Comentario del Mensaje, 25 de septiembre de 2001

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¡Queridos hijos! También hoy los invito a la oración, especialmente hoy cuando Satanás quiere la guerra y el odio. Yo los invito de nuevo, hijitos: oren y ayunen para que Dios les dé la paz. Testimonien la paz a cada corazón y sean portadores de paz en este mundo sin paz. Yo estoy con ustedes e intercedo ante Dios por cada uno de ustedes. Y no teman, porque quien ora no teme el mal y no tiene odio en su corazón. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!

Hoy todo el mundo se encuentra en una gran crisis: económica, material, social y especialmente política. La Virgen lo sabe y como una verdadera madre se preocupa por sus hijos. Ella desea para nosotros el bien y por eso en su nuevo mensaje nos impulsa a la oración por la paz.

La oración es uno de los mensajes principales de la Virgen que Ella repite a menudo, porque a través de la oración el hombre se decide por Dios y lo coloca en el centro de su vida. La Virgen repite eso con frecuencia por una sola razón: la gente no ha sabido responder a fondo al llamado de conversión, paz y oración. La oración prepara al hombre para abrirse a Dios y permite que el Espíritu Santo actúe en él. Es la primera condición previa para la creación de un nuevo cielo y de una nueva tierra en que reinará la paz.

Desde Medjugorje resuena poderosamente el mensaje de la paz, con más fuerza que desde cualquier otro lugar del mundo. Esa paz es incomparablemente más rica que cualquier otra paz puesto que su contenido es Dios mismo. Se arraiga en el corazón de hombre y empapa todo su ser. La paz que no brote del corazón del hombre no puede brotar en ningún otro lugar. Asimismo la paz que no tiene su raíz en Dios no puede subsistir.

Quien ora no teme el mal y no tiene odio en su corazón - nos dice la Virgen a todos nosotros. Su voz es más poderosa que la fuerza de los fuertes y la debilidad de los débiles. Gracias a su potencia se derrumbaron muchas murallas de Jericó que representaban un peligro para este mundo. Respondamos a Su llamada de amor para llegar a ser colaboradores en la creación de un nuevo cielo y de una nueva tierra en que un lugar de honor será para los hijos e hijas de Dios, aquellos que pertenecen completamente a Dios, a quien se han consagrado totalmente.

Fr. Danko Perutina

Medjugorje, 26.09.2001

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Para que Dios pueda vivir en sus corazones, deben amar.