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www.medjugorje.ws » Eco de Maria Reina de la Paz » Eco de Maria Reina de la Paz 179 (Enero-Febrero 2005)

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Mensaje del 25 de noviembre de 2004:
“Queridos hijos, en este tiempo os
invito a todos a orar por mis intenciones.
De modo particular, hijitos, orad por
aquellos que no han conocido el amor de
Dios y no buscan a Dios Salvador.
Sed vosotros, hijitos, mis manos
extendidas; con vuestro ejemplo acer-
cadlos a mi Corazón y al Corazón de mi
Hijo. Dios os recompensará con gracias y
todas las bendiciones. Gracias por haber
respondido a mi llamada.”
Sed vosotros
mis manos extendidas
De nuevo una vibrante invitación de
María a colaborar con Ella en su obra de
salvación. Nos llama una vez más a orar
por sus intenciones
y todos somos invita-
dos. No debemos demorarnos pensando si
esta llamada es para nosotros o para otros,
no debemos demorarnos considerando si
somos ajenos a esta misión. No nos toca a
nosotros juzgar. La Madre llama y nosotros
debemos acudir; si estamos sucios, Ella nos
limpiará; si no somos capaces Ella nos hará
idóneos; nosotros sólo debemos hacer lo
que Ella nos pide y hacerlo sin demora,
hacerlo con gozo, hacerlo con entusiasmo.
En este tiempo os invito a todos a
orar por mis intenciones, y Ella nos reve-
la algo de éstas: orad por los que no han
conocido el amor de Dios y no buscan a
Dios Salvador.
No hay que pensar en per-
sonas perdidas en lugares tan remotos a las
que todavía no ha llegado la buena nueva.
También en las ciudades deslumbrantes de
luz puede faltar la Luz; allí donde todo
parece estar hecho para la vida puede faltar
la Vida, ¡incluso en las familias cristianas
puede faltar Cristo! De hecho, allí donde
Cristo ya no es una novedad puede ser apar-
tado con mayor facilidad como si fuera un
objeto ya inútil. Sin embargo, hoy incluso
más que ayer, el mundo tiene una necesidad
absoluta de Dios. Hoy, después de 2000
años de cristianismo, el Amor de Dios toda-
vía es poco conocido, y aún menos practi-
cado, y sin él el mundo no tiene gobierno.
Aunque distribuyese todos mis bienes,
entregase mi cuerpo para ser quemado, si
no tengo caridad
(esto es el amor que vie-
ne de Dios) de nada me sirve (1Cor 13, 3)
y poco o nada sirve para la salvación del
mundo. Nosotros amamos porque Él nos
ha amado primero
(1 Jn 4, 19). De su Amor
podemos obtener el amor verdadero, aquel
que consiente en atravesar con gozo este
valle de lágrimas.
Dice Jesús a la samaritana: Todo el que
bebe de esta agua tendrá sed de nuevo, pero
el que beba del agua que yo le daré no ten-
drá sed nunca más, sino que el agua que yo
le daré se hará en él fuente de agua que sal-
ta hasta la vida eterna
(Jn 4, 13-14). Y tam-
bién: Ésta es la vida eterna: que te conozcan
a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo,
a quien Tú has enviado.
(Jn 17, 3). No se
puede conocer a Dios sin conocer su Amor.
No se puede entrar en la vida eterna sin
entrar en este Amor. Todo amor que no ven-
ga del Amor es un inútil y dañoso sucedá-
neo, es una droga que apaga todo deseo de
Dios: no se busca a Dios Salvador.
Sin embargo Dios está cerca.
Precisamente porque la noche está avanza-
da
(Rm 13, 12) el día ya está cerca. Por
eso, levantémonos; María espera nuestras
manos extendidas, es más, desea que
nosotros seamos sus manos extendidas.
Manos extendidas hacia Dios para implorar
de Él salvación y perdón; manos extendi-
das hacia los hermanos para acercarlos al
corazón de María y al corazón de Jesús
;
manos extendidas para que se abran los
puños cerrados; manos extendidas para ali-
viar, para sostener, para acoger, para acari-
ciar. Manos extendidas como las de la
Madre Teresa, como las de María, como las
de Jesús. Manos extendidas para no ence-
rrarnos en las propias enfermedades, para
no quedarnos nada para nosotros mismos
sino para dar todo el amor que recibimos
de Dios. Ya hay muchas manos extendidas
aunque muchas veces escondidas del ruido
del mundo. Añadamos también las mues-
tras, prestémoselas a María; Ella sabrá uti-
lizarlas y lloverán gracias y bendiciones.
Nuccio Quattrocchi
Mensaje del 25 de diciembre de de 2004:
Queridos hijos con gran gozo tam-
bién hoy os traigo entre mis brazos a mi
Hijo Jesús, que os bendice y os invita a la
paz. Orad hijitos y sed valientes testimo-
nios de la buena nueva en cualquier
situación. Sólo así Dios os bendecirá y os
dará todo lo que buscáis de Él en la fe. Yo
estoy con vosotros hasta que el Altísimo
lo permita. Con gran amor intercedo por
cada uno de vosotros. Gracias por haber
respondido a mi llamada.”
Hacerse anuncio
Con gran gozo también hoy os traigo
entre mis brazos a mi Hijo Jesús. Con
estas palabras María dibuja en nuestro
corazón el icono de la Navidad; lo ha hecho
muchas veces en el pasado, también lo hace
hoy. El misterio de la Navidad está todo
allí, acontecimiento de una grandeza inau-
dita y al mismo tiempo de extrema senci-
llez; la Mujer y el Niño.
Todo de fácil lectura y al mismo tiempo
de dificilísima interpretación, queda de
manifiesto para algunos y escondido para
otros (Mt 11, 25; 13, 11), es luz y tiniebla.
No basta la sabiduría humana, ni la ciencia;
no bastan los siglos y los milenios; no bas-
tan los acontecimientos extraordinarios, los
milagros; no bastan las enseñanzas de la his-
toria, la experiencia de los éxitos y de los
fracasos del hombre. Seamos contemporá-
neos de Cristo o vivamos 2000 años des-
pués, nuestra respuesta al acontecimiento de
la Navidad de Jesús es siempre personal y
de ella depende nuestra vida. El vino entre
los suyos, pero los suyos no lo acogieron.
Pero a todos los que lo acogieron les dio el
poder de hacerse hijos de Dios
(Jn 1, 11-
12a). El nacimiento de Dios en el hombre, si
es acogido, convierte al hombre en hijo, en
verdadero hijo de Dios (1 Jn 3, 2). La
Navidad es este misterioso y sin embargo
real intercambio entre Dios y el hombre.
Jesús nos bendice y nos invita a la paz.
Esta invitación contiene el don de la paz,
pero implícitamente es también una llama-
da a transmitirla. La paz viene de esa cuna
que escapa a los ojos de los poderosos, de
ese rincón del mundo que aparece insignifi-
cante a los ojos de los grandes de la tierra;
la paz es la semilla del Amor de Dios
escondido en el seno de la Mujer y ahora
venido a la luz para ser Luz. No puede ser
escondida, no puede ser administrada por el
hombre según criterios humanos; la paz
sólo viene de Dios y quien quiera ser su
Heraldo debe entregarla a los destinatarios
que Él ha elegido, los hombres que Él ama
(Lc 2, 14), es decir, todos los hombres.
Orad hijitos y sed valientes testimo-
nios de la buena nueva en cualquier situa-
Enero - febrero 2005 - Editado: por Eco di Maria, C.P.
27 31030 Bessica (TV)
(Italia) - Tel / fax 0423. 470331
A. 21, N° 1-2; Esd.a.p. art.2,com.20/c, leg.662/96 filiale di MN-Autor.tribun.MN: 8.11.86, ccp 14124226
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ción. Dios nos salva en Jesús, por Jesús y
con Jesús. Jesús es el único ancla de salva-
ción en cualquier situación, en cualquier rea-
lidad y en todo tiempo, y ¡Jesús es el mismo
ayer, hoy y siempre!
(Hb 13, 8). Nuestro
Dios no es un Dios cualesquiera; es el Dios
que en Jesús se ha dado a conocer y no hay
otro: ésta es la buena nueva y siempre es la
misma, ayer igual que hoy, igual que maña-
na. Es un anuncio que madura en la oración
porque no procede de habilidades humanas
sino que es un don recibido de Dios. Es un
anuncio que pasa a través del testimonio
porque no es una mera expresión verbal sino
vida vivida. Es un anuncio que necesita la
bendición de Dios porque sólo de ella pode-
mos recibir la fuerza y la valentía del testi-
monio
. Vivir a Jesús y llevarlo, vivo en
nosotros, a los demás; ¿no es éste el testimo-
nio que el mundo espera? ¿Qué otra cosa
podemos buscar de Dios en la fe?
Yo estoy con vosotros hasta que el
Altísimo lo permita.¿Vamos nosotros a
cansar la paciencia de Dios?
(Is 7, 13).
María, con gran amor intercede por cada
uno de nosotros.
Acojamos, ahora que aún
estamos a tiempo, su intercesión, refugié-
monos entre sus brazos para confundirnos
con el Niño que Ella trae, ¡y entonces para
cada uno de nosotros verdaderamente será
Navidad!
N.Q.
No te dejes vencer por el mal,
antes bien,
vence al mal con el bien
Intentemos sintetizar el largo mensaje
que el Santo Padre ha dado este año, una
vez más, a la humanidad para poner de
manifiesto un bien fundamental del hombre,
que sin embargo sigue estando amenazado
constantemente: LA PAZ.
Nosotros que hemos respondido a la lla-
mada de María, que en Medjugorje se pre-
senta como Reina de la Paz, sabemos bien
que para Dios es cada vez más urgente res-
tablecer en la tierra -a través de su Gracia-
este nivel de paz indispensable para que el
hombre viva su breve existencia terrena con
la dignidad que le es propia.
Insistente la Virgen con sus llamadas,
insistente el Papa, cuya voz suena auténtica
y urgente en tiempos en los que es fácil
dejarse invadir por el desánimo.
“He escogido como tema para la
Jornada Mundial de la Paz 2005 la exhor-
tación de san Pablo en la Carta a los
Romanos: “No te dejes vencer por el mal,
antes bien, vence el mal con el bien”
(12,
21). El mal no se derrota con el mal: en este
camino, de hecho más que vencer al mal,
nos hacemos vencer por el mal”
, escribe
Juan Pablo II.
La perspectiva delineada por el gran
Apóstol pone en evidencia una verdad de
fondo: la paz es el resultado de una larga
y comprometida batalla, que se vence
cuando el mal es derrotado con el bien.
Ante los dramáticos escenarios de violentos
enfrentamientos fratricidas, vigentes en
algunas partes del mundo, ante los inenarra-
bles sufrimientos e injusticias que brotan de
ellos, la única elección verdaderamente
constructiva es la de huir del mal con horror
y apegarse al bien
(cfr Rm 12, 9), tal como
nos sigue sugiriendo san Pablo.
La paz es un bien que hay que promo-
ver con el bien: es un bien para las personas,
para las familias, para las naciones de la tie-
rra y para la humanidad entera; pero es tam-
bién un bien que hay que custodiar y cultivar
mediante buenas elecciones y buenas obras.
Se comprende entonces la profunda verdad
de otra máxima de Pablo:”No devolváis a
nadie mal por mal”
(Rm 12, 17).
El mal, el bien y el amor
Desde los orígenes, la humanidad ha
conocido la trágica experiencia del mal y ha
intentado comprender sus raíces para expli-
car sus causas. El mal no es una fuerza
anónima
que actúa en el mundo
en virtud de mecanismos deter-
ministas o impersonales. El mal
pasa a través de la libertad huma-
na. Precisamente esta facultad,
que distingue al hombre de los
otros seres vivos sobre la tierra,
está en el centro del drama del
mal y siempre va acompañado de
ella. El mal tiene siempre un
rostro y un nombre:
el rostro y el
nombre de hombres y de mujeres
que lo escogen libremente. La
Sagrada Escritura enseña que, al
comienzo de la historia, Adán y
Eva se rebelaron a Dios y Abel
fue asesinado por su hermano
Caín (cfr Gn 3-4). Fueron las pri-
meras decisiones equivocadas, a las que
siguieron otras innumerables en el curso de
los siglos.
Se intenta ir hasta el fondo, el mal es, en
definitiva, un trágico sustraerse a las exi-
gencias del amor.
El bien moral, en cambio,
nace del amor, se manifiesta como amor y
está orientado al amor. Este discurso es par-
ticularmente claro para el cristiano, que sabe
que la participación en el único Cuerpo mís-
tico de Cristo lo pone en una relación parti-
cular no sólo con el Señor, sino también con
los hermanos. La lógica del amor cristiano,
que en el Evangelio constituye el corazón
palpitante del bien moral, lleva, si se lleva a
las últimas consecuencias, hasta el amor por
los enemigos: “Si tu enemigo tiene hambre,
dale de comer; si tiene sed, dale de
deber”(Rm 12, 20).
Para conseguir el bien de la paz hay que
afirmar, con conciencia lúcida, que la vio-
lencia es un mal inaceptable y que nunca
resuelve los problemas. La violencia es una
mentira
, pues es contraria a la verdad de
nuestra fe, a la verdad de nuestra humani-
dad. La violencia destruye lo que dice defen-
der: la dignidad, la vida, la libertad de los
seres humanos.
El bien de la paz y el bien común
Para promover la paz, venciendo el mal
con el bien, hay que detenerse con particular
atención en el bien común y en sus declina-
ciones sociales y políticas. De hecho, cuan-
do a todos los niveles se cultiva el bien
común se está cultivando la paz.
El bien común mira de cerca todas las
formas de expresión de la sociabilidad
humana: las familias, los grupos, las asocia-
ciones, las ciudades, las regiones, los
Estados, las comunidades de los pueblos y
de las Naciones. Todos, de algún modo,
estamos comprometidos en el empeño por el
bien común, en la búsqueda constante del
bien de los demás como si fuese propio.
El bien común, por lo tanto, exige el
respeto y la promoción de la persona y de
sus derechos fundamentales,
como son el
respeto y la promoción de los derechos de
las naciones desde una perspectiva univer-
sal. Sin embargo, visiones decididamente
reductoras de la realidad humana convierten
el bien común en un simple bienestar socio-
económico
, sin ninguna finalidad trascen-
dente, y lo vacían de su más profunda razón
de ser. El bien común, en cambio, reviste
también una dimensión trascendente, por-
que Dios es el fin último de sus criaturas.
Los cristianos, además, saben que Jesús ha
iluminado plenamente la realización del ver-
dadero bien común de la humanidad. Hacia
Cristo camina y en Él culmina la historia:
gracias a Él, por medio de
Él y en vista de Él, cada
realidad humana puede ser
conducida a su plena reali-
zación en Dios.
Universalidad del mal y
esperanza cristiana
Frente a los múltiples dra-
mas que afligen el mundo,
los cristianos confiesan
con confianza humilde que
sólo Dios hace posible al
hombre y a los pueblos la
superación del mal
para
alcanzar el bien. Con su
muerte y resurrección
Cristo nos ha redimido y rescatado “a un
alto precio” (1 Cor 6, 20; 7, 23), obteniendo
la salvación para todos. Con su ayuda, por lo
tanto, para todos es posible vencer el mal
con el bien.
Aunque en el mundo está presente y
actúa el “misterio de la iniquidad” (2 Ts 2,
7), no hay que olvidar que el hombre redi-
mido tiene en sí energía suficiente para
vencerlo.
Creado a imagen de Dios y redi-
mido por Cristo “que se unió en cierto modo
a todos los hombres” éste puede cooperar
activamente para el triunfo del bien.
La acción del “Espíritu del Señor llena el
universo” (Sab 1, 7). Los cristianos, espe-
cialmente los fieles laicos, no esconden esta
esperanza en la interioridad de su ánimo,
sino que con la conversión continua y la
lucha “contra los dominadores de este mun-
do de tinieblas y contra los espíritus del
mal”(Ef 6, 12) la expresan también a través
de las estructuras de la vida secular.
Ningún hombre, ninguna mujer de
buena voluntad puede sustraerse al com-
promiso de luchar por vencer con el bien
el mal
. Es una lucha que se combate válida-
mente sólo con las armas del amor. Cuando
el bien vence al mal, reina el amor y donde
reina el amor reina la paz”. Red.
Manos extendidas
... un crescendo de significados
en la reflexión de un niño
En un pueblecito de los Apeninos, sor
Clara lee a los niños el mensaje de María
del pasado 25 de noviembre y les pregunta
qué significa ser manos extendidas.
Valerio, de 9 años, pone tres ejemplos:
- Un niño camina, se cae, otro niño le da la
mano.
- Un papá y una mamá van a dar un paseo
solos, se dan la mano: se quieren.
- El sacerdote el domingo toma la hostia en
las manos y la entrega.
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EL AÑO DE LA EUCARISTÍA
17 octubre 2004
29 octubre 2005
La Madre de la Cruz
Fue al Templo como cualquier madre
israelita para presentar a su primogénito.
Junto a su esposo estaba contenta de ofrecer
aquel fruto que el Señor le había dado de
modo tan inusual: un hijo generado no por
intervención de varón sino por el Espíritu
Santo, en su seno virgen e inmaculado.
Con la frescura que caracteriza a los
jóvenes, mezclada con la sabiduría innata
que habita en toda madre, María subía a las
escaleras estrechando en el pecho a su
Jesús. Pronto iba a ser marcado en el cuer-
po por una incisión que lo iba a integrar ofi-
cialmente en el pueblo hebreo. Era un día
de fiesta, pensaba María... aún no sabía que
también ella iba a ser herida, por una espa-
da invisible pero extremadamente afilada
que le penetraría en el corazón, tal como
luego confirmó la profecía del viejo
Simeón: “Él está aquí para la ruina y la
resurrección de muchos en Israel, será sig-
no de contradicción, y también a ti una
espada te atravesará el alma”
(Lc 34, 35).
Qué insondable el misterio del amor y
del dolor que inexorablemente se mez-
clan haciéndose uno.
Aparentemente con-
tradictorios, son inseparables en el plan
divino. Allá donde germina el amor ense-
guida se presenta el principio del dolor, que
sin embargo es útil también al amor, para
que se purifique del egoísmo y de toda ten-
tación de mezquindad. Y así, mientras en el
corazón se vive el gozo del amante, en lo
profundo se advierte un indecible sufri-
miento. A veces muy agudo, aunque breve.
Otras veces no tan intenso, pero inexora-
blemente continuo...
María llevaba entre sus brazos a su niño,
sin saber que en él ya estaba plantada la
semilla de un árbol alto y potente: el de la
Cruz,
cuyos frutos estaban destinados por
el Padre a los hombres de todos los tiempos.
Ella abraza al hijo y en él a la Cruz.
Ésta era la espada afilada de la que
hablaba el hombre anciano que les había
esperado en el Templo: una espada con for-
ma de Cruz hundida implacablemente en el
corazón de la Madre. Pero todavía era una
semilla. La Cruz debía crecer, debía madu-
rar, tal como había hecho el niño en su seno.
Durante los largos años de vida escon-
dida, humilde y ordinaria, María guardó
con celo en su pecho su secreto mientras
que poco a poco la Cruz se desplegaba en
toda su amplitud, reforzándose y consoli-
dándose para un día estar en grado de
soportar el peso de los pecados del mundo.
Junto al del Crucificado, que con su ofreci-
miento los iba asumir en sí.
Así pues la Cruz crecía junto a Jesús.
Crecía en el corazón de María. Se encendía
con su respiración. Se nutría de su amor, en
el dolor.
“En aquella hora estaba cerca de la
cruz de Jesús su madre…”(Jn 19, 25),
cuenta el evangelio, abriendo nuestra mira-
da a ese momento inaudito en el que el
hombre mataba a su Dios, clavándolo pre-
cisamente en una Cruz.
Y María estaba allí, no podía faltar a la
cita, ella que había visto nacer aquella Cruz
y la había ayudado a crecer. Pero bajo aque-
lla Cruz también ella debía morir, junto a su
hijo: morir de amor y de dolor, morir en el
sacrificio y la renuncia de su Don, Jesús.
Por ir con Él para dar a luz otro cuerpo del
Cristo: su Iglesia.
¿Pero como realizó su nuevo parto en
aquella hora la Virgen? Simplemente
muriendo a sí misma. Acogiendo a Juan en
el lugar de Jesús. Permaneciendo fiel al
Amor en el dolor. Contemplando desde su
pequeñez la altura de la Cruz, que había
crecido con ella y que ella no podía sino
amar. A pesar de todo.
Había pasado toda la vida en su compa-
ñía secreta. Ahora aquella “espada” queda-
ba expuesta públicamente y María, que has-
ta ahora la había custodiado, no podía sino
ser su testimonio final.
Si verdaderamente fue así como yo ima-
gino, entonces me gusta pensar que la
madera de aquel patíbulo en realidad no se
hundía en el terreno del Calvario, sino en el
Corazón cálido y dolorido de la Madre.
Brotaba la sangre, que mezclada a la de
Jesús, formaba el cáliz de la Misericordia.
Unidos pues en el mismo ofrecimiento,
en el sacerdocio común, la Mujer y el
Mediador
en aquella ahora obtuvieron
para nosotros la redención esperada.
¡Pero si fue Cristo el que redimió al
mundo!-alguno podría objetar. Es ver-
dad, esto creemos y esto profesamos. Pero
si bien Jesús-Dios hubiera podido hacer lo
mismo sin ayuda, Jesús-hombre no: necesi-
taba una mujer. O mejor, necesitaba a
María. Necesitaba su cuerpo para nacer, su
fe para morir, su esperanza para resucitar...
sin María, pues, la naturaleza humana de
Dios no hubiera podido realizar la misión
redentora para la que estaba prevista...
Luego Jesús volvió al Padre, a la pleni-
tud de la vida trinitaria. Pero el vínculo con
esta pequeña mujer de Israel era tan indivi-
sible de sí, y el profundo amor que la
Trinidad le tenía era tal, que no pudieron
hacer más que “asumirla” para gozar eter-
namente de esa alma inmaculada que Dios
había creado, y de aquel cuerpo del que Él
mismo había sido generado... a la sombra
de la cruz.
Stefania Consoli
Del Santo Padre:
“La Cruz genera libertad”
“Llevar la Cruz detrás de Jesús” signi-
fica estar dispuestos a cualquier sacrificio
por su amor.
Significa no poner nada ni
nadie antes que Él, ni siquiera las personas
más queridas, ni siquiera la propia vida.
Adherirse a Cristo es una elección exi-
gente. No es una casualidad que Jesús hable
de “cruz”. Él incluso enseguida precisa:
“detrás de mí”. Y esta es la gran palabra: no
llevamos la cruz solos
. Delante de nosotros
camina Él, abriéndonos el camino con la luz
de su ejemplo y con la fuerza de su amor.
La cruz aceptada por amor genera
libertad. El apóstol Pablo lo experimentó,
“viejo y ahora también prisionero por
Cristo Jesús”
, como él mismo se definió en
la carta a Filemón, pero interiormente plena-
mente libre
: su corazón es libre, porque está
lleno del amor de Cristo. Por esto, de la
oscuridad de la prisión en la que sufre por su
Señor, él puede hablar de libertad a un ami-
go que está fuera de la cárcel.
La lección que brota de todo este aconte-
cimiento es clara: no hay amor más grande
que el de la cruz; no hay fraternidad más
plena
que la que nace de la cruz de Jesús.
JUAN PABLO II
El mar se para
a los pies de María
Son ya muy conocidos los particulares
de la tragedia que ha golpeado a Asia en los
días de Navidad y que aún dará mucho que
hablar. Se difunden noticias de todo tipo,
algunas muy desoladoras, otras en cambio
decididamente esperanzadoras, como la
extraordinaria corriente de solidaridad
hacia los supervivientes, que esperamos sea
alimentada no sólo por sentimientos de
compasión inicial, sino por un empeño
constante y concreto que se proyectará tam-
bién en el futuro.
Se habla y se escribe de lo que hace el
hombre, pero poco se ha hablado de un epi-
sodio en el que el mérito es sólo divino.
Ocurrió en Vailankanni, en la costa
oriental de la India, donde a sólo cien
metros del mar se eleva una basílica dedi-
cada a María, un santuario conocido como
la Lourdes de la India por ser una copia fiel
de la basílica construida en Francia en el
lugar de las apariciones marianas.
“La fe recompensa siempre” reza el
comunicado de la diócesis de Thanjore,
comentando así su increíble historia: “El
complejo de la basílica mariana estuvo en
el radio destructor de la ola (más de mil
muertos) pero una nota de consuelo en la
calamidad nos la da el hecho de que el mar
se levantó y llegó a la entrada principal de
la Basílica, donde está colocada la estatua
de Nuestra Señora de Vailankanni y se reti-
ró tras haber escalado los primeros escalo-
nes que llevan a la puerta”.
Así pues, el agua se detuvo en el
umbral de la iglesia, donde se encontraban
miles de personas, mientras que los edifi-
cios cercanos, a la misma altura, fueron
derribados por el mar – escribe el diario ita-
liano Avvenire.
“¿Quién puede negar que es un mila-
gro?” La poderosa bendición de Nuestra
Señora de Vailankanni ha salvado miles de
vidas: las personas que estaban en el interior
de la Basílica no fueron ni tocadas mínima-
mente por las monstruosas olas asesinas”, se
lee aún en el confuso texto de la diócesis.
La tarde del 30 de diciembre monseñor
Ambrosio celebró, en la Basílica que ya
está volviendo a su aspecto ordinario gra-
cias al trabajo de numerosas personas, una
misa solemne en memoria de las víctimas y
para agradecer a la Virgen su providencial
intervención.
Red.
“Ten ánimo
para los grandes dolores de la vida
y ten paciencia para los pequeños;
y cuando hayas cumplido
laboriosamente
tus deberes cotidianos,
duerme en paz.
Dios permanece despierto”.
Víctor Hugo
3
Eco 179
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Medjugorje, ¿por qué?
A menudo ocurre que nos encontramos
con personas y les hablamos de Medjugo-
rje. Y con sorpresa descubrimos que inclu-
so después de 23 años de apariciones coti-
dianas de la Virgen -así lo creo yo, junto a
muchos otros fieles- muchos cristianos no
saben nada
, no han oído hablar nunca de
ello en sus parroquias o grupos eclesiales.
Podemos decir incluso que esta ignorancia
crece cuando uno se acerca a algunos sacer-
dotes, consagrados, colaboradores pastora-
les, cristianos comprometidos... si es que no
les molesta que hablemos de ello. ¿Qué
necesidad hay de creer en estas aparicio-
nes?
¿Qué necesidad hay de peregrinar has-
ta allí? Y lo dicen con tanta convicción y
autosuficiencia que por momentos hacen
que te asalte la duda de estar equivocado o
de ser un cristiano débil que necesita estas
“cosas extraordinarias y milagrosas” para
mantener su fe.
¡Seguramente también vosotros habéis
tenido esta duda! Reflexionemos ahora jun-
tos, y para ello partamos de las palabras que
María siempre nos dice: “Gracias por haber
respondido a mi llamada”.
Ésta es la primera luz: para escuchar y
comprender a la Reina de la Paz que nos
habla en Medjugorje, para ir hasta allí, en
medio de los montes de una región pobre y
martirizada por la guerra y por las diferen-
cias étnicas, hay que estar llamados. Seré
un simple, un débil en la fe, pero estoy lla-
mado; y quizás la Bienaventurada Virgen
María me llama precisamente porque ve mi
debilidad. Esto me ayuda a no darme aires
de privilegiado y me aleja de las tentaciones
de juzgar a los demás, como si ellos no
estuvieran llamados... todos están llamados
por el Señor y por la Virgen Santa, aunque
quede en el misterio el hecho de que
muchos son los llamados, pero pocos los
elegidos”
(Mt 22, 14).
Y me viene otra luz de un mensaje que
he leído recientemente, el del 25 de agosto
de 1991: “Queridos hijos, deseo salvar a
todas las almas y presentarlas a Dios. Por
esto oremos para que todo lo que he comen-
zado se realice completamente. Gracias por
haber respondido a mi llamada”.
Estas
palabras están llenas de luz porque hacen
que desaparezca en mí y en todos la duda de
que escuchar los mensajes que la Virgen da
en Medjugorje sea un refugio, una búsqueda
de seguridad y una garantía de salvación,
una necesidad de salvar la propia alma,
angustiados por algún sentido de culpa o
aterrados por todo lo que te sucede alrede-
dor. La Virgen, sin embargo, habla de “todas
las almas” y nos abre un horizonte espiritual
que vence cualquier intimismo e impulsa a
abrazar a todo el mundo.
Ahora preguntémonos también: ¿pero
“salvar las almas y presentarlas a Dios” no
es la razón única y esencial por la que Él
mismo ha mandado a su Hijo al mundo? ¿Y
no es quizás “por nosotros los hombres y
por nuestra salvación” que Jesús “bajó del
cielo”, que “padeció bajo el poder de
Poncio Pilatos, fue crucificado, murió y fue
sepultado, descendió a los infiernos y resu-
citó al tercer día”? Éste es el “Credo”, esta-
mos en el núcleo de nuestra fe. ¿Y no es
para salvar a las almas que hay un Papa, y
hay Obispos, sacerdotes, las iglesias, los
oratorios, los sacramentos, las parroquias,
los planes pastorales, etc. etc.? ¿Y no es
tarea de todos, pastores y laicos “salvar las
almas”, evangelizar y testimoniar la fe con
las obras?
La Virgen, estrella de la nueva evangeli-
zación, lo sabe y por esto se ha puesto manos
a la obra. Así se comprende el motivo de tan-
tas peticiones suyas, de tantas exhortaciones
maternas por parte de María. A Ella le impor-
tan verdaderamente nuestras almas y las de
nuestros hermanos. Ella desea salvar a todos,
porque ama a todos con el corazón de Dios y
por esto pide nuestras oraciones, las nuestras
unidas a las suyas. Muchas veces la Virgen
ha dicho “Orad...”; aquí dice: “oremos, para
que todo lo que he comenzado se realice ple-
namente”.
Aquí tocamos otro misterio: ¿cuándo
se realizará esto completamente? Es la
misma pregunta que Jesús dejó sin respues-
ta: ¿cuándo llegará el reino de Dios? Nadie
lo sabe, sólo el Padre. Hasta ese momento el
bien y el mal convivirán, en el mun-
do, en la Iglesia, en nuestras comu-
nidades, en nosotros mismos. Dios
continuará sembrando buen grano y
el Enemigo, el diablo, esparcirá la
cizaña.
Por esto no nos escandalicemos
del rechazo de tantos ante la Verdad,
por esto continuemos esperando que
Dios, también a través de los mensa-
jes y la oración de la Virgen, se pre-
ocupa de la salvación de todos, bue-
nos y malos, incluso de aquellos que
parecen no tener límite para cometer
el mal, aquellos que a la gente le
gustaría ver muertos y malditos.
Como se puede ver estamos en
el corazón de la misión de la
Iglesia
, de la pastoral; y entonces
¿cómo se puede decir: “no me interesa”? Ya
sabemos que el Papa y los Obispos ahora no
pueden emplear su autoridad y su magiste-
rio sobre todo lo que está ocurriendo en
Medjugorje, pero para todos los demás, que
son libres de creer y de ir, ¿qué sentido tie-
ne tanta superficialidad, tanto miedo y, a
veces, tanto boicot?
El proyecto de Dios para todo el mun-
do es maravilloso y se realizará comple-
tamente: la Virgen es la encargada de su
realización.
Este proyecto verá cielos nue-
vos y tiempos nuevos
; es un proyecto que
requiere sin embargo toda nuestra atención
y nuestra colaboración. Si a María le impor-
ta tanto este programa significa que su
situación e importancia es vital; lo que está
en juego no es algo momentáneo, sino la
salvación eterna o la condenación eterna de
muchos de nuestros hermanos e incluso de
nosotros mismos.
Por esto no es inútil escuchar y vivir
los mensajes que vienen de Medjugorje,
sino que es una ocasión para decir a María
Santísima, con todo el corazón y con toda la
gratitud: “¡Gracias porque me has llamado!”
Esto es lo que comprendió un médico
santo, aquejado de un mal incurable, a
quien acompañé a Medjugorje apenas un
mes antes de morir. Podría haber tenido
todas las razones para no ir, pero quiso rea-
lizar este último gesto convencido de una
cosa: “Si la Virgen se toma la molestia de
venir desde el cielo hasta nosotros y duran-
te tanto tiempo, debe de haber un motivo
serio; quizás ve nuestra humanidad en un
grave peligro y por ello es justo que haya
alguien que la espere y la escuche”.
Don Nicolino Mori
¡Las apariciones nos ayudan!
¿Qué pensar de las apariciones en
Medjugorje? Ésta es la pregunta que se ha
hecho al p. Stefano de Fiores, uno de los más
conocidos y autorizados mariólogos italianos.
“En general y brevemente se puede decir
esto: cuando se siguen apariciones sobre las
que la Iglesia ya se ha pronunciado, cierta-
mente se recorre un camino seguro. Tras un
discernimiento, a menudo han sido los pro-
pios Papas los que han dado ejemplo de
devoción, tal como ocurrió con Pablo VI
cuando fue como peregrino a Fátima en
1967 y sobre todo con Juan Pablo II que ha
ido en peregrinación a los principales san-
tuarios marianos del mundo.
De hecho, una vez que las apariciones
han sido aceptadas por la Iglesia, nosotros las
acogemos como un signo de Dios para nues-
tro tiempo. Pero deben ser siem-
pre reconducidas al Evangelio de
Jesús, que es la Revelación funda-
mental y normativa para todas las
otras manifestaciones.
Sin
embargo las apariciones nos
ayudan
. Ayudan no tanto a ilumi-
nar el pasado, sino a preparar a
la Iglesia para los tiempos futu-
ros
, para que el futuro no la
encuentre desprevenida.
Debemos ser más conscientes de
las dificultades de la Iglesia en
camino en el tiempo y siempre en
la lucha entre el bien y el mal
.
No puede ser abandonada sin la
ayuda de lo alto, porque cuanto
más vamos hacia delante mas
avanzan también los hijos de las
tinieblas, que afinan sus astucias
y estrategias hasta la venida del anticristo.
Tal como previó san Luis María de Monfort,
y elevó a Dios un grito con una oración
ardiente, los últimos tiempos verán como
un nuevo Pentecostés,
una abundante efu-
sión del Espíritu Santo sobre los sacerdotes
y sobre los laicos, que producirá dos efectos:
una santidad más elevada, inspirada en la
santa Montaña que es María, y un celo apos-
tólico que llevará a la evangelización del
mundo.
Éste es el horizonte hacia el que apun-
tan las apariciones de la Virgen en los
tiempos recientes:
provocar la conversión a
Cristo mediante la consagración al Corazón
Inmaculado de María. Podemos pues ver las
apariciones como signos proféticos que vie-
nen de lo alto para prepararnos para el futuro.
Pero, antes de que la Iglesia se pro-
nuncie, ¿qué debemos hacer? ¿Qué pensar
de los miles de apariciones en Medjugorje?
Pienso que la pasividad siempre es condena-
ble: no está bien desinteresarse de las apa-
riciones, no hacer nada.
Pablo invita a los
cristianos a discernir, a quedarse con lo que
es bueno y a rechazar lo que es malo. La
gente debe hacerse una idea, una convicción
según la experiencia que haya tenido en el
lugar o en contacto con los videntes.
Ciertamente nadie puede negar que en
Medjugorje se tiene una profunda expe-
riencia de oración, de pobreza, de senci-
llez,
y que muchos cristianos alejados o dis-
traídos, allí han sentido una llamada a la
conversión y a una auténtica vida cristiana.
Para muchos Medjugorje representa una
pre-evangelización y un modo de reencon-
trar el buen camino. Cuando se trata de
experiencias, éstas no pueden negarse”.*
4
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Un nuevo año se abre ante nosotros.
Una vez más el Señor en su bondad nos da
un tiempo nuevo, una nueva página de
nuestra historia para que le escribamos
en plena libertad
. A nosotros los cristianos
se nos pide vivir cada día como un don
insustituible de Dios y acogerlo con todo el
reconocimiento y la alegría de quien recibe
un paquete envuelto con un contenido des-
conocido, con la certeza de que en su inte-
rior sólo puede haber algo bueno.
Contemplando la situación mundial, y a
veces las realidades que nos rodean, no
siempre es fácil mantener viva nuestra
esperanza
. Debemos tener los ojos del
alma bien abiertos porque el Enemigo lo
hace todo para quitarnos la alegría de la
esperanza y para desanimarnos, subrayan-
do todo lo que es negativo haciéndonos
caer de este modo en la indiferencia que se
convierte en pesimismo y acaba en la
depresión hasta la desesperación.
La Virgen en Medjugorje nos recuer-
da con paciencia repitiéndonos regular-
mente: “éste es un tiempo de gracia”.
¿Qué quiere decir esto? Que hoy – hoy pre-
cisamente- el Señor nos da la posibilidad
de escogerle a Él como Señor de nuestras
vidas. En cualquier dificultad, en cualquier
cárcel del pecado en la que nos encontre-
mos, tenemos siempre la posibilidad de
escoger a Dios, de ofrecerle lo poco que
tenemos: nuestra vida, nuestra pobreza,
nuestro presente. No hay nada ni nadie que
pueda impedir nuestra libre adhesión a Él,
nuestra respuesta interior a su voz que nos
llama continuamente.
Quizás, cuanto más probados somos
en la vida espiritual, más puede parecer-
nos no poder hacer nada y ser verdadera-
mente un vehículo ciego, metidos en un cer-
co cerrado que nos lleva a recaer siempre en
los mismos errores. Es precisamente enton-
ces cuando es necesario elevar la mirada de
nuestra alma hacia lo alto, hacia el Altísimo,
que con todo su amor no cesa de resplande-
cer sobre nosotros. ¡No debemos pues caer
en el error de medir la acción de Dios según
nuestros criterios humanos!
¡Cuántas veces en mi camino espiritual
me ha parecido encontrarme en el punto de
partida o haber hecho “un paso adelante y
dos atrás”! Pero más allá de nuestra visión
parcial y limitada de la realidad es impor-
tante dejar que Dios trace el recorrido de
nuestra vida hasta el fondo: Él sabe cómo
guiarnos y lo hace también a través de deter-
minadas pruebas que nosotros no siempre
logramos reconocer como pasos adelante.
El Señor realiza su proyecto y actúa
poderosamente en la historia de la
humanidad.
“Éste es un tiempo de gra-
cia”
significa entonces que día tras día se
va preparando la venida de su reino, tal
como Él nos mandó pedir en el “Padre
nuestro”.
En el Libro del Apocalipsis se nos pre-
senta el destino último del universo, la nue-
va Jerusalén que no es más que la nueva
Iglesia en la que Cristo será el Emmanuel,
el Dios-con-nosotros. Allí los redimidos lo
verán cara a cara “y ya no habrá más muer-
te, ni luto, ni lamento ni afán”
(Ap 21, 4).
Éste es el deseo de Dios para la
humanidad, éste es el plan que llevará a
cabo.
La respuesta de cada alma es funda-
mental porque puede acelerar o retrasar los
tiempos de la realización, aunque el pro-
yecto de Dios en cualquier caso irá adelan-
te, el reino de Dios llegará y crecerá en
cada alma, excepto en aquellas que decidan
libremente huir hacia la muerte.
Mientras que es un deseo egoísta e ilu-
sorio esperar que en nuestra vida todo
comience a fluir tranquilamente, sin pro-
blemas y sin sufrimientos, por el contrario
es algo precioso el deseo vivo y sincero de
avanzar por el camino de la santidad, de
aprender a aceptar día a día los sufrimien-
tos, de saber mirar más allá de las pequeñas
dificultades terrenas, de entrar en una rela-
ción cada vez más íntima con nuestro
Señor. Si uno reflexiona, es precisamente
ésta la que debe ser la esperanza de cada
cristiano, la esperanza como virtud funda-
mental, situada en el mismo plano de la fe
y del amor.
¿Qué esperamos del año que viene?
¿Qué esperamos para nuestras vidas
mirando al futuro?
Si esperamos la veni-
da del reino de Dios en nuestras almas, si
verdaderamente éste es nuestro primero y
único deseo entonces... ¡gocemos juntos,
exultemos con toda la Iglesia, pues nuestro
Rey Omnipotente desea lo mismo!
Entonces mantengamos firme nuestra espe-
ranza como una preciosísima perla ya que
nosotros somos los miembros vivos de
Cristo que esperan y preparan lo que Él
desea: ¡nuestra esperanza y Su esperanza!
Francesco Cavagna
¿Qué esperamos del año que viene?
Un camino que salva
del p. Tomislav Vlasic’
Cuando el pueblo hebreo partió de
Egipto no conocía el camino que llevaba a
la tierra prometida.
Dios era su camino. El pueblo debía
abrirse a Él cada día para seguir el camino
que el Señor le indicaba cotidianamente.
También nosotros estamos en camino
hacia los “Cielos nuevos y la tierra nue-
va”.
Y a nosotros también se nos pide que
no conozcamos los caminos, las callejuelas
o los atajos. Excepto uno, que en realidad
es el único Camino que conduce al Padre:
Jesucristo. Él es el Pastor que nos guía, y
con Él el Espíritu Santo, compañero de ruta
y vigor en nuestro camino. Pero como el
pueblo en el desierto en tiempos de Moisés,
también hoy la humanidad se rebela, pierde
el ánimo, reniega de su fe y duda de las
promesas de Dios.
¿Es un mundo malo?¿Es un mundo
ingrato? No, sólo es un mundo en el que
falta el amor de Dios.
Cuando un alma no
se nutre del amor de Dios nacen todos los
mecanismos de rebelión, de división, de
hostilidad. Y entonces el camino se blo-
quea porque el hombre se siente paralizado
y no consigue salir del vértice de negativi-
dad que lo envuelve.
¿Cómo reaccionamos nosotros en gene-
ral en estas situaciones? Analizando, agre-
diendo, acusando, castigando... y así luego
cerramos el camino, a los demás y a noso-
tros mismos, logrando crear únicamente
frentes de guerra.
La clave que reabre el camino es sólo
uno: llevar el amor de Dios a las almas.
Incluso cuando éstas lo rechazan, debemos
seguir amándolas, debemos permanecer en
el amor y hacer crecer este amor dentro de
nosotros.
El amor de Dios en nosotros hará que
adquiramos la vista y así podremos ver lo
que está pasando en el alma que lo está
rechazando. En ese punto sabremos qué
hacer. El amor de Dios en nosotros nos
devolverá el oído y sabremos escuchar las
razones más allá del silencio. El amor de
Dios en nosotros nos dará un corazón nue-
vo que sabe amar más allá del rechazo y la
cerrazón del otro, y así veremos cómo cre-
ce en nosotros la paciencia, la humildad, la
bondad.
Es aquí que el camino se abre dentro
de nosotros; un camino que las almas
podrán emprender para ir al encuentro
del amor.
Quien tiene buena voluntad, tar-
de o temprano lo acogerá, y si nosotros
tenemos la valentía de descender hasta el
fondo de su miseria, seremos canales de
gracia capaces de sanar cualquier herida.
Saulo, antes de convertirse en Pablo era un
rebelde, perseguía a Jesús y a los
Apóstoles. Pero cambió de vida porque
alguien, en nombre de Dios, era capaz de
amar hasta el punto de querer derramar la
propia sangre con tal de abrir su corazón.
Ésta es la llave que abre el camino de la
salvación.
¿Qué habrá en los cielos nuevos y en
la tierra nueva? Estará la vida en el amor,
estará la libertad del alma; estará el hombre
nuevo, el hombre transformado, la criatura
nueva. Pero para llegar a eso debemos abrir
el camino a la humanidad. Y esto lo hace-
mos cuando ante cualquier acontecimiento
nosotros sólo somos una respuesta de
amor.*
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Noticias de la tierra bendita
El silencio del corazón,
tienda nupcial del alma
En este tiempo la Virgen quiere guiar-
nos para que celebremos con ella el gran
misterio nupcial de la alianza de sus hijos
con el Cordero Inmolado y Resucitado,
vivo y presente en nosotros, “Alegrémonos
y exultemos, rindámosle gloria, porque han
llegado las bodas del Cordero; su Esposa
está preparada” (Ap 19, 7).
A través de la voz de la Madre, Dios nos
llama, hoy como nunca antes, a aquel
desierto fecundo en el que Él quiere hablar
al corazón de los hijos para comunicarles
toda la potencia de Amor que encierra su
Corazón divino, “La atraeré a mí, la llevaré
al desierto y le hablaré al corazón… serás
mi esposa para siempre” (Os 2, 16, 21). Por
esto la Reina de la Paz en sus mensajes nos
llama insistentemente a entrar en ese pro-
fundo silencio interior en el que se mani-
fiesta el misterio de la presencia viva del
Altísimo en nosotros, “A lo largo del día
buscad momentos de recogimiento interior
en el silencio”
(Mens. 24.06.1983); “Por
esto, de hoy en adelante, decidíos a consa-
grar un tiempo del día para el encuentro
con Dios en el silencio”
(Mens. 25.07.04).
Éste es ante todo un don que debemos
implorar continuamente, un don precioso
que abre todos los sentidos del alma para
escuchar al Esposo, un espacio de luz dado
de lo alto que se abre inesperadamente en el
corazón y nos hace tocar el misterio de
Dios vivo presente en nosotros, una oración
profunda que renueva las raíces del alma y
nos sumerge en una comunión estable con
el Corazón de Dios: “Orad a Jesús para
que os conceda el don del silencio interior.
Con el don del silencio podréis aprender la
oración continua”
(Mens. 20.02.86).
De hecho, el griterío ensordecedor de
los innumerables ídolos de nuestro tiempo
y la vorágine imparable de palabras muer-
tas que se abaten sobre las conciencias de
los hombres tienden a ofuscar esa única
Palabra de Vida que el Altísimo continúa
susurrando en el corazón de los hijos, ese
“murmullo de viento ligero” (1 Re 19, 12),
que regeneró el corazón de Elías en el
Horeb, y que aún hoy es vehículo de inago-
tables corrientes de gracia y de vida nueva
en la tierra devastada de nuestras almas lle-
nas de debilidades mortales.
La Virgen, en cambio, nos llama a un
libre y gozoso despojo de cualquier atadura
espiritual para abrirnos a esa escucha inte-
rior que palpita en el corazón de la Esposa
a la espera del Amado en el Cantar de los
Cantares, “Yo duermo, pero el corazón
vela” (Ct 5, 2). La llamada de la Reina de la
Paz se hace aún más vibrante en los tiem-
pos del año litúrgico en los que el don de
gracia, que puede revelarse decisivo para
nuestra vida, se manifiesta con intensidad
especial: “En el tiempo de Adviento…reco-
miendo entrar el mayor tiempo posible en
el silencio…”
(Mens. 29.11.85); “El día de
Navidad, ninguno de vosotros se acordó de
retirarse en el silencio para experimentar
la presencia del Niño Jesús”
(Mens.
26.12.85).
La condición para acceder a este
Santuario de la Nueva Alianza en el que nos
es dado encontrar “en espíritu y verdad” (Jn
4, 23) la presencia vivificante del Altísimo,
es la que proclamó Jesús en el Evangelio.
De hecho, para atravesar el umbral de esa
tienda nupcial en la que se restituye al alma
su pureza originaria con la que el Padre nos
eligió y pensó antes que el mundo fuera
creado, hay que “amar al Hijo y observar su
Palabra” (Jn 14, 23), esto es, acoger su
“mandamiento nuevo”, amándonos “como
Él nos ha amado” (Jn 15, 12). Sólo así “el
Padre nos amará” y el fuego de la Vida tri-
nitaria podrá “venir a nosotros” para “insta-
lar ahí su morada” (cfr Jn 14, 23).
Por esto María nos llama incansable-
mente a unir nuestra vida al Corazón euca-
rístico de Cristo, para que el antiguo silen-
cio de muerte que oprime nuestros pobres
corazones sea transformado en un espacio
resplandeciente del brillo de los nuevos cie-
los y la tierra nueva, iluminado establemen-
te por la luz increada del Cordero (Ap 21,
23). De hecho, sólo a través de esta comu-
nión viva con el Amor sacrificado del Hijo,
que ofrece libremente la vida por la salva-
ción de los hermanos, el silencio del cora-
zón se convertirá en el lugar de la regenera-
ción más radical del alma, una auténtica
fuente inagotable de vida nueva para el
mundo: “Por esto, hijitos, permaneced con
Jesús en el silencio del corazón, para que
Él os cambie, y os transforme con su
Amor”.
(Mens. 25.07.1998).
Éste es el altar en el que se consuma el
sacerdocio real del nuevo pueblo de la
Alianza, el lugar en el que toda nuestra his-
toria personal y comunitaria, con toda su
carga de sufrimiento, de gozo y de esperan-
za, es ofrecida al Padre, para ser acogida en
su Corazón y transfigurada en una luz de
creación nueva. Éste es el espacio espiritual
que María muestra a sus hijos, en el que el
alma adora a su Señor y se une mística-
mente a Él para generar la vida divina en
las almas de multitudes de hermanos y en el
universo entero: “Convertíos, hijitos y
arrodillaos en el silencio de vuestro cora-
zón. Poned a Dios en el centro de vuestro
ser”
(Mens. 25.05.2001);”… esta tarde
retiraos en el silencio. Vuestro deber, os lo
repito, se reduce a adorar a Dios y a estar
en su presencia”
(Mens. 24.05.86).
Giuseppe Ferraro
La luz de Medjugorje
¡…en una película!
El Señor nos dice que es la luz del mun-
do y que cuantos lo siguen tendrán la luz de
la vida. A los hombres no les gusta la oscu-
ridad. La oscuridad y las tinieblas son el
lugar de la duda. Estar en la oscuridad sig-
nifica estar ciegos aun teniendo la vista.
¿Qué nos queda entonces por hacer? Ir a la
luz. Ser luz.
Se ha estrenado recientemente en
Dubrovnik el documental titulado “Las
luces de Medjugorje”. Al leer el título, uno
se pregunta inmediatamente: ¿Qué son
estas luces?
La película ha sido realizada
por tres jóvenes que, casi casualmente, fue-
ron a Medjugorje y aquí decidieron llevar la
luz a la vida de sus colegas y al mundo de
las tinieblas. Ellos, al ser iluminados, quie-
ren ser luz para los demás. Ellos han cono-
cido la luz en Medjugorje. La Virgen ha
intercedido por ellos. Y ha sido impulsados
por esta luz que han realizado la película
“Las luces de Medjugorje”
. Este título
vela y revela mucho al mismo tiempo. En
este título quedan recogidos todos los hijos
de María que han conocido a Jesús y han
salido de las tinieblas de la propia vida. De
hecho, en Medjugorje, millones de perso-
nas se han convertido en linternas y, como
portadores de antorchas, llegan a todos los
rincones de la tierra para llevar el mensaje
de la Luz del mundo – Jesús.
Hemos entrado en el nuevo año. Una
vez más nos ha sido dado tiempo. Tenemos
ahora otra ocasión. Es Dios quien nos la da.
Disfrutémosla. Ser luz en las tinieblas es
un desafío.
Ser luz significa ante todo ser
testimonios de esperanza y felicidad, que
derivan de la fe en Cristo. El Papa Juan
Pablo II en su mensaje de principio de año
escribe: “No te dejes vencer por el mal,
antes bien, con el bien vence el mal. Sí. El
mal no duerme. La esperanza está amena-
zada, las tinieblas avanzan agresivamente,
como para oscurecer los rayos del sol. En
esta atmósfera sólo los hombres de fe e ilu-
minados por el espíritu pueden ser portado-
res de Dios. Guiados por María hacia Jesús,
realicemos nosotros también nuestra pelí-
cula para dar testimonio dándole un título
personalizado. El tiempo que nos espera es
la mejor ocasión.
Fray Mario Knezovic’
La aparición navideña
a Jakov
En la última aparición cotidiana del 12
de septiembre de 1998 la Virgen dijo a
Jakov Colo que tendría la aparición una vez
al año, el 25 de diciembre, en Navidad.
Así ha ocurrido también este año. La
Virgen ha venido con el Niño Jesús entre
los brazos y ha dado el siguiente mensaje:
“Queridos hijos, hoy en este día de gra-
cia, con el pequeño Jesús entre los brazos,
os invito de un modo especial a abrir vues-
tros corazones y a comenzar a orar. Hijitos,
orad a Jesús, para que nazca en el corazón
Volved al fervor primitivo
Eterna soledad de un Dios
que era sólo amor…
Una plenitud que Él deseaba
derramar en otros sujetos de amor
para vivir eternamente con ellos.
ya nunca más solo sino rodeado
de los amados/amantes…
por esto ha debido y querido crear
un mundo: bello y rico,
donde las criaturas pudieran nacer,
ser, crecer, aprender y
adquirir semillas de santidad para que,
volviendo luego a casa,
pudiesen compartir con Él
todos sus atributos divinos.
y comprenderlos, dialogando en el amor
como personas maduras y adultas.
Un Dios que ya no está solo. Un Dios con
los hijos
creados a su semejanza.
un Dios con los hijos crecidos,
hasta llegar a su altura.
sr. Stefania C.
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Reflexiones
sobre el sentido
de los secretos
La Virgen permanece fiel a
las promesas que hizo a los
videntes. Les dijo que se
les aparecería hasta el final
de sus vidas, es decir, Ella
ya no se aparece a todos cada día, sino a
algunos todos los días y a otros sólo una
vez al año.
Obviamente la Virgen quiere permane-
cer en contacto directo, y esto es en cual-
quier caso un gran don para los videntes y
también para todos nosotros.
El ritmo de las apariciones
Con las apariciones se consigue com-
prender qué significa: “Emmanuel, el Dios
con nosotros”.
Y María también, como
Madre del Emmanuel y Madre nuestra, está
siempre entre nosotros. Algunos que se pre-
guntan. “¿por qué las apariciones cotidia-
nas?” predican, por otro lado, que Dios está
siempre con nosotros y que la Virgen nos
acompaña siempre. Pero cuando en
Medjugorje comenzaron las apariciones
cotidianas ellos dijeron que era imposible.
Las apariciones anuales a Mirjana, Ivanka y
Jakov están distribuidas de modo que siem-
pre nos acordamos de la madre María.
No sabemos qué pasará cuando las apa-
riciones cotidianas cesen también para
Marija, Vicka e Ivan y cuándo tendrán ellos
las apariciones anuales. Pero ahora ya las
apariciones anuales están bien distribuidas
en todo el arco del año, a lo largo del cual
nos acordamos siempre de la Virgen: en
marzo tiene lugar la aparición anual a
Mirjana, en el aniversario de Junio a
Ivanka, y en Navidad a Jakov.
Cuando cesen las apariciones cotidianas
también para los otros videntes, imagino
que la Virgen se aparecerá cada dos meses.
Esto será muy bello porque, también des-
pués de las apariciones cotidianas, la
Virgen estará a menudo con nosotros.
La Virgen permanece pues en contacto
con nosotros y todo viene de la misma
dirección. Al principio comenzó dándonos
mensajes con intervalos muy breves; luego,
desde del 1 de marzo, cada jueves.
Luego el ritmo cambió y, desde el 1 de
enero de 1987 hasta hoy, da el mensaje el
25 de cada mes. Cuando cesaron las apari-
ciones cotidianas de Mirjana, Ivanka y
Jakov emergió una nueva estructura, una
nueva escuela y un nuevo ritmo; debemos
reconocerlo y aceptarlo tal como es.
El sentido de los secretos
He hablado con teólogos y con muchos
expertos de apariciones, pero personalmen-
te no he encontrado ninguna explicación
teológica por la que existan los secretos.
Alguien dijo una vez que quizás la Virgen
quería decirnos que no lo sabemos todo,
que debemos ser humildes.
¿Por qué entonces los secretos y cuál es
su explicación? A menudo me he pregunta-
do personalmente: ¿De qué me sirve saber,
por ejemplo, que en Fátima hay tres secre-
tos, sobre los que se discute mucho? Y tam-
bién, ¿de qué me sirve saber que la Virgen
ha dicho algo a los videntes que yo no
conozco? ¡Para mí y para nosotros lo más
importante es saber lo que ya sé de todo lo
que ha dicho!
Para mí lo más importante es que Ella ha
dicho: “¡El Dios con nosotros! ¡Orad, con-
vertíos, Dios os dará la paz!” Por el contra-
rio, cómo será el fin del mundo sólo lo sabe
Dios y nosotros los hombres no debemos
preocuparnos o crearnos problemas. Hay
personas que en cuanto oyen hablar de apa-
riciones, enseguida piensan en catástrofes.
Pero esto significaría que María es sólo
aquella que anuncia catástrofes.Ésta es una
interpretación equivocada, una compren-
sión errada. La madre María viene a ver a
sus hijos cuando sabe que lo necesitan.
Al aceptar los secretos he notado que en
muchos se abre una cierta curiosidad que
les ayuda a acoger el camino con María y
en ese momento los secretos son olvidados.
Son cada vez menos los que preguntan
por los secretos. Apenas uno se encamina,
el camino a seguir es lo único importante.
Pedagogía materna
Yo mismo es la pedagogía materna que
ha emergido con las apariciones lo que
logro aceptar más que cualquier otra cosa.
Cualquier madre puede decir a su hijo: si te
portas bien durante la semana, el domingo
tendrás una sorpresa.
Todos los niños son curiosos, y querrían
conocer enseguida la sorpresa de la madre.
Pero la madre quiere ante todo que el hijo
sea bueno y obediente y por esto le da un
cierto intervalo de tiempo después del cual
le recompensará. Si el hijo no es valiente,
entonces no habrá ninguna sorpresa y el
niño quizás dirá que la madre ha mentido.
Pero la madre quería solamente indicar un
camino y quien espera sólo la sorpresa,
pero no acepta el camino, no podrá com-
prender nunca que todo era verdadero.
Por lo que respecta a los secretos que la
Virgen ha confiado a los videntes de
Medjugorje, puede suceder que ellos no
deban conocer su contenido al 100%. En la
Biblia el profeta Ezequiel habla de un gran
banquete que Dios prepara para todos los
pueblos de Sión: todos vendrán y podrán
comer sin pagar. Si alguno hubiera tenido la
posibilidad de preguntar al profeta Ezequiel
si se trataba de aquel Sión que habían cono-
cido, seguramente hubiera dicho que se tra-
taba del mismo. Pero Sión todavía hoy es
aún un desierto. La profecía resultó verda-
dera, pero vemos que allí no hay ningún
banquete, sino Jesús en el Tabernáculo y
esta nueva Sión. La Eucaristía en todo el
mundo es el Sión adonde los hombres lle-
gan para participar en el banquete que Dios
ha preparado para todos nosotros.
EL ECO en el CIELO
en torno a don Angelo…
Elisabeth VARGA, la primera y devo-
ta traductora del Eco húngaro, se ha uni-
do con la imponente cohorte de nuestros
intercesores que ahora están cerca del
Padre y de la Madre, que aquí han servi-
do tan bien.
Profesora de francés, traducía de nues-
tra lengua los artículos para su publicación
mensual en Hungría; por esto desde hace
unos quince años se habían ido creando
entre nosotras fuertes vínculos de amistad
que nunca disminuyeron.
Recuerdo nuestras conversaciones en la
época de los envíos – punteados por la risa
o coloreados por reflexiones más persona-
les. Apreciaba su naturaleza recta, genero-
sa, devota; hasta el punto que en la época
de su primera intervención quirúrgica cam-
bió la fecha para ante todo poder traducir el
Eco y asegurar su salida en regla. Luego las
curas se hicieron diarias y dolorosas, las
intervenciones cada vez más frecuentes y
dolorosas, hasta que ya no pudo usar el
ordenador: dictaba entonces sus traduccio-
nes a una amiga – también llamada
Elisabeth – a la que le enviamos vivamente
todo nuestro cariño.
Nuestra última conversación telefónica,
poco antes de su muerte, nos dio a ambas la
oportunidad de repetirnos cuánto había sido
enriquecida nuestra amistad bajo la mirada
de Nuestra Madre. Cuando la llamé para
desearle un feliz cumpleaños… ella estaba
ya en el Cielo, cerca de la Reina de los
Ángeles, para recibir mi llamada.
Te recordamos en nuestras oraciones,
querida Elisabeth. Tú intercede por noso-
tros y por nuestro querido Eco.
Yvonne Maisonneuve
Traductora del Eco francés
de cada uno de vosotros y comience a
gobernar en vuestra vida. Orad para que
os dé la gracia de poder reconocerlo siem-
pre y en cada hombre. Hijitos, buscad de
Jesús el amor, porque sólo con el amor de
Dios podéis amar a Dios y a todos los hom-
bres. Os llevo a todos en mi corazón y os
doy mi bendición maternal.”
La preparación justa
Respecto de los secretos, sin duda lo
mejor es no querer adivinar alguna cosa,
pues no se saca nada de ello. Es mejor rezar
un Rosario más, que hablar de los secretos.
No ganamos nada con la espera impaciente
de la revelación de los secretos, o pensando
si estaremos preparados o si nos alcanza-
rán. Debemos tener en cuenta que no se tra-
ta de nuestro egoísmo. Cada día hay catás-
trofes, inundaciones, terremotos, guerras,
pero hasta que no estoy implicado perso-
nalmente, el problema para mí no es una
catástrofe. Sólo cuando me ocurre una
catástrofe a mí personalmente, entonces
digo: ¿Pero qué me pasa?
Esperar que algo ocurra o que yo esté
preparado equivale a la pregunta que el estu-
diante se hace continuamente: ¿Cuándo será
el examen, en qué día? ¿Cuándo será mi tur-
no? ¿El profesor estará bien dispuesto?
Es como si el estudiante no estudiase y
no se preparase para el examen, a pesar de
su inminencia, sino que se concentrase
siempre y únicamente en los “secretos”
para él desconocidos. También nosotros
pues debemos hacer lo que esté en nuestra
mano y los secretos no serán un problema
para nosotros.*
Reflexionando con el p. Slavko
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Villanova M., 1 de enero de 2005
Resp. Ing. Lanzani - Tip. DIPRO (Roncade TV)
Que Dios tenga piedad de nosotros
y nos bendiga,
resplandezca su rostro sobre nosotros;
para que sobre la tierra
se conozca tu camino,
entre todas las gentes tu salvación.
Los lectores escriben...
M. Williams de Inglaterra Leo con
mucho gusto vuestro Eco que recibo desde
hace varios años, y aprecio verdaderamente
todo el esfuerzo que os supone. Gracias.
Barbara Fox de Inglaterra – Adjunto
incluyo mi donativo para vuestra publica-
ción que leo con tanto gusto. Gracias por
vuestra maravillosa dedicación al Eco que
espero recibir siempre. ¡Está llena de
impulsos espirituales!
Frances Cinelli de Canada – Espero
ardientemente cada nueva edición del Eco
de María (lo recibo desde 1994). Parece
que me llega siempre cuando más necesito
escuchar el mensaje de la Virgen. Es provi-
dencial - ¡y pensar que viene de tan lejos!
¡Nuestra Madre me manda el consuelo en el
momento preciso! ¿Pero cómo lo hace? Es
Madre, y una madre siempre sabe lo que
necesitan sus hijos. ¡Qué bello! Gracias por
todas vuestras oraciones y por los artículos.
B. Power, de Canadá – El Eco es la
publicación más importante que llega a mi
buzón. Que el Señor bendiga vuestro buen
trabajo.
James Deo de Tanzania – Os saludo
vivamente en el Nombre de Jesucristo
nuestro Salvador. Deseamos agradeceros
por vuestra dedicación hacia la Madre
Santa. El Eco es fuente de inspiración para
todos nosotros. Que Dios os bendiga.
Sor Eugene de Nairobi, Kenya –
Agradezco vivamente vuestra presencia fiel
a través del “Eco” y os aseguro mi recuer-
do en la oración, con la seguridad de poder
contar con el vuestro en mi nueva misión en
tierra africana.
Fray Aoysius T. de Indonesia –
Gracias por vuestra publicación Eco de
María que recibo regularmente en mi
comunidad en Indonesia.
Cecilia Altamirano de Córdoba,
Argentina – Queridos hermanos, ¡que la
paz de Cristo esté con todos vosotros! Os
escribo con gozo para agradeceros el envío
de vuestro periódico. Todos los miembros
del grupo de oración “Reina de los apósto-
les” que están felices de poder leerlo. El
Eco también lo leen amigos y familiares de
varios miembros del grupo, religiosos y
sacerdotes, ancianos o enfermos. Es un
gran gozo para todos ellos leer un periódi-
co tan bello. ¡Gracias por tanta bondad de
vuestra parte!
Postales de la lejana
AUSTRALIA
R. McDevitt – Muchísimas gracias por
vuestra gran devoción a la Gospa que nos
trae su Eco como alimento para nuestras
almas.
Bev O’Brien – Muchísimas gracias de
corazón por vuestro maravilloso periódico
que leo con tanto gozo antes de pasarlo a
otros.
Marianne Nulley – Gracias por el Eco
de nuestra Madre Bendita. Espero siempre
con ansia vuestra información rica de espi-
ritualidad, ahora más que nunca después de
nuestra peregrinación a Medjugorje. Os
Eco en Internet:
http://www.ecodimaria.net
Suscripciones: info@ecodimaria.net
e-mail redacción: coredazione@infinito.it
¡EL ECO OS NECESITA!
Queridísimos amigos,
Tras haber traspasado el umbral de los
20 años, el Eco se prepara para dar nuevos
pasos en su camino, junto a vosotros que lo
seguís con tanta fidelidad y afecto. Pero tal
como señalamos en el número anterior,
algunas consideraciones de orden econó-
mico
nos han puesto un poco en guardia y
obligado a mirar la situación en términos
muy realistas.
El Eco, como sabéis, vive sólo de la
providencia. Muchos se hacen instrumento
de ella, permitiendo que el periódico conti-
núe su publicación. Sin embargo, los costes
de producción, edición y difusión son cada
vez más elevados; por ello los donativos
enviados corren el riesgo de no cubrir los
gastos.
Somos conscientes de lo esperado
que es el Eco en las casas de los lectores y
cuánto la Virgen ama este “folleto”, que en
esencia es vehículo de las palabras de
María en todo el mundo. Por ello, con la
sencillez de quien se sabe pobre y debe
contar con los demás, apelamos a cada
uno de vosotros
para que el Eco pueda
recibir los medios que le permitan existir.
Os agradeceremos todos los donati-
vos, pequeños o grandes, que podáis
mandarnos
y con los cuales podremos
continuar nuestro trabajo. Sabed que la vida
del Eco depende, además de nuestro traba-
jo, también de vuestra generosidad y res-
ponsabilidad.
Seguros de encontrar en vuestro cora-
zón comprensión y disponibilidad, os lo
agradecemos por anticipado e invocamos
sobre vosotros todas las bendiciones.
El Personal del Eco de María
adjunto un donativo. ¡Que Dios os bendiga
generosamente!
… y saludos de ÁFRICA
P. Anastasio Tricarico, misionero
comboniano, Chipata – Zambia: El P.
Alberto Bufón nos dejó hace algunos años,
destino al Paraíso… A nosotros nos gusta-
ría continuar recibiendo el Eco como
comunidad de combonianos. También en
nuestra misión, como en muchas otras par-
tes del mundo, la devoción a la Virgen es
atacada en todos los frentes. Sin embargo la
Virgen siempre encuentra nuevos caminos
para que todas las generaciones la sigan
proclamando “bienaventurada”. Bello,
¿verdad? Felicitaciones y saludos fraternos.
P. Giuseppe, misionero comboniano,
de Malawi: Queridísimos de la Redacción,
acaba de llegar el paquete del Eco nº 178.
Muchísimas gracias de corazón. ¡Ha sido
una fiesta para nosotros! En poco tiempo se
han agotado las copias. Quiere decir que la
gente tiene “hambre y sed” de las reflexio-
nes y de las noticias que relata el Eco. Así,
me he dicho: “Bendito los que lo traducen
al inglés y nos lo mandan”.
El Eco es verdaderamente muy aprecia-
do. Imagino que los que lo preparan y lo
envían tienen mucho trabajo y tribulacio-
nes, pero si supiesen que el fruto de su tra-
bajo se agota en un instante, entonces el
consuelo compensaría su cansancio.
Mirando a los que lo leen atentamente y
que luego me bombardean de preguntas,
debo decir que “Medjugorje” está entrando
en sus corazones. Luego entrará en sus acti-
vidades y en sus familias; y así, poco a
poco, también en la Nación de Malawi.
¿¿¿Y luego??? … Ah, quizás una nue-
va…era. Esperémoslo. Tengo mucha con-
fianza en lo que dijo el Señor a sus
Discípulos: “Lo que es imposible para el
hombre, es posible para Dios”. Así pues…
¡adelante con confianza!
Stella Dorkenoo de Lome – Togo:
Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo,
Gracias por todo lo que hacéis por el Eco de
María, Reina de la Paz. Descubrí el Eco en
Dakar, donde llevé a cabo mis estudios de
farmacia. Confieso que he atravesado
desiertos de todo tipo, espiritual, moral,
afectivo, financiero…
Encontré durante estos momentos duros
un grupo de oración “Nuestra Señora de
Medjugorje”. Nos reuníamos el miércoles y
el viernes a las 13 h. en la iglesia St Joseph
de Médina en Dakar para rezar el Rosario.
Ayunábamos e incluíamos a todos en nues-
tras oraciones. Le hice a la Virgen María la
promesa de que si me ayudaba a acabar mis
estudios de farmacia, pondría el nombre
“Nuestra Señora de Medjugorje” a mi
laboratorio de farmacia…”El Señor ha
hecho en mí maravillas”, y así defendí mi
tesis doctoral de farmacia el 25 de enero de
2002 en Dakar en Senegal…
La mayor parte de mis clientes al leer el
nombre desean saber quién es Nuestra
Señora de Medjugorje…¡Os ruego que me
enviéis cada edición del Eco de María,
Reina de la Paz, para que pueda ser él la
respuesta a cada pregunta!
El Eco de María es gratuito y vive sólo de
donativos
que pueden hacerse por
CORREO:
Las donaciones pueden hacerse mediante
GIRO POSTAL INTERNACIONAL
a favor de
"Eco di Maria" CP 27
I-31030 Bessica (TV) Italia
o por VÍA BANCARIA:
Associazione Eco di Maria
Banca Agricola Mantovana (BAM)
Agenzia Belfiore
Codice IBAN:
IT 02 Z 05024 11506 000004754018
Para nuevas suscripciones o para modifica-
ciones
en la dirección escribir a la Secretaría
del Eco
CP 27 31030 BESSICA (TV)
E- mail: info@ecodimaria.net
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