Comentario del Mensaje, 25 de noviembre de 2005

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¡Queridos hijos! También hoy los invito: oren, oren, oren hasta que la oración se convierta en vida para ustedes. Hijitos, en este tiempo de manera especial oro ante Dios para que les dé el don de la fe. Sólo en la fe descubrirán el gozo del don de la vida, que Dios les ha dado. Vuestro corazón sentirá gozo al pensar en la eternidad. Yo estoy con ustedes y los amo con tierno amor. ¡Gracias por haber respondido a mi llamado!

En los últimos veinticuatro años y cinco meses de apariciones en la parroquia de Medjugorje, el amor de la Virgen sigue siendo el mismo e inalterable, sus mensajes maternales, son como cuerdas de amor con los que Ella desea atraernos hacia el corazón de Jesús, para que podamos vivir y no meramente subsistir. También hoy dice: oren, oren, oren. También hoy llama a lo más difícil para el hombre contemporáneo, la oración. No hay otro camino para llegar a Dios, excepto la oración. No hay caminos fáciles o cómodos. No sólo María nos está llamando a la oración, sino que Ella misma ora ante Dios por nosotros, ora para que Dios nos dé el don de la fe. En la fe, María pronunció las palabras de abandono en Dios: “Que se haga en mi según tu Palabra’ y “He aquí la esclava del Señor’. En esas palabras está contenida toda la vida de María. En esas palabras, Ella lo dijo todo y se entregó completamente a Dios.

La fe es un don precioso que necesitamos y debemos pedir a Dios. Y Dios nos da lo que le pedimos. María ora con todos los que oran. Ella como Madre ora por todos nosotros, le pide a Dios el inestimable don de la fe. Ella bien sabe que sin fe vivimos en la oscuridad y en la ignorancia. Sin fe la vida es imposible. Cuando no tenemos fe ni confianza, el miedo nos atrapa, y nos sentimos amenazados e inseguros. El miedo acaba con la vida más que el trabajo. La razón por la que las preocupaciones matan más gente que el trabajo está en el hecho de que la gente se preocupa mucho más de lo que trabaja. Sólo la fe se enfrenta exitosamente al miedo. La fe significa apoyarse en Dios a quien no vemos, pero que experimentamos como un apoyo fundamental. La fe es un apoyo invisible. La fe es un terreno seguro que podemos pisar, la fe es una luz que enciendes en la oscuridad de tu alma. La fe es abrir las puertas a la confianza, abrir las ventanas al amor, a aceptar la sonrisa, la alegría, la luz y la salud.

La fe es como un salto en paracaídas desde un avión. Si saltas de un avión, ves solamente la tierra y a ti mismo, como te diriges inevitablemente hacia el suelo en él que te destrozarás. Es un salto al vacío, un salto al abismo, a la muerte. Pero después de esta terrible experiencia sigue una experiencia increíble. Es decir, después de abrir el paracaídas, te das cuenta que te sostiene una cuerda atada a un tela de seda. Habías abandonado la seguridad del avión, te precipitabas hacia la muerte que encontrarías en la tierra dura, y te detuvo la solidez de un pedazo de tela - el paracaídas. Ese pequeño trozo de seda te preservó de la muerte, él te dio la fuerza de abandonar la seguridad del avión. Eso es la fe. Cuando comienzas a confiar en alguien, sientes como si saltaras al vacío. Los miedos te invaden y te parece que te llevan únicamente al desastre. Pero es suficiente encender en sí mismo la seguridad de que todo saldrá bien, y el miedo termina.

Nosotros no ponemos nuestra fe en una tela, ni en una cuerda, sino en la Madre que recorrió los caminos por las cuales nosotros transitamos actualmente, que vivió las mismas angustias, miedos, aprensiones y padecimientos que nosotros también vivimos. Por eso Ella es para nosotros la seguridad y la promesa de que no desea ni puede engañarnos.

En la fe y en la confianza en Dios se nos descubren espacios de luz, de verdad y de seguridad que Dios desea mostrarnos. En la fe y en la confianza, nos damos cuenta de que en la vida todo nos ha sido regalado y que nada es nuestro: ni la vida, ni las personas, ni esta Tierra. Hemos sido creados para la eternidad. María desea que desde ahora, desde hoy comencemos a vivirla. Ella desea que nos decidamos por la eternidad desde ahora para que mañana no sea tarde.

Fr. Ljubo Kurtovic Medjugorje 26.11.2005


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Para que Dios pueda vivir en sus corazones, deben amar.