Comentario del Mensaje, 25 de enero de 2001

ANTE LA VIDA

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¡Queridos hijos! Hoy los invito a renovar la oración y el ayuno, aún con mayor entusiasmo, hasta que la oración se convierta en alegría para ustedes. Hijitos, quien ora no teme el futuro, y quien ayuna no teme el mal. Les repito una vez más: únicamente con la oración y el ayuno pueden también detenerse las guerras; las guerras de vuestra incredulidad y de vuestro miedo por el futuro. Estoy con ustedes y les enseño hijitos: en Dios está vuestra paz y vuestra esperanza. Por eso acérquense a Dios y pónganlo en el primer lugar de vuestra vida. (Gracias por haber respondido a mi llamado!

¿Cómo caracterizar la vida que vivimos? Muchos estarán de acuerdo que la manera más fácil es hacerlo con la palabra miedo. Las generaciones anteriores padecieron y sintieron miedo, las generaciones de hoy padecen y sienten miedo. ¿Qué sucederá con las generaciones venideras? Muchos han procurado responder a esa pregunta y muchos se equivocaron.

Tenemos suerte de que hoy en día es más fácil para nosotros responder a esa pregunta planteada. La Reina de la Paz habla continuamente y espera que alguna vez podremos comprender como deberíamos comportarnos y de esa forma construir nuestro futuro. Si estuviéramos en su lugar, probablemente ya nos habríamos cansado de la torpeza humana. Sin embargo, Ella no está cansada puesto que nos ama infinitamente. Nuestros oscuros pensamientos acerca de nuestro pasado, presente y futuro desea convertirlos en pensamientos que expresen la realidad de una manera correcta. Es decir, no es siempre verdad lo que apoyamos. Por causa de diversas actitudes incorrectas empezamos a temer, nos colocamos anteojos equivocados y empezamos a ver negro lo que nos rodea. ¡Qué imprudencia!

Aunque vayamos por una dirección equivocada, en ese caso también es posible regresar al buen camino. La Reina de la Paz nos sugiere la oración y el ayuno. La civilización de hoy se ríe de todo eso. Responde que es importante ser rico y que ese es el medio que puede curar nuestro miedo. Muchos han comprobado que no es así, pero a la civilización de hoy eso no le importa mucho. Se comporta como un comerciante corrompido y procura engañarnos en vez de que ella nos sirva y pueda así recibir una recompensa adecuada. Sin embargo, quiéralo o no, la civilización actual recibe los dones de todos aquellos que han tomado el camino de Dios que anuncia la Reina de la Paz. El ayuno y la oración de ellos hacen que este mundo adquiera colores más cálidos y luminosos, y no fríos y oscuros. En tal mundo es hermoso y bueno vivir, en tal mundo no existen guerras ni otros males. El hombre es un hermano para el otro, y no un lobo que solo está pendiente de cómo sobrevivir. Por eso que es ridícula la carrera de acumulación de riquezas. Qué logramos con ello. Nada. Sólo nos trae miedo e inseguridad. Aquel que por el contrario ora y ayuna se convierte en un hombre libre y alegre. No se deja comprar por nada y es capaz de defender sus actitudes más profundas. Son las actitudes buenas que escondemos en la profundidad de nuestro ser. Somos amigos de nuestros amigos, vamos a donde queramos ir, respiramos a pleno pulmón, conscientes de que con eso no seremos una amenaza para los demás. Ante nuestros ojos comienza a surgir un mundo de amor y de abundancia. Todos los obstáculos son apartados y ya no es difícil ser hombre.

¿Quién dice que es difícil lograr la felicidad de la cual habla la Reina de la Paz? Eso es muy simple. Sólo hay que poner a Dios en el primer lugar de nuestra vida. Lamentablemente ese lugar puede ser ocupado únicamente por una persona, y hay muchos que querrían ocupar ese lugar. Todos se empujan para conseguirlo, excepto Dios. Él es paciente, nos habla con su amor y espera que ese amor se introduzca en nuestra vida. Es similar al hielo que se disuelve ante el efecto de los rayos del sol. La vida continúa pero ya no como ayer. Ahora adquiere un nuevo aspecto y un nuevo impulso. Nos sorprendemos de su belleza y del amor que empezamos a sentir por ella. Si alguna vez habíamos caminado por senderos equivocados, tenemos oportunidad de regresar y empezar a percibir de una manera nueva a nosotros mismos y a los que nos rodean. ¡Qué hermoso y bueno es tener un tal amigo que nunca nos abandonará! ¿Hemos experimentado alguna vez algo parecido?

Fr. Miljenko Stojic

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Para que Dios pueda vivir en sus corazones, deben amar.