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www.medjugorje.ws » Eco de Maria Reina de la Paz » Eco de Maria Reina de la Paz 167 (Enero-Febrero 2003)

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Eco di Maria
Regina della Pace

Español 167



Mensaje del 25 de noviembre de 2002:

"Queridos hijos, también hoy os llamo a la conversión. Abrid vuestro corazón a Dios, hijitos, a través de la Santa Confesión y preparad vuestra alma para que el pequeño Jesús pueda nacer de nuevo en vuestro corazón. Dejad que él os transforme y os lleve por el camino de la paz y la alegría. Hijitos, decidíos por la oración. Ahora de una manera especial, en este tiempo de gracia, que vuestro corazón anhele la oración. Estoy cerca de vosotros e intercedo ante Dios por todos vosotros. Gracias por haber respondido a mi llamada."

QUE JESÚS NAZCA EN VUESTRO CORAZÓN

La Navidad recuerda y celebra la venida de Dios en el hombre y María nos invita a preparar nuestra alma para que el pequeño Jesús pueda nacer nuevamente en nuestro corazón.

El alcance de esto es de una grandeza inaudita, ya que trasciende toda comprensión humana porque profundiza en el misterio de la encarnación. No es una metáfora sino una realidad divina: nuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3, 3). En Cristo somos reconocidos como hijos del Padre, en Él recibimos del Espíritu la vida, en Él acontece aquel nacimiento de lo alto sin el cual no es posible ver el reino de Dios (Jn 3, 3). En Cristo el hombre se une a Dios y a los hermanos en unidad perfecta: Como Tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado &emdash; así ora Jesús (Jn 17, 21) y también, un poco más adelante, en el versículo 23: Yo en ellos y Tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que Tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí. La asimilación a Cristo eleva al hombre como verdadero hijo de Dios pero no es un acto mágico, ni automático; para que se transforme en acto lo que ya está en potencia es necesario que Cristo sea realmente acogido en nosotros. La conversión es necesaria, hay que abrir nuestro corazón a Dios, abandonarse a Él como María nos ha pedido tantas veces. La conversión es esencial; no basta cualquier acto de piedad, no es suficiente multiplicar las oraciones si nuestro corazón permanece cerrado. No es un camino fácil y es en gran parte don de la gracia divina más que fruto de nuestro esfuerzo. María nos sugiere cómo empezar: abrir el corazón a Dios a través de la santa confesión. Dios quiere el sacrificio de un espíritu contrito, un corazón contrito y humillado, oh Dios, Tú no lo desprecias (Sal 50, 19). Cuando se la entregamos, nuestra miserable condición de pecadores es redimida por Su amor misericordioso, nuestro corazón recreado en la pureza y nuestro espíritu renovado en la fortaleza (Sal 50, 19). Entonces la Navidad ya no es el recuerdo de un acontecimiento, aunque sea el Acontecimiento más grande de la historia del hombre, sino que es un acontecimiento que se renueva, que se actualiza. Acoger a Jesús en nosotros para permitirle que nos transforme, que nos conforme a la voluntad del Padre y por tanto nos conduzca por el camino de la paz y del gozo. Es la paz y la alegría que proceden de la inhabitación de Cristo, aquella paz que el mundo no conoce y no puede dar, aquella alegría que no depende de las vicisitudes humanas, pero que conoce bien cualquier verdadero enamorado de Dios. Partamos de la santa confesión en el camino de preparación de nuestra alma al nuevo Adviento. Creamos firmemente que Jesús quiere, desea, estar vivo en nosotros, traer frutos de amor, de paz y de gozo a través de nosotros. Nada, ni siquiera nuestro pecado puede mantenerlo lejos si deseamos verdaderamente ser habitados por Él. Sólo nuestro rechazo puede obstaculizar Su acción de gracia. No temamos pues nuestros límites o nuestras incapacidades humanas; temamos más bien nuestra capacidad de rechazo. Reconciliados en el sacramento de la confesión, vivamos en la oración la relación reencontrada de comunión con Él. Que nuestra oración no sea una fría lista de fórmulas, sino una sucesión incesante de latidos de nuestro corazón que acoge los latidos del Suyo y se acompasa a su ritmo. Que nuestra respiración sea Su respiración. Que Su Espíritu penetre y sustituya gradualmente nuestro espíritu. Que nuestro corazón anhele la oración, como Ella desea. ¡Ánimo! Todo está a nuestro alcance. Con María cerca de nosotros cada espera tiene su cumplimiento, cada esperanza es una certeza. Paz y gozo en Jesús que viene y en María nuestra Madre.

Nuccio Quattrocchi

 

 

 

Mensaje del 25 de diciembre de 2002

"Queridos hijos, éste es tiempo de grandes gracias, pero también es tiempo de grandes pruebas para todos aquellos que quieran seguir el camino de la paz. Por eso, hijitos, os invito de nuevo: orad, orad, orad; no con palabras sino con el corazón. Vivid mis mensajes y convertíos. Tomad conciencia del don que Dios me ha concedido: el de estar con vosotros, especialmente hoy cuando tengo en mis brazos al pequeño Jesús, Rey de la Paz. Deseo daros la paz, para que la llevéis en vuestros corazones y la deis a otros hasta que la paz de Dios llegue a reinar en el mundo. ¡Gracias por haber respondido a mi llamada!"

El camino de la paz

Parece tan lejano, en esta Navidad de 2002, el don de la paz anunciado a los hombres por el coro celestial (Lc 2, 14). Escenarios de guerra se abren en el mundo, de una guerra devastadora, como dice el S. Padre que no esconde su preocupación e invita incesantemente a propiciar gestos y actitudes de paz. La conciencia de la dificultad que tiene el mundo para alcanzar la paz no escapa a la mayor parte de la gente corriente, pero se advierte un sentido de impotencia, casi una resignación a la guerra. Esta desconfianza tan difundida es un indicio de que el hombre se ha extraviado, que ha perdido el contacto con Dios. Más allá de las espadas y el hambre hay una tragedia mayor, la del silencio de Dios, que ya no se revela y parece haberse encerrado en su cielo (Audiencia general de Juan Pablo II, 11/12/2002). María, que ya el mes pasado nos invitaba a dejar que Jesús nos transformase y nos condujese por el camino de la paz y de la alegría, en este mensaje nos recuerda con la dulzura que la caracteriza, pero también con firmeza, nuestras responsabilidades. Éste es un tiempo de grandes gracias, pero también de grandes pruebas para todos aquellos que quieren seguir el camino de la paz. No se puede encontrar la paz, no existe, si no acogemos a Cristo. No es algo que pueda comprarse en el supermercado ni tampoco es fruto de la oración si ésta es sólo expresión verbal. Hijitos, orad, orad, orad, no con palabras sino con el corazón. Los ángeles anuncian la paz a los hombres que Dios ama, es decir, a los que se dejan alcanzar por su Amor, que es Cristo Jesús. Dejarse alcanzar por Jesús significa permitir que Él viva en nosotros, convertirse. La conversión es auténtica si ocasiona un cambio radical de nuestra vida; no basta con corregir alguna cosa, adoptar un modelo distinto de vida sino abandonar cualquier modelo humano para entrar, alma y cuerpo, en el único modelo que Dios ha querido, el del Hijo. Hay que llegar a poder decir con San Pablo ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí (Gál 2, 20). María no nos esconde las dificultades: éste es un tiempo de grandes pruebas para todos los que quieren seguir el camino de la paz. Parece una invitación a medir nuestras fuerzas, y viene a la mente la pregunta de Jesús ¿También vosotros queréis marcharos? (Jn 6, 67). Pero nosotros sabemos que nuestra determinación de ir por el camino de la paz, por el camino de Jesús, no se fundamenta en nuestras fuerzas; es precisamente la conciencia de nuestra debilidad existencial y absoluta que nos da fe y esperanza; cuando soy débil, entonces soy fuerte (2 Cor 12, 10). Sabemos que sólo en Él podemos encontrar la vida, la auténtica, la que no está condicionada por el tiempo o los acontecimientos del mundo (Jn 6, 68). Nosotros sabemos que María está con nosotros y sabemos cómo andar por el camino. Ella nos lo ha dicho muchas veces y hoy lo repite: vivid mis mensajes. No basta con leer los mensajes; hay que vivirlos, es decir, encarnarlos en nuestra vida. Vivid mis mensajes y convertios. María está con nosotros y su presencia es un don de gracia de valor inestimable. María nos invita a tomar conciencia de este don; tiene entre los brazos, como siempre en Navidad, al pequeño Jesús, el Rey de la paz, y desea entregárnoslo. Acojamos a Jesús en nosotros y nos convertiremos también nosotros en camino de paz, senderos por los que la paz de Dios alcanza a otros para que ésta reine en el mundo. No temamos las dificultades y las pruebas; si Jesús está en nosotros no tenemos nada que temer (Rm 8, 35-39). Paz y gozo en Jesús y María.

N.Q.

 

EN EL AÑO DEL ROSARIO:

Misterio de Cristo, "misterio" del hombre

 

Retomamos nuestra reflexión sobre la carta apostólica "Rosarium Virginis Mariae" que el Papa ha escrito para relanzar la oración del Rosario, como instrumento que "marca el ritmo de la vida humana para armonizarla con el ritmo de la vida divina", como bien define el Pontífice en el nº25 de su carta.

Una mirada más atenta a las etapas de la vida de Cristo explicadas en los misterios del Rosario nos revela cómo el "misterio del hombre se ilumina verdaderamente sólo en el misterio del Verbo encarnado". Es mirándoles a Él pues que el creyente descubre su propio rostro, la autenticidad de su ser hombre: "Contemplando el nacimiento de Jesús, el hombre aprende el carácter sagrado de la vida &emdash; escribe a este respecto el Santo Padre &emdash; mirando la casa de Nazaret se percata de la verdad originaria de la familia según el designio de Dios, escuchando al Maestro en los misterios de su vida pública encuentra la luz para entrar en el Reino de Dios y, siguiendo sus pasos hacia el Calvario, comprende el sentido salvífico del dolor".

Finalmente, "con los misterios gloriosos, contemplando a Cristo y a su Madre en la gloria, ve la meta a la que cada uno de nosotros está llamado". De este modo, se puede decir que cada misterio del Rosario, bien meditado, "ilumina el misterio del hombre".

CÓMO SE REZA EL ROSARIO

La meditación de los misterios de Cristo se propone en el Rosario con un método característico, adecuado para favorecer su asimilación. Se trata del método basado en la repetición.

Alguno puede pensar que esta práctica es árida y aburrida, sobre todo cuando el hábito corre el riesgo de convertirla en algo "mecánico". Pero para comprender el Rosario "hay que entrar en la dinámica psicológica que es propia del amor" nos explica el Papa. De hecho, quien ama no se cansa nunca de repetir las mismas cosas al amado con manifestaciones que "incluso parecidas en su expresión, son siempre nuevas respecto al sentimiento que las inspira".

En Cristo Dios ha asumido verdaderamente un corazón de carne, un corazón capaz "de todas las expresiones de afecto". A través de la oración a María nuestro acto de amor se dirige directamente a Jesús que no se cansa nunca de recibir nuestras caricias amorosas. Es pues evidente que para Él nuestra repetición no puede ser ni árida ni aburrida, con la condición de que cada palabra nuestra se pronuncie con el corazón.

UN MÉTODO VÁLIDO… QUE NO OBSTANTE, SE PUEDE MEJORAR

En Occidente existe hoy una renovada exigencia de meditación que, como afirma la carta, "encuentra a veces en otras religiones modalidades bastante atractivas". Hay cristianos que, al conocer poco la tradición contemplativa cristiana, se dejan atraer por tales propuestas.

Estas técnicas de meditación orientales "aunque tengan elementos positivos y a veces compaginables con la experiencia cristiana, a menudo esconden un fondo ideológico inaceptable", nos advierte el Papa. En esta perspectiva, el Rosario nos ofrece un método óptimo para contemplar, "sin tener que recurrir necesariamente a técnicas de tipo psico-físico para lograr una alta concentración espiritual".

EL ENUNCIADO DEL MISTERIO

Enunciar bien el misterio tiene una importancia fundamental, porque en realidad es "como abrir un escenario en el que concentrar la atención".

Es bien sabido que las imágenes nos ayudan a comprender con mayor facilidad cualquier mensaje, no en vano nuestra sociedad se orienta cada vez más hacia una comunicación más visual que verbal. Esta metodología, por lo demás, se corresponde con la lógica misma de la Encarnación: "Dios ha querido asumir, en Jesús, rasgos humanos. Por medio de su realidad corpórea entramos en contacto con su misterio divino". El enunciado de los varios misterios del Rosario se corresponde también con esta exigencia de concreción.

LA ESCUCHA DE LA PALABRA DE DIOS

"Para dar fundamento bíblico y mayor profundidad a la meditación, es útil que al enunciado del misterio siga la proclamación del pasaje bíblico correspondiente" escribe Juan Pablo II, confirmando el buen hábito de quien normalmente acompaña la reflexión con un pasaje de la Escritura. Si tenemos en cuenta que la Palabra de Dios está viva y no es sólo una mera explicación de hechos, al integrarla en la meditación del misterio dejaremos que Dios nos hable en primera persona.

EL SILENCIO

"La escucha y la meditación se alimentan del silencio". Así pues, tras haber abierto el escenario del misterio enriqueciéndolo con la Palabra de Dios es oportuno crear un espacio interior donde el Espíritu Santo nos pueda comunicar el pensamiento de Dios para nosotros.

Pero para dejar que Él hable es necesario que nosotros callemos: "El redescubrimiento del valor del silencio es uno de los secretos para la práctica de la contemplación y la meditación. Uno de los límites de una sociedad tan condicionada por la tecnología y los medios de comunicación social es que el silencio se hace cada vez más difícil", comenta el Papa en su habitual tono realista.

EL "PADRENUESTRO"

"Después de haber escuchado la Palabra y centrado la atención el misterio, el natural que el ánimo se eleve hacia el Padre". Es con esta oración que se abren las decenas y no puede ser de otro modo. En cada uno de sus misterios Jesús de hecho, nos lleva siempre al Padre: "Él nos quiere introducir en la intimidad del Padre, para que digamos con Él ‘Abbá, Padre’" (Rm 8, 15; Gál 2, 6).

LAS DIEZ "AVE MARÍA"

"Éste es el elemento más extenso del Rosario y que a la vez lo convierte en una oración mariana por excelencia" leemos en la carta. Pero el hecho de dirigirse continuamente a María no excluye, como ya se ha dicho, la centralidad de Cristo, "sino que más bien la subraya y la exalta".

El nombre de Jesús se encuentra en el centro de la oración, como precisamente nos hace constatar el Papa: "El centro del Ave María, casi como engarce entre la primera y la segunda parte, es el nombre de Jesús. A veces, en el rezo apresurado, no se percibe este aspecto centrar y tampoco la relación con el misterio de Cristo que se está contemplando. Pero es precisamente el relieve que se da el nombre de Jesús y a su misterio lo que caracteriza una recitación consciente y fructuosa del Rosario".

Repetir pues este nombre, el único nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos (cfr Hch 4, 12); trenzado con el de la Madre Santísima, nos hace penetrar siempre más en su vida asimilándonos a Él.

EL "GLORIA"

"La doxología trinitaria es la meta de la contemplación cristiana". Si recorremos este camino hasta el final, nos encontramos continuamente ante el misterio de la tres Personas divinas que se han de alabar, adorar y agradecer. Esta breve pero preciosa oración no puede pues pronunciarse apresuradamente, casi como una conclusión rápida, porque si nos hemos dejado envolver por la contemplación del misterio y de la sucesión del Ave María, el Gloria "adquiere su justo tono contemplativo, como para levantar el espíritu a la altura del Paraíso".

EL "ROSARIO"

"El instrumento tradicional para rezarlo es el Rosario". Lo hemos visto muchas veces entre las manos de las estatuas que representan a María, y también nosotros lo cogemos encantados, tal como nos invita la misma Virgen en sus mensajes, pero le atribuimos sólo la función de contar la sucesión de las Ave María. En realidad la corona del Rosario tiene un valor mucho más profundo, porque "evoca el camino incesante de la contemplación y de la perfección cristiana". Además, al comenzar y acabar con el crucifijo nos recuerda que "En Cristo está centrada la vida y la oración de los creyentes".

EL CAMINO DE MARÍA

Si se vive así, el Rosario es realmente un itinerario espiritual, "en el que María se hace madre, maestra, guía y sostiene al fiel con su poderosa intercesión", nos recuerda finalmente el Santo Padre. Esto es verdaderamente "el camino de María. Es el camino del ejemplo de la Virgen de Nazareth, mujer de fe, de silencio y de escucha".

Rezando pues los "misterios de Cristo" estaremos rezando al mismo tiempo "los misterios de la Madre". De nuestra Madre, que no dejará de hacernos comprender, a través de la oración, también el gran misterio de nuestra vida.

S.C.

 

 

 

Hablar de paz a un mundo dividido

El día que dio inicio a este nuevo año, Solemnidad de la Madre de Dios, el Santo Padre lanzó un nuevo mensaje a la humanidad exhortando a todos los hombres, por enésima vez, a "decidirse por la paz". Lo hace con palabras fuertes, decididas, como queriendo sacudir de nuevo las conciencias dormidas, quizás anestesiadas por el egoísmo imperante en nuestra sociedad que hace que se viva cotidianamente el conflicto como campo de batalla para defender los intereses personales. No puede entonces existir un terreno fértil para un nuevo germen de paz en el mundo, si éste no se crea primero en el corazón de cada individuo; no puede restablecerse un nuevo orden que reflejo el antiguo proyecto de Dios si no se renuncia a sí mismos en vistas del bien común. "La paz no es tanto cuestión de estructuras como de personas" recuerda el Papa "los gestos de paz son posibles cuando la gente aprecia plenamente la dimensión comunitaria de la vida… gestos de paz crean una tradición y una cultura de paz".

Para fundamentar este nuevo mensaje, el Pontífice ha retomado la carta histórica "Pacem in terris" publicada hace 40 años por Juan XXIII. Una frase extremadamente significativa abría la carta, anticipando su contenido: "La paz en la tierra, anhelo profundo de los seres humanos de todos los tiempos, puede ser instaurada y consolidada sólo en el pleno respeto del orden establecido por Dios" &emdash; escribía en 1963 el "Papa bueno".

Tan sólo dos años antes de la Pacem in terris, en 1961, se erigía el "muro de Berlín" para dividir y poner una contra la otra no sólo dos partes de aquella Ciudad, sino también dos maneras de comprender y de construir la ciudad terrena, mientras Cuba se encontraba en el umbral de la guerra nuclear. El camino hacia un mundo de paz, de justicia y de libertad parecía bloqueado.

A cuatro decenios de distancia las cosas no parecen haber cambiado, sino que más bien por algún lado parecen peor pues el progreso debería haber mejorado las condiciones de vida de todos y por lo tanto crear menos ocasiones de guerra. No es así, a la sombra de la amenaza atómica poblaciones enteras consumen su existencia en el terror.

Los cuatro pilares de la paz

El Papa Juan XXIII no estaba de acuerdo con los que creían que la paz era imposible. Como espíritu iluminado que era, identificó las condiciones esenciales para la paz en cuatro exigencias precisas del alma humana: LA VERDAD, LA JUSTICIA, EL AMOR Y LA LIBERTAD.

"La verdad &emdash; dijo &emdash; será el fundamento de la paz si cada individuo toma conciencia honestamente no sólo de sus propios derechos, sino también de sus deberes hacia los demás.

La justicia edificará la paz, si cada uno respeta concretamente los derechos de los demás y se esfuerza por cumplir plenamente sus propios deberes hacia los demás.

El amor será fermento de paz, si la gente siente las necesidades de los demás como propias y comparte lo que posee, comenzando por los valores del espíritu.

La libertad finalmente alimentará la paz y la hará fructificar si, al escoger los medios para alcanzarla, los individuos se guían por la razón y asumen con valentía la responsabilidad de sus propias acciones".

Queda claro pues, que el camino de la paz, según el viejo Papa Roncalli, tenía que pasar necesariamente por la defensa y la promoción de los derechos humanos fundamentales, con la "convicción de que todos los hombres son iguales por dignidad natural… Cada ser humano es persona, es decir, posee una naturaleza dotada de inteligencia y de libre voluntad, y es por tanto sujeto de derechos y deberes. Derechos y deberes que por esto son universales, inviolables, inalienables". ¡Cómo no compartir estas ideas tan importantes y fundamentales que parecen obvias! Sin embargo la realidad nos demuestra que no son obvias y que los derechos humanos de miles de personas son continuamente aplastados y humillados, pretendiendo de este modo el nacimiento de un mundo distinto.
En 1963 Juan XXIII miraba con esperanza a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como "instrumento creíble para mantener y reforzar la paz en el mundo y promover y defender la seguridad internacional". A propósito de esto reproducimos las palabras de nuestro Papa actual que comenta con amargura: "No sólo la visión precursora del Papa Juan XXIII, es decir, la perspectiva de una autoridad pública internacional al servicio de los derechos humanos, la libertad y la paz, no se ha realizado todavía plenamente, sino que hay que notar, en cambio, la no infrecuente vacilación de la comunidad internacional en su deber de respetar y aplicar los derechos humanos".

Un nuevo orden moral internacional

La gran distancia que aumenta poco a poco entre los Países tecnológicamente avanzados y los países que padecen situaciones de subdesarrollo, impulsa a buscar con insistencia una solución definitiva: "Que hay un gran desorden en la situación del mundo contemporáneo es una constatación por todos " escribe el Papa polaco, "por ello la pregunta que se impone es la siguiente: ¿qué tipo de orden puede sustituir este desorden, para dar a los hombres y a las mujeres la posibilidad de vivir en libertad, justicia y seguridad?".

El vinculo entre paz y verdad

Hay un vínculo indivisible entre el esfuerzo por la paz y el respecto a la verdad. La honestidad al dar informaciones, la equidad de los sistemas jurídicos, la transparencia de los procedimientos democráticos da a los ciudadanos aquel sentido de seguridad aquella disponibilidad para solucionar las controversias con medios pacíficos: "Los encuentros políticos a nivel nacional e internacional sirven a la causa de la paz sólo si los compromisos son asumidos y respetados por todos" subraya el Pontífice en su mensaje, y luego recuerda que "no respetar los compromisos adoptados lleva a que la gente crea cada vez menos en la utilidad del diálogo y se incline a confiar en el uso de la fuerza para solucionar las controversias". Es evidente pues que "El sufrimiento causado por la pobreza se ve aumentado dramáticamente por al disminución de la confianza. El resultado final es la caída de cualquier esperanza".

Una cultura de paz

Muchos hombres y mujeres aún no ceden al desánimo, en nombre de aquella "bienaventuranza" que nos invita a ser "trabajadores de paz" (Mt 5, 9). "La religión tiene un papel vital para suscitar gestos de paz" concluye Juan Pablo II, pero puede ser eficaz sólo si se concentra en lo que le es propio: "la apertura a Dios", la enseñanza de una fraternidad universal y la promoción de una cultura de solidaridad. Así, en la Jornada Mundial de la Paz 2003, nace no sólo el nuevo año sino también la invitación a renovar la confianza personal "en Dios misericordioso y compasivo, que nos llama a la fraternidad; confianza en los hombres y en las mujeres de nuestro tiempo como en cualquier otro tiempo, teniendo presente que la imagen de Dios está impresa de la misma manera en el alma de todos. Partiendo de estos sentimientos se puede esperar construir un mundo de paz en la tierra".

Navidad de sangre en Pakistán

Mientras un nutrido grupo de fieles participaba en una celebración en la iglesia presbiteriana de la aldea de Chuyyanwali (a unos 200 Km al sudeste de Islamabad), algunos desconocidos lanzaron bombas de mano contra la asamblea, matando a tres chicas e hiriendo a una quincena. Hasta ahora nadie ha reivindicado oficialmente el atentado, aunque los investigadores sospechan que la acción terrorista sea obra de extremistas islámicos contrarios al apoyo que Pakistán da a la campaña contra el terrorismo internacional liderada por Estados Unidos. En los últimos meses ha habido varios atentados anticristianos y antioccidentales en el país.

(Fides)

 

 

En marzo se celebra a la mujer: ¡devolvámosle su dignidad!

Admiración y simpatía, solidaridad y comprensión, estima y respeto, colaboración y gratitud, amor paterno y fraterno… Éstos son los sentimientos con los que Juan Pablo II ha acompañado siempre sus intervenciones sobre la mujer. Particularmente atento a la condición femenina, en los diversos años de su pontificado, el Papa ha dedicado a la mujer muchas palabras para restituirle una dignidad dañada demasiadas veces por una cultura fuertemente machista. De este modo el Santo Padre ha querido reparar tantas ofensas e injusticias que ha sufrido a lo largo de los siglos, ha intentado esclarecer el valor real de la mujer, para ayudarla a redescubrir y a vivir en plenitud su verdadera vocación, ha deseado darle gracias por el "genio femenino" y por todo lo que ella representa en la vida de la humanidad. En particular, en la carta apostólica Mulieris Dignitatem &emdash; escrita con motivo del año mariano 1998 &emdash; Juan Pablo II reconocía los errores llevados a cabo en la historia de la misma Iglesia ante su componente femenino y el malestar y la dificultad que ha tenido la mujer para expresarse tal como es.

La centralidad de María de Nazaret, modelo de todas las mujeres y plena realización de la feminidad, lanza una luz de verdad y de pureza en todas las intervenciones del Papa, que entre otras cosas afirma: María es la "bendita entre todas las mujeres"; y sin embargo, de su sublime dignidad en el plan divino participa toda mujer. Para profundizar y meditar sobre el "misterio de la mujer", tal como hoy lo propone la Iglesia, referimos algunas reflexiones extraídas libremente de Mulieris Dignitatem.

"Llegada la plenitud de los tiempos, Dios mandó a su Hijo nacido de mujer".

El Hijo nace hombre de una mujer y este acontecimiento nos lleva al punto clave de la historia del hombre en la tierra, entendida como historia de la salvación, el punto definitivo y culminante de la autorrevelación de Dios a la humanidad.

La mujer se encuentra en el corazón de este acontecimiento salvífico.

La autorrevelación de Dios, que es la inescrutable unidad de la Trinidad, se contiene en sus líneas fundamentales en la anunciación de Nazaret, donde María alcanza una unión con Dios tal que supera todas las esperas del espíritu humano. Solamente con la fuerza del Espíritu Santo, que la cubrió con su sombra, María pudo aceptar lo que es imposible para los hombres pero posible para Dios (Cf Mc 10, 27).

De este modo la plenitud del tiempo manifiesta la extraordinaria "dignidad" de la mujer.

Un acontecimiento que pone de relieve un tipo de unión con el Dios vivo que sólo puede pertenecer a la "mujer", María: la unión entre madre e hijo. La Virgen de Nazaret se convierte, de hecho, en la Madre de Dios. Esta unión especial de María con Dios es pura gracia y, como tal, un don del Espíritu. Pero al mismo tiempo, mediante la respuesta de fe, María expresa su libre voluntad, y por tanto la participación plena del yo personal y femenino en el acontecimiento de la encarnación.

La gracia nunca actúa independientemente de la naturaleza ni la anula, sino que la perfecciona y ennoblece.

Por lo tanto, aquella "plenitud de gracia" concedida a la Virgen de Nazaret significa al mismo tiempo la plenitud de la perfección de lo que es "característico de la mujer", de "lo que es femenino" y que confiere a la mujer el punto máximo de su dignidad.

La dignidad de la mujer se mide por el amor, que es esencialmente orden de justicia y de caridad.

La persona debe ser amada, porque el amor es lo único que corresponde a lo que es la persona. Si no se recurre e la primacía del amor no se puede dar una respuesta completa y adecuada a la pregunta sobre la dignidad de la mujer y su vocación.

La mujer no puede encontrarse a sí misma si no es dando amor a los demás.

La dignidad de la mujer, de hecho, está íntimamente ligada al amor que ella recibe precisamente por su feminidad y también al amor que ella da a su vez.

Dios confía a la mujer de un modo especial el hombre, el ser humano.

Dios confía naturalmente cada hombre a todos y a cada uno. Sin embargo, esta confianza refiere de un modo especial a la mujer, precisamente por su feminidad, y esto determina de forma particular su vocación. Dios "le confía el hombre" siempre y en cualquier circunstancia, incluso en las condiciones de discriminación social en que ella pueda encontrarse.

Por esto la Iglesia desea agradecer a la Santísima Trinidad "el misterio de la mujer".

Y da gracias por todas y cada una de las mujeres, por todas: por haber salido del corazón de Dios en toda la belleza y la riqueza de su feminidad; por haber sido abrazadas en su amor eterno; por ser, junto al hombre, peregrinas en esta tierra y por asumir como tales, junto al hombre, una responsabilidad común por la suerte de la humanidad.

La Iglesia agradece…

Todas las manifestaciones del "genio femenino" que han aparecido a lo largo de la historia, por los carismas que el Espíritu Santo da a las mujeres, por los frutos de santidad femenina.

La Iglesia pide…

al mismo tiempo, que estas inestimables "manifestaciones del Espíritu" sean reconocidas con atención, valoradas, para que se conviertan en una riqueza de la Iglesia y de la humanidad.

La Iglesia ora…

Meditando el misterio bíblico de la "mujer", para que todas las mujeres se vuelvan a encontrar a sí mismas y su "suprema vocación" en este misterio.

S.C.

 

MARÍA REVELA LA MUJER, JUNTO AL HOMBRE JOSÉ

María, "la mujer" por excelencia, o mejor, la "Virgen vivió la propia feminidad en toda su plenitud valorando y dejando que fructificara todo lo que había recibido de Dios".

Madre natural y Madre espiritual

Una mirada más profunda sobre los misterios de la Anunciación y de la Visitación, que tienen como protagonistas a María e Isabel, nos revela cómo la mujer en su destacada sensibilidad es particularmente capaz de acoger la vida, no sólo en el plano físico sino también en el espiritual. Tras haberla acogido, la mujer siente y vive un vínculo profundo entre sí misma y la realidad que ha generado, pero sin desear retenerla para sí misma; al contrario, en ella nace espontáneamente la necesidad de compartirla con los demás. Fue el caso de María que llevaba en su seno la vida de Jesús para generarlo físicamente y, al mismo tiempo, transmitía la vida espiritual a su prima, a quien había ido a visitar.

María era madre pero también virgen.

Por descontado que éste fue un privilegio destinado exclusivamente a Ella. Pero algunos estudios de psicología ponen de manifiesto cómo en la psique y en el alma de toda mujer, la maternidad y la virginidad son convergentes. Antes de concebir un hijo físicamente, la mujer lo concibe espiritualmente, y es precisamente en esta dimensión interior que la mujer vive su virginidad. Tal como en el cuerpo está abierta al niño que lleva en su seno, en el alma la mujer está abierta al mundo espiritual, para ser madre a través del Espíritu.

Madre en el silencio y en el dolor.

Tras la infancia de Jesús, María desaparece del escenario evangélico y se retira completamente en el silencio. La vemos reaparecer sólo en las bodas de Caná de Galilea, o buscando al Hijo con sus primos y, finalmente, bajo la cruz. Este silencio, además de tener un gran valor teológico, es subrayado en psicología como la capacidad de la mujer de aceptar los valores y los acontecimientos de la vida dentro de sí. María que genera a Jesús en su seno y que acoge en sus brazos a Jesús muerto, alcanza la culminación de su propia maternidad y evidencia la esencia de la maternidad espiritual y la capacidad de la mujer de acoger el misterio del dolor, del sufrimiento y de la muerte.

Madre porque es esposa.

Con la expresión del Magnificat: "Mi alma magnifica al Señor" María revela que la encarnación de Dios es fruto de su unión esponsal con Dios mismo. Dios se encarnó, en María entró la vida divina y en Ella descubrimos a la esposa que se reencuentra plenamente en el Esposo. Y es por esto que la Virgen entona libremente su canto de alabanza. En Ella vemos a la mujer en un estado de realización plena: donde en María todo canta, descubrimos a la esposa que se ha realizado, figura de la Iglesia que llegará a su culminación, figura de la humanidad que debería ser redimida. Todo florece en esta relación con Dios. Estas breves alusiones a la feminidad de María nos ayudan a trazar algunas características peculiares de la mujer: una profunda sensibilidad, la predisposición a la maternidad espiritual y material, la presencia en ella de la maternidad y de la virginidad, el silencio como capacidad de acoger el mensaje de Dios y los acontecimientos que proceden de Él y, finalmente, el don de saber magnificar a Dios en totalidad.

EL HOMBRE ES EL QUE DA Y TRANSMITE LA VIDA.

Éste no es un acto sólo biológico sino que se expresa también en el plano espiritual, tal como hizo San José. El hombre debe guiar a la mujer… No según sus propios criterios sino a la luz de la voluntad de Dios. La dirección de san José, tanto física como espiritual, tenía lugar a través de una constante apertura al Espíritu Santo que le sugería los pasos que debía llevar a cabo para mantener segura a su propia familia: de noche acogía el mensaje del cielo y luego realizaba la voluntad de Dios, quien tenía libertad para hablar a través de él. Este tipo de dirección está ligado al discernimiento del Espíritu y, al mismo tiempo, manifiesta un aspecto sustancial que diferencia a los hombres del género femenino: en las mujeres domina el sentimiento mientras en los hombres, la razón. A lo largo de la historia la mujer siempre ha sido considerada como una parte de la humanidad de poco valor. No queda lejos el tiempo en el que las mujeres no tenían los mismos derechos que los hombres, el tiempo en el que no había armonía entre los dos sexos. ¡Aunque parezca paradójico, incluso en el Medioevo, filósofos y teólogos discutían si la mujer tenía alma! La mujer que ha sido ofendida y herida, nutre en sí sentimientos de inferioridad que sin embargo pueden transformarse en un peligroso sentido de superioridad. De hecho, la mujer, para "darse a valer" lucha y a menudo se hace prepotente. Esta "prepotencia" revela la increíble energía que ella lleva dentro de sí, la misma energía que al mismo tiempo hace que se entregue con una gran generosidad.

Dios nos llama a favorecer la comunión en la integración de las diversidades. La mujer y el hombre están naturalmente dirigidos el uno hacia el otro, pero no sólo en el plano físico sino también en el del espíritu. En el canto del Magnificat María manifestó toda su vida afectiva, expresando de modo elocuente la relación del alma y del cuerpo con Dios. También nuestra afectividad debe enraizarse en Dios. Sólo así obtendremos una libertad interior que nos permita relacionarnos libremente unos con otros. Vivir una relación puramente afectiva que excluya la esfera espiritual es un índice de infantilismo y de una concepción del mundo que pasa sólo a través de los propios sentimientos. San José y la Virgen María, San Francisco y Santa Clara son ejemplos elocuentes de cómo un hombre y una mujer pueden vivir en el plano espiritual la plenitud del amor. Es una dinámica mucho más profunda y fuerte que la relación física entre dos personas. El amor puro debe conocer la cercanía y, al mismo tiempo, la lejanía.

Entre el hombre y la mujer existe la mayor tensión del universo.

Si la imagen del ser humano, creado como varón y mujer, no es reconciliada, la paz y la armonía no podrán reinar nunca en la tierra. Estas tensiones están presentes en las profundidades de cada uno de nosotros: la tensión hacia la madre, hacia el padre, hacia la novia o el novio, y se expresan en todo nuestro ser. La madurez no consiste en que estas tensiones desaparezcan, pues éstas en cualquier caso permanecen, ya sea a nivel espiritual o físico. Madurez en cambio es saber abrirse al Reino de los cielos y transformar estas tensiones en una realidad positiva que se expresa en el amor espiritual. Es pues muy importante que el hombre y la mujer maduren mediante una purificación gradual y entren en una relación viva con Jesucristo, el único capaz de convertirlos en personas íntegras, libres de amar y de amarse.

Tommaso di Francesco

 

 

SAN JOSÉ silencioso esposo de María

de Giuseppe Ferraro 

En la bellísima Exhortación Apostólica "Redemptoris Custos" el Papa afirma: "Y en el umbral del Nuevo Testamento, como en el inicio del Antiguo, hay una pareja... la de José y María, que constituye el vértice desde el cual la santidad se expande a toda la tierra" (cit. Cap. 7) y también "Inserta directamente en el misterio de la encarnación, la Familia de Nazareth constituye un misterio especial... en ella José es el padre" (ibídem, n.21). El Verbo de Dios, de hecho, ha querido nacer en una auténtica familia humana, formada por el misterio divino. En ésta resplandece perfectamente el sello de la comunión trinitaria, mediante el ofrecimiento total de sí mismos a Dios por parte de María y José, que habían pronunciado su "fiat" de maneras diversas, pero con la misma radicalidad perfecta, a la invitación angélica de hacer de su vida una entrega total por la salvación del mundo.

De este modo, junto a la "la asunción" de la humanidad en Cristo, que alcanza las profundidades del misterio de la unión de las dos naturalezas, humana y divina, en al Persona del Hijos de Dios, Jesús de Nazareth, la paternidad humana de José fue definitivamente "asunta" y transfigurada a la luz del Verbo. Una paternidad que desde ese momento se convirtió para siempre en signo y presencia en el mundo del amor que tiene su fuente en el Padre, "del que toma nombre cualquier paternidad en los cielos y en la tierra" (Ef 3, 15). José, después de María, sirvió con fidelidad inigualable al misterio de la encarnación, dando al Verbo de Dios hecho hombre, además del "Nombre" indicado por el Ángel, que significa "Dios salva", raíces existenciales concretas en el tejido vivo de una auténtica familia humana, que lo insertan establemente en el corazón de la historia concreta de los hombres de todos los tiempos, desde nuestros primeros padres hasta el cumplimiento definitivo de la obra de la salvación. A través del misterio de comunión esponsal presente en la familia de Nazareth, José "no cesa de expresar concretamente su paternidad haciendo de su vida un servicio, un sacrificio al misterio de la encarnación y a la misión redentora que conlleva" (íbid, n.8).

José de hecho no cesa todavía hoy de servir con fidelidad inefable al mismo misterio de gracia, y continúa ejerciendo su paternidad espiritual ante los miembros del Cuerpo místico de Cristo, sobre todo de los que María ha elegido y llamado a la obra de regeneración del Hijo en las almas, que Ella va realizando de forma extraordinaria en este tiempo. No es casual que para sellar las apariciones de la "Mujer vestida de sol" en los cielos de Fátima, el 13 de octubre de 1917, sea precisamente la figura de San José que con el Niño bendice al mundo, tal como atestigua sor Lucía en su Diario: "Cuando la Virgen desapareció... vimos, cerca del sol, a san José con el Niño y a la Virgen vestida de blanco con un manto azul. San José y el Niño parecían bendecir el mundo con gestos que hacían con la mano en forma de cruz." (Cuarta memoria entregada por sor Lucía de Fátima el 08.12.1941 a Mons. Da Silva)

Muchos otros signos permiten intuir una presencia silenciosa, pero no por ello menos activa y eficaz, de San José junto a la Reina de la Paz, que en Medjugorje continúa manifestando a los hombres el amor fiel y misericordioso del Padre. Este servicio fundamental y silencioso en la obra de la redención es "el camino de José", que "en el momento de su ‘Anunciación’ no profirió palabra alguna, sino que sencillamente "hizo lo que le había ordenado el Ángel del Señor" (Mt 1, 24).

La Virgen en sus mensajes no habla explícitamente de Su Esposo terreno, que es signo admirable y fidelísimo de aquel Esposo Divino que misteriosamente la cubrió con su sombra en el momento de la Anunciación. Sin embargo la presencia silenciosa de José parece recorrer constantemente la profundidad del mensaje de la Reina de la Paz, donde, si se mira bien, es posible reconocer distintamente, junto a la nota más típicamente materna una inconfundible paternidad espiritual. Ésta se hace particularmente evidente en los numerosísimos mensajes dirigidos a la familia, en particular las referencias al trabajo y a las actividades humanas concretas y también las múltiples llamadas a mantener una viril estabilidad interior ante las inquietantes estrategias de satanás, que intenta agitar continuamente las almas "como ramas al viento" (v.mens.25.06.1988,etc.) Por lo demás, el misterio nupcial que se inició por obra del Espíritu Santo en la familia de Nazareth, "experta en el sufrimiento" pero fidelísima en el servicio incondicional al Amor puro de Dios, está indudablemente destinado a prolongarse en la eternidad, como signo de reconciliación cósmica definitiva de la imagen masculina y femenina de la esencia profunda de Dios, que desde nuestros primeros padres está indeleblemente impresa en el corazón mismo de la creación.

A través de la armónica recomposición de la imagen original que el Padre había impreso inicialmente en el hombre y en la mujer, que luego se quebró por el pecado original, pero que fue recreada admirablemente en la familia de Nazareth, la Reina de la Paz y su esposo quieren hacer resplandecer en los corazones de los hombres, en las familias naturales y espirituales, en la Iglesia y en el universo entero la gloria de la perfección trinitaria: "... deseo crear un bellísimo mosaico en vuestros corazones, para poder ofrecer a cada uno de vosotros como una imagen original de Dios"(Mens.25.11.1989). Sólo acogiendo plenamente este misterio de alianza nupcial, haciéndolo vivo y fecundo a través del ofrecimiento de la vida por parte de los que María ha llamado a ser "instrumentos en sus manos para la salvación del mundo" se irradiará sobre la creación entera la luz de "nuevos cielos y tierra nueva" y todo podrá ser recapitulado finalmente en Cristo para ser abrazado eternamente por el Padre en el vértice del amor ardiente de la Santísima Trinidad.

 

 

SOR EMMANUEL:

"¿MEDJUGORJE? UN OASIS EN EL DESIERTO"

¿Qué representa en realidad Medj. para todos los que vienen a visitarlo o para los que viven allí? Se los hemos preguntado a SOR EMMANUEL que, como es sabido, vive en Medj. desde hace ya varios años y es una de las voces que nos tiene al día de todo lo que ocurre en aquella "tierra bendita".
"Me gustaría modificar ligeramente la pregunta y diría: ¿en qué debería convertirse Medjugorje para satisfacer la necesidad de todos aquellos peregrinos que llegan de todo el mundo? La Virgen ha dicho dos cosas a este respecto: "Yo quiero crear aquí un oasis de paz". Pero nos preguntamos: ¿qué es un oasis? Quien ha viajado por África o Tierra Santa y ha visitado el desierto, habrá visto que el oasis es un lugar en medio del desierto donde hay agua. Esta agua brota de la profundidad de la tierra hasta la superficie, irriga la tierra y produce una increíble variedad de árboles frutales, campos con flores variopintas… En el oasis todo lo que tiene una semilla tiene una oportunidad de desarrollarse y de crecer.
Es un lugar en el que hay una profunda armonía porque las flores y los árboles son creados por Dios. ¡Y Él no sólo da la armonía sino también la abundancia! Los hombres pueden vivir allí tranquilamente porque tienen comida y bebida, igual que los animales que, aun viviendo en el desierto, pueden abrevar, nutrirse y dar al hombre la leche, los huevos, etc… ¡Es un lugar de vida! En Medjugorje, en el oasis creado por la misma Virgen, he notado que cada tipo de persona puede encontrar la comida justa (adaptada a ella), pero puede también convertirse a su vez en un árbol que da frutos a los demás.

NUESTRO MUNDO ES UN DESIERTO

Nuestro mundo hoy es un desierto en el que sobre todo sufren los jóvenes, porque cada día ingieren veneno a través de los medios de comunicación y el mal ejemplo de los adultos. Desde pequeños asimilan cosas que pueden llegar a destruir sus almas. En este desierto camina Satanás. De hecho, como leemos muchas veces en la Biblia, el desierto es también el lugar en el que se encuentra el demonio &emdash; y es necesario combatirlo si se quiere permanecer con Dios. Dios entonces crea un lugar en medio del desierto donde se puede vivir en la gracia y de la gracia, y nosotros sabemos que el agua es también el símbolo de la gracia.

¿Cómo ve la Virgen Medj.? Como un lugar donde debe surgir un manantial de gracia, "un oasis", como Ella misma dice en un mensaje: un lugar donde sus hijos puedan venir y beber el agua pura que mana del costado de Cristo. Agua bendita, agua santa. Cada vez que rezo en el bosquecillo que está al lado de mi casa y se une a mí un grupo de peregrinos, noto cómo ellos poco a poco se transforman. Podría sacar una foto antes y después de haber rezado el rosario y demostrar cómo cambian sus rostros: ¡ni siquiera parecen las mismas personas!

Aquí en Medj hay una gracia increíble para la oración. La Virgen desea dárnosla y quiere que nosotros, habitantes o peregrinos de la aldea, nos convirtamos en frutos, buenos para comer, para entregarnos a los otros que están aún en el desierto, hambrientos y sedientos.

EL ENEMIGO DE MEDJUGORJE

Debemos proteger este oasis porque aquí el demonio está muy activo, se insinúa entre las personas que quieren pelearse y rompe la armonía, la unidad. Querría también eliminar el agua, pero no puede hacerlo porque ésta viene de Dios, ¡y Dios es Dios! En cambio, puede ensuciar el agua, puede molestar, impedir que los peregrinos se sumerjan en la oración, a la escucha de los mensajes de la Virgen, consiguiendo que se queden en un nivel superficial y se pierdan en las distracciones. "Satanás quiere convertir a los peregrinos en curiosos". A Medj. llega también gente que no busca a la Virgen sino tan sólo diversión. Viene de los lugares cercanos, de Citluk, Ljubuski, Mostar, Sarajevo, Spalato, etc… porque saben que en Medj. hay una concentración del mundo como nunca la había habido en esta región.
Luego están los que quieren recibir algo de su estancia en Medj., pero mucho depende del modo en que son preparados por los guías. He visto muchos grupos que vuelven a casa sin saber casi nada de lo que aquí verdaderamente acontece. El motivo es que no han orado bien y se han dispersado en mil excursiones, sin recibir el auténtico mensaje de Medj y el toque de la gracia. Se afanan porque quieren fotografiarlo todo y a todos. ¡Pero así no pueden sumergirse en la oración! Todo depende de la capacidad y la profundidad espiritual del guía. ¡Qué bello es cuando éste tiene un solo objetivo: guiar a las almas hacia la conversión y la verdadera paz del corazón!

EL LUGAR DEL ENCUENTRO

Alguno se pregunta por qué aquí en Medj, no se organizan retiros vocacionales o cursos de Sagrada Escritura &emdash; todos elementos que entre otras cosas la Virgen alienta. Yo pienso que Medj. es un lugar donde sencillamente se encuentra a la Virgen y se aprende a orar. Luego en casa, tras haber vivido este bellísimo encuentro, María dirá a través de la oración cómo continuar. En el mundo hay de todo y, si buscas, encuentras donde poder profundizar lo que has recibido aquí en Medj. Quizás en el futuro nacerán otras iniciativas, pero hasta ahora la Virgen ha querido realizar el encuentro sencillo con Ella. Las personas necesitan a la propia madre, necesitan estar en un lugar donde sanen interior y físicamente. Se llega como huérfanos y cada uno se convierte en hijo de la Virgen.

Mi invitación es la siguiente: ven a Medj., ve a las montañas, pide a la Virgen que te visite, porque éste es un lugar de visitación cotidiana. Ella lo hará, aunque no lo sientas con tus sentidos exteriores. Su visita llegará y quizás te darás cuenta en casa, cuando te encuentres cambiado. María desea que vivamos el encuentro con su Corazón materno, con su ternura, con su amor por Jesús. Ven aquí entre los brazos de la Mamá y acabará toda soledad. Ya no hay lugar para la desesperación porque tenemos una Mamá que es también reina, una Mamá que es también muy bella y poderosa. Aquí caminarás de forma diversa porque está la Mamá: toma su mano y no la sueltes nunca más.

LA MADRE TERESA LA COGÍA DE LA MANO

Un día la Madre Teresa de Calcuta, que deseaba mucho venir a Medj., explicó un episodio de su infancia al obispo Hnilica (Roma), que le había preguntado a qué atribuía su éxito: "Cuando tenía 5 años", le respondió, andaba con mi madre por los campos, hacia una aldea un poco lejana a la nuestra. Iba de la mano de mamá y me sentía feliz. En un momento dado mi madre se paró y me dijo: "Me has tomado la mano y te sientes segura porque yo conozco el camino. Debes conservar igualmente tu mano en la de la Virgen, y Ella te guiará siempre por el camino justo en tu vida. ¡No sueltes nunca su mano!" ¡Y es lo que he hecho! Este consejo se grabó en mi corazón y en la memoria: en mi vida he ido siempre de la mano de María…¡Hoy no me arrepiento de haberlo hecho!".

Medj. es el lugar para coger la mano de María, el resto vendrá después. Éste es un encuentro tan profundo, es casi un "shock" psico-afectivo y no sólo espiritual, porque en un mundo en que las madres están delante de un ordenador o fuera de casa, las familias se rompen o corren el riesgo de romperse. Los hombres necesitan cada vez más a la Madre Celestial.

MÁS GRACIAS QUE A LOS VIDENTES

Organicemos pues este encuentro con nuestra Madre, leamos los mensajes y en el momento de la aparición, abrámonos interiormente. A Vicka la Virgen le ha dicho, hablando del momento de la aparición a los videntes: "Cuando vengo, os doy gracias como nunca las he dado hasta ahora. Pero estas gracias quiero darlas también a todos mis hijos que abren su corazón a mi venida". No podemos pues envidiar a los videntes, porque si cuando Ella aparece nosotros abrimos el corazón, recibimos las mismas gracias, o incluso una gracia más respecto de ellos, porque tenemos la bendición de creer sin ver, ( ¡y ésta ellos ya no la tienen porque ven!)

UN RAMO, UN MOSAICO &emdash; EN LA UNIDAD

Cada vez que abrimos el corazón y acogemos a la Virgen, Ella lleva a cabo su maternal obra de purificación, de aliento, de ternura, y vence el mal. Si todos los que visitan o viven en Medj. viven esto, entonces nos convertiremos en lo que nos ha dicho la Reina de la Paz: un oasis, un ramo de flores donde está toda la gama posible de colores y un mosaico. Cada pequeña pieza del mosaica, si está en el lugar adecuado, crea algo maravilloso; si en cambio las piezas se mezclan entre ellas, todo aparece feo y desordenado. Debemos pues trabajar por la unidad, ¡pero aquella unidad centrada en el Señor y en su Evangelio! Si alguno intenta realizar la unidad entorno suyo, si siente que es el centro de la unidad que se debe crear, ésta se convierte en algo falso, completamente humano, que no puede durar…
La unidad se realiza sólo con Jesús y no por casualidad. María ha dicho: "Adorad a mi Hijo en el Santísimo Sacramento, enamoraos del Santísimo en el altar, porque cuando adoráis a mi Hijo estáis unidos al mundo entero" (25 de septiembre de 1995). Podría haber dicho otra cosa, pero la Virgen ha dicho esto porque adorar es lo que nos une en verdad y divinamente. ¡Ésta es la verdadera clave del ecumenismo! Si vivimos la Eucaristía en todos sus aspectos con el corazón, si hacemos de la Santa Misa el centro de nuestra vida, entonces verdaderamente crearemos en Medj. este oasis de paz soñado por la Virgen, ¡no sólo para los católicos, sino para todos! A nuestros jóvenes sedientos y a nuestro mundo angustiado y en crisis profunda por lo que le falta, no le faltarán ya nunca más el agua, la comida, la belleza y la gracia divina.

(sor Emmanuel a Stefania Consoli)

 

 

María desea que vivamos el encuentro con su Corazón materno, con su ternura, con su amor por Jesús. Ven aquí entre los brazos de la Mamá y acabará toda soledad. Ya no hay lugar para la desesperación porque tenemos una Mamá que es también reina, una Mamá que es también muy bella y poderosa. Aquí caminarás de forma diversa porque está la Mamá: toma su mano y no la sueltes nunca más.

LA MADRE TERESA LA COGÍA DE LA MANO

Un día la Madre Teresa de Calcuta, que deseaba mucho venir a Medj., explicó un episodio de su infancia al obispo Hnilica (Roma), que le había preguntado a qué atribuía su éxito: "Cuando tenía 5 años", le respondió, andaba con mi madre por los campos, hacia una aldea un poco lejana a la nuestra. Iba de la mano de mamá y me sentía feliz. En un momento dado mi madre se paró y me dijo: "Me has tomado la mano y te sientes segura porque yo conozco el camino. Debes conservar igualmente tu mano en la de la Virgen, y Ella te guiará siempre por el camino justo en tu vida. ¡No sueltes nunca su mano!" ¡Y es lo que he hecho! Este consejo se grabó en mi corazón y en la memoria: en mi vida he ido siempre de la mano de María…¡Hoy no me arrepiento de haberlo hecho!".

Medj. es el lugar para coger la mano de María, el resto vendrá después. Éste es un encuentro tan profundo, es casi un "shock" psico-afectivo y no sólo espiritual, porque en un mundo en que las madres están delante de un ordenador o fuera de casa, las familias se rompen o corren el riesgo de romperse. Los hombres necesitan cada vez más a la Madre Celestial.

MÁS GRACIAS QUE A LOS VIDENTES

Organicemos pues este encuentro con nuestra Madre, leamos los mensajes y en el momento de la aparición, abrámonos interiormente. A Vicka la Virgen le ha dicho, hablando del momento de la aparición a los videntes: "Cuando vengo, os doy gracias como nunca las he dado hasta ahora. Pero estas gracias quiero darlas también a todos mis hijos que abren su corazón a mi venida". No podemos pues envidiar a los videntes, porque si cuando Ella aparece nosotros abrimos el corazón, recibimos las mismas gracias, o incluso una gracia más respecto de ellos, porque tenemos la bendición de creer sin ver, ( ¡y ésta ellos ya no la tienen porque ven!)

UN RAMO, UN MOSAICO &emdash; EN LA UNIDAD

Cada vez que abrimos el corazón y acogemos a la Virgen, Ella lleva a cabo su maternal obra de purificación, de aliento, de ternura, y vence el mal. Si todos los que visitan o viven en Medj. viven esto, entonces nos convertiremos en lo que nos ha dicho la Reina de la Paz: un oasis, un ramo de flores donde está toda la gama posible de colores y un mosaico. Cada pequeña pieza del mosaica, si está en el lugar adecuado, crea algo maravilloso; si en cambio las piezas se mezclan entre ellas, todo aparece feo y desordenado. Debemos pues trabajar por la unidad, ¡pero aquella unidad centrada en el Señor y en su Evangelio! Si alguno intenta realizar la unidad entorno suyo, si siente que es el centro de la unidad que se debe crear, ésta se convierte en algo falso, completamente humano, que no puede durar…
La unidad se realiza sólo con Jesús y no por casualidad. María ha dicho: "Adorad a mi Hijo en el Santísimo Sacramento, enamoraos del Santísimo en el altar, porque cuando adoráis a mi Hijo estáis unidos al mundo entero" (25 de septiembre de 1995). Podría haber dicho otra cosa, pero la Virgen ha dicho esto porque adorar es lo que nos une en verdad y divinamente. ¡Ésta es la verdadera clave del ecumenismo! Si vivimos la Eucaristía en todos sus aspectos con el corazón, si hacemos de la Santa Misa el centro de nuestra vida, entonces verdaderamente crearemos en Medj. este oasis de paz soñado por la Virgen, ¡no sólo para los católicos, sino para todos! A nuestros jóvenes sedientos y a nuestro mundo angustiado y en crisis profunda por lo que le falta, no le faltarán ya nunca más el agua, la comida, la belleza y la gracia divina.

(sor Emmanuel a Stefania Consoli)

 

Dos obispos cuentan Medjugorje

Mons. Pearse Lacey, obispo emérito de Toronto, Canadá, vino a Medjugorje en visita privada del 12 al 19 de octubre junto a un grupo de peregrinos. "Estuve en Medj. &emdash; explica el prelado canadiense &emdash; en 1987. Entonces todo era mucho más sencillo que hoy, pero el Espíritu todavía permanece y la Virgen está omnipresente. En todas partes se advierte la maravillosa gracia de Dios que actúa en las vidas de los hombres. Aquí he encontrado gente que ha resuelto el problema de la droga, del alcohol, he encontrado personas con situaciones de vida trágicas, y me he admirado de los modos milagrosos con los que Dios se manifiesta y aparece. Un sacerdote me dijo que estaba cansado de confesar, que ya se iba a ir, ¡pero que la gente no le dejaba! El número de confesiones es un indicador suficiente de la presencia de Dios en este lugar. Increíble. ¡Para mí esto es Medj.! El mensaje de base en este lugar de gracia es absolutamente sólido. Vivimos en el 2002, pero los hombres todavía son de carne y hueso y todos llevamos las huellas del pecado original. Nuestras necesidades son las mismas que las de los tiempos apostólicos, y de cualquier otro tiempo. Éste es un oasis divino, es la vida de la Iglesia tal como debería ser. ¡Tradición no es una palabra negativa, aunque a algunos les parezca así! La vida de los sacerdotes consiste en llevar a los hombres a Dios, a los que se han alejado porque pensaron que la fe no era importante. Gracias a Dios que nos da este lugar. He estado también en otros lugares, pero Medj. es una luz resplandeciente en la época actual."

Mons. George Pearce, arzobispo emérito de la isla de Fidji, estuvo en Medj. en visita privada a finales de septiembre y principios de octubre. Éstas son sus impresiones: "No dudo de la veracidad de Medj. Ya he estado aquí tres veces y a los sacerdotes que me piden un testimonio les digo: id y sentaos en el confesionario y veréis todos los milagros… por intercesión de María y con el poder de Dios. Se nos dijo: "Por sus frutos los reconoceréis". El corazón y el alma de los mensajes de Medj. son sin duda la Eucaristía y el sacramento de la reconciliación. No tengo ninguna duda sobre el hecho de que ésta sea una obra de Dios, repito: no se puede no creer cuando se pasa un rato en el confesionario. Los signos y los milagros son obra de la misericordia divina, pero para los sacerdotes el milagro más grande es el de ver a los hombres en torno al altar de Dios. He estado en muchos santuarios, he pasado bastante tiempo en Guadalupe, he estado ocho veces en Fátima y en Lourdes. Es la misma María, el mismo mensaje, pero aquí en Medj. ésta es la palabra actual de la Virgen para el mundo. En el mundo hay muchas dificultades y mucho sufrimiento. La Virgen está siempre con nosotros, pero en Medj está junto a nosotros de modo especial. "Me gustaría decir a todos: venid aquí con la mente abierta, en oración, confiad vuestro viaje a la Virgen. Venid solamente y el Señor hará todo el resto".

 

NOTICIAS:

* Un nuevo ambulatorio cerca de la Iglesia &emdash; El 12 de noviembre se bendijo el nuevo ambulatorio "The donum Dei". El ambulatorio fue bendecido por el párroco fray Branco, que subrayó cómo desde hacía tiempo se sentía la necesidad de una nueva estructura de este género, cercana a la zona de oración. En la bendición estuvo presente también Joseph Canizaro, Presidente de la fundación humanitaria estadounidense "The donum dei" que ha contribuido generosamente a la realización de la nueva estructura.

* El octavo encuentro internacional de sacerdotes tendrá lugar en Medj. del 30 de junio al 5 de julio de 2003. El tema del encuentro es: "Servidor de la Eucaristía".

Podéis enviar vuestras inscripciones a la dirección de e-mail: medjugorje-mir@medjugorje.hr, o bien entregarlas en la Oficina de Informaciones o enviarlas mediante tel/fax al número: 00387 36 651 988 (a la atención de Marija Dugandzic). Invitamos a todos los sacerdotes que intenten proveerse el alojamiento en Medj. autónomamente. Los sacerdotes que no tienen conocidos directos o la posibilidad de concretar por sí solos un acuerdo, que lo indiquen e intentaremos ayudarlos. Los costes del seminario se cubrirán con 5 intenciones para las S. Misas.

Hay que traer consigo: celebret del superior, alba y estola, Biblia, una pequeña radio FM y auriculares (para la traducción simultánea).

 

 

El próximo festival de los jóvenes

bajo el signo del Rosario

La Carta Apostólica del Santo Padre "Rosarium Virginis Mariae" sobre el Santo Rosario y el año del Rosario indicado por el Papa, han inspirado a los organizadores a poner el Festival de la Juventud 2003 en Medj. bajo el signo del Santo Rosario: "Por medio del rosario, abridme vuestro corazón". El Papa dice: "Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor"(RVM 1). Nuestra Señora ha hablado en muchos mensajes del Rosario. Como todos los años, preveemos numerosos jóvenes de todas partes. La Gospa les dice: "Si queréis, coged el Rosario; ya sólo el Rosario puede hacer milagros en el mundo y en vuestra vida." (25.1.1991) y "Hijitos, la oración obra milagros. Cuando estáis cansados y enfermos y no veis el sentido de vuestra vida, coged el rosario y orad; orad hasta que la oración sea un encuentro gozoso con vuestro Salvador."(25.4.2001)

¡Cita, pues, en Medj. del 31 de julio al 6 de agosto de 2003!

(Del Press Bulletin)

 

 

El vidente Jacob a los jóvenes:

"¡Poned vuestra vida en las manos de María!"

"Muchos jóvenes tienen miedo de abrirse a Dios y a la Virgen, muchos dicen: ‘¿cómo será mi vida si me convierto?’… Pero basta con pensar en toda la paz y la alegría que brotan del corazón de los jóvenes cuando se reúnen para orar juntos y convencerse que éstos son dones que sólo Dios puede dar. Muchos se preguntan por qué la Virgen se aparece durante tanto tiempo. Sólo hay una razón: Ella viene por nosotros, porque nos ama, porque es nuestra Madre, porque quiere que acojamos el bien y porque se ocupa de nosotros. La Virgen viene también porque desea llevarnos a una meta que es Jesucristo. Desde hace ya 21 años Ella nos muestra el camino para llegar a su Hijo: el camino de la oración, de la conversión, de la paz, del ayuno y de la Santa Misa. Pero para acoger todo lo que nos pide no debemos preocuparnos y afanarnos sino sólo abrirnos a María, como Ella misma dice en un mensaje: "Basta con que os abráis a mí, el resto lo haré yo". Debemos empezar a orar seriamente, a orar con el corazón y sentir así cómo nace poco a poco la paz y el gozo. Venir a Medj. tiene sentido sólo cuando aceptamos convertirnos, comenzar una nueva vida con Dios y llevarla con nosotros a casa. Todos estamos llamados a ser testigos de la "Gospa" y cuando se vuelve de una peregrinación a este lugar lo importante no es decir que hemos estado allí, sino que lo importante es que los otros reconozcan Medj. en nosotros, es importante que vean en nosotros a Dios y puedan comprender cómo Él actúa a través de nosotros. Éste es el ejemplo que la Virgen nos pide que demos. ¡Creo que nosotros los hombres aún no hemos comprendido el gran Amor que la Virgen nos tiene! Basta con pensar que Ella bien a la tierra desde hace tantos años por nosotros… ¡Qué gracia tan grande! Cómo no recordar sus palabras cuando nos dijos: "Queridos hijos, si supieráis cuánto os amo, lloraríais de alegría"… Y cuántas veces nos ha dicho en sus mensajes: "Gracias por haber respondido a mi llamada". Pero nosotros debemos preguntarnos si hemos respondido verdaderamente a su llamada… Durante diecisiete años seguidos he visto a la Virgen cada día, he mirado su bellísimo rostro, he sentido su bondad, la he vivido como madre, y cuando Ella me dijo que ya no vendría más, más que en Navidad, pensé: "¿cómo será mi vida de ahora en adelante? ¿Cómo podré vivir sin verla cada día? Pero entonces comprendí que lo importante no es ver a María con los ojos sino tenerla en el corazón. La Virgen quiere estar en el corazón de cada uno de nosotros, nosotros sólo debemos abrirlo a Ella y poner toda nuestra vida en sus manos".

(de una grabación)

 

 

JELENA

Al comienzo de este año, en consonancia con la invitación del Papa a rezar incesantemente por la paz, queremos dar a los lectores una oración que la Virgen dictó a Jelena el 22 de junio de 1985. Es una súplica a Dios con la que invocamos nuestra unidad interior, para no estar divididos en nosotros entre el Bien y su contrario.

"Oh Dios,

nuestro corazón está en un vacío profundo;

y a pesar de ello, está unido a tu corazón.

Nuestro corazón se debate entre Ti y satanás;

¡no lo permitas!

Y cada vez que esté dividido

Entre el bien y el mal, que tu luz nos ilumine,

para que nuestro corazón permanezca íntegro.

No permitas nunca

que dentro de nosotros haya dos amores,

que nunca coexistan dos fes,

y que nunca cohabiten en nosotros

la mentira y la sinceridad,

el amor y el odio, la honestidad y la deshonestidad,

la humildad y el orgullo.

Ayúdanos por el contrario,

para que nuestro corazón se eleve a Ti

como un niño; haz que nuestro corazón

traiga la paz y que siempre

tenga nostalgia de ella.

Haz que tu santa voluntad y tu amor

Encuentren su morada en nosotros, que al menos alguna vez deseemos verdaderamente ser tus hijos".

 

 

 

Los lectores escriben…

 

Paul Scurri de Malta &emdash; Un agradecimiento cordial por esta maravillosa publicación, pues da un gran consuelo espiritual. Felicitaciones y perseverad con vuestro buen trabajo.

Frances Cinelli de Canada &emdash; Yo espero siempre recibir el Eco. Me anima, me llena de esperanza… y su mensaje siempre es de lo más oportuno. Gracias por haber escrito sobre la visita del Papa a Toronto. Ésta ha ayudado realmente a profundizar nuestra fe y ha tenido un efecto muy positivo y de gran relevancia.

Esther Menon de Buenos Aires (Argentina) &emdash; Hace ya varios años que recibo el Eco. Muchas gracias porque vuestro trabajo lo hace posible.

Loretta de Rávena (Italia) &emdash; Leo siempre con mucho placer esta publicación y siempre encuentro algo nuevo e interesante. Espero poder ir el próximo verano en peregrinación a Medjugorje. Un saludo a toda la redacción.

Magdalena de Moinesti (Rumanía) &emdash; Me he convertido a través de los mensajes de la Santa Virgen. El Eco ha cambiado el sentido de mi vida. Ahora agradezco de corazón a la Virgen por todo lo que ha hecho por mí.

Georgeta de Arges (Rumanía) &emdash; A pesar de que mi situación económica es muy difícil, os ruego que continuéis mandándome la publicación: para mí el Eco es vida, consuelo y ánimo.

Padre Henry de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe (Méjico) &emdash; Un fraternal saludo en Cristo, nuestro consuelo. He tenido la oportunidad de leer los dos últimos números de vuestro periódico, me han gustado mucho los mensajes de la Virgen y su comentario. En nuestra parroquia, consagrada a la Virgen, muchos fieles se reúnen cada día a las 4.30 de la mañana para orar y meditar el Santo Rosario, porque sabemos que a través de su poderosa intercesión Dios nos da todas las gracias que necesitamos.

Don Marcello (Italia) &emdash; Queridísimos de Eco, soy un párroco que os sigue desde hace muchos años, os felicito por los artículos y las reflexiones que hacéis.

Emma de Saronno (VA &emdash; Italia) &emdash; Gracias de corazón por el precioso y tan esperado periódico que me ayuda a llevar la cruz, a meditar, a orar con el corazón, segura de la ayuda de la Mamá celeste. A todos mi agradecimiento y mi sencillo recuerdo en la oración.

P. Joseph de Uganda &emdash; Gracias por las oraciones que ofrecéis cada primer sábado de mes. También nosotros nos unimos a vosotros en este ofrecimiento de oración y de Misas a favor de los lectores: lo apreciamos mucho, que Dios nos ayude y asista a cada alma.

 

El Eco, un periódico ecuménico

"Un día entré en la iglesia de nuestro pequeño pueblo y encontré por casualidad un número de Eco. Me entró curiosidad, lo leí y quedé muy contenta. Vivo en Italia pero soy extranjera y de religión ortodoxa. Al principio pensaba que había muchas diferencias entre mi religión y la católica, pero luego comprendí que en realidad todos pertenecemos a Cristo y al único Padre. Mi marido y yo hemos decidido enseñar a nuestro hijo la religión católica. Yo ya no veo la diferencia: voy a menudo a la santa Misa y siento que mi vida está cambiada, gracias también a nuestro párroco. Fue sin embargo en un momento de desánimo cuando encontré "el Eco de María" Reina de la Paz (sept/oct 2002), que me llenó de alegría y me dio el consejo y la fuerza de caminar hacia delante. Gracias por todo, gracias a la Santa Madre María y a vuestro trabajo que es tan importante porque muchas personas necesitan un apoyo espiritual para encontrar el camino adecuado. El camino de la fe y del amor de Dios y de María. Que la Virgen os bendiga por todas las palabras que quedaron dentro de mí y que me ayudarán a reflexionar".

Katerina Tokar

 

LA BENDICIÓN DEL PAPA PARA EL 2003:

"El Señor te bendiga y te guarde… vuelva a ti su rostro y te conceda la paz" (Nm 6,24.26): ésta es la bendición que, en el Antiguo Testamento, en las grandes fiestas religiosas, los sacerdotes pronunciaban sobre el pueblo elegido. La Comunidad eclesial la vuelve a escuchar hoy, mientras pide al Señor que bendiga el año que apenas comienza.
"El Señor te bendiga y te guarde". Ante los acontecimientos que conmocionan el Planeta, aparece claramente que sólo Dios puede tocar el alma humana en lo más profundo; sólo su paz puede devolver la esperanza a la humanidad. Necesitamos que Él vuelva su rostro hacia nosotros, nos bendiga, nos proteja y nos dé el don de la paz.
Es, por lo tanto, cuando menos, oportuno comenzar el nuevo año invocando de Él este don precioso. Lo hacemos por intercesión de María, Madre del "Príncipe de la paz".
Que María nos ayude a descubrir el auténtico rostro de Jesús, Príncipe de la Paz. Que Ella nos sostenga y nos acompañe en este nuevo año; obtenga para nosotros y para el mundo entero el don deseado de la paz. ¡Amén!"

Villanova M., 1 de enero de 2003