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www.medjugorje.ws » Eco de Maria Reina de la Paz » Eco de Maria Reina de la Paz 208 (Enero-Febrero 2010)

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“Estar-con es el deseo mas profundo del
amor, es lo único que cuenta: estar con el
que amamos, estar con el que nos ama.
Todo lo demás es secundario; no es nece-
sario que las situaciones cambien, siem-
pre que contemos con la presencia del
amado. Es precisamente lo que el Señor
nos promete y nos ofrece. El no cambia
las cosas, sino que se mete en ellas y
entonces, al estar El, interiormente todo
cambia”.
A. Vanhoye
(da: El pan cotidiano de la palabra)
Mensaje del 25 de noviembre de 2009:
“¡Queridos hijos! En este tiempo de
gracia, los invito a todos a renovar la ora-
ción en sus familias. Prepárense con ale-
gría para la venida de Jesús. Hijitos, que
sus corazones sean puros y acogedores,
para que el amor y el calor comiencen a
fluir a través de ustedes, en cada corazón
que está lejos de Su amor. Hijitos, sean
mis manos extendidas, manos de amor
para todos aquellos que se han perdido,
que no tienen más fe ni esperanza.
¡Gracias por haber respondido a mi lla-
mado!”
Manos amorosas para
devolver fé y esperanza
Al comenzar el Adviento, en este tiem-
po de gracia, Maria nos ha pedido a todos
recomenzar de nuevo, reiniciarnos, invitán-
donos a todos a renovar la oración en
nuestras familias.
Para acoger la gracia de
este tiempo que vivimos (en este caso el
Adviento) debemos sintonizarnos en la onda
correcta (El Amor del Padre que nos dona a
su Hijo), debemos eliminar las interferen-
cias que puedan surgir (el pecado y todo lo
que a él se refiere), ponerse a la escucha,
para luego hablar en el momento oportuno
(oración). Renovar la oración en familia,
porque el lugar adecuado de la espera de
toda vida es la familia, y portanto la familia
debe prepararse a acoger a Jesús que nace.
Las novenas ante el pesebre, adornadas con
Rosarios, villancicos y cantos populares en
las que la familia entera participaba, es toda-
via un dulce y entrañable recuerdo. El frio
de las casas, a veces muy escasamente
calentadas, no desalentaba a nadie a postrar-
se ante esa simple, pequeña, pero verdadera,
liturgia familiar. Hoy dia, en las casas de los
paises llamados ricos, a veces desmesurada-
mente calentadas, ya no se oyen villanci-
cos,a veces desentonados, sino persuasivas
palabras que, acompañadas de dulces melo-
días navideñas, llueven sobre ti desde un
televisor, alzado en un “altar”, y la liturgia
del consumismo te pide que consumas, que
consumas hasta sentirte mal, hasta que te
identifiques con lo que celebras, hasta que tú
mismo, seas objeto de consumo.
Preparáos con alegría para la venida
de Jesús, nos dice María. Parecen palabras
insignificantes para el hombre de hoy y leja-
nas de las necesidades concretas de la perso-
na, cuando en realidad son la “llave maes-
tra” para la existencia del hombre, de la
sociedad y de la humanidad entera. Si toda-
vía el mundo subsiste es precisamente por-
que Jesús vino al mundo; si el mundo será
salvado y no destruido, redimido y no
disuelto, es precisamente porque Jesús ya lo
ha salvado, porque Jesús ha vencido a la
muerte.No podemos no esperar a Jesús con
alegría inmensa, alegría grande, alegría eter-
na. Incluso los que lean estas palabras pasa-
do ya el Adviento, podrán todavía unirse a
nosotros; la oración bien hecha llega al
Corazón de Dios y allí el tiempo es un eter-
no Presente, no hay pasado ni futuro.Hijos
mios, que vuestros corazones sean puros
(acudamos al Sacramento de la Confesión) y
acogedores
(liberémonos de todo lastre inú-
til, hagamos espacio en nosotros; ¿No es
ésto fruto del ayuno al que tantas veces
Maria nos invita? Corazones puros y aco-
gedores para que el amor y el calor
comiencen a fluir a través de vosotros, en
cada corazón que esta lejos de Su
amor.
(del amor de Jesús).Un corazón puro
es necesariamente similar al Corazón de
Jesús, al Corazón de Maria, y portanto es
capaz de acoger a cada hombre, a cada per-
sona, como así lo hacen Jesús y Maria. Es
mas, mejor todavía,un corazón puro de ver-
dad es un corazón totalmente sumergido en
el Corazón de Jesús, y vive y se alimenta de
Su Amor, y llevará este Amor a todo el que
esté lejos de él. Sólo entonces la acción
humana será vehiculo de la acción divina, y
así ,realmente salvadora, y el Amor triunfará
según lo anunció San Pablo (1Cor 13, 1-13)
y predijo Maria: Hijos mios, sed mis manos
extendidas, manos de amor para todos
aquellos que se han perdido, que no tie-
nen más fé ni esperanza.
Nuccio Quattrocchi
Mensaje del 25 de diciembre de 2009:
“¡Queridos hijos! En este dia de ale-
gría os llevo a todos ante mi Hijo, Rey de
la Paz, para que El os de su paz y bendi-
ción. Hijos mios, compartid esa paz y ben-
dición en amor con los demás. ¡Gracias
por haber respondido a mi llamada!”
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Mientras el poderoso de turno nos llama
a figurar en el censo, probablemente para
actualizar el registro de los impuestos, ya que
todos estan implicados en esta llamada,
resuena en cambio en el aire otra llamada
que atañe también a todo el pueblo, pero es
una llamada que no proviene de la tierra, sino
del cielo y es entregada no al ejercito sino a
un pequeño grupo de personas consideradas
al margen de la sociedad de entonces: los
pastores (cfr. Lc 2,1-20). Desde entonces han
pasado mas de dosmil años y esta llamada
resuena todavía en la tierra, y como enton-
ces, llama individualmente a cada uno, a
registrarse no sobre un libro hecho de papel,
sino de carne divina; no para identificar a
cada uno con un número sino para dar a cada
uno un nombre, el mismo nombre, ¡El nom-
bre de Jesús! Esto es la Navidad y querer
reducirlo a un recuerdo es limitarlo a un sen-
timiento, tal vez todavia capaz de hacer
vibrar algo nuestro corazón, pero incapaz de
cambiar nuestra vida, de “ser” nuestra vida.
La Navidad no está a nuestro alcance, no
depende de nuestros méritos, de nuestra
organización, ni de nuestras capacidades; no
es algo que hacer, sino algo que coger, algo
que acoger, algo para vivir: es un aconteci-
miento, es ¡El Acontecimiento! Es “un niño
envuelto en paños sobre un comedero”; es
“el niño nacido, que ha nacido por nosotros
(no de nosotros), el hijo que se nos ha dado”
(cfr Is 9,5). Es un acontecimiento no limita-
ble en fecha, es un acontecimiento vivo,en
curso hasta el fin del mundo, y hasta enton-
ces interpela personalmente a cada uno de
nosotros, ya sea para acogerlo como para
rechazarlo. Por ese niño estamos invitados
no a inscribirnos en una lista de personas
sino a acoger Su Vida en nosotros: mas a
cuantos lo recibieron dióles poder de venir a
ser hijos de Dios, a aquellos que creen en su
nombre, que no de la sangre,ni de la volun-
tad carnal, ni de la voluntad de varón, sino
de Dios, son nacidos
(Jn 1, 12-13).
¡Queridos hijos! En este dia de alegría
os llevo a todos ante mi Hijo, Rey de la
Paz, para que El os de su paz y bendición.
La paz no es una promesa sino una realidad:
el Hijo nacido por nosotros, ofrecido a los
hombres que Dios ama, osea a todos; es don
para esta tierra que no conoce la paz porque
la busca como a producto propio y no acepta
recibirla como don, fruto del Amor. La paz es
fruto del Arbol de la Vida, ahora ya no mas
prohibido sino generosamente ofrecido a
quien lo pida como don y no lo busca como
Enero - fevrero de 2009 - Editado: por Eco di Maria, Via Cremona, 28 - 46100 Mantova (Italia)
A. 26, N° 1 - 2; Esd .a. p. art. 2, com. 20/c, leg. 662/96 filiale di MN - Autor. tribun. MN: 8.11.86, ccp 14124226
208
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conquista propia. Jesús nos espera; Maria
nos lleva a El para que alcancemos la paz y
la bendición de El y en El. Paz y bendición
no son dones distintos, sino un único don;
son atributos de Jesús, o mejor, son Jesús
mismo. El es nuestra paz y nuestra bendición
y por eso no podemos adueñarnos de ellos.
La paz y la bendición deben ser compar-
tidas con el prójimo, si no es así se marchi-
tan y se deshacen en nuestras manos. Hijos
mios, compartid esa paz y bendición en
amor con los demás.
El amor es la atmósfe-
ra que mantiene estos dones en su original
pureza y frescura, es el humus el que los
hace crecer hasta que El vuelva, hasta el
triunfo universal y definitivo del Reino de
Dios. La paz y la bendición de Jesús deben
ser compartidas en el amor; no se trata de un
presagio sino de una orden que Maria nos da
y que resume la Vida misma de Jesús, lo que
El ha hecho y lo que ha dicho, la vida de los
Apóstoles y de los primeros cristianos, la
vida de los Santos desde los orígenes hasta
nuestros dias. No basta con decir “Que Jesús
te bendiga”,
ni “Que Jesus te de su Paz”
sino que debemos testimoniar la paz y la
bendición de Jesús en nuestra vida cotidia-
na. En la medida en que Su Amor inhabite
en nuestras acciones, experimentaremos Su
Vida en nosotros y será El quien hable en
nosotros y por nosotros y nuestra palabra
será la Suya y será eficaz y hará lo que El
diga porque El es el Verbo que se hace car-
ne. ¡Jesús, te amo, venga Tu Reino, hágase
en mi según Tu Santa Voluntad!
N.Q.
La bandera de Europa
La Corte Europea de los derechos del
hombre ha deshauciado el crucifijo de las
escuelas; Europa, a pesar de ello, permanece
bajo la protección de Maria. Todo está en
sus manos: incluso la bandera Le pertenece.
Esto es lo que le sucedió a Clara Lubich
en agosto de 1999 durante la ponencia que
mantuvo en Estrasburgo con los diputados
del Parlamento Europeo. Le presentaron un
artículo de una revista francesa, firmado por
el Abad Pierre Caillon, que decía: Quisiera
contaros algo muy bello. Un día, en Lisieux,
me encontré con una persona que me dijo:
“Soy de Estrasburgo, y también a mi me
pidieron dibujar la bandera de Europa. Tuve
la idea de poner las doce estrellas de la
Medalla Milagrosa de la Rue de Bac, en
Paris, sobre un fondo azul.
A pesar de los más de cien proyectos que
se presentaron a concurso durante 5 años,
fué la bandera de la Virgen la que triunfó
por su modestia, discrecion y humildad.
Ésta recuerda las lecturas de la misa del 15
de agosto: “Después apareció una figura
portentosa en el cielo: Una mujer vestida de
sol, la luna por pedestal, coronada con doce
estrellas”. Evidentemente ésta es la bandera
de todos los europeos y, casi siempre, evita-
mos evocar el significado religioso, en vir-
tud del sacrosanto laicismo. Pero tenemos el
derecho de saber cómo nacieron las cosas.
Las doce estrellas nunca correspondieron al
numero de paises. A todos los que quieren
trabajar por la paz, les gustará pues saber
que la bandera de Europa es la bandera de
la Virgen, Reina de la Paz”.
Portanto los
pueblos de la Unión Europea, reunidos
entorno a la bandera “de la Virgen”, tienen
motivo de gozo sabiendo que estan bajo la
protección de Maria, que vigila y asiste con
corazón de Madre.
Pietro Squassabia
“¡Si quieres cultivar la paz,
custodia lo creado!”
Es lo que afirma el Santo Padre en el tra-
dicional Mensaje para la Jornada Mundial
de la Paz que se celebra el primer dia de
cada año. En el mensaje para el 2010 el Papa
“propone ‘una visión cósmica de la paz’
(...) que se realiza en un estado de armonia
entre Dios, la humanidad y la creación” y
“en dicha perspectiva la degradación
ambiental expresa no sólo una ruptura del
equilibrio entre la humanidad y la creación,
sino tambien un mayor deterioro de la unión
entre la humanidad y Dios.”.
Para afrontar con urgencia y responsabi-
lidad las consecuencias causadas por esta
desarmonía, Benedicto XVI invita a la
humanidad a renovar y a reforzar ‘esa alian-
za entre el ser humano y el ambiente, que
debe ser espejo del amor creador de Dios,
del que provenimos y al que nos encamina-
mos’.
Es desde aqui, y a menudo nos olvida-
mos de ello, donde se genera esa paz que
cada hombre necesita para vivir y que a
menudo perdemos: “¡Si quieres cultivar la
paz, custodia lo creado! - sigue diciéndonos
el Pontífice en el Mensaje - ‘La búsqueda de
la paz por parte de todos los hombres de
buena voluntad se verá sin duda facilitada
por el común reconocimiento de la relación
indisoluble que existe entre Dios, los seres
humanos y la entera creación. Iluminados
por la divina Revelación y siguiendo la tra-
dición de la Iglesia, los cristianos ofrecen su
propia aportación. Ellos consideran el cos-
mos y sus maravillas a la luz de la obra cre-
adora del Padre y redentora de Cristo, que
con su muerte y resurrección, ha reconcilia-
do con Dios ‘tanto las cosas terrenales como
las celestiales’.
Redacción
Yo en Africa,
obispo y... pobre
Queridísimos,
he regresado de la experiencia del
Sínodo Africano, celebrado en Roma, ani-
mado y decidido a intentar poner en practica
las orientaciones recibidas para hacer frente
a los tremendos obstáculos y problemas que
debe afrontar la Iglesia en Africa. En los
encuentros con los sacerdotes, en las visitas
pastorales, he intentado explicar los conteni-
dos y las conclusiones de este importante
acontecimiento eclesial. Una manera simple
y eficaz de hacerlo es a través del programa
radiofónico en el que cada dos semanas, el
domingo por la tarde, explico y ofrezco las
propuestas del Sínodo, adaptándolas a las
circunstancias locales de Uganda. Pude
hablar de la situación de las mujeres en
Africa, de la familia, del cambio climáti-
co...y seguiré escogiendo cada vez un tema
de especial actualidad para mi gente...
...¿Todo bien, entonces? Pues, no preci-
samente. Frente a la magnitud y compleji-
dad de los problemas mencionados y a nues-
tros recursos inadecuados, es difícil rehuir a
una sensación de impotencia. Los oyentes a
veces me preguntan: “Y nosotros, ¿Cómo
podemos ayudar?” Y la tentación, sutil y
sugerida por el sentido común,es la de res-
ponder: “Humanamente, poco o nada podeis
hacer”. Hablar, buscar y proponer solucio-
nes es una cosa. Ponerlas en práctica es
otra...No son sólo los grandes problemas de
la reconciliación , justicia y paz en Africa los
que provocan una sensación de impotencia y
desánimo. A veces bastan cosas mas sim-
ples...¡Basta una piedrecita dentro del zapa-
to para impedir que caminemos bien! Hace
cuatro dias he sido testigo y partícipe de un
acontecimiento de verdad extraordinario: la
ordenación episcopal del nuevo obispo de
Kotido, en Karamoja. Pero inesperadamente
sentí una profunda sensación de pobreza y
de incapacidad. Siendo yo uno de los tres
obispos consacrantes, me he hallado fisica-
mente cerca del nuevo obispo durante la
ceremonia. Así pude revivir un poco mi
ordenación: “Has sido escogido por el
Señor. Recuerda que el obispo debe tratar de
servir, mas que de mandar...Como padre y
hermano, ama a todos aquellos que Dios te
confía...” Y además, recordaba en la entrega
del anillo y en la pastoral:” Toma este anillo,
sello de tu fidelidad. Proteje a la esposa de
Dios, a su Iglesia....Vigila y custodia el reba-
ño del que eres pastor....” Frente a la belleza
y a la grandeza de esta misión, ¿Cómo no
voy a sentirme pequeño, pobre e incapacita-
do? Hoy dia....hace más de cuatro años...,
porque esta nos es simplemente una profe-
sión que se aprende....Y además, requiere
fidelidad en el servicio, en la entrega, que no
debemos considerar por descontada.
He regresado a Lira con la imágen en
mis ojos y en mi corazón del obispo Filippi,
con el libro del Evangelio abierto y apoyado
sobre mi cabeza.”Recibe el Evangelio y pre-
dica la Palabra de Dios...” Se trata de tener el
Evangelio en la cabeza, y sobretodo en el
corazón. No somos enviados a predicar
nuestras ideas, sino su Palabra. No siempre
es fácil, y a veces el éxito es incierto. Junto
a la alegría de ver a veces los frutos del
Espíritu de Dios obrando alrededor mío y a
través de mi ministerio, no faltan tampoco
los momentos - que últimamente parecen
multiplicarse - en los que experimento inca-
pacidad frente a la misión que se me asigna,
mi pobreza y mi fragilidad.
Alguno se preguntará ... ¿Y entonces? La
pregunta no vale sólo para mi. Se que, en
circunstancias diferentes, os puede pasar
tambien a vosotros cuando no llegais al
resultado deseado, cuando os sentis incapa-
ces de alcanzar lo deseado o lo que se os
pide; os podeis sentir a veces pequeños,
pobres e incapaces de dar el amor, la aten-
cion y la ayuda que el prójimo espera justa-
mente de vosotros, en la familia, en el traba-
jo, en la sociedad. Precisamente esta situa-
ción de pobreza y debilidad es el momento
adecuado para recibir el don de la venida de
quien ha asumido y ha hecho suya nuestra
debilidad y ¡Viene a traernosla, a llenarla de
su amor y de su fuerza!
Giuseppe Franzelli
Obispo de Lira (Uganda)
2
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Sacerdote por Cristo,
con Cristo y en Cristo
“Ni seais llamados maestros, porque
uno es vuestro Maestro, el Cristo” (Mt
23,10). Pocos años han pasado desde mi
ordenación sacerdotal, pero madura cada
vez mas en mi la conciencia del apostolado
que debo desarrollar: ser un sacerdote lla-
mado a recorrer en vida las etapas recorridas
por Jesús.
Todo lo que engloba el ministerio del
sacerdote (celebrar la Eucaristía, perdonar
los pecados, sanar, liberar del maligno) no
es sino repetir y actualizar la misión de
Jesús, Redentor en la tierra. Y para que esto
sea posible, el sacerdote debe trabajar conti-
nuamente en su propia alma, para asemejar-
se cada vez mas a El. Por este motivo veo
que no basta con recorrer exteriormente lo
que vivió Jesús, debo estar preparado para
llevar y sentir lo que El mismo ha llevado y
ha sentido.
El dolor ha acompañado a su misión,
aún estando siempre unido a la alegría de
hacer la voluntad del Padre y devolver la
vida a los hombres. En la vida terrena,
Cristo no sólo ha padecido por sentir el
pecado de los hombres, sino que también
como hombre debía hacer frente a todas las
consecuencias del pecado que marcan la
vida de cada individuo. Así pues sufrió
pobreza, humillaciones, e incomprensiones.
Ha sufrido por la muerte del padre putativo.
Ha sufrido al inicio de su misión, separán-
dose de la Madre y dejándola sola. Ha sufri-
do por cada dolor que le dió a Ella, y por
cada dolor de todos los que amaba.
Pero su grandeza se expresaba en la
aceptación libre y pura: Cristo ha aceptado
sentir y llevar todo ese dolor para romper las
cadenas creadas por el mal que habrían ata-
do a la humanidad para siempre si El no
hubiera dado su propia vida, junto a su
Madre, para devolver al hombre la posibili-
dad de levantarse.
¡Qué grande es este misterio y el signi-
ficado del sacerdocio en el que El nos con-
sagra a través de la misión de la Iglesia! Es
El quien imprime en nosotros el sello de su
sacerdocio. Es El quien extiende un manto
protector para que este sacerdocio querido
por Dios Padre desde la eternidad sea santo,
y para que nada ni nadie pueda bloquear la
acción de la gracia en nosotros. En esta cla-
ridad de la gracia, se integra nuestra dispo-
nibilidad y la respuesta; se inserta la comu-
nión en la oración, que a su vez activa este
don. La unión con Dios y vivir la comunión
en la oración es realmente la base del sacer-
docio en Cristo, porque este nace precisa-
mente en la comunión.
Y si el sacerdote vive el ofrecimiento
incondicional y la unión con Dios, su obrar
se hace muy poderoso, porque a su acción y
a la bendición se unen las de Cristo,
Salvador del Mundo.No es ya el sacerdote
quien transmite la vida de Dios que posee,
sino que es Cristo mismo quien, a través de
el, toca a las almas para librarlas de toda
influencia de satanás y para sanarlas. Y es
Cristo mismo quien dentro de él, lucha con-
tra el mal y anula los poderes de las tinie-
blas, protegiendo a las almas más débiles.
Cuanto mas entren las almas de los
sacerdotes en la vida divina y en el misterio
del sacerdocio, mas podrá obrar el sacerdo-
cio de Cristo en ellos mismos, y alcanzar y
resucitar a muchas almas. Sólo a través del
sacerdocio la gracia de Dios puede transmi-
tirse completamente a los hombres, y sólo a
través del sacerdocio cada oración, cada
súplica, cada petición de perdon, cada ala-
banza y todo lo que el hombre vive, puede
ser elevado al Padre.
Te agradezco “Rabbí” por las palabras
que siento en mi corazón, esas mismas pala-
bras que tu dirijiste a Simón Pedro: “¿Me
amas más que a los demás?” En esta pre-
gunta que también es una elección, me invi-
tas a que no nazca en mi ningún peso, nin-
guna preocupación y ningun miedo:
Me`preguntas si te amo mas que a los demás
porque quieres que yo descubra que tu amor
es mas poderoso que la muerte, el amor que
es poder y puede vencer a cualquier mal y a
toda muerte. Gracias porque me enseñas
que ante cada llamada tuya no debo mos-
trar temor alguno, sino que piense solo en
amarte con todo mi ser, porque es el amor el
que nos une a Ti.
Señor mio, te pido por todos los que
pusiste entorno a mi y que se encomendaron
a mis oraciones, para que puedan acoger
esta capacidad de amar que Tu imprimes en
nosotros y para que todos puedan vivir este
amor y testimoniar lo que significa vivir la
resurrección.
p. K.B.
El sacerdocio en primer plano
Joven, ¿Tienes sed? ...¡Ven a mi!
El mundo tiene sed, tiene sed de Dios y
esta muriendo de sed sin darse cuenta. Cada
joven busca su propia felicidad y es sensible
a valores como la libertad, la verdad y el
altruismo. La sed es la misma para todos, y
quien es auténticamente joven está en bus-
queda.
Es como una llamada interior, algo
de dentro que despierta. Me doy cuenta por
como cambia la mirada de un joven cuando
le hablo de felicidad, de libertad, cuando
comparto con el mi experiencia con Dios. Su
mirada cambia y revela una incontrolable
búsqueda interior de esperanza... SED.
Luego, en cambio, se desatan las reaccio-
nes humanas, como si de una autodefensa se
tratara: son tantas las desilusiones acumula-
das en cada uno y grande es el miedo por
sufrir. Así pues, pasado ese momento, esa luz
especial que se veía en los ojos del joven,
tiende a desaparecer: vuelve el rígido control
de la racionalidad... Pero llegado a eso, no
son ya importantes las palabras, basta con que
acojamos al que está delante nuestro, con
todas sus reacciones; una mirada de amor,
una pregunta que va al corazon de esa perso-
na valdrá mas que tantos sabios argumentos.
He tenido ocasión de experimentarlo en
el curso de las “evangelizaciones calleje-
ras”
,
organizadas por la comunidad
“Nuevos Horizontes” y “Centinelas de la
Mañana”; iniciativas que responden a la
necesidad mas urgente de este tiempo:
anunciar el Evangelio a las nuevas gene-
raciones.
Por lo general esta Misión se ava-
la de la colaboración de un centenar de jove-
nes que en su propia vida se encontraron con
el Señor. Éstos, son enviados a las calles, de
dos en dos, para encontrarse con otros
jóvenes
- enviados a las plazas, a los bares,
a los patios de universidades, a las playas, a
las salidas de las discotecas,donde quiera
que se encuentren , incluso entrada ya la
noche - y llevarles un simple anuncio, dando
su testimonio personal y proponiendo un
nuevo encuentro con Jesús Resucitado.
Muchos son los rechazos y las mofas que
se nos presentan, pero todos los que se abren
a la escucha quedan tocados interiormente, tal
vez por la serenidad manifiesta de los “misio-
neros” y algunos aceptan entrar de nuevo a la
iglesia tras muchos años: Jesús Eucarístico
está alli, esperando a sus hijos hasta bien
entrada la noche, un cruce de miradas a veces
basta para desmontar miticos muros y hacer
brotar lágrimas de alegría. Asistimos a autén-
ticos milagros, y es tan evidente que ¡No
somos nosotros los que convertimos! Somos
sólo instrumentos y espectadores.
¿Porque dar nosotros el primer paso
hacia “los lejanos”? Quien ha tocado el amor
de Dios y ha cambiado de vida, desea com-
partir con los demás su propia alegría, aun-
que numerosos son los obstáculos y los fre-
nos que nosotros mismos nos ponemos. Tal
vez la clave este en la frase: “Quien tenga
sed, venga a Mi”.
Es la misma sed que arde
en cada uno, incluso en aquel que parece del
todo cerrado a cualquier experiencia de
fe.Cada uno lleva consigo esa necesidad de
amar y de ser amado que halla pleno cumpli-
miento sólo en la relación con la fuente del
Amor puro. Portanto es tarea nuestra la de
comunicar la maravillosa revolución de amor
que trajo Cristo: la Misión está abierta a
quien quiera participar, aunque todos esta-
mos llamados, indistintamente, a transmitir
silenciosamente a Dios a los demás, en los
simples quehaceres cotidianos.
Francesco Cavagna
En la oración
“En la oración, pide estas cosas y
vivelas en el momento de tu súpli-
ca. ¡Que sea el deseo y la pasión
quienes te muevan!
Implora a Dios de manera fogosa
y en tu oración haz arder tu corazón
hasta que la misericordia sea fuego
y more en ti, y permanezca en tu
corazón la pasión incendiada por su
amor.”
(Isacco Siro, Discursos espirituales)
Mi vida, Señor,
simple y recta como una flauta
para que tu la puedas llenar,
llenar con tu musica.
Mi vida, Señor,
blanda arcilla en tus manos
para que tu puedas darle forma,
la forma que tu quieras.
Mi vida, Señor,
libre semilla en el viento
para que tu la puedas sembrar,
sembrarla donde tu quieras.
Mi vida, Señor,
pequeña rama seca
para que la puedas encender,
y caliente al pobre y a ti.”
(Oración latinoamericana)
3
Eco 208
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El Amigo
“Quien encuentra un amigo, encuentra
un tesoro” (Sir 6, 14). La Sabiduría, “amiga
del hombre”
(Sab 7,23), quiso, en un tiem-
po establecido, manifestar abiertamente su
amistad a los hombres, y para ello bajó a la
tierra, tomó forma humana y un nombre:
Jesús. Entonces, los hombres descubrieron
una amistad completamente nueva, que
antes no conocían, porque encontraron a
Jesús, el amigo que los amó hasta donarles
Su propia vida. Las gentes de entonces que-
daron sorprendidas por este don Suyo y por
la confianza que puso en ellos. De este
modo, los que creyeron en El, gozaron
teniendo como amigo a su Señor y com-
prendieron que la amistad no podía subsistir
sin la plena confianza en el Amigo.
También hoy dia se nos ofrece su amis-
tad, también a nosotros se nos pide que con-
fiemos en El; sólo confiando en El podre-
mos sentirle como amigo, y no un exrtraño,
por no decir alguien a quien repudiar.
Liberémonos pues de todo temor hacia el
Amigo, temor que proviene de aquel que no
desea nuestro bien. El Amigo, de hecho,
simplemente dona, sin quitarnos nunca
nada, y si nos llegara a pedir la vida, no seria
para quitarnosla sino para hacerla mas bella.
Por esto, Jesús es el Amigo a quien confiar
cada cosa, a quien confiarlo todo,a quien
decir: soy todo tuyo; tuya es esta situación
mia, esta alegria mia, este deseo mio, esta
falta mia, este proyecto mio; todo es tuyo,
tambien mi futuro. Si obramos así, tal vez
descubramos una amistad siempre mas ver-
dadera, una comunión siempre mas grande
con el Amigo y entre nosotros.
El Niño, nacido en Belén, parece decir-
nos precisamente esto: confia en mi, ofrece-
te a mi como lo hice Yo por ti. Si confias en
mi, comprenderás que confiar en el amor de
Dios es mas importante que amar;
com-
prenderás que Maria se hizo Madre de Dios
precisamente por confiar plenamente en su
Señor. Entonces, con seguridad, desaparece-
rán de ti todos los miedos y podrás decir
conmigo: mi yugo es llevadero y mi carga,
ligera,
porque seré Yo quien lo lleve, conti-
go y por ti. Entonces descubrirás haber reci-
bido como regalo el tesoro mas bello: la
Sabiduría que bajó a la tierra, el Amigo que
se dona por entero a ti, que confia en ti.
Gracias Jesús, por haberte ofrecido por
nosotros. Gracias por haber confiado en
nosotros, a pesar de no merecerlo... pues así
es como obra el Amor.
Las señales... los signos....
Las señales de tráfico son muy impor-
tantes para quien, no conociendo el recorri-
do, debe alcanzar una meta. Las señales no
son la meta, pero son importantes para
poderla alcanzar. No debemos detenernos
demasiado a contemplarlas, para no llegar
con demasiado retraso, o para no llegar nun-
ca, pero no podemos hacer caso omiso de
ellas, sobre todo cuando circulamos por
ciertas carreteras.
Los brotes de nuevas yemas en los arbo-
les indica que la primavera está ya próxima,
que la estación está cambiando y pronto
aparecerán, además de las flores y las hojas,
tambien los frutos.
Tambien el Espíritu nos ofrece unas
“señales” para indicarnos el Camino que lle-
va a la Meta, nos ofrece “signos” que nos
hacen entrever los Frutos.
Medjugorje no es la Meta, que es mucho
mas bella; no es el Fruto, que es mucho mas
dulce, pero si es ciertamente una “señal”
que indica el camino que conduce al Cielo,
un valioso “signo” para mostrarnos y hacer-
nos desear los Frutos.
Así es como debieramos mirar a
Medjugorje: como una “señal”, como un
“signo” importante para alcanzar la Meta,
para desear gustar los Frutos. Maria, que
nos señala siempre a Dios como meta nues-
tra, que muestra siempre a Jesús como el
Fruto, en verdad, desea de nosotros precisa-
mente esto: que consideremos “las señales y
lo signos” como válidos instrumentos que la
Divina Providencia nos ofrece para alcanzar
el banquete Celestial, sobretodo para aque-
llos que, como nosotros, tienen necesidad
de una ayuda especial para proceder rápidos
y seguros hacia la Meta.
P
ENSAMIENTOS
S
ENCILLOS
de
Pietro Squassabia
Una perla escondida
“Maria vivió tan escondida su vida que
fue llamada por el Espíritu Santo y por la
Iglesia, Madre escondida y reservada.
Fué tan profundamente humilde que no
tuvo atracción mas grande y continuada
en la tierra que la de esconderse a ella
misma y a los demás, para asi poder ser
conocida sólo por Dios. Para complacerla
en sus peticiones de mantenerla escondi-
da, pobre y humilde, Dios se complació
de no revelarla a casi nadie desde su con-
cepción, en su nacimiento, en su vida, en
sus misterios, en la resurrección y en la
asunción.
Sus mismos padres no la conocían y
los angeles se preguntaban a menudo
unos a otros: “¿Quién es ella?”. El
Altísimo, de hecho, la ocultaba ante sus
miradas y si daba a conocer algo de ella,
infinitamente mayor era lo que guardaba
en secreto de ella.
Dios Padre estipuló que no hiciera
milagros en vida, por lo menos de los
grandes, aún habiéndole dado poder para
ello. Dios Hijo estipuló que sus apóstoles
y evangelistas hablaran poco de ella, y
sólo lo necesario para dar a conocer a
Jesucristo, aún siendo ella su fiel Esposa.
Maria es la excelente obra de arte del
Altísimo, quien se reservó su conoci-
miento y posesión. Maria es la madre
admirable del Hijo, el cual gustó en humi-
llarla y esconderla durante su vida para
secundar la humildad llamándola mujer,
como a una extraña, aún amandola y esti-
mandola en su corazón por encima de los
angeles y de los hombres. Maria es la
fuente sellada y la Esposa fiel del Espíritu
Santo, donde sólo el puede entrar. Maria
es el santuario y el reposo de la Santisima
Trinidad, donde Dios se halla magnifica y
divinamente, mejor que en cualquier otro
lugar del universo...”.
San Louis-Marie Grignion de Montfort
(Tratado de la Verdadera Devoción a la Santa
Virgen nº 2,3,4,5 y 6)
Sucesos de ciudad:
veneno para el corazón
En el corazón de las ciudades cristianas,
Maria constituye una presencia dulce y tran-
quilizante. ¿Qué le dice Maria a la ciudad?
Nos recuerda que “donde el pecado abundó ,
sobreabundó la gracia” (Rm 5,20) - como
escribe el apóstol San Pablo. Ella es la Madre
Inmaculada que repite también a los hombres
de nuestro tiempo: no tengais miedo, Jesús ha
vencido al mal; le ha vencido desde su raiz,
liberándonos de su dominio.
¡Cuánta necesidad tenemos de esta bue-
na noticia! Cada dia, de hecho, a través de
los periódicos, la televisión, la radio, se
nos presenta el mal, contado, repetido y
amplificado,
acostumbrándonos a las cosas
mas horribles, haciéndonos así insensibles, y
de algun modo, intoxicándonos, porque lo
negativo no lo erradicamos del todo y dia a
dia se va acumulando. El corazón se nos
endurece y los pensamientos se enturbian.
Por esto, la ciudad necesita a Maria, que con
su presencia nos habla de Dios, nos recuer-
da la victoria de la Gracia sobre el pecado, y
nos incita a tener fe y esperanza, aún en las
situaciones humanamente mas difíciles.
En la ciudad viven - o sobreviven - perso-
nas invisibles, que a veces son portada de pri-
mera pagina de diarios o de telediarios, y son
usufruidas al máximo, hasta que la noticia y
la imágen atrae toda la atención.
Es un
mecanismo perverso, al que, en general, no
nos oponemos. La ciudad, primero esconde, y
luego expone al público. Sin piedad, o con una
falsa piedad. Hay en cambio en cada hombre,
el deseo de ser acogido como persona y ser
considerado como una realidad sagrada, por-
que cada historia humana es una historia
sagrada, y merece el mayor de los respetos.
La ciudad, ¡Somos todos nosotros! Cada
uno contribuye a su vida y a su ambiente
moral, para bien o para mal.Por el corazón
de cada uno pasa el limite entre el bien y el
mal y nadie debe sentirse en derecho de juz-
gar a los demás, ¡Sino que cada uno debe
sentir el deber de mejorarse a si mismo! Los
medios de comunicación tienden siempre
a hacernos sentir como “expectadores”,
como si el mal sólo implicara a los demás, y
que ciertas cosas no nos pueden llegar a ocu-
rrir nunca. En cambio, todos somos “acto-
res” y, en el bien y en el mal, nuestro com-
portamiento influye sobre los demás.
A menudo nos quejamos de la contami-
nación atmosférica del aire, que en algunos
lugares de la ciudad se hace irrespirable. Es
verdad: se requiere el esfuerzo de todos para
coseguir una ciudad mas limpia. Si bien exis-
te otro tipo de contaminación, menos percep-
tible a los sentidos, pero igualmente peligro-
sa. Es la contaminación del espíritu; es lo
que hace que nuestros rostros sean menos
sonrientes, mas serios,
que no nos salude-
mos entre nosotros, que no nos miremos a la
cara...Vemos todo como en superficie. Las
personas son como cuerpos, y estos cuerpos
pierden el alma, pasan a ser como cosas,
objetos sin rostro, intercambiables y consu-
mibles.Maria nos ayuda a redescubrir y
defender la profundidad de las personas, por-
que en Ella hay perfecta transparencia del
alma en el cuerpo. Es la pureza en persona,
en el sentido de que espíritu, alma y cuerpo
son plenamente coherentes entre si en Ella y
con la voluntad de Dios. La Virgen nos ense-
ña a abrirnos a la accion de Dios, para que
miremos a los demás como los mira El:
empezando por el corazón.
Benedicto XVI
4
background image
¿Que
Medjugorje?
Una cosa es cierta: en Medjugorje la
Virgen se aparece. Cada dia, desde hace
casi tres decenios. Pero, cierta ¿Para quién?
Vosotros, que leeis el Eco, probablemente
hayáis acogido ya la realidad celestial que
se manifiesta en la tierra de Hercegovina.
Desde su pequeñez, el Eco desea hacer res-
onar para el mundo lo que la Virgen pronun-
cia en Medjugorje, no sólo en los mensajes
confiados a los videntes, sino tambien en el
alma de quien se haya sentido rociar por la
gracia presente en ese lugar. Un toque
ligero, imperceptible, capaz en cambio de
trastornar una entera existencia.
Sobre Medjugorje se habla mucho; y
se escribe mucho tambien. Hay quien lo
define un “fenómeno”. Desacertada defini-
ción ésta, pero atrae la atención... Pero cabe
preguntarse: ¿De que Medjugorje se esta
hablando? Non basta, en realidad, con ir a
ese lugar, redescubrir la fe y luego alimenta-
rse únicamente de “devociones”. Quien
toma el camino propuesto por la Reina de la
Paz debería estar dispuesto a un cambio
incesante, imparable, y a la vez gradual: una
transformación que haga emerger su ver-
dadera naturaleza interior, esa que lo hace
único ante Dios y ante los hombres.
Todos nos hallamos en camino. Nadie
puede considerar haber llegado a la meta de
su propia conversión. Nadie puede asumir
haber llegado a un grado de purificación tal,
que le haga sentirse mejor que su prójimo.
No basta con que seamos creyentes...¡
Debemos ser creíbles! La humilde docilidad
a dejarnos conducir es el único medio que
nos entrega a las manos de Maria, y el si que
le permitirá mostrarnos caminos siempre
mas angostos, a veces aparentemente sin
salida: pasajes que sólo se pueden atravesar
si nos abandonamos ciegamente a la guía
del Señor, si le damos a El carta blanca, si
permitimos que sea El quien actúe en
nosotros y en lugar nuestro, sin por ello
dejarnos de lado.
Tal vez sus iniciativas puedan con-
fundirnos y a veces hasta “escandalizarnos”,
sin embargo Maria nos invita a que seamos
siempre agradecidos, porque la gracia de
Dios pasa a veces por caminos que parecen
torcidos. No es fatalismo: es fe. Basta sólo
con sumerjirse en la gracia y dejar todo lo
demás.
Por este motivo, quien se hace portavoz
de Medjugorje y permanece, sin embargo,
en un nivel superficial es para temerle,
porque no llega a los niveles más profundos
del misterio del hombre, de la relación del
alma con la gracia y con Dios, que Maria
desea presentarnos casi con ansia, aunque
con infinita paciencia.
¿Porqué nos complace tanto el hecho de
que personalidades de la Iglesia visiten
Medjugorje, aún de forma privada? ¿Tal vez
nos consuela la idea de que también ellos
creen y por ello vislumbramos en nuestro
horizonte la tan ansiada aprobación oficial?
Si es así, dispongámonos a una escucha mas
profunda, para discernir cuando un tema es
abordado de manera clara y directa o bien es
sólo tratado superficialmente, con alusiones
que quisieran decir algo pero que no lo dicen.
Medjugorje es un acontecimiento que, si
creemos en él, está destinado a cambiar
definitivamente la trayectoria de la
humanidad según los planes del amor de
Dios. Un hecho pues, que no puede sólo ser
“mencionado” con prudencia, sino que debe
ser testimoniado con vigor y coraje, tal
como hizo Maria, que vivia serenamente su
misteriosa maternidad, a pesar del peligro
de lapidación.
Naturalmente cada uno es libre de tes-
timoniar como quiera. Pero existe un
riesgo para los que escuchamos:
que nues-
tras conciencias se duerman en la ilusión de
que “algo esta cambiando” y en realidad
queden sepultadas por el peso de los com-
promisos, del “eso puede decirse y eso otro
no”. Así, todos resultariamos ser buenos.
Pero en lugar de ardientes testigos (en
griego: ¡martyres!) tendríamos sólo hábiles
predicadores que no nos ayudarian a
percibir claramente cuales son los espiritus
que guian nuestra existencia; osea a quien
encomenda el gobierno de nuestra vida, con
mayor o menor conciencia.
El Espiritu Santo, a través de la acción
de la Reina de la Paz, desea penetrar por las
esferas mas profundas de nuestro ser para
llevarlas a la luz y sanarlas, para que seamos
nosotros mismos testigos de vida resucitada,
para poder ser creaturas nuevas, transfigu-
radas por la gracia. Un pueblo nuevo, madu-
rado en el ofrecimiento de si mismo, capaz
de ser en la Iglesia un instrumento vigilante
en la lucha contra el Mal.
Medjugorje ha sufrido duros golpes en
estos últimos tiempos, sobretodo en la per-
sona de sus primeros testigos. Dios lo ha per-
mitido para que crezcamos en una siempre
mayor conciencia personal sobre lo que allí
acontece. Para ayudarnos a estar de pie
solos, para que caminemos con paso ligero,
autónoma y responsablemente por el camino
trazado por la Santísima Virgen. Tal vez haya
llegado el momento de preguntarse: “Hay
quien dice esto, otros dicen esto otro... pero
yo, ¿Que es lo que pienso? o mejor, ¿Que me
dice Dios a mi?”
No derrochemos la gracia; no dejemos
que quede tibia delegando a otros nuestra
respuesta. Si la gracia no es alimentada por
el fuego del verdadero amor, corre el riesgo
de apagarse. Que no le suceda esto a
Medjugorje.
Sobre el Podbrdo,
unos pequeños
apuntes...
C
OMO EL
M
URO
DE LAS
L
AMENTACIONES
Grandes bloques de piedra, viejos, con-
sumidos pero sobretodo queridos por los
judíos practicantes que hallan allí su lugar
de oración preferido, predilecto, porque lo
sienten mas cercano a Dios. Es ésta la única
pared que quedó integra tras la destrucción
del gran Templo de Salomón: lugar de culto
por excelencia, llamado “Muro de las
Lamentaciones”, no por las lágrimas sino
por las súplicas expresadas por boca de
muchos, e incluso por cuerpos que ondean
de manera “letánica”. Pero hay más. Las
peticiones, anotadas en pequeños papelitos,
llegan hasta las fisuras mas escondidas del
gran muro, como para que sea sólo Dios
quien las lea, sin que los demás puedan dar-
se cuenta...
Observo que lo mismo sucede sobre el
Podbrdo, en Medjugorje, la colina con tan-
tos pedruscos huecos como cofres, donde
los peregrinos que llegan a la cima, escon-
den papelitos que guardan pensamientos
íntimos, peticiones silenciosas y breves ora-
ciones para que sólo Ella los lea, la Madre
confidente y amiga, dispuesta siempre a
acoger los secretos de los hijos que en Ella
confían.
N
O SE SUBE EN
A
SCENSOR
Debes esforzarte,debes estar atento don-
de pones los pies. Sobretodo por la mañana,
cuando en otoño la escarcha hace resbaladi-
zas las piedras, debemos poner mucha aten-
ción. No es una subida cómoda, como la de
las escaleras mecanicas de los centros
comerciales. Para subir al monte que lleva al
lugar de las primeras apariciones debemos
aceptar el esfuerzo y los problemas de su
recorrido. Debemos tener voluntad, y por
ello estar dispuestos a colaborar.
Es como un ícono de la vida espiritual
que en Medjugorje la Madre nos propone:
no es un paseo ameno, para realizar de
manera despreocupada y sin sacrificio. Es
una subida a las pendientes cimas de la fe,
donde a veces dejamos incluso de visualizar
la meta, y debemos proceder por nuestro
camino únicamente guiados por nuestro
amor y nuestra esperanza. Pero nuestro
empeño, el deseo y nuestros esfuerzos reali-
zados con generosidad, abren la mano de la
gracia que viene corriendo a ayudarnos y
nos lleva, al final, hasta donde no pensaba-
mos llegar: elevados hasta alli arriba, por
encima de todo lo creado, para observar el
mundo con los mismos ojos que Dios...
E
L PLACER DE UN BUEN
B
AÑO
Sucede a menudo, que al final de una
jornada intensa, quieres relajarte y quitarte
el cansancio dándote un buen baño calien-
te... El agua, una vez sumerjidos en la bañe-
ra, aligera bastante nuestro cuerpo y descar-
ga nuestra mente y nuestros pensamientos.
Parece una comparación irrespetuosa,
pero en realidad no deseamos banalizar las
cosas que se refieren a Dios, sino solamente
intentar explicarlas a través de ejemplos sen-
cillos, como los que usaba Jesús en sus pará-
bolas. Retomemos pues la imagen del baño;
eso es lo que parece sucedernos cuando lle-
gamos a Medjugorje... Llegas alli y te sientes
sumerjido en una dimensión que te envuelve,
te absorbe todo lo negativo que llevas dentro
y te da la paz; es como una sensación de
abandono que invita a entregar nuestros pro-
blemas y preocupaciones, que te transmite
calor y una profunda sensación de bienestar.
No es fruto de ninguna técnica, de aquellas
ofrecidas por movimientos falsamente espiri-
tuales, sino que es producto de la gracia que
con discreción te alcanza y te reanima.
Reflejos de luz
desde la
tierra
de
Maria
de Stefania Consoli
5
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Carta abierta
Querida Redacción del Eco,
Ultimamente se oye hablar mucho, en los
ambientes relacionados con Medju-gorje,
del hecho de que a causa de ciertos suce-
sos, el reconocimiento oficial de la Iglesia
va a tardar en llegar... Yo he reflexionado
bastante sobre ello y os confieso que no
me disgustaria nada si tal reconocimiento
no llegara, porque desde el momento en
que llegue, no será ya mas la Medjugorje
que envuelve y plasma el alma, sino que
pasará a ser lugar “común” de oración y
de culto, como cualquier otro santuario
mariano famoso, y no se repirará ya mas
el aire PURO y SENCILLO de la fe VIVA
y OPERANTE en los corazones, con
miles de conversiones...
¿Nunca te has preguntado: Si Dios qui-
siera, hubiera ya sido reconocida desde
hace tiempo? ¿Porqué no fue así? Porque
para Dios no es importante el reconoci-
miento por parte de los hombres ( y no lo
necesita), sino la acción continuada y con-
creta de CONVERSIÓN que Medjugorje
ejerce.
Creo que la presencia de hoteles de lujo
y de comercios con importantes intereses
financieros, llevaría a una “degradación”
de la acción ESPIRITUAL hoy dia en
acto. Créeme.
Portanto, no me disgusta nada esa falta
de aprobación, tan sólo pido respeto a
todos los que han elegido libremente
vivir las enseñanzas de la Reina de la
Paz... ¡No nos olvidemos, sin embargo,
que el dolor de nuestros derechos nega-
dos (como creyentes) nos purifica y nos
ensalza!
Hermann Zagler
Una Gracia perenne
“Apacentaba Moisés el ganado de Jetró,
su suegro, sacerdote de Madián. Llevóle un
dia mas allá del desierto; y llegado al monte
de Dios, Horeb...” (Ex 3,1). Así inicia el
relato de un episodio fundamental en la his-
toria de la Salvación. Fue precisamente
sobre ese monte, donde Moisés vió una zar-
za que ardía pero que no se consumía; se
aproximó a ella para comprender ese hecho
tan insólito. En realidad el evento extraordi-
nario tenía una finalidad mas importante:
que Moisés se abriera a Dios.
El Señor a menudo se sirve de nuestra
realidad humana para comunicarnos un
mensaje que penetre en lo profundo de nues-
tro corazón: “El Señor vió que se habia acer-
cado para ver y Dios lo llamó desde la zarza
y le dijo:”No te acerques.Quita las sandalias
de tus pies, que el lugar en que estás es tie-
rra santa.” (Ex 3,5).
Podemos enlazar este episodio con lo
que acontece en Medjugorje desde hace
28 años.
Lo que hay de extraordinario en ese
lugar, en verdad, no son las apariciones
como tales, sino la gracia que éstas generan
en el pueblo, en la gente, una gracia que
cambia continuamente la vida de mucha
gente. Frente a esta gracia sólo se pueden
tener dos actitudes: acogerla o rechazarla.
Quien la acoge, entra en un proceso interior
que lo prepara para los nuevos tiempos -
anunciados ya repetidas veces en los mensa-
jes de Maria - pero que se cumplen antetodo
en la persona que deja transformar. Quien,
en cambio, rechaza la gracia, se esconde tras
mil escusas y permanece en un vacío, por-
que la gracia en esta persona no puede obrar
y llevar esos frutos que sólo se expresan en
una vitalidad espiritual.
El lugar donde Moisés vió la zarza que
ardía sin consumirse tuvo un significado
profundo en su vida: ese lugar era sagrado y
el hombre debía quitarse las sandalias...
Frente a Dios y su gracia, no hay tanto en lo
que pensar. En realidad con ese gesto
Moisés se quitaba el vestido del hombre vie-
jo,
su concepción del pasado y del futuro
frente al Señor que se le revela. Dios es
Dios, si podemos asi decirlo, y nosotros
debemos adaptarnos a El.
Por esto Medjugorje nos trae una nove-
dad en el punto fundamental de nuestra exis-
tencia: nuestra relación con Dios.
Medjugorje no tiene necesidad de intérpre-
tes, ni de alguien que nos explique que hacer
y como hacerlo - Dios mismo se encarga de
ello, tal como ese dia en que le habló a
Moisés desde la zarza. Y lo hace a través de
Maria, Madre llena de amor, creatura inma-
culada que se acerca a nosotros con tanta
espontaneidad y nos lleva a una relación
inmediata y viva con Dios.
La novedad está precisamente en esto,
porque la gracia erradica todo lo que interfie-
re entre Dios y nosotros, pone en crisis todas
las formas de acercamiento a Dios que no
den vida, todas la costumbres religiosas pasi-
vas que nos han hecho un poco esclavos. La
gracia de Medjugorje no se detiene sobre los
hechos extraordinarios, sobre los diversos
fenómenos, sino que va mas allá. Quien ha
acogido esta gracia, ha acogido una llamada
para liberar al pueblo sujeto a esclavitud.
Moisés recibió de Dios mismo la llama-
da para liberar a su pueblo de la esclavitud
de Egipto hacia su faraón. Medjugorje, por-
tanto, no puede ser tierra de faraones, por-
que es Dios mismo, quien a través de su
Madre, nos dona la gracia que libera... Y esta
gracia, tan palpable, no se puede recoger en
un cubo porque su misión es llevar a toda la
humanidad a participar en la vida de Dios.
De esta manera, el hombre crece, es trans-
formado y liberado de todo lo que le hace
esclavo.
La llamada de Moisés se ha cumplido,
pero el corazón del faraón ha permanecido
cerrado. Negar la gracia significa realmente
permanecer en la oscuridad. Acojámos pues
la gracia que el Señor en este tiempo nos
ofrece en Medjugorje; démos nuestro sí a
Dios para que derrote a todo faraón que haya
en nosotros.
Hrvoje C’uric’
Nuestro futuro
en sus manos
El tiempo está lleno de fuerte dinamis-
mo interior; se nos pide que caminemos
contínua e incansablemente por el sendero
de la fe. Cada dia requiere nuevos pasos a
realizar y si lo que realizamos ayer estaba
bien y nos parecia suficiente, no tiene por-
que serlo hoy.
Se nos pide abandonar lo “viejo” del dia
anterior: nuestras experiencias vividas, tanto
las buenas como las malas; las cosas doloro-
sas, las cosas entendidas y las que quedaron
incomprensibles; nuestras costumbres, las
seguridades humanas que en realidad son
inseguridades camufladas, porque nuestra
única seguridad esta en Dios y de El nos lle-
ga todo en el momento adecuado y en la jus-
ta medida. Debemos poner nuestro futuro en
las manos de Dios, encomendárselo todo a
El; no sólo lo que esta fuera de nuestro alcan-
ce y que se nos escapa sino tambien lo que
tenemos cerca y preocupa a nuestro corazón.
Dios nos ha regalado un lugar al que
envia todos los dias a su Madre para que
nos visite,
para decirnos, a través de Ella,
que El se preocupa de nosotros con amor y
de manera concreta, que viene continuamen-
te a buscarnos donde quiera que estemos y
nos da todo el tiempo necesario (incluso 28
años y mas si hace falta) para que nos abra-
mos a El a traves del corazón de la Madre.
A través de sus palabras maternales,
Dios nos quiere atraer a El, nos quiere llevar
a una relación inmediata y profunda con El
y con la realidad celestial. Pero el Señor nos
hace saber también que debemos caminar,
crecer, profundizar en la vida interior un diá-
logo vivo con El. Para nosotros es ahora el
momento oportuno para ver donde nos
encontramos tras tantos años en los que la
Virgen nos visita, en los que Maria viene a
ayudarnos con sus palabras para que progre-
semos, hasta que seamos cristianos madu-
ros, íntegros, decididos a vivir la libertad de
los hijos de Dios - la Santidad.
Sí, ahora es el momento oportuno
para ver donde nos hemos detenido: en
nuestra vieja mentalidad, en las considera-
ciones equivocadas sobre Dios, sobre noso-
tros mismos, sobre la Iglesia; en los esque-
mas que nos hemos realizado nosotros mis-
mos o los que nos han transmitido los
demás, incluso aquellos que están llamados
a guiarnos hacia la madurez y la libertad
cristiana y que en cambio ahogan lo que
debieran divulgar.
Quien ha estado en Medjugorje y quien,
por diversas razones no haya estado todavía,
(Medjugorje no es sólo para unos pocos, por-
que si la Madre baja desde el cielo, es algo
que atañe a todos nosotros: es un aconteci-
miento frente al cual ¡Nadie puede quedar
indiferente!) debe preguntarse si en todos
estos años su fe ha crecido de manera visible,
si su mirada sobre los planes de Dios se ha
ensanchado, si todo se ha vuelto mas claro.
No debemos y no podemos detener-
nos: ¡Debemos caminar con Maria!
Vivamos su presencia de modo auténtico
para testimoniar el rostro de Dios, que en
Medjugorje nos visita bajo el maternal ros-
tro de Maria, para que todos puedan
conocerLe y comprender la acción de Dios
en ese lugar donde El nos ha donado tantas
gracias. No nos corresponde a nosotros, ni a
mi, juzgar a nadie porque todos nos halla-
mos siempre en la lucha entre el bien y el
mal; somos siempre tentados a sentarnos y
perdernos en las comodidades, en las super-
ficialidades de las cosas del mundo y de
dejar a los demás - que consideramos mas
aptos - la tarea de discernir y de decidir en
lugar nuestro. Pero Dios ha venido a nuestro
encuentro... el Dios vivo desea, junto a
Maria y a toda la realidad celestial, vivir con
nosotros. La pregunta es si estamos dispues-
tos a acogerle como tal, entonces ¡Sería
siempre Navidad!
Andrea Toeglhofer
6
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T
ESTIMONIANDO
...
Una caricia de Dios
Las experiencias espirituales son un
gran don, una “Gracia” que anticipa el amor
que recibiremos y abrazaremos plenamente
cuando lleguemos a estar por completo en la
grandeza de Dios. Hay signos que deben ser
acogidos, aunque puedan parecernos lejanos
y nosotros estamos sumerjidos en la cotidia-
nidad que dibuja el desarrollo de nuestra
vida. Dios, que nos ama con una amplitud
que a veces no comprendemos, conoce nue-
stra soledad y por esto pone junto a nosotros
también amistades espirituales, cimentadas
por El.
Precisamente gracias a la invitación de
una pareja de íntimos amigos, en el mes de
agosto hemos compartido una experiencia
espiritual extraordinaria, en Medjugorje,
con la mayor de nuestras hijas.
En esos dias hemos sentido en el cora-
zón cuánto grande es el amor de Dios en
nuestra historia personal y familiar. Una
gracia especial nos ha acompañado desde
los primeros pasos que dimos subiendo al
Krizevac:
“Algo” misterioso nos ha tocado.
Juntos hemos orado, alabado y agradeci-
do al Señor. A menudo, nuestra oración se
unía a una fuerte emoción espiritual, pero el
alma estaba tranquila y llena de alegría.
El amor de Dios ha penetrado en lo mas
profundo, ha obrado... y sigue obrando toda-
vía. Con nosotros estaban también los fami-
liares, los amigos mas íntimos y las perso-
nas que se habían encomendado, en espe-
cial, los enfermos. Entre nosotros hubo un
abrazo espiritual... un llanto silencioso y
liberatorio.
Mientras subíamos hacia la gran Cruz,
bajo el sol, nos detuvimos ante las estacio-
nes del Via Crucis, con el Rosario en la
mano y en los labios... El amor de Dios nos
ha acompañado. También nosotros,como
Jesús, que recibió de la nube esas palabras
del Padre: “Este es mi hijo predilecto...”, nos
hemos sentido como preferidos, amados
intimamente por Dios.
También el camino de subida al
Podbrdo ha sido rico en gracia. Al princi-
pio, hemos visto tiendas a lo largo de la cal-
le principal, como de costumbre en todos los
santuarios, pero esto no nos ha molestado,
porque sentíamos en nuestro corazón algo
mucho mayor... Hemos comenzado la sub-
ida al Monte de las Apariciones, sobre esas
piedras y en silencio. Una gran paz nos ha
invadido y hemos tocado con mano una ver-
dad que, a menudo, en estos años, habíamos
acogido sólo a través de palabras, pero sobre
todo con la vida de muchas personas cerca-
nas a nosotros.
Hemos notado la presencia de Maria.
Una alegría infinita... Nos hemos detenido
frente a la estatua de la Virgen, nos hemos
arrodillado y hemos iniciado una oración
silenciosa. Entorno al Cristo sobre la Cruz
hemos compartido una oración intensa y
presentado las heridas de nuestra vida, y
mucho mas... Hemos pedido a Maria alige-
rar con caricias de Madre el sufrimiento de
los enfermos y de los que mas sufren. Y una
vez mas, estaban todos los amigos, todos
reunidos... los mas queridos...
Hubiéramos querido quedarnos mucho
mas tiempo allí. Después la mirada la diriji-
mos a nuestro entorno y hemos pensado que
Maria ha recorrido, allí mismo, el mismo
camino, ha hablado como nosotros, pero
con palabras nuevas que acarician a la
humanidad entera; ha escuchado, amado y
compartido.Mientras bajabamos, nuestras
miradas se cruzaban con las de muchos
peregrinos; ojos que brillaban, sonrisas fra-
ternas, sentimientos compartidos...
En un tiempo tan secularizado como el
nuestro la acción de Maria está viva y alcan-
za la intimidad de los corazones.Para noso-
tros no ha sido una experiencia humana;
Medjugorje es, de verdad, un lugar especial,
donde en todas partes respiras la presen-
cia de Dios y de Maria.
La vida matrimo-
nial de tantos años, el don de los hijos, tam-
bién por adopción,el esfuerzo y las pruebas,
a veces nos han llevado a ser muy raciona-
les.Con esto quiero decir que lo que hemos
vivido allí, no ha sido sugestión superficial.
Cuando te vas de Medjugorje, te sientes
llamado a iniciar un camino de renova-
ción, de ofrecimiento de tu propia vida.
Todo ello es un don, una caricia de Dios.
Nuestra hija, de 21 años, al regreso nos ha
dicho que Medjugorje le ha dado un sentido
a su vida, a su verano, mostrándole que tam-
bién los jovenes van en busqueda de algo
mas...que se deja encontrar.
Lidio e Mina
Las palabras
de Maria:
Aparicion anual
a Jakov
25 de diciembre de 2009
“¡Queridos hijos!
Todo este tiempo en
que Dios, de manera
especial me ha per-
mitido estar con
vosotros, deseo guiaros por el camino que
conduce a Jesús y a vuestra salvación. Hijos
mios, solamente en Dios podeis encontrar la
salvación, y por eso ,especialmente en este
dia de gracia, con el Niño Jesús en brazos,
os invito a que permitais que Jesús nazca en
vuestros corazones. Solamente con Jesús en
el corazón podeis emprender el camino de
la salvación y de la vida eterna.Gracias por
haber respondido a mi llamada.”
Mensajes a Mirjana
2 de noviembre de 2009
“¡Queridos hijos! También hoy estoy
entre vosotros para enseñaros el camino
que os ayudará a conocer el amor de Dios,
que os ha permitido que le llaméis y sintáis
como vuestro Padre. Os pido que miréis sin-
ceramente en vuestros corazones y veáis
cuanto le amais. ¿Es El el último en ser
amado?¿Cuántas veces, rodeados de bie-
nes, lo habéis traicionado, renegado y olvi-
dado?Hijos míos, no os engañéis con los
bienes terrenales. Pensad mas en vuestra
alma, porque ella es mas importante que
vuestro cuerpo; purificadla.Invocad al
Padre. el os espera, volved a El.Yo estoy con
vosotros porque El , en su gracia, me envia.
¡Gracias!”
2 de diciembre de 2009
“Queridos hijos, en este tiempo de pre-
paración y de gozosa espera, Yo como
Madre deseo mostraros lo que es mas
importante: vuestra alma.¿Puede mi Hijo
nacer en ella?¿Esta por el amor purificada
de mentiras,soberbia,odio y maldad? ¿Ama
vuestra alma por encima de todo a Dios
como Padre y al hermano en Cristo? Yo os
indico el camino que elevará vuestra alma a
la completa unión con mi Hijo. Deseo que
mi Hijo nazca en vosotros. ¡Que alegría
sería para mi, la Madre! ¡Gracias!”
2 de enero de 2010
“¡Queridos hijos: hoy os invito a venir
conmigo con plena confianza y amor, por-
que deseo que conozcais a mi Hijo. Os
muestro el camino para perdonaros a voso-
tros mismos, perdonar a los demás y, con
arrepentimiento sincero en el corazón, para
arrodillaros ante el Padre. Haced que mue-
ra en vosotros todo aquello que os impide
amar y salvaros, estar con El y en El.
Decidiros por un nuevo inicio, el inicio del
amor sincero de Dios mismo.¡Gracias!”
Hacia el mundo del afecto
“En aquellos dias, Maria partió y fue sin
demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a
Isabel”
(Lc 1,39).
Maria inicia su viaje, metáfora de todos
los viajes del alma y de la vida misma.
Cuando abres tu vida a Dios, ya no tendrás
mas demoras. La dinámica de la existencia
va del interior al exterior, de tu misma casa
hacia el espacio del mundo, del yo hacia el
mundo del afecto y de las relaciones.
Acompañando a Santa Maria en su viaje
de fe, pasando con ella de una casa a otra,
nos damos cuenta de cuánto evangelio suce-
de en las calles y en las casas de Palestina, de
cómo la historia de Jesús está ambientada en
las casas - y mas tarde entre rios, lagos, por
calles y pueblos, sobre colinas y en el desier-
to... - mucho mas que en la sinagoga o en el
templo; de cómo la casa y el espacio “profa-
no” son el lugar donde sucede la salvación, y
que la vida cotidiana es la pasta en la que se
introduce la levadura del evangelio.
¡Cuánto amo la libertad de Maria!
Libre de partir deprisa, de no dejarse condi-
cionar por nada, de hacer algo que hasta
hace un minuto ni soñaba realizar. Libre
como un pájaro en el aire, como una flor sal-
vaje, como un lirio del campo que recibe el
polen cuando sopla el viento, que recibe sol
y agua cuando simplemente llegan. ¡Cuánto
amo esta capacidad de vivir la vida como si
fuera una germinación contínua, una vida
hecha de yemas! Mas así es la vida; no es un
libro escrito, no es un proyecto a seguir,
completo, compacto, pesado, sino un inven-
tarse caminos y un cuidar los brotes.
¡Cómo amo esta vida de Maria donde
nada está preestablecido. Donde la vida bro-
ta libremente y feliz. ¡Magnificat! Es tan
corroborante imaginar la vida como un siste-
ma abierto y no como un sistema cerrado.
Imaginar la vida, la fe, la Iglesia, a Dios mis-
mo como campos abiertos. A esto nos ayuda
una muchacha que viaja por los montes de
Judá.
(Tomado de: Las casas de Maria,
de Ermes Ronchi)
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Con el sucederse de los años - del tiem-
po que ciclicamente termina para luego
comenzar - tenemos la posibilidad de “par-
tir de cero” en algunas situaciones de nues-
tra vida. De “recomenzar” precisamente
desde donde hemos experimentado fraca-
sos, desde donde nos parecia feo y doloroso
y que deseamos en cierto modo, dejar a
nuestras espaldas para abrir nuevas paginas
inéditas, esperando en una mejoria y dar asi
nuevas oportunidades a la vida, en condi-
ciones distintas.
En realidad, la vida procede como fruto
de lo que había sido hasta ahora... Si lo pen-
samos bien, de hecho, un año que termina es
sólo una convención social, pero es también
una ayuda psicológica que nos ayuda a abrir
nuevas esperanzas y a plantear nuevos
deseos. Entonces Dios, que es bueno, viene
a bendecirnos para no dejarnos solos en
nuestros sueños de niño...
El año que quisiera esta hecho de estrellas,
espléndidas en la oscuridad
y tranquilas en la noche.
El año que quisiera esta hecho de luz,
de sol y de calor.
El año que quisiera esta tejido de paz,
de armonía y de alegres noticias...
El año que quisiera esta hecho de silencio
que da descanso,
pero también de vida alegre y animada,
fruto de creatividad libre y sabia.
El año que quisiera esta hecho de Dios,
que es todo esto y no sólo el autor.
Porque Dios es luz, Dios es paz,
Dios es calor y armonía;
Dios es vida y es silencio,
libertad creadora y sabiduría infinita.
Dios es noticia alegre,
siempre nuevo en su anuncio
de gloria y esplendor.
Es Dios mi tiempo,
es Dios mi año,
el que la vida me regala
para que yo lo goce en plenitud,
cada instante,sin cansarme de vivirlo
con intensidad y pasión;
dando lo mejor de mi misma
en cada situación,
sin distinguir entre bonitas y feas.
Porque Dios es mi todo,
mi vida, mi existencia;
en El nada me falta...
¿Qué es lo que debemos desear al ini-
cio de un nuevo año que se nos regala? El
mundo desea suerte, y para estar seguro de
ello consulta la astrología buscando solucio-
nes mágicas para hacer frente al esfuerzo
cotidiano. El mundo desea salud, e intenta
contrastar a toda costa el curso natural de la
vida, con sus estaciones y sus normales
declives. El mundo desea dinero, éxito,
poder... pero luego se abate ante la dificul-
tad, mostrando su debilidad, mandando todo
en crisis, incluso el delicado sisitema ner-
vioso de quien se afana y se estresa a diario:
quien para producir riqueza, que al poco
desaparece, quien para sobrevivir. El mundo
desea también amor, y aquí estamos, ...pero
¿Que amor? ¿Acaso ese amor hecho sólo de
satisfacción, de placer, de pretensiones sen-
timentales satisfechas, o el que, amándonos,
nos crea, nos hace ser nosotros mismos y
nos dona vida, libertad y fuerza?
Si es éste último el amor que buscamos,
entonces deseemos a Dios al iniciar este año.
Dios es todo esto y mucho mas. Es un mun-
do por descubrir, cada dia, no por curiosidad,
sino por amor; porque nos atrae a El y nos
fascina, nos llena de sentido la jornada y
explica cada acontecimiento en la verdad.
No busquemos nada mas. Nos bastará.
DeseandoLe nos encontraremos a nosotros
mismos, y será un año de gracia.
¡Feliz camino a todos vosotros!
Stefania Consoli
y la redacción del Eco de Maria
El año que quisiera
El año que quisiera
Serás una bendición
No siempre somos muy conscientes de
que el poder de la bendición obra prodigios.
Es una fuerza misteriosa, invisible y sin
embargo, concreta en su actuación sobre las
cosas.Conlleva la omnipotencia misma de
Dios, porque tiene su origen en El; a pesar
de ello, necesita canales para llegar a su des-
tino, al igual que un rio necesita de un lecho
para llegar al mar y enriquecerlo añadiéndo-
le su agua dulce.
Ese poder, capaz de transformar todo lo
que encuentra a su paso, pasa a través nues-
tro, a través del corazón sacerdotal recibido
en el bautismo. Por lo general, en cambio,
permanece cerrado en los cajones de nuestra
ignorancia, de nuestra pereza, o tal vez sólo
de nuestra indiferencia. Y así el tesoro de la
gracia queda inutilizado y vacío.
El Señor nos ha concedido un bien, un
bien valioso, para que lo administremos con
responsabilidad: un “bien” para “comuni-
car”,
porque la palabra vuela como el vien-
to y se posa allí donde es escuchada, acogi-
da, para dar fruto. Un bien para entregar,
pero también para custodiar, con sumo cui-
dado, por ser de valor inmenso, para luego
hacerlo circular de nuevo con libertad, para
que el bien penetre cada cosa y la lleve a su
pleno cumplimiento.La bendición no cam-
bia la naturaleza de las cosas, las realiza y
las llena de vida....
Esta es la bendición que el Señor nos
concede al inicio de cada año; hagámosla
nuestra, testimoniémosla mas allá de las
palabras, para llegar a ser nosotros mismos
una bendición...
“El Señor te bendiga y te guarde.
El Señor haga resplandecer su rostro
sobre ti, y tenga de ti misericordia.
El Señor alce sobre ti su rostro
y ponga en ti paz.
Y pondrán mi nombre sobre los hijos de
Israel, y yo los bendeciré.”
(Num 6, 24-27)
L
OS
L
ECTORES
E
SCRIBEN
Agnes Hoe, desde Singapur: “Mil gra-
cias por enviarme el Eco, que distribuyo a
varios católicos de Singapur. Os envio un
donativo para contribuir a vuestro excelente
trabajo para la Virgen Maria”.
Antonio La Manna, desde Italia:
“Gracias por el servicio que desarrollais,
que el Señor sostenga siempre vuestros
esfuerzos. Con estima...”.
Un sacerdote misionero, desde Africa,
nos envia un SMS: “El Eco de Maria me
llega con la máxima puntualidad. ¡Mil gra-
cias!”
Rose Claude , desde Bruzac (Francia):
Gracias por esta publicación que nos ayuda
tanto en la vida. Que venga la paz para todos
y que caminemos juntos hacia el bien, osea
hacia Jesús, Salvador nuestro”.
Robert Schmitt, desde Michelbach-le-
Haut (Francia): Desde hace mas de 15 años
recibo siempre 100 ejemplares del Eco de
Maria. Al ver que fallasteis con algunos
numeros en francés, pensé que ya no se
publicaba mas. Ahora en cambio he recibido
de nuevo mis ejemplares.....Estoy muy con-
tenta de saber que seguís con ello y espero
seguir recibiéndolo. De nuevo, os agradezco
por ello!”.
Maurice Le Guellec, desde Pont-Aven
(Francia): “Gracias porque nos enviáis
regularmente el Eco que nos da alegría,
esperanza y riqueza espiritual. Cada nuevo
numero es un descubrimiento rico de mensa-
jes de Maria que nos invita a la conversión
del corazón. Vuestro último número de sep-
tiembre-octubre 2009 ha sido especialmente
apreciado por un lector, que me ha entrega-
do un donativo para enviaros. Gracias de
nuevo de parte de todos los lectores por
vuestra asiduidad”.
Resp. Ing. Lanzani - Tip. DIPRO (Roncade TV)
Villanova M., 1° de enero de 2010
El Eco de María
vive sólo de donativos
que pueden hacerse
por VÍA BANCARIA:
Associazione Eco di Maria
Banco de Valencia
(Grupo BANCAJA)
IBAN: ES59 0093 0999 1100 0010 2657
CUENTA CORRIENTE Nº:
0093 0999 11 0000102657
Para nuevas suscripciones o para
modificaciones en la dirección escribir a la
Secretaría del Eco
ECO DI MARIA
Via Cremona, 28 - 46100 Mantova -
Italia
E-MAIL: eco-segreteria@ecodimaria.net
Eco en Internet: http://www.ecodimaria.net
E-mail redacción: ecoredazione@infinito.it
“Cuando pensamos en Maria, madre de
Dios, Dios se hace concreto, se hace vivo,
presente entre nosotros e increiblemente
familiar y accesible. A través de esta mujer,
la encarnación de Dios, la Cruz, el perdón de
los pecados, la esperanza de la Vida eterna,
tuya y mia, todo se hace plausible y desea-
ble. Sin Ella, el cristianismo se vuelve vago,
teórico, hipotético, inodoro, moralizador, y
puede ser inverosimil, en todo caso, poco
amable.
La Virgen está toda en Dios por elección
y por gracia, se hace toda nuestra por su
naturaleza y por su raza, por su inalienable
perfume de hija nuestra que es”.
R.P. Bruckberger
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