, un regalo de
sus hijos queridos y junto a todo lo que nos
pide, démosle también todo lo que urge en
nuestro corazon, para que todo lo nuestro
sea purificado por su Inmacularidad, y así
Ella pueda conducirnos a todos a su Hijo
bien amado, de modo que en Su Corazón
encontremos la alegría.
La alegría la cono-
ceremos sólo en Jesus, la verdadera alegria,
la que no es efímera, porque está basada en
la comunión con Jesus y no puede ser res-
quebrajada por las circunstancias de la vida.
¡Esta es la alegria que nos acompaña tam-
bién en las dificultades y en las tristezas, la
que nos permite anunciar el Amor de Dios
incluso en la noche más profunda!
Nuccio Quattrocchi
Mensaje del 25 de octubre de 2009:
“Queridos hijos! También hoy les trai-
go mi bendición y los bendigo a todos, y
los invito a crecer en este camino que Dios
comenzó, a través de mí, para vuestra sal-
vación. Oren, ayunen y testimonien ale-
gremente vuestra fe, hijitos, y que vuestro
corazón esté siempre colmado con la ora-
ción. ¡Gracias por haber respondido a mi
llamado!”
El camino que Dios comenzó
Este es un mensaje para escuchar y
meditar, como todos los demás, pero sobre-
todo para conservar en el corazón con espe-
cial cuidado porque lleva una semilla que
parece prometer una floración ya cercana: el
final del camino que Dios comenzó a tra-
vés de Maria.
Como siempre, pero esta vez siento el
deber de hacerlo explícito, recurro a la inter-
cesión de Maria para que mis palabras no
sean estorbo para las de Ella.
¡Queridos hijos! También hoy os traigo
mi bendición y os bendigo a todos y os
invito a crecer en este camino que Dios
comenzó, a través de mi, para vuestra sal-
vación.
Ante todo, su bendición. Ésta es un
don muy grande, que no debemos despreciar
lo mas mínimo. Su bendición permite tomar
ese camino a quien no lo ha iniciado todavía,
proceder por el mismo a quien ya lo ha
tomado, y correr hacia la meta a quien ya le
falta menos; y en efecto, su bendición es
para todos
y todos necesitamos de ella.
Porque éste es un camino que no queda fue-
ra de nuestro alcance sino que es parte nue-
stra,de nuestra persona y de nuestra natura-
leza mas verdadera que es divina y no terre-
nal, que es eterna.
Debemos crecer como hijos de Dios. Y
¿Quién mejor que Maria puede hacernos de
Madre? Os invito a crecer en este camino
que Dios comenzó a través de mi, para
vuestra salvación.
Este camino comenzado
por Dios a través de Ella, este camino que es
Maria, es el camino por el que Dios ha veni-
do al mundo, ha nacido en el Hombre, es el
camino por el que el mundo hallará la salva-
ción. “A través de Maria, comenzó la salva-
ción del mundo; y a través de Maria deberá
llegar a su cumplimiento” (San Luis Maria
Grignon de Montfort: Tratado de la verda-
dera devoción a Maria,
tesis 49). Este cami-
no es el mismo que pasa por Lourdes, por
Fatima, por Medjugorje y por muchos otros
lugares repartidos por el mundo, mas o
menos conocidos, oficialmente reconocidos
o no, pero siempre salvadores, cuando visi-
tados por Ella.
Ya en los mensajes del 25 de agosto y del
25 de septiembre de 1991, Maria hace men-
ción a Fatima, declarando en primer lugar,
su voluntad de cumplir en Medjugorje lo
que inició ya en Fatima y pidiendo, en
segundo lugar, que La ayudemos a que Su
Noviembre - diciembre de 2009 Editado: por Eco di Maria, Via Cremona, 28 - 46100 Mantova (Italia)
A. 25, N° 11- 12; Esd.a.p. art.2,com.20/c, leg.662/96 filiale di MN-Autor.tribun.MN: 8.11.86, ccp 14124226
207
background image
“Africa, ¡Vamos,
levántate y camina!”
Con estas palabras concluye el largo
Mensaje dirigido a todos, en el que los obi-
spos han resumido el fruto de sus reflexio-
nes y sus propósitos a realizar en sus dióce-
sis proximamente. Extraemos algunos parra-
fos especialmente sujestivos para que tam-
bien nosotros participemos en el destino de
esta tierra extraordinaria que, quien sabe
porque, esta destinada desde hace siglos a
llevar cruces muy pesadas.
Vivimos en un mundo lleno de contra-
dicciones y en plena crisis. La ciencia y la
tecnología dan pasos de gigante en todos los
aspectos de la vida, suministrando a la
humanidad todo lo que se necesita para
hacer de nuestro planeta un lugar maravillo-
so para todos nosotros. Sin embargo, situa-
ciones trágicas de refugiados, pobreza extre-
ma, enfermedades y el hambre matan hoy
dia a miles de personas cada dia.
En este aspecto, Africa es la más gol-
peada. Es rica en recursos humanos y natu-
rales, pero a muchos de nuestro pueblo se les
abandona en la pobreza y en la miseria, en
guerras y en conflictos, entre crisis y situa-
ciones de caos. Muy raramente todo esto
ocurre por causas naturales. Mas bien se
debe en mayor medida a decisiones y accio-
nes humanas de personas que no tienen
escrupulos ni consideracion alguna por los
bienes comunes, y esto debido en la mayoria
de casos a una trá-
gica complicidad
y conspiración cri-
minal entre
responsables loca-
les e intereses
extranjeros.
Pero Africa no
debe desesperar-
se.
Las bendicio-
nes de Dios son
aún muy abundan-
tes y esperan ser
aprovechadas con
prudencia y con
justicia en favor de sus hijos... Hay muy bue-
nas noticias en diversos lugares de Africa.
Pero los medios de comunicación modernos
a menudo escojen las malas noticias y pare-
cen concentrarse sobre nuestras desgracias y
defectos, en lugar de resaltar los esfuerzos
positivos que estamos haciendo. Hay nacio-
nes que han salido de largos años de guerra
y poco a poco van caminando por senderos
de paz y prosperidad... Invitamos a todos
indistintamente a colaborar para la
Reconciliacion, la Justicia y la Paz en
Africa. Muchos estan sufriendo y muriendo.
No hay tiempo que perder.
Invitamos a todos a reconciliarse con
Dios. Esto es lo que abre el camino de
reconciliación verdadera entre las personas.
Esto es lo que puede romper ese circulo
vicioso de la ofensa, de la venganza y de los
contra-ataques. En todo esto, la virtud del
perdón es crucial, incluso antes de cualquier
admisión de culpa. Los que dicen que el per-
don no funciona, debieran intentar vengarse
y ver lo que luego sucede. El verdadero per-
dón promueve la justicia del arrepentimien-
to y de la reparación, que a su vez llevan la
paz hasta las raices del conflicto, y que
transforman a las hasta ahora victimas y
enemigos en amigos, hermanos y hermanas.
Corazón Inmaculado triunfe. Este camino
comenzado por Dios
será llevado a termino
por El; Cristo volverá, según dice la
Escritura, y el mismo Dios habitará con los
hombres y les enjugará las lagrimas de sus
ojos y la muerte no existirá mas, ni habrá
duelo, ni gritos, ni trabajo, porque todo esto
es ya pasado.
(cfr Ap 21,3-4).
Orad, ayunad y testimoniad alegre-
mente vuestra fe, hijos mios, y que vue-
stro corazón esté siempre colmado con la
oración.
Desde los primeros dias de su pre-
sencia en Medjugorje, Maria nos invita a la
oración y al ayuno, pero muchos de nosotros
lo obviamos o lo reducimos a un tributo
exterior que no sale del corazón.
Cuidémonos de que nuestra oración no se
reduzca a mera expresión verbal que sale de
los labios y que alli se detiene; hagámosla
movimiento del corazón que se exprese tal
vez sin palabras pero con gemidos de amor.
Nuestro corazón esté siempre lleno de
oración,
para que las palabras que salen de
nuestros labios tengan alas.
N.Q.
Dar voz
a Africa
“Queridos,
os escribo desde Roma, donde estoy par-
ticipando en el sínodo de los obispos sobre
Africa. Es ya noche avanzada. Cuando me
levanté esta mañana, en una habitación de
hotel ,cerca de San Pedro, tuve por un
momento la sensación de sentirme
desubicado. “En una jornada como
esta, ¡Debería estar en mi casa, en
misión, en Lira, Africa!”, pensé
instintivamente. Pero enseguida
prevaleció en mi la conciencia de
que fué precisamente Africa quien
me trajo a Roma. Junto a otros obi-
spos, fui, de hecho, elegido por la
conferencia episcopal para repre-
sentar a Uganda en la segunda
asamblea especial del sínodo de los
obispos para Africa”.
Así nos escribe el Padre
Giuseppe Franzelli, obispo de
Lira, Uganda,
presente, según el mismo
explica, en la Asamblea especial para Africa:
una ocasión de gracia para sumergirse en los
problemas y entre las llagas del continente
africano que según nos explica el Padre:
“está todavía afectado por varios conflictos
armados, pero aún mas por la pobreza, por
las condiciones climaticas adversas, por la
degradación ambiental, por la corrupción,
por el aprovechamiento de sus recursos natu-
rales por parte de multinacionales extranjeras
apoyadas por los gobiernos locales, por enor-
mes injusticias sociales, por enfermedades
como la malaria, la tuberculosis y natural-
mente el sida, por la sequia y las consiguien-
tes carestias, causa de ulteriores divisiones,
injusticias y nuevos conflictos.
Aqui estoy pues, en Roma, del 4 al 25 de
octubre, con mas de 240 obispos reunidos
junto al Papa,
para un intenso intercambio
de experiencias, discusiones. oraciones y
discernimiento en el intento de hallar vias y
medios concretos para construir la paz,
restablecer la justicia y reconciliar un conti-
nente herido por demasiadas divisiones. Por
esto, a pesar de la lejania de mi gente, estoy
contento de estar aqui, en un momento en el
que la Iglesia universal pone a Africa en el
centro de su atención”.
En SUDAN,
terribles masacres de cristianos
El Sínodo para Africa ha dedicado espe-
cial atención al Sudan, pais dividido entre el
Norte, principalmente árabe donde se ha
impuesto la ley coránica y el Sur cristiano y
animista. Se multiplican los ataques a cri-
stianos, denuncia Mons. Kussala, un obispo
del Pais: “El 13 de agosto pasado, los rebel-
des han entrado en la iglesia de mi parroquia
y han tomado como rehenes a muchas perso-
nas. Mientras huían hacia la selva, han mata-
do a siete de ellos: les han crucificado en los
arboles”.
Vivir el Evangelio en el Sudan es una
difícil elección, se corre el riesgo del marti-
rio: “Nosotros lo vivimos de este sentido,
porque están matando a la gente, queman
sus casas y las iglesias: esto es el martirio”.
Los cristianos viven en el miedo. “Pero
nosotros no queremos morir: todo esto
refuerza la fe de la gente, la gente sigue
viniendo a las iglesias”.
Fuente: ZENIT
Porque Dios es el que hace posible este tipo
de reconciliación.
Muchos son los hijos e hijas de Africa
que han abandonado sus casas para vivir
en otros continentes.
Muchos de ellos estan
bien y contribuyen valiosamente al desarrol-
lo de las sociedades donde habitan. Otros
luchan por sobrevivir. Los encomendamos a
todos a la adecuada asistencia pastoral de la
Iglesia, Familia de Dios, allá donde estén.
“Peregriné, y me acogisteis” (Mt 25, 35) no
es solo una parabola sobre el fin del mundo,
sino un deber que debemos cumplir hoy dia.
Africa tiene necesidad de politicos
santos que erradiquen del continente la cor-
rupción, que trabajen por el bien de la socie-
dad y que sepan incluso formar a otros hom-
bres y mujeres de buena voluntad fuera de la
Iglesia, haciendo que se unan para luchar
contra los males comunes que aflijen a nue-
stras naciones.
La familia de Dios se extiende mas allá
de los limites visibles de la Iglesia; ésta
incluye a la humanidad entera. Cuando pen-
samos sobre argumentos como la reconcilia-
ción, la justicia y la paz, todos nos hallamos
en el nivel más profundo de nuestra común
humanidad. Estre proyecto atañe a todos y
requiere de una acción común. Nosotros
entonces levantamos nuestra voz para llamar
a los hombres y mujeres de buena voluntad.
De manera especial nos dirigimos a todos
los que profesan nuestra misma fe en
Jesucristo, y tambien a los hombres y muje-
res de otras religiones.
Las multinacionales deben detener la
devastación criminal del ambiente que
sólo mira a usufruir los recursos naturales
para beneficio propio. Es una politica miope
la de fomentar guerras para obtener rápidos
beneficios del caos, pagando con vidas
humanas y sangre. ¿Es posible que nadie sea
capaz de detener estos crimenes contra la
humanidad?
Africa no es impotente. Nuestro destino
sigue estando en nuestras manos. Todo lo
que necesita es espacio para respirar y para
prosperar. Africa se ha puesto ya en marcha,
y la Iglesia con ella, ofreciéndole la luz del
Evangelio. Las aguas pueden ser de borrasca
y de temporal, pero con la mirada puesta en
el Señor Jesús (cfr. Mt 14, 28-32) llegare-
mos seguros al puerto de la reconciliacion,
de la justicia y de la paz. Africa, ¡Levantate,
toma la camilla y anda!
(Jn 5,8).
2
background image
En el último lugar
de Antonio Gacioppo
En el año consagrado al sacerdocio, la
Iglesia propone a sus hijos varios modelos
de vida sacerdotal. Cada uno de estos abre
una espiral de luz sobre el que es
unico sacerdocio: el de Cristo, al
cual cada bautizado participa
aunque de modos diferentes.
El pequeño hermano univer-
sal, Charles de Foucauld, con
su vida sencilla nos puede ayudar
a tomar ejemplos para vivir un
sacerdocio santo e inmaculado, y
así poder responder a la voz del
Espíritu Santo y a las exigencias
de la Iglesia. Una pequeña alu-
sión al recorrido sacerdotal de
Freré Charles nos permite com-
prender lo que de verdad importa
en su sacerdocio: vivir la vida de
Cristo, imitarle en todo.
Ser el último
En un primer momento, ante la propue-
sta de sus superiores de la orden de los
Trapistas de hacerse sacerdote, él la rechaza
porque para él ser sacerdote no significa
estar en el último lugar; el sacerdote debe
dirigir, enseñar, recibir honores, mientras
que Charles de Foucauld desea esconderse,
no tener puesto reconocido alguno, ser últi-
mo en la sociedad, ser cada dia mas el pobre
de Jesús y revivir en su intimidad el silencio
de Nazareth. En el fondo desea vivir lo que
el Evangelio enseña; su única medida en su
relación con Dios y con sus dones es: “esco-
ger el último sitio”.
“Sentándose, llamó a los doce y les dijo:
Si alguno quiere ser el primero, que sea el
último de todos y el servidor de todos.”(Mc
9, 35)
“No está el discipulo sobre el maestro, ni
el siervo sobre su amo; bástele al discipulo
ser como su maestro, y al siervo como su
señor.”( Mt 10, 24-25).
“No os hagais llamar doctores, porque
uno solo es vuestro Doctor, el Mesias. El
mas grande de vosotros sea vuestro servidor.
El que se enaltezca sera humillado, y el que
se humille sera enaltecido.” (Mt 23, 11-12).
Por último en el Evangelio de San
Lucas, en el que se habla especificamente de
la elección de los puestos, Charles de
Foucauld comprende tres cosas fundamenta-
les: “...no te sientes en el primer pue-
sto....cede a este tu puesto...ve y sientate en
el ultimo lugar...”
(Lc 14, 7-11).
Pero sucedió que en Nazareth, tras un lar-
go tiempo de oración y de reflexión, el 26 de
abril de 1900, él acepta el sacerdocio.
Comprende que es conciliable con la pobreza
y con el último lugar tan ansiado, o mejor, que
es la imitación mas perfecta de Jesús. Cuando
Charles se pone ante el sacerdocio y se deja
interrogar por él, vive un cambio radical en su
vida, que consiste no ya en la ordenación
sacerdotal como tal, sino una comprensión
mas profunda de su vivir por Cristo.
También a nosotros este año dedicado al
sacerdocio- en el que todos los fieles estan
involucrados - nos ofrece la posibilidad de
dar un cambio radical a nuestra vida, tal
como le ha sucedido a Charles de Foucauld.
La gracia de este año debe introducirnos en
el misterio de Cristo, sumo sacerdote, el cual
nos ayuda a celebrar con el nuestro culto san-
to, espiritual y grato a Dios. (Cfr Rm 12).
Cada cristiano esta marcado por la unción
sacerdotal para que pueda presentarse ante
Dios Padre ofre-
ciéndole su propia
vida para ser canal
de su amor miseri-
cordioso hacia
toda realidad.
Cada cambio es
una conversión,
una vuelta a lo
esencial y Charles
de Foucauld nos
enseña con su
experiencia a
recuperar algunas
cuñas muy impor-
tantes para la vida
espiritual sin las
cuales corremos
el riesgo de vivir
una vida de fe limitada a la devoción y no
centrada en el poder de Cristo Resucitado.
Victima con Jesús
La primera razón que lleva a Charles
de Foucauld a pensar en el sacerdocio es la
Eucaristía,
aunque él no se considera un
multiplicador de ritos, sino, según nos dice:
ofrecer a Jesús a Dios Padre sobre el altar
para gloria Suya y por la salvación de los
hombres en la santa Eucaristía, como El se
ofrecio en la cena;
significa también que los
sacerdotes deben ofrecerse con Jesús en la
cruz, sufriendo con Jesús la agonia, la
pasión y la muerte en la medida en que
Jesús guste y quiera llamarles a compartir
su caliz y a ser victimas junto a el.
Todo esto
se resume diciendo que tambien sobre el
altar el sacerdote debe tomar el último lugar,
osea el del crucificado, el del cordero inmo-
lado, donándose el mismo por el rebaño que
Dios le ha encomendado.
Charles de Foucauld rechaza el primer
puesto - que muchos buscan por pura ambi-
ción humana o como puesto de mando para
dirigir a los fieles segun la propia creencia -
porque percibe que el poder sacerdotal que
le viene ofrecido por el Espíritu de Dios es
para servir a los pobres de Jahvé, que tienen
necesidad de que el sacerdote se ofrezca
junto a la victima pascual para abrir el cami-
no, no con palabras, sino con el poder del
sacrificio de Cristo que obra en ellos.
El grano que no se marchita
Otra cosa que bien comprende frére
Charles es que el sacerdocio exige una
donación absoluta hacia Jesús: el martirio.
El verdadero mártir es aquel que ofrece su
vida con amor y el sacerdocio no puede
separarse de esta realidad porque si no, se
separaría de la Victima.
Antes de ser asesinado frere Charles le
escribía a una prima suya, a la que se sentía
muy cercano; en la carta hacía referencia a un
pasaje del Evangelio en el que se habla del
grano de trigo: “Si el grano de trigo no cae en
la tierra y muere, quedará solo” (Jn 12,24).
Permanecer en el ultimo lugar significa vivir
la dinámica del grano de trigo; si el sacerdote
no vive esta dinámica de transformación
corre el riesgo de marchitarse en lugar de cre-
cer en el gran don que Dios le ha confiado.
Dios no quiere super hombres, y frére
Charles no lo era, pero quiere hombres que
saben estar en su sitio. Este sitio es la pleni-
tud y la armonia de todo el ser en su totali-
dad; luego feliz el hombre que sabe buscar
en todo la voluntad de Dios, que sabe huir de
toda falsedad, hipocresía, orgullo, soberbia,
y todas las cosas que hacen perecer al grano
de trigo. Frére Charles diría: feliz el que
sepa escoger el último lugar porque allí es
donde habita Dios y quien Le encuentra,
encuentra todo.
Todos los hombres son de Dios
Al final, el bueno de Charles comprende
que el sacerdocio requiere una caridad
universal,
una consagración incondicional
hacia todos los hombres. En su necesidad de
imitar a Cristo, el se abre a los musulmanes
y en especial a las tribus de los Touareg, para
que también ellos sean recapitulados en
Cristo,
y lo hace con el ejemplo, con el
silencio, con la alegría, con la disponibilidad
y la confianza; en la mas absoluta sencillez
anunciaba el Evangelio a través de las virtu-
des. Lo importante no eran las palabras, sino
que la Palabra habitara en él.
Si Dios a través de la Iglesia nos invita a
reflexionar sobre el sacerdocio es porque
quiere despertar a su pueblo sacerdotal (tan-
to el ministerial como el real); quiere libe-
rarlo del espíritu del mundo para donarle su
Espíritu; quiere abrirlo a la caridad univer-
sal, entendida como servicio a la creación
entera esparcida por el universo. Dios, que
es Padre, nos ayude a reconocer y a vivir
este tiempo de gracia, y que sus santos esten
junto a Maria Santísima intercediendo por
cada uno de nosotros, para que cada uno
diga su “si” a Dios y a su obra.
Los laicos,
“corresponsabl
es” del clero
Benedicto XVI dirige una nueva mirada
a los laicos de la Iglesia en ocasión de un
Congreso en Roma, hace algun tiempo.
Recordando en su intervención los frutos del
Concilio Vaticano II, el Papa, sin embargo,
puso de manifiesto la constante tendencia a
identificar la Iglesia con la jerarquia.
En especial, el Pontífice ha señalado el
peligro de una visión puramente sociológica
de la nocion de Pueblo de Dios, haciendo
notar que el Concilio no quiso provocar una
fractura, ni crear otra Iglesia, “sino una ver-
dadera y profunda renovación, en la conti-
nuidad del único sujeto Iglesia, que crece en
el tiempo y se desarrolla, permaneciendo en
cambio siempre idéntico, sujeto único del
Pueblo de Dios en peregrinación”.
“Esto exige un cambio de mentalidad
con respecto de los laicos - ha subrayado el
Santo Padre - pasando de considerarles
“colaboradores” del clero a reconocerles
realmente “corresponsables” del ser y del
actuar de la Iglesia, favoreciendo así la con-
solidación de un laicado maduro y compro-
metido” .
red.
E l s a c e r d o c i o e n p r i m e r p l a n o
3
Eco 207
background image
En la hora
de nuestra muerte...
de Stefania Consoli
¡Ave,Maria! Te saludo, llénanos de tu
gracia y te ruego: acuérdate de mi , sobre-
todo en esa hora en la que abandonaré mi
cuerpo...
Lo solemos repetir todos, tal vez con
algo de distracción, casi sin escuchar las
palabras que nosotros mismos pronuncia-
mos. Pero la Virgen, en cambio, está atenta,
y cada vez que recitamos el Ave Maria,
escucha nuestro temor: no nos dejes solos
cuando demos nuestro último respiro, cuan-
do lo desconocido sustituya a una existencia
querida y conocida...
Pero si ese momento
nos parece lejano (el hombre
por naturaleza tiende a poster-
gar la idea de la muerte),
muchas son las muertes que
cotidianamente nos toca afron-
tar, con mayor o menor con-
ciencia. Veámoslo.
¿No es tal vez un morir el
aceptar con benevolencia
situaciones que nos resultan
adversas? ¿No es una verdadera muerte
abandonar a personas amadas, lugares segu-
ros, viejas costumbres para seguir esos bru-
scos virajes que la vida a menudo nos pro-
pone? ¿Y cuando queremos gritar nuestras
razones frente a lo que consideramos injusto
y en cambio escojemos arrinconar nuestra
indignacion para hacer sitio al perdón?
Muerte es también sentirse derrotado, desi-
lusionado, abandonado...
¡Oh, Madre mia!,Guárdame en esos
momentos. Sin tu ayuda me siento perdido.
Lo que antes era bueno , ahora ya no lo es,
y yo no soy...
Frente a la muerte que en diversos
aspectos nos amenaza, instintivamente nos
defendemos: ¡Hemos sido creados para la
vida, no para la destrucción! Por esto todos
nuestros miembros corporales se rebelan
ante ello.Pero es precisamente esa anulación
el camino maestro que Dios ha escogido;
puede parecer locura para la mente humana
pero es sin embargo, suma sabiduria por ser
preludio de la vida resucitada. De un modo
sorprendente Cristo ha cambiado el signo a
la muerte: quitándole el carácter definitivo,
la ha transformado en un simple pasaje.
Pero ¡Que angustioso
resulta a veces atravesarlo,
y que turbación! ¡Que
lucha se desencadena en
todo nuestro ser! Es un
auténtico drama para el
hombre vivo....
Por ello, invocamos a
Maria, la madre, la herma-
na, la amiga que ya vive la
eternidad con su cuerpo inmaculado. Ella
estará junto a nosotros para enseñarnos a
ofrecernos a Dios, como en esa hora vivida
por su Hijo en la cruz. Ella nos dirá como
esperar con confianza y serenidad, como en
esos momentos en los que Ella misma moría
ante su voluntad para seguir la voluntad
divina.
La creatura nueva que pide nacer en
nosotros necesita de estas continuas muer-
tes, necesarias para purificar lo viejo y para
preparar espacio para lo que ya no estará
mas sujeto a la corrupción. Debemos sencil-
lamente creerlo.
¡Ruega pues por nosortros , oh Maria!
Ruega, ahora....porque me parece una hora
de muerte. Quedate junto a mi, tengo mie-
do....Dejame pasar por tu corazon: su inma-
cularidad tranformará el abismo que me
traga, en vida nueva que ya no muere.
Siguiendo los pasos
de la Inmaculada
A veces, parece que el pecado nos acor-
rale y que el mal prospere por todas partes,
sin traba alguna. La humanidad parece aho-
gada por el desorden , por las enfermedades,
por la desesperación. Nosotros sabemos que
todo esto es consecuencia amarga del peca-
do original del hombre, de su rebelión fren-
te al Creador, que por desgracia, a veces nos
toca viivir muy de cerca. Nos preguntamos
que hacer para dar testimonio de una vida
nueva en Jesucristo, victorioso sobre la
muerte y sobre el pecado.
El deseo mas grande de Dios es que vol-
vamos a El, a la armonía con El, a la que
habia antes del pecado original. Esto puede
cumplirse sólo a través de un camino gra-
dual de renuncia de nosotros mismos, de
sacrificio, de comunión auténtica que nos
hace puros, o mejor, nos hace ser purifica-
dos, renovados y reintegrados en la gracia
divina que es vida. En una palabra, nos hace
hijos de Dios inmaculados (cfr. Fil 2, 15).
El camino hacia un estado “inmaculado”
pasa necesariamente a través del ofreci-
miento de la vida, que es cumbre de nuestro
amor hacia Dios, y también pasaje obligado
hacia la resurrección. Renunciando a noso-
tros mismos, para dejar a Dios todo nuestro
espacio interior, permitimos que sea El
quien viva, piense y actúe en nosotros y a
través nuestro. Entonces nos purificamos
transformándonos en creaturas nuevas,
capaces de superar la lógica y los esquemas
que el mundo nos impone o que nosotros
mismos nos fabricamos, y que nos condicio-
nan. Esto nos permite vivir “inmaculados”,
capaces de elevar nuestra mirada y nos abre
a nuevos puntos de vista para observar la
realidad. Así nuestra vista interior se hace
aguda, porque es purificada, se hace inma-
culada por la mirada de Dios que nos obser-
va y nos conoce (cfr. Sal 139).
La condición de inmacularidad no nos
hace “superhombres”. Nosotros seguimos
siendo débiles y necesitados de la gracia. A
pesar de ello, unidos a Dios y ofreciéndonos
a El con pureza, podemos vencer mas facil-
mente nuestra inclinación hacia el pecado y
a la rebelión, y si erramos, conseguimos
amarnos y mirarnos con misericordia.
En su bondad, Dios nos regala a Maria
Santísima, nuestra Madre inmaculada, la
única creatura inmaculada desde su concep-
ción. Ella se ofrece por nosotros y con noso-
tros, y nos abre el camino para ser la huma-
nidad nueva, en camino hacia la plenitud en
Dios.
M.A.
La devoción al Corazón
Inmaculado de Maria
Para comprender la devoción al
Corazón Inmaculado de Maria puede
bastar con la siguiente breve explicación.
“Corazón” significa en el lenguaje de la
Biblia el centro de la existencia humana, la
confluencia de la razón, la voluntad, el tem-
peramento y la sensibilidad, en la que la per-
sona halla su unidad y su orientacion inte-
rior. El “Corazón Inmaculado” es segun Mt
5,8 un corazón que partiendo de Dios ha lle-
gado a una perfecta unión interior, y portan-
to “ve a Dios”. “Devoción” al Corazón
Inmaculado de Maria, portanto,es acercarse
a esta actitud del corazón, en el que el fiat -
“hágase tu voluntad” - es el centro informa-
dor de toda la existencia.
“Mi Corazón Inmaculado triunfará”.
Es una palabra clave del “secreto de Fatima”,
que se ha hecho justamente famosa. Pero,
¿Qué significa? Es el corazón abierto a
Dios, que purificado por la contemplación de
Dios, es mas poderoso que los fusiles y que
toda clase de armas. El fiat de Maria, la pala-
bra de su corazón, ha cambiado la historia
del mundo, porque ésta ha traido a este mun-
do al Salvador - porque gracias a este “Si”,
Dios pudo hacerse hombre entre nosotros, y
como tal, permanece para siempre. El mali-
gno tiene poder en este mundo, lo vemos y lo
experimentamos continuamente; el tiene
poder, porque nuestra libertad se deja distan-
ciar continuamente de Dios.
Pero desde que Dios tuvo corazón
humano, dirigió la libertad del hombre hacia
el bien, hacia Dios,y desde entonces, la
libertad de hacer el mal no tiene ya la ultima
palabra. Desde entonces, vale la palabra:
“En el mundo habéis de tener tribulación;
pero confiad: yo he vencido al mundo” (Jn
16, 33). El mensaje de Fatima nos invita a
confiar en esta promesa.
Joseph Ratzinger +
(de: Comentario teológico al mensaje de Fatima
)
“Y así el hijo de Dios, aún subsistiendo
en la forma de Dios, rebajó los cielos y
bajó entre sus siervos... cumpliendo la
cosa mas nueva de todas, la única cosa de
verdad nueva bajo el sol, a través de la
cual se manifestó, de hecho, el infinito
poder de Dios...
Dios quiere descansar en nosotros,
quiere renovar la naturaleza, incluso a tra-
vés de nuestra conversión, quiere hacernos
partícipes de su divinidad”.
(Benedicto XVI, audiencia 6 de mayo de 2009)
“Reina de mi corazón,
¡Cuánto lloraste aqui bajo para atraerme a
ti! Meditando con atención tu vida en el
Evangelio, me atrevo a mirarte y acercarme a
ti. No me es difícil creerme hija tuya, porque
te veo mortal y sufriente como yo...
Me apareces, Maria, en la cima del Calvario,
de pie junto a la cruz, como un sacerdote en
el altar; ofreciendo, para placar la voluntad
del Padre, al dulce Emmanuel, tu querido
Jesús. Madre desolada, lo ha dicho un profe-
ta: ¡No hay dolor, tan grande como el tuyo!
Oh Reina de los mártires, quedando abando-
nada, ¡Tu viertes por nosotros toda la sangre
de tu corazón! Yo pronto oiré la dulce armo-
nía celestial:¡Pronto vendré a verte al Cielo!
Tu que me sonreiste en la mañana de la vida,
¡Ven a sonreirme de nuevo, Madre, que se
hace de noche! No temo ya el esplendor de tu
gloria suprema: he sufrido contigo y quiero
ahora cantar sobre tus rodillas, Maria, por-
que yo te amo y quiero repetir para siempre
¡Que soy hija tuya!”
Santa Teresita del Niño Jesús
4
background image
El Rostro de Dios
Cuando el Padre pidió al Hijo que vinie-
ra a la tierra para hacer nuevas todas las
cosas,
dijo: te confio un trabajo difícil, es
cierto, pero te ofrezco una ayuda valiosa:
podrás vislumbrar mi presencia dondequie-
ras, ver mis rasgos y mi Rostro en toda la
creación. De este modo, estaré contigo en la
misión que te confio. Y así el Hijo, que com-
partía plenamente el deseo del Padre, vino a
la tierra y la transformó, según la voluntad
del Padre, y la rehizo toda nueva y bella.
Entonces, como por encanto, la sabiduría
del Señor llenó toda la tierra
y hubo una
transformación maravillosa, tan grande que
habitó el lobo con el cordero, y el leopardo
se acostó con el cabrito, y comieron juntos
el becerro y el león, y un niño pequeño los
pastoreó. La vaca pació con la osa y las
crias de ambas se echaron juntas y el león,
como el buey,comió paja. El niño de teta
jugó junto a la hura del áspid
(Is 11,5) y a
los hombres se les dió la capacidad de hacer
el bien, al contrario de antes.
Entonces las personas descubrieron el
amor de Dios en todo lo creado, que ahora
veían con ojos nuevos, y reconocieron, con
sorpresa, su rostro en el prójimo y en la crea-
ción. Comprendieron la belleza del universo,
que vieron como obra de Dios, como don
maravilloso de su amor, un don para acoger,
para valorar y para compartir. Despues, el
Hijo, a los amigos que pedian una explica-
ción de esta belleza toda nueva, les reveló el
secreto diciendo: he amado a las personas y a
las cosas creadas no por lo que eran, sino por-
que veía en ellas el Rostro del Padre, porque
en ellas amaba al Padre. Y así, amando en
ellas al Padre, las he amado con un amor
inmenso, tal como es el amor que me une al
Padre. Ha sido este amor el que hizo nuevas
todas las cosas. Despues añadió: tambien
vosotros podréis hacer lo mismo; tambien
vosotros podréis contribuir conMigo a hacer
nuevas todas las cosas si vislumbraréis el
Rostro del Padre en el prójimo y en todo lo
creado, si amaréis en el prójimo y en lo crea-
do al Padre. Sólo así vuestros esfuerzos no
serán inútiles, sólo así no os acordaréis del
mal recibido.
Sólo así no seréis esclavos de
los ídolos que os ofrecen libertad, mientras
os quitan siempre algo, hasta quitaros la vida.
Belén esta alegre
¡Que bella es hoy dia Belén! Es distinta.
Parece expresar una gran alegría. En verdad
es la alegría de Dios por su vuelta a la tierra
gracias a una joven Mujer. Su alegría es
incontenible, puedes notarla en todas partes,
incluso mas allá de Belén.
Dios se regocija por la pequeña y humil-
de Mujer que le ofreció su total disponibili-
dad ante su venida y por ello la eligió como
Madre, completando así su alegría. Si, la
Jovencita, que se hizo Madre, consiente a su
Señor realizar su “sueño”: el de volver a la
tierra para estar con los hombres, para com-
partir con ellos la vida, tras su lejanía por el
antiguo rechazo. Dios ha esperado mucho
este momento, porque siempre ha deseado
volver a la tierra desde que el hombre lo
rechazó, desde cuando el hombre prefirió
rechazar el paraiso terrenal, ese paraíso que
la presencia de Dios había realizado en la
tierra.
Ahora el seno de una joven Mujer lo ha
traído entre nosotros y descansa como Niño
en un comedero, dentro de un establo,
enbellecido por la presencia del Hijo y de la
Madre. Pero no estemos tristes si el Hijo fue
“obligado” a nacer en un establo. A El le va
muy bien incluso un establo, siempre que
pueda habitar entre nosotros. Estemos tri-
stes en cambio, si vemos que nuestros cora-
zones no lo acogen, si rechazan encontrarse
con El, que es Dios, y que ha venido adrede
para estar con nosotros.
Este amor suyo por el hombre no le
abandonará nunca, ni siquiera en los
momentos mas difíciles, ni cuando es cruci-
ficado y nos dice: “Tengo sed”, sed no de
agua sino de la amistad del hombre...
El Niño que viene en esta Navidad tal
vez nos recuerde precisamente esto: el con-
stante deseo de Dios de estar con nosotros,
de compartir con nosotros su alegría. No
nos mostremos pues indiferentes ante su
venida, y estemos preparados para acogerlo.
La Madre, que se alegra con el Hijo y con
nosotros, nos ayude a acoger siempre al
Niño, en cualquier momento que El venga.
P
ENSAMIENTOS
S
ENCILLOS
de Pietro Squassabia
Se puede dar el paraíso
“No se puede encontrar a Jesús para
conocerlo, amarlo e imitarlo, sin una alusión
concreta, constante y obstinada al
Evangelio; sin que esta alusión se refleje
intimamente en nuestra propia vida; de este
modo, cualquier pequeña obra nuestra será
un evento inmenso en el que se nos dará el
paraíso, en el que podremos dar también
nosotros el paraíso a los demás. No importa
lo que tengamos que hacer: tomar una esco-
ba para barrer, o una pluma estilográfica
para escribir. Hablar o callar, zurcir o dar
una conferencia, curar a un enfermo o escri-
bir a maquina. Todo esto no es ni la corteza
de la espléndida realidad, el encuentro del
alma con Dios, alma renovada cada minuto,
que con cada minuto se acrecienta en gracia,
siempre mas bella para su Dios.
Buscar la radicalidad del Evangelio en
medio de los necesitados: gente a la que
debemos acercarnos con dulzura. Pero,
¿Que es la dulzura? Es lo que llega a tocar
sin herir, acompañado de la alegría. Este es
el paraiso recibido por la oracion y donado
en el encuentro. No se nos pide que seamos
fuertes en los momentos de sufrimiento. No
se le pide al grano de trigo, cuando lo mole-
mos, que sea fuerte, sino que deje que el
molino produzca su harina.”
Madeleine Debrel
La Liturgia sugiere...
Nuestro ofrecimiento inmaculado actualiza la Palabra
La Ordenación de las Lecturas para la Misa invita a los fieles a dar una respuesta de
hecho a la Palabra escuchada no sólo con la oración sino también con “el ofrecimien-
to de si mismos”.
Esta expresión recuerda las palabras de Maria y su total disponibi-
lidad al proyecto de Dios: “He aquí a la sierva del Señor; hágase en mi según tu pala-
bra”
(Lc 1, 38).
Esta fundamental disposición espiritual, que debemos estimular durante el desarrol-
lo de la liturgia de la palabra, alcanza su plenitud en la segunda parte de la Misa - la
liturgia eucarística - y precisamente en la Oración eucarística, en la que el ofrecimien-
to es elemento principal: “....la Iglesia, especialmente la que se reune en ese momento
y en ese lugar, ofrece la victima inmaculada al Padre en el Espíritu Santo. La Iglesia
desea que los fieles no sólo ofrezcan la victima inmaculada, sino que aprendan
también a ofrecerse ellos mismos”
(Principios y normas para el uso del Misal
Romano 55f) En la Eucaristía, los poderes de la Palabra de Dios, proclamada en la pri-
mera mitad de la Misa, alcanzan asi su plenitud de realización. Y como consecuencia
de ello, también la respuesta a la Palabra alcanza la máxima expresión.
(fuente: El rito de la Misa - de Ferdinando Cappelletti)
Mensaje a Mirjana del 2 de octubre de 2009
“¡Queridos hijos! Mientras os miro, mi
corazón se encoge por el dolor. ¿A donde
vais, hijos mios? ¿Estais tan inmersos en el
pecado que no sabeis como deteneros? Os
justificais con el pecado y vivis según el.
Arrodillaos bajo la Cruz y mirad a mi Hijo.
El ha vencido al pecado y ha muerto, para
que vosotros, hijos mios, podais vivir.
Permitidme que os ayude a que no murais,
sino a que vivais con mi Hijo para siempre.
¡Gracias!”
Tal vez nuestro “paso” colectivo sea tan
rápido que parece imposible que se detenga,
hasta el punto que Maria se ve obligada a pre-
guntarnoslo: ¿A donde vais, hijos mios?...¿no
sabéis como deteneros?
Sería honesto respon-
der con la verdad: “No, Madre, no consegui-
mos detenernos, porque esta estupida carrera
de nuestra alocada humanidad mueve automa-
ticamente nuestros pasos y no nos damos
cuenta a donde nos lleva”.
¡Que drama! Este es el verdadero pecado:
el hombre creado a imagen de Dios, con su
propia inteligencia y un espíritu capaz de
comunicarle la Sabiduría divina, ya no es
dueño de si mismo y ya no sabe controlar las
fuerzas oscuras que le mueven. El pecado nos
ciega, y nosotros, por añadidura, lo usamos
para defendernos: os justificais con el peca-
do,
comenta Maria, recogida en su manto de
Virgen de los Dolores. Así pues, mientras el
pecado nos hace esclavos, nosotros seguimos
corriendo hacia un abismo de enajenación y
de muerte. Pero hay un lugar, una parada
donde Maria nos ofrece una cita. Ella esta ya
alli, erguida, desde hace ya dos mil años; y en
vela. Desde debajo de la cruz de Jesús, Maria
nos mira y nos propone que miremos al Hijo:
un juego de miradas que salva, que crea lazos
de comunión en los que el Mal no puede
entrar porque fluye amor puro, fluye el
Espiritu, que es unicamente vida, vida para
siempre.
Pidámos a nuestro orgullo que doble
sus rodillas.
Es el único modo para detenerse.
Sólo así podremos finalmente abrir los ojos y
darnos cuenta de verdad hacia donde vamos.
5
background image
Aprobados
como sea
¿Medjugorje criticado? ¡Menos mal!
¿Medjugorje, atacado e incomprendido?
¡Bendito sea Dios! Medjugorje, objeto de
calumnias y maldiciones, y en la boca de
todos? ¡Gracias al Cielo!
Quien crea que un evento tan importan-
te y decisivo pueda tener vida fácil, aplausos
y consenso humano, probablemente sea un
iluso, y de todos modos no considera sufi-
cientemente el camino trazado por Jesus,
que eligió ser piedra de tropiezo, que ha
vivido para morir en la cruz, para ser escan-
dalo para los paganos y estupidez para los
judios; que les propuso a los suyos la perse-
cución, ignominia para el mismo Pedro, jefe
de los apostoles... Sin embargo sólo esto
cuenta para los discipulos de Cristo. No
ciertamente como causa de sufrimiento afín
a si misma, es obvio,sino como único cami-
no de salvación, de resurrección.
Y entonces ¿Porque afanarnos entorno a
las habladurías? ¿Porque agitarse si no nos
comprenden, o peor, si nos mal consideran?
¿Porque queremos, a cualquier coste, que la
realidad Medjugorje sea reconocida y así
sentirnos mas a gusto, en lugar de preocu-
parnos de que seamos nosotros mismos
reconocidos por Dios como los que de ver-
dad siguen el camino de su Hijo, el ultraja-
do
por excelencia, pero tambien Verdad úni-
ca y última?
Muchos, incluso demasiados son los
compromisos que cogen sitio en el corazon
y en las costumbres de quien ha acogido la
presencia de Maria en Medjugorje: con el
fin de ser aceptados, consentimos, callamos,
y a veces arrinconamos como blanda devo-
cion lo que en cambio debiera ser un cami-
no apasionado y radical hacia la escuela de
la Reina de la Paz; tierna Ella, pero a la vez,
inflexible en sus peticiones de conversión
absoluta y sin medias tintas.
Por un lado, nos atraen las promesas del
Cielo, ¡Por otro quiseramos que se nos ofre-
cieran éstas en bandeja de plata!
¡Decidámonos! El camino propuesto por la
Virgen es otro. Ella no es la “mamita cele-
stial” que nos desea siempre como niños,
dispuestos a ir a Medjugorje sólo para “chu-
par”
caramelos y sentirnos bien; o sólo para
experimentar sensaciones extraordinarias
para luego contarlas al regreso a los compa-
ñeros o amigos, o para ser miembro de un
movimiento que nos haga sentir menos
solos. Maria ha venido a poner fin a todo
acomodamiento que instrumentalice la gra-
cia según los intereses humanos, como los
poderes, la dominacion sobre otros, y hasta
los beneficios económicos...
¿La prensa, los medios de comunicación
en general, difunden valoraciones desfavo-
rables? Entonces, para tener la vida fácil les
ofrecemos con extremada soltura machos
cabríos expiatorios para que sean lapidados:
“...conviene que un hombre muera por el
pueblo...” (Cfr Jn18, 14), en la esperanza de
que una vez apagados los focos de luz sobre
la victima de turno, todo vuelva a la tranqui-
lidad como antes y nosotros recomenzamos
a ser buenos con nuestra Virgencita.
Hijos maduros, crecidos, templados en
las pruebas y listos para afrontar junto a Ella
la batalla contra las tinieblas del Mal que
cubren a la humanidad. Estos son los llama-
dos por Maria. Personas dispuestas a dejar-
se cambiar 360 grados en su modo de hacer,
en su mentalidad, para asumir el estilo de
Cristo, el del Cordero inmolado que se ofre-
ce sin condiciones (ni compromisos) al
Padre, pasando por las manos de los esbir-
ros. Su cuerpo será destruido, trataran de
borrar su recuerdo, pero nada ni nadie podrá
callar a la Verdad que desde hace ya siglos
continuamente resucita y se reafirma sobre
las mentiras del Maligno.
Así pues tambien nosotros, los “queri-
dos hijos” de Maria. No nos ocupemos de
los hombres, de lo que puedan decir, de sus
aprobaciones, de sus amenazas, de las posi-
bles condenas. La gracia de estos tiempos es
muy veloz y se apresura a realizar los planes
que Dios ha establecido de manera irreversi-
ble. No permite retrasos, ni cambios de opi-
nión. Somos nosotros los que debemos
seguir el paso, para gozar tambien de la ale-
gría de llegar a la meta. No nos arriesgue-
mos a quedarnos atrás.
La historia de la salvación está cum-
pliendose todavía, y es siempre nueva la
gracia que Dios concede para llevarla a
cabo: “Suplo en mi carne lo que falta a las
tribulaciones de Cristo por su cuerpo que es
la Iglesia” escribía San Pablo (Col 1, 24). Y
entonces ¿Porque acomodarse perezosa-
mente y acontentarse de pequeñas gratifica-
ciones religiosas,
en lugar de responder con
generosidad a quien nos llama: ¡Aqui estoy,
Señor, mandame!
La necesidad
de
orar
Quien vuelve de Medjugorje, general-
mente, regresa a casa con un deseo que, en
cierto modo, la gracia de ese lugar ha trans-
formado en una verdadera urgencia: ¡Orar!
En la Iglesia, recitando el rosario junto a
muchos otros, en el silencio del monte de las
apariciones, o escalando el monte que seña-
la el Via Crucis, los peregrinos entran en una
dimensión que los envuelve y los atrae en lo
más profundo de su alma. Una dimensión en
la que se esta bien porque Dios está presen-
te, una dimensión en la que la cotidianidad
tiende a desaparecer dando
lugar a una calma donada
absoluta, que tiene el gusto
silencioso del paraíso. Y
mientras el espíritu se dila-
ta, la mente se abre para
comprender sin esfuerzo las
realidades del cielo, como
si contemplara imagenes
sobre una pantalla, mien-
tras que el corazón, como
una película, graba las ima-
genes y las guarda dentro
de sí.
¡Éste es el hombre que
ora! Este es el hombre que
se deja captar por una toma
invisible que lo coloca
sobre un plano en el que es
fácil escuchar la voz de
Dios, en el que es normal
familiarizarse con los angeles, los arcange-
les, los santos del cielo, pudiendo incluso
dialogar con ellos en intimidad.
¡Orad, orad, orad! ...nos recomienda
Maria. Porque Ella sabe lo que es vivir la
realidad simple de cada dia, sumergidos en
este estado de gracia capaz de transfigurar
cada instante, incluso los desagradables, que
asi quedan ocultos, sin atraer mucho nuestra
atención, y nuestro tiempo. ¡Orad! nos pide
Ella. Y nosotros, obedientes, oramos. Si,
pero, ¿Cual es la oración “según Maria”?
Como deciamos, en Medjugorje, te sien-
tes arrastrado por un flujo de oración que
desde hace ya casi 28 años fluye ininterrum-
pido a través de las almas y los labios de mil-
lones de peregrinos; pero al volver a casa, el
primer fervor corre el riesgo de atenuarse si
no es custodiado y alimentado. El instinto,
entonces, nos lleva a “hacer equipo”, a
buscar a otras personas con las que compar-
tir esa necesidad de sumergirse en Dios. O
mejor, mas que el instinto natural, es el
Espíritu Santo - principio purísimo de comu-
nión - quien nos orienta hacia los demás para
hacer Iglesia. Muchísimos son pues, en todo
el mundo, los GRUPOS DE ORACION,
formados de manera natural, precisamente
para responder a las exigencias de quien, al
regesar de Medjugorje, deseaba continuar a
orar en nombre de la Reina de la Paz.
Intentar definir los rasgos comunes de
todos ellos es imposible, dada la variedad y
el número; conocemos la fuente de inspira-
ción, pero no cómo es interpretada. Seguro
que la intención siempre es buena y loable;
pero una pregunta es justo hacérsela: en
estos grupos, ¿Cómo se ora? Tal vez muchos
responderían diciendo lo que se ora. Pero no
es lo mismo...
“Fuí a una iglesia en la que, cada viernes
por la tarde, hay un “grupo de Medjugorje”,
nos cuenta Federica. La iglesia estaba abar-
rotada de gente. Muchos jovenes, con
instrumentos musicales, animaban los cánti-
cos de manera muy invitante. Pero luego
cuando se rezaba el rosario...¡todo de carre-
rilla! Las Ave Maria se repetían muy rapida-
mente, una tras otra, casi como en rafagas.
No podía mantener el ritmo...me sentia ago-
biada, y sobre todo me preguntaba: pero
¿Como se puede vivir asi la oración? Ni tan
solo un instante de silencio para entrar en ti
mismo y contemplar a Dios...¿Que sentido
tiene esta prisa? Naturalmente, siento agra-
decimiento por todos estos jovenes que se
comprometen de primera
persona en servirnos, pero
esta manera de orar suscita
sólo emociones , enciende
la afectividad, pero no faci-
lita el encuentro con Dios
en el Espíritu. En definitiva,
he pasado dos horas muy
bellas, agradables...he ora-
do, si, ¡Pero no salí trans-
formada de la iglesia!”
¡Orad! ¡Orad! ¡Orad!...
El deseo existe. La buena
voluntad, también. Es mas,
sentimos incluso la necesi-
dad.
Entonces, pidámos a
Maria que ore en nosotros
con su estilo sencillo y pro-
fundo: Ella que habita la
Trinidad, conoce el camino
para entrar en el corazón de Dios; ¡Conoce
incluso los atajos! Dejémonos guiar como
niños, con sencillez, sin complicarnos la
vida. Tal vez las iglesias no estarán tan abar-
rotadas de gente,
pero seguro que la oración
se elevará al cielo.
Reflejos de luz
desde la
tierra
de
Maria
de Stefania Consoli
6
background image
¿A quien habla el Papa?
¡Un Papa como este no me lo esperaba!
Siempre amable, sonriente y casi timido, que
da la impresion de gran fragilidad y en cam-
bio, cuando menos te lo esperas, en ciertas
ocasiones importantes, muestra un coraje y
una estatura moral poco común. Abandona
ese lenguaje algo aúlico de los hombres de
Iglesia y nos habla claramente sin pelos en la
lengua.¡Pobrecito! Tal vez tambien él, al
sufrir tanta amargura, pierde la paciencia y,
como se suele decir, “se quita algunas pie-
drecitas de sus sagradas zapatillas”.
¿Que esta sucediendo en la Iglesia? Es
necesario un cambio radical, que en el len-
guaje biblico se llama “conversión”; palabra
generalmente poco grata a los ojos del hom-
bre y del mundo.¿Será por esta razón, por el
hecho de que La Virgen en Medjugorje, pide
siempre y ante todo la conversión, que
Medjugorje provoca una verdadera aler-
gia
entre nuestros pastores, compartida por
muchos sacerdotes y laicos comprometidos
e iluminados? Es especial el celo que tantos
pastores de la Iglesia ponen para combatir
el “peligro”
de Medjugorje, como si no
hubiesen otros mas graves... El “peligro” no
puede venir de Aquella que nos invita a la
oración, a que nos alimentemos de la pala-
bra de Dios, a que frecuentemos los sacra-
mentos de la confesión y de la Eucaristía: no
puede venir de Aquella que no dice cosas
distintas de las que la Virgen pidió en
Lourdes y en Fatima: oración y penitencia.
Y si su presencia entre nosotros es tan larga
en el tiempo, no se debe a una insólita locua-
cidad de la Madre del Señor, sino porque el
momento es grave y el sufrimiento material
y espiritual de sus hijos es grande.
Tampoco podemos “apartar” a la perso-
na de Maria del lugar elegido para apare-
cerse;
porque la gracia sigue la lógica de la
Encarnación:
se hace concreta y operante en
el tiempo y en el espacio que Dios quiere y
que el Espiritu Santo desea. Tampoco es justo
atrincherarse tras el hecho de que la Iglesia no
se haya todavía pronunciado sobre el tema.
Este estado de espera sobre el pronunciamien-
to de la Iglesia no legitima mayores severida-
des y restricciones de las que toma la Iglesia.
Mientras tanto, se dan casos de verdadero
arbitraje. ¿Porque los grupos de Medjugorje
para orar estan obligados a pedir estadios a los
alcaldes en lugar de iglesias a los sacerdotes?
¿Porque todos pueden hablar de todos los
temas, pero en cambio, los videntes no pueden
dar su testimonio y son repudiados por las
Diocesis como si fueran la peste?
El pueblo de Medjugorje (con cerca de
20 millones de peregrinos) no quiere privile-
gios, sino los mismos derechos de los demás
fieles, y si hay cosas por esclarecer, es hora
de que alguien haga ya un primer y serio
discernimiento sobre los hechos y sobre los
frutos de Medjugorje; sin miedo de ensu-
ciarse las manos o de arruinar su propia car-
rera. A veces, los pecados de omisión y las
soluciones “al estilo de Pilatos” son mas
graves que muchos otros pecados.
Es aquí donde, haciendo alguna refle-
xión, he hallado respuesta a la pregunta: ¿A
quien habla el Papa? Fue cuando el pasado
12 de septiembre el Papa ordenó a algunos
nuevos obispos y les dirigió una serie de
paternales exortaciones, pidiendoles que
sean fieles, prudentes y buenos. Subrayemos
algunos pasajes, y cada uno podra llegar a
las debidas conclusiones.
“Al igual que los 72 discipulos enviados
El Efecto
Medjugorje
¡Que extraño hablar de un efecto! ...si
bien en realidad no encuentro término mejor
para sintetizar mi pos-Medjugorje.
Han pasado ya dos meses desde mi viaje
y afortunadamente según me habia sido
anunciado por algunos amigos y como en
realidad siento, un trocito de Medjugorje lo
traje conmigo a mi casa.
Algo ha cambiado: la cotidianidad sigue
rebosante de mil probemas y cosas que
hacer, pero llega un momento, por la tarde
precisamente, que me reencuentro con mi
Medjugorje, en el que consigo respirar de
nuevo esa paz que encontré entre esos mon-
tes. Terminada la cena, nos organizamos
para ir a dormir, y grito: “Marco, ¿Te das
prisa?, “Fabio, ¡Coge a Luca!”, y en el caos
mas total, le cambia el pañal, se lavan los
dientes, luego hacen pis, el pijama y cuando
estamos listos nos metemos todos en el
camastro. Hasta hace algún tiempo, solía-
mos encender la televisión o les contaba un
cuento, mientras que ahora nos santiguamos
y oramos juntos; es curioso, ¿Verdad? Tras
siete años de matrimonio hallarse rezando el
rosario con tu marido.....nunca habíamos
pensado en decir el rosario...y juntos, menos
todavia...!
Yo recito las Ave Marias y Fabio y
Marco me responden, mientras Luca, con el
chupete en la boca nos escucha en paz y en
silencio casi como transportado por la gracia
que en ese momento baja a nuestra habita-
ción; puntualmente, entre la vigesima y la
trigesima Ave Maria, comienzo a no recibir
ya mas respuesta: primero es Marco el cae
dormido, luego Fabio y por fin Luca, mien-
tras yo termino mis oraciones.
Una de las noches en un determinado
momento, me he preguntado: Y LA TELE-
VISION?, ...asombroso... siempre ha perma-
necido apagada y es extraño porque en los
ultimos años siempre nos ha acompañado
este electrodomestico que hablaba y hablaba
continuamente, e incluso además de hacerte
compañia, llegaba a veces a monopolizar
toda la noche. Ahora oigo a mis hijos, reir,
llorar, hacer perrerías y escucho también el
silencio, descubriendo que, a veces, te dice
mas cosas que una televisión encendida.
Pues ésta es, ésta es la Medjugorje que
me traje a casa conmigo y que trataré de
mantener con la oración y con el compromi-
so sabiendo que seré recompensada con la
paz y con la comunión con mi familia y con
Dios.
Cinzia Vinchi
El sonido del silencio
Es de noche. En el silencio profundo,
también los pájaros se unen en su sueño
restaurador a este silencio que no es silencio,
sino percepción de un sonido apenas percep-
tible que sale de lo profundo del alma. Ésta,
a su vez, vibra de emoción pensando que
este sonido pueda ser percebido por el
Creador. Y entonces el corazón se calienta,
emana un calor que es puro abandono, y lue-
go late locamente.....y tu tratas de compri-
mirlo
por miedo a que explote, a que pueda
salir del cuerpo para unirse al corazón palpi-
tante del Señor.
Pero al corazón no se le manda...asi que,
en esta comunión profunda en su Espíritu
Santo, Dios - para el que nada es imposible-
a través nuestro puede de nuevo crear, gene-
rar, vivificar, entrar en los corazones donde
no hay esperanza ni amor para recostruir la
paz y llevarles al equilibrio inicial.
Todo esto es posible a través de nuestra
unión en Dios, con el ofrecimiento de nue-
stra vida. ¡Pero no solos! ¡Pensemos lo gran-
de que es ser un solo corazón y una sola
alma
con los hermanos que Dios pone a nue-
stro alrededor! El ofrecimiento de la vida en
comunión es una oración de extraordinario
poder... Basta sólo ofrecerle nuestro sí,
determinado y sincero. Dios lo utilizará.
Andrea Casadei
por el Señor, el presbítero debe traer sana-
ción, debe ayudar a sanar la herida interior
del hombre, su lejanía de Dios” . En otra
ocasión el Papa explicaba bien que la pala-
bra episcop - obispo- significa uno que vigi-
la por el bien del que se le confia; no como
un policia o un carcelero.
El Papa sigue diciendo: “No atemos a los
hombres a nosotros , no busquemos poder,
prestigio o propia estima. Llevémos a los
hombres hacia Cristo, y así, hacia el Dios
vivo”. “En la sociedad civil y, a veces, tam-
bién en la Iglesia, muchos a los que se le
confió una responsabilidad, trabajan para sí
mismos y no para la comunidad”.
“La prudencia es distinta de la astucia.
Exige la razón humilde, disciplinada y vigi-
lante, que no se deja cegar por prejuicios, sino
que busca la verdad, aunque sea incómoda”
“Sólo si nuestra vida se desarrolla en el
diálogo con Jesucristo, si adquirimos Sus
caracteristicas y quedamos plasmados por
ellas, podremos ser siervos verdaderamente
buenos.” Agradecemos al Santo Padre estas
útiles reflexiones y también por el Año
Sacerdotal por el nombrado, que nos permi-
te orar mas intensamente por nuestros pasto-
res y confiarlos a la Virgen Maria.
Don Nicolino Mori
¡ A l é g r a t e , M a r i a !
Alégrate... tu que nos revelas el secreto del Plan de Dios
Alégrate... tu que nos conduces a la confianza en el silencio
Alégrate... tu que eres la primera de las maravillas del Cristo Salvador
Alégrate... tu que recapitulas el valor de su Palabra
Alégrate... La que Dios elige para bajar a la tierra
Alégrate... Punto que une la tierra con el cielo
Alégrate... Maravilla inagotable para los angeles
Alégrate... Herida incurable para el enemigo
Alégrate... inefable Madre de la Luz
Alégrate... tu que has guardado en tu corazón el Misterio
Alégrate... en la que pasó la sabiduria de los sabios
Alégrate... en la que se ilumina la fe de los creyentes
Alégrate... Esposa no esposada
Himno Achatistos a la Madre de Dios atribuido a Romanos El Melode (+560 d.C.)
7
background image
Resp. Ing. Lanzani - Tip. DIPRO (Roncade TV)
LOS LECTORES
escriben
Don Franco Loddo, desde
Contratación, Guadalupe: “Hermanos y
hermanas en Cristo, desde hace tiempo no
recibo más vuestra valiosa publicación en
español “Maria Reina de la Paz”, y la echo
de menos... Desde el principio he seguido el
desarrollo del fenómeno religioso de
Medjugorje que, según la opinión del Santo
Padre Juan Pablo II, es la continuación de
Lourdes y Fátima. Todas las veces que reci-
bo noticias vuestras las utilizo para mante-
ner alto el fervor de nuestros queridos enfer-
mos de esta casa nuestra, en la que nosotros
Salesianos residimos desde hace ya mas de
un siglo. El culto a la Virgen , bajo el titulo
de “Auxiliadora de los Cristianos”, es tan
profundo entre la población de nuestros que-
ridos leprosos que en la montaña que domi-
na nuestro valle hemos levantado un
Monumento. Cada sabado subo allí arriba,
hasta los 1.850 metros de altura, a pesar de
mis 80 años, para la celebración de la Santa
Misa a las ocho de la mañana. Se que estáis
necesitados de ayuda económica para llevar
adelante vuestra valiosa publicación; y por
ello escribiré a mi hermano en Italia para
que os envie un donativo en mi nombre. En
unión de oración”.
Sor M. Franca, desde Sudafrica:
“Deseo de corazón leer el Eco, me da mucha
fuerza. Estuve dos veces en Medjugorje y
esto me ha dado una alegría tan grande que
trato de contagiarla a los demás, junto al
deseo de orar y de pedir oración. Distribuyo
el Eco en inglés, y todo el que lo recibe está
contento. El Señor os recompense por todo
el bien que haceis”.
Aida Ramos, desde San Sebastián,
Puerto Rico: “Reciban mi mas caluro salu-
do. Como siempre les mando un cheque
para mi contribucion del Eco, que tan felices
nos hace y los mucho que nos alimenta espi-
ritualmente”.
Ghislaine Bouchet, desde Francia:
“Agradecida por este valioso alimento espi-
ritual, os aseguro mi cercanía fraterna”.
Geneviève Gamel, desde Francia:
“Queridos amigos, gracias por el Eco de
Maria que me sostiene en este camino hacia
Dios, a veces un poco duro. Sigamos en
union de oracion y de esperanza”.
Berti M. De Castello, desde Puerto
Rico: “Gracias por hacer un trabajo tan her-
moso. Hace algun tiempo perdi contacto con
ustedes y me hace mucha falta su revista.
Está incluído un donativo y mi dirección.
Los numeros anteriores que tengo los
utilizamos en nuestro círculo de oración”.
Sor Margaret Mary Onyema, desde
Nigeria: Con el corazón lleno de alegria,
deseo agradeceros por la constancia y la
fidelidad con la que me enviais vuestro
periódico bimestral. Le pido al Señor que os
mande hombres y mujeres de corazón gene-
roso que financien vuestro periódico.
Gracias por la oportunidad que me brindais
de divulgar la devoción a Maria a través de
vuestro periodico. Reina de la Paz, ¡Ruega
por nosotros!”.
Antonella Andreis, desde Vicenza,
Italia: Gracias por haberme devuelto la ale-
gría de leeros, sobretodo en los números
atrasados, que no había encontrado en las
parroquias de la ciudad”.
¡Os agradecemos!
Ante todo, por la bondad con la que aco-
jéis el Eco en vuestras casas, pero tambien
por la fidelidad que os lleva a pedirlo o a
buscarlo cuando, por algún motivo, se retra-
sa o no llega.
Os agradecemos por la confianza que
ponéis en nosotros y en nuestra manera de
transmitir a Maria, sus palabras, sus pensa-
mientos, sus mensajes...
Y agradecemos a todos los que nos
manifiestan abiertamente su agrado y su
deseo de seguir leyendo el Eco, a través de
las cartas, de las llamadas telefonicas, de los
emails... El contestador automatico de Eco,
al que llegan diversas voces, nos cuenta:
“¿Oiga, es la oficina de Eco de Maria?...”
Voces sorprendidas:”Pero, el Eco
¿Existe todavía?....y además de la sorpresa,
la alegria de haberlo reencontrado en una
iglesia, con el deseo de seguir recibiéndolo;
Voces de agradecimiento: “Somos con-
sagradas, hemos sufrido sin el, ¡Ha sido un
sacrificio espiritual estar sin el Eco!”
Voces necesitadas: “Hemos sido toca-
dos por la gracia en Medjugorje y el Eco
nos ayuda a vivirla a diario, es un alimento
espiritual que a menudo falta en las parro-
quias: ¡Adelante, porque tenemos necesidad
del Eco!
Voces confusas: ¿Que sucede en
Medjugorje? Se oyen tantas noticias negati-
vas...¿Vosotros seguís?
A todas estas voces, y a muchas otras
que en silencio expresan su cercania
mediante la oración o de manera mas con-
creta, a través de un donativo (que ahora mas
que nunca nos ayuda a seguir adelante)
nosotros les decimos ¡GRACIAS! Si, gra-
cias de corazón, porque sin vosotros Eco
no puede vivir,
no puede seguir haciendo
eco a Maria que en Medjugorje habla,
exhorta, nos llama...
Os agradecemos, pues, a vosotros lecto-
res y distribuidores por todo esto; pero tam-
bién por la paciencia que habéis demostrado
en este año que está por concluir, en el que
hemos tenido que superar muchos desafios,
enormes dificultades de todo tipo. No siem-
pre las cosas han ido como queríamos...
Seguimos creyendo que el Eco es una
realidad espiritual generada por Maria, para
así llegar a miles de hijos suyos en el mundo
que se dicen contentos de recibir “correo” de
Ella. ¡Y precisamente por esto, el Eco no
puede tener vida fácil! El Viejo Adversario
intenta siempre bloquear los planes de la
Virgen, lo experimentamos continuamente:
quiere hacernos perder tiempo creando
imprevistos y dificultades inesperadas que
provocan fastidiosos retrasos e inútiles
obstaculos. Si no vivieramos un constante
ofrecimiento a Dios para que El guie hacia
buen fin nuestro compromiso, ¡Seria impen-
sable seguir adelante! Pero nosotros cree-
mos y esperamos, por lo tanto, tambien osa-
mos... Y decimos: ¡Deo gratias!
La redacción
Como una familia
El Eco crea una especie de familia for-
mada en su mayoria por vosotros lectores
que sois tan numerosos y que habitais en
tantas regiones de cada continente. Que sois
tantos, lo dicen las peticiones de este peque-
ño periodico, del que se imprimen cientos de
miles de ejemplares en muchos idiomas.
Ahora el Eco se dirige a vosotros, como
familiares suyos que sois, y habla con voso-
tros como si hablaramos en familia. Con
agrado Eco llega a vuestras casas porque sabe
que vosotros lo custodiáis. si, porque Eco
debe ser custodiado en una familia: nuestra
familia de Eco; decimos custodiado en el sen-
tido espiritual, mediante vuestras oraciones y
vuestro amor, sólo así puede vivir, porque
Eco esta hecho de cosas del Espíritu.
Además, Eco requiere de robustas piernas
para alcanzaros, porque vosotros habitáis a
mucha distancia también, a miles de kilome-
tros a veces y teneis necesidad de un servicio
eficiente. Si, Eco tiene necesidad de medios y
recursos adecuados para la impresión, la con-
fección y la distribución. Ahora mismo, las
maquinas que gestionan el periodico no están
ya capacitadas para desarrollar su función de
manera eficiente y deben ser sustituidas.
Por esto Eco te pide una ayuda sabiendo
que puede contar contigo. Pues entonces:
¡Gracias! Con tu contribución Eco tendrá de
nuevo la posibilidad de mantener viva a nue-
stra familia para gozo de muchos y también
de la Madre,a la que consideramos inspira-
dora y custodia de este pequeño periódico.
Pietro Squassabia
Villanova M., 1° de Noviembre de 2009
El silencio virginal de Maria
sea nuestra casa,
en la que reposar tranquilos,
en espera del Adviento del Señor.
Como una madre que en su interior
acoge a la criatura,
esté nuestro espíritu atento
a la gracia que baja para fecundar,
y de nuevo generar,
al Hijo de Dios entre nosotros,
en nuestro si, en nuestro deseo
de ser carne del Emanuel...
¡FELIZ ADVIENTO y
FELIZ NAVIDAD a todos!
El Eco de María
vive sólo de donativos
que pueden hacerse
por VÍA BANCARIA:
Associazione Eco di Maria
Banco de Valencia
(Grupo BANCAJA)
IBAN: ES59 0093 0999 1100 0010 2657
CUENTA CORRIENTE Nº:
0093 0999 11 0000102657
Para nuevas suscripciones o para
modificaciones en la dirección escribir a la
Secretaría del Eco
ECO DI MARIA
Via Cremona, 28 - 46100 Mantova -
Italia
E-MAIL: eco-segreteria@ecodimaria.net
Eco en Internet: http://www.ecodimaria.net
E-mail redacción: ecoredazione@infinito.it
8