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www.medjugorje.ws » Eco de Maria Reina de la Paz » Eco de Maria Reina de la Paz 197 (Enero-Febrero 2008)

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Mensaje del 25 de noviembre de 2007
“Queridos hijos, hoy mientras feste-
jáis a Cristo, rey de todo lo creado, deseo
que él sea el rey de vuestra vida. Sólo a
través de la entrega, hijitos, podréis com-
prender el don del sacrificio de Jesús en la
cruz por cada uno de vosotros. Hijitos,
dad vuestro tiempo a Dios para que él os
transfigure y os llene con su gracia, para
que vosotros seáis gracia para los demás.
Yo soy para vosotros, hijitos, un don de
gracia y de amor que viene de Dios para
este mundo sin paz. Gracias por haber
respondido a mi llamada.”
El Rey de nuestra vida
Hoy, mientras festejáis a Cristo, Rey
de toda la creación, deseo que Él sea el rey
de vuestra vida.
María nos indica con pocas
y simples palabras el sentido de la fiesta del
día de hoy: si festejamos a Cristo Rey sin
hacerle Rey de nuestra vida habremos vacia-
do la fiesta de su profundo significado y
habremos desperdiciado una vez más una
ocasión para entrar en el plan de salvación
de Dios y obtener beneficio de lo que cele-
bramos. Esto vale para la fiesta de hoy, para
cualquier otra fiesta cristiana, para todos los
sacramentos, especialmente para la
Confesión y la Eucaristía. Si no entramos
con amor y pasión en las celebraciones
sagradas, si las reducimos a meras fiestas
mundanas, no podemos luego pretender
encontrar a Dios. De igual modo, no pode-
mos recibir la Santa Comunión del mismo
modo que nos llevamos a los labios una aspi-
rina para el dolor de cabeza o recurrir al con-
fesor como se hace con el amigo del que se
espera humana consolación. Celebrar a
Cristo Rey sin acogerlo como Rey, significa
tomar la liturgia como representación teatral,
tal vez sagrada pero difícilmente salvadora.
Acojamos el deseo de María; aunque la
fiesta haya pasado cuando leáis esto, podre-
mos igualmente recuperarla en nuestra alma
porque cualquier momento es bueno para
reconocer a Jesús como Rey de nuestra
vida
y decidirnos a vivir consecuentemente.
Tú dices que soy rey. Yo para esto he nacido
y para esto he venido al mundo, para dar
testimonio de la verdad ; todo el que es de
la verdad oye mi voz
(Jn 18,37). Cristo
Verdad testifica al mundo que hay una rea-
leza que el mundo no conoce; una realeza
que no está hecha de poder, ni de riquezas,
ni de honores mundanos sino sólo de amor,
de amor sin condición alguna, sin gratifica-
ciones, de amor que se entrega totalmente,
que se hace don gratuito y absoluto.
El trono de Cristo es Su Cruz. No es
fácil de entender, ni mucho menos de acep-
tar, porque sabemos que si Le persiguieron
a Él, nos perseguirán también a nosotros
(cfr Jn 15,20). Pero el misterio del Amor se
revela a quien intenta vivirlo: Solo a través
de la donación, hijos, podéis comprender
el don del sacrificio de Jesús en la cruz
por cada uno de vosotros.
Hacerse don
para conocer el valor salvador de la Cruz y
aceptar en Ella todas nuestras cruces (Mc 8,
34). Es un compromiso serio, difícil, que
requiere coraje, abnegación y paciente
espera (dad tiempo a Dios) de la obra de Su
gracia en nosotros. Hijos, ofrecedle tiem-
po a Dios, para que Él os transfigure y os
llene con su gracia, para que seáis gracia
para los demás.
Estupenda humildad de
Dios que espera (dadle tiempo a Dios)
nuestra disponibilidad para dejarnos trans-
figurar en Cristo Jesús y en Él ser gracia
para los demás.
Y en esta espera Dios nos ofrece el don
de la presencia de María, Madre que sigue
generando hijos en su Hijo Jesús, sin atraer
la atención de los medios de comunicación,
sin el honor de los reportajes, acercando de
este modo el tiempo bendito de Su regreso y
del triunfo de Su Reino de amor y de paz. Yo
soy para vosotros, hijos míos, un don de
gracia de amor que viene de Dios para
este mundo sin paz.
Acojamos sin reservas,
con profunda confianza, con corazón abier-
to, este don de gracia de amor que viene
de Dios
y que se llama María. Acojamos sin
demoras Sus deseos, retomemos sus mensa-
jes, esforcémonos por vivirlos; son aceite
para nuestras lámparas,
para que no falte-
mos a la cita del Señor que llega.
Nuccio Quattrocchi
Mensaje del 25 de diciembre de 2007
“Queridos hijos, con gran gozo en el
corazón os traigo al rey de la paz, para
que os dé su bendición. Adoradlo y dad el
tiempo al Creador que anhela vuestro
corazón. No olvidéis que estáis en esta tie-
rra de paso y que las cosas pueden daros
pequeñas alegrías, mientras que a través
de mi Hijo obtenéis la vida eterna. Es por
esto que estoy aquí con vosotros, para
conduciros a lo que anhela vuestro cora-
zón. Gracias por haber respondido a mi
llamada”.
Dad tiempo al Creador
Gloria a Dios en las alturas y paz en la
tierra a los hombres que ama el Señor (Lc
2, 14) es el canto del coro celestial ante el
anuncio, que el ángel da a los pastores, del
nacimiento del Salvador. El deseo de paz
va dirigido pues a todos los hombres por-
que Dios ama a todos los hombres. Pero si
bien todos los hombres son los destinata-
rios de este deseo, está claro que no todos
viven, o al menos no acogen, el divino
deseo. Dios ofrece pero no impone Sus
dones y éste es uno de los aspectos más
conmovedores de Su Amor.
La vida en la tierra aún está marcada
por la división y el abuso; la comunión con
Dios se ha hecho posible después de la
venida de Cristo pero aún no es universal y
la paz prometida a los hombres aún está
suspendida entre el cielo y la tierra. Sin
embargo no se retrasa el Señor en el cum-
plimiento de la promesa, como algunos lo
suponen, sino que usa de paciencia con
vosotros, no queriendo que algunos perez-
can, sino que todos lleguen a la conversión
(2 Pe 3, 9). La paz prometida por los ánge-
les no retrasa sino que espera ser acogida y
vivida. Es una promesa en acto que ya ha
dado, y continua dando, semillas y frutos
de santidad; es un bien presente en el mun-
do aunque no universalmente gozado.
La paz entre las personas, las naciones,
los seres creados, la paz mesiánica está al
alcance de nuestra mano pero no puede ser
impuesta; debe ser acogida, vivida, y para
que esto ocurra es necesario que la volun-
tad del hombre esté acorde con la Voluntad
de Dios, hay que ser hombres de buena
voluntad.
Con gran alegría os traigo al
Rey de la paz, para que Él os bendiga
con su bendición,
nos dice María en esta
Navidad y Sus palabras confirman que la
promesa de paz aún subsiste; ante nuestra
infidelidad Él permanece fiel porque no
puede negarse a sí mismo (cfr 2 Tm 2, 13).
El Rey de la paz está allí, en los brazos de
María y espera ser acogido en nosotros.
Adoradlo y dad el tiempo al Creador
que anhela vuestro corazón.
Adorar a
Jesús significa asumir su divinidad, dejarse
penetrar por las radiaciones de Amor que
“Dios ha generado el mundo
en su fundación,
María ha generado el mundo
en su reparación”
.
San Anselmo
Enero – febrero de 2008
- Editado: por Eco di Maria, C.P.
47 - 31037 LORIA (TV)
(Italia) - Tel / fax 0423. 470331
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197
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L
A
P
ALABRA DEL
P
APA
:
“Hagámosle sitio a Dios”
“De alguna manera la humanidad espera
a Dios, su acercamiento, pero cuando llega
el momento, no tiene sitio para Él” dijo el
Papa en ocasión de la Navidad, periodo en el
que se revive el evento extraordinario de la
venida de Dios entre los hombres, incluso
entre los suyos, que sin embargo no le reci-
bieron,
escribe el apóstol Juan (1, 11). “La
humanidad está tan ocupada consigo misma
que tiene necesidad de todo el espacio y de
todo el tiempo de manera tan exigente para
sus cosas, que no queda para nada más - ni
para el prójimo, ni para el pobre, ni para
Dios” añadió el Santo Padre.
Palabras graves que pueden llegar a caer
en el vacío de nuestra indiferencia si no abri-
mos el corazón y las dejamos actuar como
una levadura capaz de cambiarlo, de hacerlo
más humano: “¿Tenemos tiempo para el pró-
jimo que tiene necesidad de nuestra palabra,
de mi palabra, de mi afecto?....¿Tenemos
tiempo y espacio para Dios? ¿Puede Él entrar
en nuestra vida? ¿Encuentra alguien espacio
en nosotros, o hemos ocupado todo el espacio
de nuestro pensamiento, de nuestro actuar, de
nuestra vida para nosotros mismos?” se pre-
guntaba el sucesor de Pedro con ese realismo
dialéctico que identifica su pontificado.
El mundo está encerrado en sí mismo, en
el propio egoísmo, en el individualismo sin
camino de retorno. Era así ya cuando Jesús
nació, ahora más todavía, tiempo en el que
el hombre está en condiciones de sondear
los misterios de la existencia, y de alguna
manera manipularlos, “Pero Dios no permi-
te que le dejemos fuera”, continúa diciendo
Benedicto XVI, “Él encuentra un espacio,
entrando tal vez por el establo. Cristo ha
venido para devolver a la creación, al cos-
mos, su belleza y su dignidad”.
Si es realista, de hecho, constatar el grado de
penumbra que oscurece nuestro cielo, tam-
bién la esperanza debe alimentar nuestro
caminar y esclarecernos la mirada para vis-
lumbrar esos horizontes verdaderos que Dios
nos ha preparado. El “nuevo trono desde el
que atraerá al mundo a sí, es la Cruz” nos
recuerda el Papa Benedicto. “Es así como se
construye la verdadera realeza. Ésta es la
comunidad de los que se dejan atraer por el
amor de Cristo y con Él pasan a ser un solo
cuerpo, una humanidad nueva. El poder que
viene de la Cruz, el poder que viene de la bon-
dad que se dona - ésta es la verdadera realeza.
Y sólo entonces será “normal” hacer
resonar el cántico: “Gloria a Dios en lo alto
del cielo y paz en la tierra a los hombres que
ama el Señor” - porque habrá “hombres que
depositarán su voluntad en la del Señor,
siendo así hombres de Dios, hombres nue-
vos, un mundo nuevo”.
Redacción
manan de la Santa Eucaristía, estar en
comunión con Él, alcanzar en Él al
Creador que toda criatura humana anhela,
consciente o inconscientemente. Pero esto
requiere tiempo (dad tiempo); no se trata
de algo que hacer deprisa, una más de las
cosas que tenemos que hacer; se trata de
estar todo el tiempo con Jesús, vivir con Él
cada instante de nuestra jornada, asemejar-
nos a Él en todo lo que hacemos, lo que
pensamos, lo que deseamos; se trata de
renacer de lo alto, del Espíritu (Jn 3, 1-8).
Todo lo que no se realiza en Cristo, que no
pasa a través de É, tiene una vida breve y lo
que puede dar es pasajero y efímero. No
olvidéis que estáis en esta tierra de paso
y que las cosas pueden daros pequeñas
alegrías, mientras que a través de mi
Hijo obtenéis la vida eterna.
La vida eter-
na es vivir en Cristo, es vivir de Cristo. Él
es el pan de la vida y quien lo come vivirá
eternamente (Jn 6, 48-51). María está con
nosotros para darnos una vez más, como
hace 2000 años, a Su Hijo Jesús, y en Él
todo lo que anhela nuestro corazón. En
Jesús, de hecho, y sólo en Él podemos
encontrar la Paz, el Amor, la Esperanza, la
Eternidad. Es en Él, y sólo en Él, que se
aplaca todo anhelo, se disuelve todos los
miedos, se supera toda división, y esto
ciertamente acontecerá si, por Su gracia,
nuestra vida es expresión de la Suya.
N. Q.
“Nennolina”,
una santidad
de tan sólo seis años
¿Nos atrevemos a pensar en una santa de
tan sólo seis años? ¿O nos parece imposible
en tan poco tiempo una criatura pueda cum-
plir su recorrido de santificación hasta ser
proclamada bienaventurada por la Santa
Madre Iglesia? Y sin embargo es así. Y la
pequeña en cuestión es una niña, Anatonia,
llamada Nennolina, que murió de un cáncer
de huesos en 1937, poco antes de cumplir
siete años. “Su existencia, tan sencilla y al
mismo tiempo tan importante, demuestra
que la santidad es para todas las edades:
para los niños y para los jóvenes, para los
adultos y para los ancianos”, dijo el Santo
Padre al anunciar la posible beatificación,
“en pocos años Nennolina ha alcanzado la
cima de la perfección cristiana, ha recorrido
velozmente la “autopista” que conduce a
Jesús” que es el verdadero “camino” que
nos lleva al Padre y a su casa y nuestra casa
definitiva que es el Paraíso”.
¿Pero quién era en realidad esta pequeña
y qué es lo que vivió de modo “heroico”?
Nos lo cuenta Mirko Testa que lo ha escrito
para Zenit:
Antonietta Meo nace en Roma el 15 de
diciembre de 1930 en una familia de sólidos
principios morales y religiosos, donde se
reza el Rosario cada día. Es una niña muy
despierta, siempre alegre, y que ama cantar.
Un día se cayó, golpeándose en su rodilla
con una piedra. Pero el dolor parece no que-
rer pasar. Visitada por los médicos, que en
principio no entienden el origen de su mal,
se le diagnostica al final un “osteosarcoma”,
un tumor en los huesos.
Se le amputa la pierna. A Nennolina, que
cuenta entonces con poco más de cinco
años, se le pone una pesada prótesis ortopé-
dica, a pesar de esto su vivacidad sigue sien-
do la misma de siempre. Es más, se multi-
plican las oraciones y cada noche toma la
costumbre de poner a los pies del crucifijo
una cartita que primero dicta a su madre y
luego escribe de su puño y letra.
De este modo ha dejado, además de un
diario, más de cien cartitas dirigidas a Jesús,
a María, a Dios Padre y al Espíritu Santo
que revelan una vida de fuerte misticismo
pero también un “pensamiento” teológico
admirable, que se encierra detrás de sus fra-
ses muy simples. Nennolina, a pesar de su
corta edad, entiende que María en el
Calvario sufrió con Jesús y por Jesús, y
escribe:”Querido Jesús, tú que has sufrido
tanto en la cruz, quiero ofrecerte muchos
sacrificios y quiero permanecer siempre en
el Calvario junto a Ti y junto a tu Mamita.”
“Querido Jesús- escribe en otra ocasión- yo
te amo mucho, yo quiero abandonarme en
tus manos (....) yo quiero abandonarme en
tus brazos y haz de mí lo que tu desees”; “tú
ayúdame con tu gracia, ayúdame tú, que sin
tu gracia nada puedo hacer”.
Las cartitas a la Virgen están llenas de afec-
to: “Querida Virgencita, tú que eres tan bue-
na, toma mi corazón y llévaselo a Jesús. Oh
Virgencita Tú eres la misma de nuestro
corazón”. A Ella se dirige con el propósito
de ser siempre obediente como Jesús:
“Quiero recibir a Jesús de tus manos para
ser más digna”.
Durante las numerosas hospitalizaciones
se hace llevar en silla de ruedas todos los
días frente a la estatua de la Virgen para reci-
tar oraciones y poner a sus pies flores cam-
pestres recogidas por su madre. El día de la
Inmaculada de 1936, mientras se acercaba su
última Navidad, Nennolina escribe: “Yo
estoy contenta por ser hoy Tu fiesta, querida
Virgencita! (...)Yo en esta próxima ocasión
de tu fiesta y la de Jesús haré pequeños sacri-
ficios, y dile a Jesús que haga que me muera
antes de cometer un pecado mortal!”
Consumida por el tumor, tras largo sufri-
miento, Nennolina se apaga el 3 de julio de
1937, sin haber cumplido los siete años.
Tras la muerte de Nennolina se suceden
conversiones y gracias y la fama de su san-
tidad se difunde. El cuerpo de Antonia repo-
sa ahora en una pequeña capilla adyacente a
la que conserva las reliquias de la pasión de
Jesús, en el interior de la Basílica de la
Santa Cruz de Jerusalén. La Basílica donde
había sido bautizada y que se halla en el
barrio de Roma donde vivió su corta vida.
Indulgencia plenaria para
los fieles de Lourdes
Entre las diversas oportunidades de vivir
el jubileo que se celebra en Lourdes con
motivo del 150 aniversario de las apariciones
marianas, resalta la de recibir cotidianamen-
te la indulgencia plenaria, tal como ha
decretado el papa Benedicto XVI: “A los fie-
les que, desde el día 8 de diciembre de 2007
hasta el día 8 de diciembre de 2008 visiten la
Gruta de Massabielle o que del 2 al 11 de
febrero de 2008, visitarán en cualquier tem-
plo, oratorio, gruta, o lugar decoroso, la ima-
gen bendita de la Bienaventurada Virgen
María de Lourdes solemnemente expuesta a
la veneración pública”.
Es sabido que Lourdes es meta de pere-
grinaciones sobre todo de enfermos, así
podrán conseguir la indulgencia también
“los ancianos, los enfermos, y todos los que,
por una causa legítima, no pueden salir de
casa, en su propia casa o allí donde los retie-
ne su impedimento si en los días del 2 al 11
de febrero de 2008 realizan con el deseo del
corazón, espiritualmente, una visita a
Lourdes, rezan las oraciones y ofrecen con
confianza a Dios por medio de María las
enfermedades e incomodidades de su vida”.
Red.
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Sigamos contemplando las alabanzas
que encontramos en las Letanías
“Lauretanas” y pongamos nuestra atención
sobre la:
MORADA
CONSAGRADA A DIOS
Al detenernos en una traducción literal
del versículo:”Vas insigne devozionis”, nos
arriesgamos a perder el verdadero significa-
do de la invocación. Ésta de hecho debiera de
ser traducida con la expresión: “Vaso insigne
de devoción”
; por desgracia, en este caso, se
pierde casi completamente el significado real
que la tradición ha querido dar a estas pala-
bras. María, de hecho, la toda Santa, y la lle-
na de Gracia es justamente el “vaso” que cus-
todia el Tesoro de la Palabra que en Ella se ha
encarnado. También Jesús la reconoce como
tal y subraya la realidad cuando dice: “bie-
naventurado quien guarda la Palabra en su
corazón y la pone en práctica”.
Con la expresión “vaso insigne” se quie-
re, de hecho, subrayar la completa disponi-
bilidad de la Virgen a la voluntad divina.
Virtud ésta que ha llevado a la misma
Trinidad Santísima a enamorarse de Maria.
La palabra “devoción” está para subra-
yar que la atención de María estaba toda
dirigida al Señor, y que toda su persona y su
vida era una continua alabanza a Dios. Esta
invocación subraya la necesidad de preparar
y custodiar siempre con la máxima atención
nuestro corazón, morada escogida por Dios
desde nuestro bautismo.
María ha sido real y totalmente un “vaso
cristalino”, digno de ser valiosa morada esco-
gida por el Verbo para encarnarse. Ha sabido
custodiar su Corazón Inmaculado, bello y
atento a cada inspiración del Espíritu Santo.
No queriendo aplicar una traducción literal de
nuestra invocación, podríamos utilizar una
expresión igualmente bella, pero que nos per-
mite apreciar aún más la profundidad. Esta
letanía es traducida pues con la frase:
“Morada consagrada a Dios”. En este caso,
el significado más profundo de la alabanza no
cambia, pero se subraya con mayor fuerza
que la consagración es hacerse don, “Toda”,
para el Señor, hasta el punto de dirigir todos
los deseos personales y proyectos según la
única y soberana Voluntad Divina. La morada
consagrada nos recuerda el Templo de
Jerusalén, único lugar del pueblo de Israel
donde Dios tenía su morada y donde se podía
tener con Él un encuentro místico.
María encarna en sí misma todo esto y
para nosotros cristianos es la morada más
bella. Morada donde podemos hacer que
nazca un íntimo encuentro con Jesús y sen-
tirnos como en casa.
ROSA MÍSTICA
En la tradición cristiana es difícil encon-
trar expresiones “en el lenguaje natural” a
las que asociar la figura de los Santos y de la
misma Virgen. Con el término “lenguaje
natural” se quiere en este caso indicar toda
una serie de expresiones (muy pocas en rea-
lidad) donde una imagen viene representada
con las virtudes o la belleza de una planta o
La flor más bella
¿Cómo puede decir una persona a la que acaban de descubrir una enfermedad seria:
“estoy sereno porque en la vida he experimentado que de las situaciones difíciles siempre
he aprendido mucho, he recibido mucho”? Ciertamente solo el Espíritu Santo puede haber-
le sugerido tales palabras, sólo Dios puede haberle inspirado tales sentimientos.
Seguramente durante nuestra vida habremos experimentado muchas veces el sufrimiento, y
ciertamente lo seguiremos experimentando todavía. Otras veces habremos experimentado la
debilidad y la incapacidad de hacer algo. Otras muchas habremos encontrado dificultades,
a menudo muy comprometedoras. Tal vez todas estas situaciones que nos presenta la vida
son ocasiones que nos presenta la Providencia para darnos a entender el amor de Dios. Tal
vez estos sufrimientos nuestros deben considerarse más bien ocasiones de vida que de muer-
te, más ocasiones de bien que de mal. Es como si las situaciones difíciles de nuestra vida
son el terreno fértil donde crecen las flores más bellas. No crecen en otro terreno.
Este terreno se asemeja mucho, es más, parece el que Jesús ha escogido para venir hacia
nosotros, incluso para ser sepultado. Éste es el terreno que por vez primera vio su
Resurrección. Éste es el terreno que Jesús transformó en fértil gracias a su muerte y a su
resurrección. Era un terreno tan árido que no producía nada bueno, pero ahora ya no es así
gracias a Él que lo ha transformado. Éste es el terreno donde María ha cultivado y cultiva
las flores más bellas, éste es el terreno donde ha germinado la flor mas bella: Jesús.
Éste es el jardín cerrado donde los jabalíes y los animales salvajes no pueden devastar.
Entonces todos estamos llamados a acoger las penas que la vida nos ofrece porque, gracias
a Jesús, se han convertido en el terreno fértil del jardín cerrado donde crecen las flores más
bellas y más perfumadas; el jardín donde las flores no se marchitan porque crecen protegi-
das; el jardín donde las flores se asemejan tanto a Jesús y poseen su perfume. Estas son las
flores preferidas del Padre porque se asemejan más al Hijo.
Ahora entiendo porque la flor de esa persona enferma es tan bella: ciertamente ha crecido
en el jardín cerrado. Este jardín podríamos llamarlo jardín de María, este jardín es María.
Gracias, María, porque nos invitas a crecer como flores bellas en el jardín cerrado. Gracias
María por ser el jardín cerrado, defensa nuestra de los animales salvajes: aquí los temores
se desvanecen porque tú eres nuestra defensa y nuestra ayuda.
La pequeña barca
¿No has visto nunca una pequeña barca agitada fuertemente por las olas del mar? La
impresión es la de un gran peligro que amenaza la integridad de la barca y sus ocupantes.
Pasa a veces que nos sentimos como en una pequeña barca, pequeña como nosotros, en un
mar oscuro y con olas enormes, impresionantes. En esos momentos es de gran ayuda sen-
tirse bajo la protección del Altísimo. Ese sentimiento te da confianza y paz en el Señor,
incluso te permite descansar y hasta dormirte sobre la barquita, como hizo Jesús cuando
estaba en un mar con tempestad. En estas situaciones descubres de modo evidente cómo el
Señor no abandona a sus hijos en el momento de la necesidad y así puedes sentir, a pesar de
la dificultad, una alegría inesperada, que solo Él puede dar.
L
AS
L
ETANIAS
...
P. Ludovico Maria Centra
P
ENSAMIENTOS
S
ENCILLOS
de Pietro Squassabia
de una flor. Algo nos viene de la tradición
Carmelita, donde la Bienaventurada Virgen
es invocada con expresiones como: “flor del
Carmelo” o “Vid en flor”.
A María se la asocia a menudo con el
símbolo del lirio, como signo de pureza. La
rosa, en cambio, siempre se ha considerado
la reina de las flores, y en María, la más
bella de todas las rosas, la asociación subra-
ya un significado aún más especial, el de ser
emblema de la vida donde se admira la
belleza del existir, pero al mismo tiempo se
experimenta la dificultad de caminar entre
preocupaciones y dolores.
Maria, concebida sin pecado, podía ser
exonerada del sufrimiento, pero el amor por
su Hijo y por la humanidad entera hizo que
siguiera las huellas de Jesús en el camino de
la Cruz, hasta ser corredentora de la huma-
nidad. Otra característica que nos lleva a
asociar a María a una rosa es su poliédrica
belleza. Las virtudes y cualidades humanas
de la Virgen, de hecho, se asemejan perfec-
tamente a las características de una flor tan
sublime como refinada. Así también el per-
fume de nuestra Flor Mística es signo de la
capacidad de saber divulgar el “buen perfu-
me” de Cristo.
María es la criatura que tiene todas las
virtudes y éstas tienen su único fundamento
en Dios, tal y como Ella reconoce y canta en
el Magnificat.
El termino mística subraya además que
todo su ser está unido a Dios y que en Ella
la obra del Altísimo se manifiesta en todo su
esplendor.
“La oración se realiza cuando
Cristo habita en el corazón
del cristiano, y lo invita a un
compromiso coherente de
caridad hacia el prójimo.
La oración es aceptada cuan-
do da alivio al prójimo.
La oración es escuchada
cuando en ella se halla tam-
bién el perdón de las ofensas.
La oración es fuerte cuando
está llena de la fuerza de
Dios.”
3
Eco 197
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Jubileo
en
Lourdes
Una nueva cita importante con la Virgen
María. Celebrábamos hace pocos meses los
noventa años de las apariciones de Fátima,
este año los 150 años de la primera apari-
ción de la Virgen en Lourdes, acontecimien-
to que va a ir acompañado de una serie de
iniciativas pero sobre todo de la gracia que
se derramará abundantemente sobre los fie-
les. Es un año jubilar, que comenzó oficial-
mente el pasado 8 de diciembre, solemnidad
de la Inmaculada Concepción.
Fue éste precisamente el nombre con el
que se presentó la “Bella Señora” a la
pequeña Bernadette, un título entonces des-
conocido para el pueblo pero muy conocido
por las autoridades eclesiásticas que cuatro
años antes habían proclamado el dogma de
la concepción inmaculada de María de
Nazaret.
“Como en todas las apariciones marianas
las de Lourdes se insertan en la lucha per-
manente,
y no sin duros golpes, entre las
fuerzas del bien y las fuerzas del mal,
que
comenzó al inicio de la historia humana y
que continuará hasta el final”, afirmó el
Cardenal indio Ivan Dias, Prefecto de la
Congregación para la Evangelización de los
Pueblos. “Esta lucha – explicó - hoy es más
dura que en los tiempos de Bernadette”, por-
que “el mundo se encuentra terriblemente
metido en la espiral de un relativismo que
quiere crear una sociedad sin Dios.
Farol Wojtyla pocos meses antes de ser
elegido Papa dijo: Estamos hoy ante el
mayor combate que la humanidad nunca
ha tenido.
Pienso que la comunidad cristia-
na aún no lo ha comprendido del todo.
Estamos hoy ante la lucha final entre la
Iglesia y la anti-iglesia, entre el Evangelio y
el anti-evangelio.
“Son palabras proféticas”
comenta el Card. Dias, “precisamente por
este motivo bajó del cielo una Madre preo-
cupada por sus hijos que viven en el pecado,
lejanos de Cristo”.
“Las apariciones marianas, añadió, son
verdaderas y propias irrupciones marianas
en la historia del mundo, que marcan la
entrada decisiva de la Virgen en el centro de
las hostilidades entre ella y el diablo, tal
como está descrito en el Génesis y en el
Apocalipsis…”. Por esto, no hay que bajar
la guardia, “aquí en Lourdes como en todo el
mundo, la Virgen, observó, está tejiendo una
red de hijos e hijas espirituales para lan-
zar una fuerte ofensiva contra las fuerzas
del maligno
y para preparar la victoria final
de su divino hijo Jesucristo y nos llama tam-
bién hoy a entrar en su legión, para comba-
tir las fuerzas del mal.
Las armas que se usarán esta lucha
serán la conversión del corazón, una gran
devoción a la Santa Eucaristía, el rezo diario
del santo Rosario, la oración constante y sin-
cera, la aceptación del sufrimiento para la
salvación del mundo.
La victoria final será
de Dios – concluyó el Card. Dias - . Y María
combatirá a la cabeza del ejército de sus
hijos contra las fuerzas enemigas de Satanás,
aplastando la cabeza de la serpiente”.
Redazione
La luz de la Inmaculada
en el camino de
Medjugorje
de Giuseppe Ferraro
“¡Yo soy la Inmaculada Concepción!”.
Ésta fue la solemne declaración que María
confió al corazón sencillo de Bernadette
Soubirous en aquella memorable primavera
de 1858 en Lourdes.
No es casualidad que aquel día fuera 25
de marzo, solemnidad de la Anunciación,
aurora fundante de la salvación del mundo,
ratificada por el “sí” de María al gran pro-
yecto de gracia contenido en el Corazón del
Padre desde la eternidad. Existe, de hecho,
una estrecha relación entre el sí de María y
el irrepetible saludo del Arcángel, que nos
proclama la verdadera identidad en Dios de
la “llena de gracia”, esto es, de la
Inmaculada.
Las apariciones de María en Lourdes
constituyen, de hecho, el “gran inicio” de un
extraordinario plan de salvación cósmica, que
se ha ido progresivamente desarrollando en el
tiempo, a través de la presencia casi ininte-
rrumpida de la Madre de Dios en otros luga-
res del planeta, en los más diversos contextos
culturales y espirituales. Todas estas aparicio-
nes están articuladas por un vertiginoso pro-
yecto de gracia, que en Lourdes, en Fátima, y
finalmente en Medjugorje ha encontrado sus
manifestaciones más significativas.
En Lourdes María se presenta al mun-
do con el título de Inmaculada
Concepción,
una denominación que, ya al
inicio de las grandes apariciones marianas de
fin de siglo, imprime el sello de la victoria
final, ya anunciada en el Libro del Génesis,
sobre aquel que del pecado y de la muerte es
primer artífice y señor. Como confirmación
concreta de esta irrevocable declaración de
victoria, en ese lugar se irán multiplicando
milagrosas sanaciones, fisicas y espirituales,
profundamente proféticas, con el signo del
agua viva donada de lo alto, no emanada de
la mano del hombre, con poder de “sanar a
las naciones” (Ap 22,1), una señal que recla-
ma el Reino eterno del Cordero en el centro
de la Jerusalén celestial.
En Fátima la Madre de Dios se apare-
ce a tres pastorcillos “más reluciente que
el sol”
(ver diario de Sor Lucía), una imagen
que evoca explícitamente el “signo grandio-
so: una mujer vestida del sol”, presente en el
capítulo 12 del Libro del Apocalipsis, que
guía a los hijos de la luz en el decisivo com-
bate cósmico contra el dragón y su estirpe.
En ese lugar María anuncia también la vic-
toria final de Su Corazón Inmaculado e indi-
ca a toda la Iglesia el camino concreto para
conseguirla, a través de los pocos y simples
testigos escogidos y significativamente leja-
nos de la sabiduría del mundo: el ofreci-
miento incondicional de la vida a Dios a tra-
vés de Su Corazón Inmaculado. “Ofreceros
a Dios para soportar todos los sufrimientos
que Él querrá enviaros para la conversión de
los pecadores” (ibidem, 13 mayo 1917).
En Medjugorje irrumpe en la hora del
pleno cumplimiento todo aquello que en
las precedentes apariciones había sido anun-
ciado. De hecho, desde este lugar, en el que
“se halla la fuente de la gracia” (Mens. 8-5-
86), la Reina de la Paz, desde hace mas de
26 años, llama a multitud de hijos a acoger
el don de su mismo ser inmaculado, unien-
do sus “sí” al Suyo en el ofrecimiento total
de la vida a Dios, para que se cumpla la sal-
vación de todas las almas y la recapitulación
en Cristo de la entera Creación, para que
participe eternamente de la vida incorrupti-
ble del Padre. “Quiero salvar a todas las
almas y ofrecerlas a Dios” (Mens. 25-8-91).
Existe pues un esencial hilo espiritual
que se desanuda a través de las grandes apa-
riciones marianas de los últimos dos siglos y
que enlaza directamente la gracia de Lourdes
con la de Medjugorje, y es precisamente el
fundamental don celestial del ser inmacu-
lado,
gracia espiritual que en Lourdes ha
sido declarada constitutiva de la misma iden-
tidad de María y que hoy es ofrecida por Ella
en Medjugorje a multitud de hijos llamados
a donar libremente un sí incondicional a
Dios a través de Su Corazón Inmaculado.
Es ésta la gran clave espiritual que María
hoy nos dona para triunfar sobre todo tipo
de muerte presente en nosotros y en el uni-
verso, un don capaz de transformarnos con-
cretamente en canales vivos del Amor puro
del Altísimo por toda la creación.
La Reina de la Paz se aparece, de
hecho, en este tiempo para hacer brotar de
Su Corazón Inmaculado un pueblo nuevo,
íntimamente unido a Ella en la oferta real del
Cordero, al servicio de la salvación final del
mundo, para que “todos reciban la vida en
Cristo” (1Cor.15,22) y así la creación entera,
plenamente transfigurada en la luz de nuevos
cielos y tierra nueva, sea finalmente “entre-
gada al Padre” (1 Cor. 15,25) para ser “mora-
da de Dios con los hombres”, en la que Él
“morará con ellos...y enjugara las lágrimas
de sus ojos, y la muerte no existirá más, ni
habrá duelo, ni gritos, ni trabajo, porque todo
esto es ya pasado” (Ap 21, 1-4).
“Oh Jesús, considero este nuevo año como una página en blan-
co que tu Padre me presenta y sobre la que escribirá día a día lo que
ha dispuesto en su beneplácito; pero desde ahora en el encabeza-
miento de la página escribo con total confianza: “Señor haz de mí lo
que tú desees”.
Y en el fondo de la página escribo ya mi Amén, así
sea, a todas las disposiciones de tu divina voluntad.
Sí, Oh Señor, sí a todas las alegrías, sí a todos las penas, a todas
las gracias, a todas las dificultades que me has preparado y que me
irás desvelando día a día. Haz que mi amén sea un amén pascual,
siempre seguido de un aleluya, pronunciado con todo mi corazón, en
la alegría de un completo ofrecimiento. Dame tu amor y tu gracia y
seré suficientemente rica”.
Sor Carmela del Espíritu Santo
4
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En Ella
de Stefania Consoli
En Ella comienza todo, como desde la
nada, en ese seno limpio, perfecto. En Ella
todo vuelve a la dignidad original y se revis-
te de belleza. En Maria, la más pequeña y la
más grande, la más bella y la más escondida
de todas las criaturas, donde el Creador ha
hallado cuna y morada.
Otro “nuevo año” comienza en Ella , y
a nosotros se nos ofrece la posibilidad de
recomenzar; desde el principio, desde cero,
es más, desde Ella misma, que se hace
pequeña para que no nos avergoncemos de
nuestra pequeñez, de la debilidad que inevi-
tablemente acompaña nuestros gestos, inclu-
so cuando aparentamos ser fuertes.
Fijos en Ella todo desaparece, porque al
eliminar lo superfluo de nosotros, podemos
hallar en nuestra intimidad la buena raíz des-
tinada a la lozanía; esa raíz profunda que es
nuestra identidad más verídica. Una raíz que
si es confiada a Ella, madurará y llegará a
florecer completamente.
Al comienzo de cada nuevo año, los
días parecen livianos, despojados de todo
peso acumulado en el tiempo; días listos
para ser llenados de novedades, de nuevas
oportunidades y ocasiones. Se nos ofrece
reiniciar desde cero apartando nuestra mira-
da de lo viejo, de los eventuales errores
cometidos para así fijar nuestra mirada hacia
un horizonte despejado, lleno de sorpresas,
listas para ser descubiertas en el tiempo, y
regalarnos alegría y gozo de vivir.
No debemos temer los malos ratos ni lo
desconocido. Y no cedamos a la tentación de
compararlo con lo ya vivido, pensando que
“que más da...”, o que ya lo hemos visto
todo. Dejemos a la mentalidad sensacionalis-
ta de los medios la ingrata labor de alimentar
el pesimismo expansionista que oprime los
corazones, confundiendo las conciencias. Y
dejémonos en cambio atrapar por la novedad
sembrada en Ella, en María, terreno siempre
abierto a la germinación del Bien.
La Madre de Dios, nos ha abierto tam-
bién este año. Si no nos cerramos a la gra-
cia que en ella tendrá pleno cumplimiento,
seremos epifanía viviente del Señor, faros de
una luz inextinguible, que proyectándose a
lo lejos mostrará a todos el camino hacia la
meta. Si permanecemos en ella, ella estará
con nosotros. No habrá que correr hacia los
santuarios para sentir la maternal caricia,
porque nosotros mismos seremos una
pequeña Medjugorje, donde la Virgen
viviente se podrá expresar y aparecer a quien
la reconozca en nosotros.
A principios de Noviembre aún hay una
gran muchedumbre en esta tierra santa,
numerosos peregrinos han venido en oca-
sión de la solemnidad de todos los santos,
pero también por la aparición a Mirjana que
ocurre cada día 2 del mes. Pasados estos
días, comienza la “temporada baja”.
Una comunidad “espontánea”
El frío invernal y la falta de peregrinos
dan a Medjugorje un aspecto nuevo, total-
mente por descubrir, que para la mayoría
permanece desconocido. Son muchas las
cosas nuevas por descubrir en este puebleci-
to ya transformado en profundidad por el
continuo paso de personas.
En la misa de la tarde la iglesia perma-
nece “llena” pero siempre se encuentra un
lugar para sentarse. A pesar de la numerosa
gente, se respira un aire de intimidad fami-
liar, tal vez porque no es difícil reconocer
los rostros de los que han elegido vivir en
Medjugorje por diversas razones. Son laicos
o consagrados de varias nacionalidades;
algunos trabajan, otros dedican la mayor
parte de su tiempo a los peregrinos. Luego
están los devotos del lugar, que desde hace
años ponen seriamente en práctica los men-
sajes de María y perseveran en este camino
de gracia.
Es una sensación agradable ver junto a
nosotros en su mayoría esos rostros conoci-
dos e intercambiar una sonrisa mientras
esperamos la comunión uno frente a otro.
En muchos casos no hay siquiera una lengua
común para comunicarse, pues es la gracia
de María la que lo hace todo. Basta un
pequeño gesto de saludo para crear familia-
ridad, al fin y al cabo, ¿no es tal vez el mis-
mo sacrificio eucarístico del que participa-
mos a diario el que nos hace un solo corazón
y una sola alma?
El profundo silencio de los montes
También el Podbrdo y el Krizevac son
menos visitados, y es de verdad una expe-
riencia de deleite la subida sobre estos mon-
tes a la hora del crepúsculo invernal, en
soledad completa. Pasar por delante de las
numerosas tiendas con las persianas baja-
das, sentir como el aire fresco nos llena los
pulmones y da vigor también a la oración,
que así parece salir con mayor fluidez, con
plena conciencia de que en esta estación
todo se debe reducir a lo esencial: no hay ya
más tiempo para pensamientos vagos y
ornamentales que no nos guíen directamen-
te al Sumo Bien.
En la cima hay ese silencio y recogi-
miento interior que está garantizado en este
lugar bendito, pero que ahora se refuerza
especialmente por la total ausencia de rui-
dos: el suave murmurar del viento reina
como único soberano sobre los colores del
final de la jornada. A lo lejos, el brillo de las
lucecitas decorativas despierta en mí una
feliz nostalgia de la Navidad, y en esta sole-
dad puedo saborear como nunca esa presen-
cia interior que calienta mi corazón: María
esta allí con la abundancia de su gracia...
Las luces del Adviento
Consecuencia de la falta de peregrinos
es también una dosis menor de tra-
bajo para la mayor parte de los
habitantes de este pueblecito, el
Adviento puede de este modo ser para ellos
una ocasión para dedicar mas tiempo a Dios.
Pero entre todas las iniciativas la más queri-
da de la gente del lugar es una vieja tradi-
ción: celebrar al amanecer una Santa Misa,
llamada “Misa de la Aurora”, acudiendo a la
iglesia cuando todavía es oscuro y al finali-
zar esta se puede vislumbrar la primera cla-
ridad del día. Al salir de la iglesia el frío es
intenso, como a la llegada, pero en el alma
hay un calor de satisfacción y con Jesús en
el corazón nace una esperanza totalmente
nueva para poder afrontar la jornada en Él y
para Él, seguros de que Él no dejará de
recompensarnos por cada uno de nuestros
pequeños sacrificios.
Son muchos los niños presentes, y con
ellos, sus hermanos mayores, los padres y
los abuelos... Recuerdo bien todavía mi
estupor cuando por vez primera, caminando
aterido hacia Medjugorje a las seis de la
mañana, pensaba: “Pero ¿a quien más se le
ocurre hacer una locura semejante con un
tiempo como éste? Entrando en la iglesia,
más tarde, no lo podía creer: ¡todos los ban-
cos estaban ya ocupados!
Una Navidad de verdad santa
Así llega la fiesta más esperada a esta
tierra mariana, encontrando en los corazo-
nes un terreno fértil donde poner esas gra-
cias siempre nuevas que el Señor nos trae.
Sí, es una alegría para todos la posibilidad,
ya tan rara, de poder vivir una fiesta como
ésta, sintiendo que los regalos, las felicita-
ciones, los dulces, los adornos... todo per-
manece como un envoltorio que no pretende
imponerse tomando dominio, mientras que
en el centro de la atención reina soberano el
misterio de un Dios que se encarna , que nos
da salvación, que se ofrece a nosotros como
Redentor.
fra Francesco Cavagna
Sucede en Medjugorje...
Aparición a Mirjana
2 de diciembre de 2007:
“Queridos hijos, mientras miro vuestros
corazones, el mío se llena de dolor y se
estremece. Hijos míos, deteneos por un
momento y mirad en vuestros corazones.
¿Está mi Hijo, vuestro Dios, verdaderamen-
te en el primer lugar? ¿Son sus leyes verda-
deramente la medida de vuestras vidas?
Nuevamente os advierto: sin fe no hay cer-
canía a Dios, no está presente la Palabra de
Dios que es la luz de la salvación y la luz del
buen sentido”.
2 de enero de 2008:
“Queridos hijos, con toda la fuerza de
mi corazón os amo y me entrego a vosotros.
Tal como la madre lucha por sus hijos, yo
oro y lucho por vosotros. A vosotros os pido
que no tengáis miedo de abriros para que
podáis amar y entregaros a los demás con el
corazón. Cuanto más hagáis esto con el
corazón, más acogeréis y mejor comprende-
réis a mi Hijo y su entrega a vosotros. Que
todos os reconozcan a través del amor de mi
Hijo y el mío. Os doy las gracias”.
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La alianza de Dios
con nosotros
del p. Tomislav Vlasic
En nuestro camino espiritual es funda-
mental purificar la fe, la esperanza y la cari-
dad porque todas nuestras otras virtudes
dependen de una actitud limpia, de una
manera pura de esperar y de amar. En este
sentido nos ilumina la lectura de la figura de
Abraham, su aventura existencial descrita
en el Antiguo Testamento.
Dios ordenó a Abraham : “Sal de tu tie-
rra, de tu parentela, de la casa de tu padre,
haci la tierra que yo te indicaré”
(Gen 12,1).
Esta petición va también dirigida a nosotros.
Dios nos pide: “Sal de ti mismo, abandóna-
te y abandona todo lo que te pertenece,
todas esas construcciones que has creado
dentro de ti, incluso esas interpretaciones
que tienes de la fe. Yo, tu Dios, te indicaré el
camino a seguir.” Esta actitud es la base de
nuestro camino espiritual y resulta funda-
mental considerar qué significa para noso-
tros este sal de ti mismo.
En estos tiempos vivimos un “éxodo
cósmico”: Jesús, como el Buen Pastor, nos
atrae para recapitular todo en sí mismo. Pero
es necesario salir de nuestras estrechas con-
cepciones, de nuestras interpretaciones perso-
nales, de la religiosidad y de las reglas huma-
nas. Cuando Dios nos llama para ir más allá,
no podemos apoyarnos en nosotros mismos ni
en los demás. Quien camina con nosotros sólo
nos puede ayudar si, a su vez, está inserido en
el movimiento de la gracia, que es un movi-
miento contínuo. Vivir la fe significa vivir un
éxodo que lleva a la transformación. Si una
persona no está en movimiento, queda prisio-
nera del estatismo, vive como en un estanque.
Si queremos caminar, es importante sentir ese
movimiento continuo dentro de nosotros y
permitir que Dios nos lleve hacia adelante, y
transforme nuestra mente.
Es necesario distinguir por tanto
entre la llamada de Dios y el camino de la
fe.
Dios llamó a Abraham sin explicarle
adonde iría, a quien encontraría, y Abraham
acudió. Dentro de nosotros debe también
haber esta respuesta de fe, de confianza en
Dios. Debemos saber reconocer cuando
nuestras oraciones no nos llevan a este
movimiento de confianza. La oración no
puede ser una actividad de 5 minutos, ni de
5 horas, sino un continuo relacionarse con
Dios. Debemos estar listos, activos en la fe
para que no nos sintamos atropellados e
indispuestos cuando lleguen las pruebas.
Cuando un alma no puede resolver los
problemas que encuentra, vive como si fue-
ra un torrente que ha llegado a un dique que
lo bloquea, entonces entra en la negatividad,
trae destrucción entorno a sí y se enfrenta a
los demás.
La alianza se da en Jesús, sólo a través
de Jesucristo podemos vencer todos los
obstáculos
que encontramos en nuestra lim-
pia relación con el Padre. Caminamos junto
a Jesús que nos ha abierto el camino para
volver al Padre, no hay otro modo; ésta es la
puerta a través de la cual el Espíritu Santo
puede bajar a nosotros, como a María, y
hacer fecundo todo lo que humanamente no
puede serlo.
No temamos acoger esa palabra que
desbloquea nuestra alma, no podemos estar
tristes o preocupados, no debemos apesa-
dumbrarnos por las situaciones, por los pro-
blemas, porque Dios existe. No le bloquee-
mos con nuestras medidas estrechas; si por
parte nuestra mostramos esa fidelidad que
va mas allá, su acción podrá manifestarse.
La vida ofrecida ratifica la alianza.
Pero ¿qué significa ofrecer la vida? Vivir en
una relación creativa, en un intercambio
continuo con Dios. Cada día ¡cuántos pen-
samientos, cuantas preocupaciones pasan
dentro de nosotros! Presentémoslas al
Señor, para que penetre todo nuestro ser y
nos lleve mas allá. No puedo ser fecundo si
estoy sumergido en la tristeza, en la crítica
contra mí mismo o contra los demás, en la
inquietud, porque a través de mí la potencia
de la redención no pasa.
Nuestra alma toca lo que vive en noso-
tros y lo que está entre nosotros, lo que es
bueno y lo que es malo. Si analizamos a las
personas y a las situaciones con nuestra
lógica humana caeremos en un círculo
cerrado, pero si llevamos todo a Dios, con
abandono, entonces todo mal se debilita:
ésta es la actividad creativa de Dios, que no
conoce el análisis de la lógica humana, sino
que se abre a la acción creativa divina.
¿Cual es nuestra tarea? Cuando nos sin-
tamos tocados por el bien, demos gracias a
Dios, si sentimos el mal, llevémoslo a su
presencia, que sea Él quien separe el mal del
bieny mande ese mal al Infierno. Si todo lo
que pasara en nuestra alma fuese elevado a
Jesucristo, realizaríamos una labor enorme a
favor de la Iglesia y de la humanidad.
Se necesitan “MADRES”
para los sacerdotes
Es una llamada que viene de la Santa
Sede, que ha lanzado una campaña de adora-
ción eucarística y de “maternidad” para la
santidad de todos los sacerdotes del mun-
do,
coincidiendo con la solemnidad de la
Inmaculada Concepción.
El texto que ilustra la iniciativa explica
que la campaña quiere “crear un movimien-
to espiritual que , concienciando cada vez
más sobre el vínculo entre Eucaristía y
Sacerdocio y de la especial maternidad de
María sobre todos los Sacerdotes, dé vida a
una cadena de adoración perpetua para la
reparación de las faltas y para la santifica-
ción de los clérigos.”
Las “almas femeninas consagradas” son
especialmente invitadas a adoptar “espiri-
tualmente a los sacerdotes para ayudarles
en el ofrecimiento de sí mismos, en la ora-
ción y en la penitencia”
imitando el ejem-
plo de María.
Y es a Ella, “Madre del Sumo y Eterno
Sacerdote” a quien quiere confiarse cada
sacerdote, suscitando en la Iglesia un movi-
miento de oración cuyo centro sea la adora-
ción eucarística continua durante las 24
horas. Así, desde cualquier lugar del mundo,
siempre se elevará a Dios incesantemente
“una oración de adoración, de agradecimien-
to, de alabanza, petición o reparación, con la
finalidad de suscitar un número suficiente de
santas vocaciones al estado sacerdotal”.
La carta, una nota explicativa y subsidios
sobre el significado de la maternidad espiri-
tual de los sacerdotes pueden ser leídos en
www.clerus.org/pregate
La confesión
nos hace germinar
El Padre Slavko conoció de cerca a los
que con el corazón herido se acercaban en
Medjugorje a la fuente de la Gracia - la
Confesión. Para ayudarles a profundizar en
su significado y apreciar su valor, en un
libro escribía:
Marija Pavlovic, vidente, narra:
“Durante la oración se me apareció tres
veces la imagen de una flor. La primera vez
era maravillosa, fresca, muy colorida ¡ y yo
era muy feliz! Después ví la misma flor
cerrada, marchita, había perdido toda su
belleza. ¡y yo estaba triste! Pero, de repente,
una gota de agua cayó sobre la flor marchi-
ta y ésta en seguida recuperó su brillo y su
frescura. Intenté comprender que podría sig-
nificar para mí esta visión, pero no lo conse-
guí... Por eso decidí preguntárselo a la
Virgen durante una de Sus apariciones. Le
dije: “Virgen mía, ¿qué significa lo que he
visto durante la oración?, ¿Qué significado
tenía aquella flor?” La Virgen sonrió y res-
pondió: “Vuestro corazón es como aquella
flor. Cada corazón es maravilloso en la
belleza creada por Dios. Pero cuando le
alcanza el pecado, la flor se marchita y el
brillo se desvanece. Aquella gota caída
sobre la flor para reavivarla, es el símbolo de
la confesión. Vosotros, cuando estáis en
pecado, no podéis ayudaros a vosotros mis-
mos: necesitáis ayuda.”
La confesión, gracias a la divina poten-
cia de Jesús Señor, supera su entidad de
encuentro humano llevando al hombre al
encuentro con Dios, con el Padre bueno que,
tras haber esperado, ahora con gozo corre a
abrazarnos, nos da vestidos nuevos y nos
invita a todos a la mesa de la comunión don-
de se festeja la inmensidad de la Divina
Misericordia.
Por lo tanto la confesión es un encuen-
tro de lo humano con lo divino, a través del
instrumento humano de la conversación y de
la confianza mutua.
La confesión es la aceptación de la
Voluntad de Dios y el rechazo del mundo
que atenaza y que desprecia, es la adhesión
a la fuente de la salvación, de la luz, de la
paz y del amor; y el rechazo de las tinieblas,
del odio y del desorden! Todo en la plena
conciencia de nuestro actuar.
La confesión es el momento del regreso
y de la renovada aceptación del Paraíso
terrestre, el inicio de la constitución del nue-
vo mundo. Es el momento en el que Dios
tiene el derecho de entrar de nuevo en nues-
tra vida y retomar el primer lugar. Éste es
también el momento en el que nuestro hom-
bre viejo, destruido, se renueva en la plena
humanidad de Cristo.
Dios Padre es bondad infinita, es miseri-
cordia y da siempre su perdón a quien se lo
pide con el corazón. Rezadle a menudo con
estas palabras: “Dios mío, sé que son gran-
des y numerosos mis pecados contra tu
amor, pero espero que me perdones. Estoy
preparado para perdonar a todos, al amigo y
al enemigo. Oh Padre, yo espero en ti y
deseo vivir siempre en la esperanza de tu
perdón.”
(Fuente: ¡Dame tu corazón herido!
del p.Slavko Barbaric)
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Otro tipo
de sacerdocio
En 1990 fui a Medjugorje por primera
vez. Tenía curiosidad por observar este
fenómeno extraordinario de las apariciones
de María y tenía muchas ganas de percibir
también yo esa presencia, para poderme
sentir acogido y escogido por Ella.
Siempre amé al Señor y desde niño viví
esa relación, fiándome siempre de Él.
También he pecado mucho en mi vida, pero
debo decir que esto no me ha impedido diri-
girme siempre a Dios, porque son los enfer-
mos los que necesitan al médico.
Pasé algunos años de mi vida en el semi-
nario, porque sentía el deseo de ser sacerdo-
te, quería ser el cura de los pobres, de aque-
llos que viven en la miseria tanto material
como espiritual. Quería llegar al encuentro
del último, del marginado, del desorientado,
del pequeño, del humillado, del encarcelado,
del drogadicto, en resumen, de todos los que
la sociedad rechaza. También yo fui pobre,
por eso les amo y les entiendo. Debo dar gra-
cias a Dios por haberme hecho tal como soy,
mísero, y necesitado como esas personas de
las que hubiera querido ser guía espiritual.
Siempre me he fijado en los últimos
para aprender de ellos la humildad y el
agradecimiento,
porque en esto son gran-
des maestros. Es muy cierto que Dios elige
a los suyos en este mundo de pequeños
hombres, los que nuestra sociedad rechaza.
Dios va en búsqueda de las personas aban-
donadas, que se sienten inútiles, porque
desea amarlas, quiere cuidarlas, quiere
transmitirles que son importantes para Él.
Tenía muchos proyectos, muchas buenas
intenciones....Tenía el deseo de ser alguien
importante para María, que pudiera llamar-
me por mi nombre e interesarse por mí y por
mi vida, conmigo llevaba ese ejército de
últimos que había encontrado durante mi
vida. Pedía poder tener esa fuerza interior
que pudiera llenarme sin miedo, para poder
llevar adelante mi misión y llevar a los
demás una palabra de esperanza. María esta-
ba allí , esperándome, y había preparado
todo para hacerme de verdad feliz. Ahora he
comprendido que nuestros errores no son
sólo un mal, sino que sirven para compren-
der a aquellos que han caído en nuestro mis-
mo pecado, porque podemos ofrecer nuestra
vida por ellos. He comprendido finalmente
como todos podemos ser sacerdotes: solo
hay que tener el corazón abierto.
Es tiempo de eliminar la hipocresía, lo
de escondernos continuamente de Dios
como Adán tras el pecado original, por mie-
do de Aquel que no conocemos y que pensa-
mos que sólo puede castigarnos; Él, en cam-
bio, es tan tierno que nos cede a su misma
Madre como don, permitiendo que esté
entre nosotros para mover nuestras almas
hacia Él, que es el Amor. María es la Madre
que nos guía y nos lleva a Dios sin mirar
nuestras imperfecciones, es más, las justifi-
ca ante su hijo Jesús.
Cuando la Madre entra en nuestra vida,
entonces aumenta la intimidad con Dios y
podemos tener una relación familiar con el
Padre. Ahora comienzo a amarla de verdad
con el corazón, como se ama a los seres que-
ridos, la quiero siempre cerca, en las alegrí-
as y en las tristezas, como a la madre terre-
na, a la que se llama en la necesidad. A
menudo por desgracia, hacemos lo siguien-
te: mantenemos lejos de nuestra vida a los
que de verdad nos aman y dejamos entrar
esos falsos amores que poco a poco nos
envenenan. María en su gran Amor de
Madre, nos lava, nos cuida, nos alimenta,
nos viste y nos presenta a Dios, que nos
envuelve en su inmenso Amor.
Después de varios años de venir a
Medjugorje, María me ha llamado a un cami-
no de donación total de mi vida a Ella, y yo
soy feliz de haber sido elegido para ser instru-
mento del reino de Dios. Contesto como Ella,
hágase en mí según tu voluntad”.
Sé que hoy día muchos de nuestros herma-
nos viven en la oscuridad y en el vacío, unos
en el alcohol, otros en la droga, otros en la
desesperación, en la miseria o en el hambre,
otros en la violencia o en la prostitución y
Dios quiere salvarlos a través de aquellos
que se ofrecen con gozo, siendo así guías y
luz para ellos en el Espíritu, a través de la
oración y el ofrecimiento.
Esto es para mi la vida: “Hacer sitio a
María para ser como Ella, don para los
demás y ser así verdaderos hijos del Padre,
para estar en el mundo”. Sólo si entramos en
esta dimensión podremos vivir con gozo esa
llamada y entrar en el Amor. Para hacer esto
debemos morir cada día a nosotros mismos,
seguros de que ésta no es muerte sino lo que
genera la vida en Dios en nosotros y en los
demás. Después de años tras ese lejano
1990, mi corazón, labrado y abonado por
María, hoy está preparado para acoger la lla-
mada de la familia espiritual Kraljice Mira,
un gran don de María. En esta familia espi-
ritual sólo se requiere ser manso, humilde y
obediente, como el Cordero Inmolado, a la
voluntad de Dios.
En Medjugorje, buscaba amor para mí
mismo, la atención de María, y Ella me ha
dado más: el amor por Ella y el deseo de
buscarla siempre, para parecerme a Ella en
la apertura de corazón a Dios y en el amor
hacia los últimos, transformándome en ese
sacerdote que quise ser para ellos, pero de
otro modo, a través de la llamada de las
Fraternidades de almas ofrecidas queridas
por Ella, que me ha enseñado otro tipo de
sacerdocio para mis últimos, “el ofreci-
miento de la vida”.
Angelo Scuderi
Un camino victorioso
Hay un camino seguro para derrotar el
mal en el mundo: ofrecer nuestra vita, esto
es, pertenecer totalmente a Cristo, seguir su
ejemplo, y si es necesario, hasta hacer de la
propia vida un sacrificio de amor.
¿Cómo? Lo pondré en práctica cuando,
ante el mal y el pecado del mundo que me
hieren o que pasan ante mis ojos, no me cie-
rro en mí mismo, no condeno, no juzgo sino
que acepto en mi vida cotidiana las peque-
ñas o grandes cruces (humillaciones, sufri-
mientos, injusticias, calumnias) por amor y
por encima de ellas me entrego, como el
Hijo agonizante en la cruz, al Padre como
instrumento de expiación para el mundo.
Este ofrecimiento mío tiene una gran fuerza
porque obra en mí directamente el Hijo de
Dios que quema el mal con el bien, que con-
suma el odio con el amor.
Jesús en la cruz, con su sí, sanó la deso-
bediencia de Adán y Eva y yo aceptando mis
pequeños sufrimientos, y haciendo con
Jesús la voluntad del Padre, paso a paso
dejaré que Jesús sane en mí la desobedien-
cia de nuestros padres que de algún modo
influye en cada uno de nosotros desviándo-
nos del camino recto.
Sergio Arnaldi
Señor, enséñame...
a orar
Enséñame a orar como tú has orado.
Como has orado en el monte donde pasaste
la noche orando a Dios (Lc 6,12), en el
Getsemaní, donde imploraste para evitar la
pasión y no fuiste escuchado (Mt 26,39), en
la cruz donde te lamentaste del desamparo
del Padre (Mt 27, 46).
Enséñame a orar con el gozo con el que
agradeciste al Padre por esconder sus teso-
ros de sabiduría a los poderosos del mundo
y revelarlos a los pequeños (Lc 10,21), y con
el amor con el que en el cenáculo confiaste
al Padre a tus discípulos y oraste por ellos y
por todos los que a través de ellos, creyeron
en ti (Jn 12,20).
Enséñame a orar como oró tu Madre en
secreto en la casa de Nazaret, donde la alcan-
zó el anuncio del ángel y en la casa de Isabel
donde entonó el cántico de amor y de alaban-
za por los grandes dones que Dios, inclinán-
dose ante su humilde sierva, le había conce-
dido; a orar como oran los ángeles y los san-
tos en el cielo donde te adoran , te alaban, te
agradecen con amor indefectible y puro.
Enséñame, Señor, a orar con confianza,
con sencillez, con perseverancia: con con-
fianza porque eres bueno y acoges a todo el
que se dirige a ti, porque no abandonas nun-
ca a nadie, si no eres abandonado; con sen-
cillez, porque eres padre y no amas castigar
y perder, sino perdonar y salvar; con perse-
verancia, porque tus planes, son siempre
sabios y misericordiosos.
Sí, oh Señor mío, enséñame a orar con
perseverancia sobre todo cuando no me
escuchas, como tantas veces has hecho,
como tantas veces haces. Si bien, y tú lo
sabes, la oración que tu Espíritu me infundía
y me infunde en el corazón era y es sincera,
humilde, afligida y confiada. ¿Por qué,
Señor, no me escuchas? ¡Pero, tampoco tú
fuiste escuchado por el Padre! Confirma en
mí la convicción que tus disposiciones son
siempre paternas, incluso cuando quedan
ocultas, paternas cuando incluso son doloro-
samente misteriosas. Tú sanas incluso cuan-
do hieres, estás cerca aun cuando pareces
lejano, eres bueno incluso cuando te mues-
tras severo; tú que no turbas nunca la paz de
tus hijos si no es para darles una paz mayor
y más segura.
Enséñame a orar con la conciencia viva
de la culpa que solo tú puedes perdonarme, de
la gran miseria de la que solo tú puedes librar-
me, de mi infinita necesidad que sólo tú pue-
des satisfacer, de mi profundo deseo que solo
tú puedes saciar; a orar con el corazón inclu-
so cuando calla mi lengua, con el corazón que
grita en el silencio y te anhela a ti, único que
puedes escucharlo, acogerlo y llenarlo; el
pobre corazón que, resbalando sobre las
cosas, intenta agarrarse a ellas para pedir un
átomo de felicidad que no pueden dar.
Enséñame a orar en un continuo y gozo-
so coloquio contigo, mi invisible interlocu-
tor, que me creaste para que exultara ante ti;
a hablarte, a escucharte, a contestarte; sobre
todo a contestarte cuando me preguntas y
me interpelas, cuando me pides que me dé, y
gozas de haber recibido, aun siendo tú due-
ño de todo.
Enséñame a recoger y recoge todo mi
ser, la mente, el corazón, la memoria, la fan-
tasía, la sensibilidad entorno a ti que eres el
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Eco ha cumplido años
Eco tiene el placer de decirte que ha
cumplido años: son 23 ya, y siente el deseo
de agradecerte tus oraciones y la ayuda que
le has dado en estos años. Pero también
cuenta en el futuro con tu ayuda.
En estos años, pensamos que María se ha
servido también del Eco para formar una
familia de muchas personas y razas que tal
vez Le asemejan un poco.
Ciertamente, para asemejárseLe, es
necesario hacerse pequeños. Sí, porque
María es la Pequeña que Dios ha hecho
grande. Pero, ¿Qué es lo que hace el peque-
ño? El pequeño se deja siempre guiar y ayu-
dar, crece como le dice el mayor y no pone
obstáculos. Esto no se cumple en el que se
cree ya grande.
El pequeño deja siempre hacer todo sin
poner trabas. El pequeño deja hacer a Dios,
el único Grande. Dios, en cambio, ha predis-
puesto que los pequeños se sustenten entre
ellos, siempre con su gracia, según un plan
de amor.
Y así el Eco, que es tan pequeño, espera
siempre tu ayuda y la ofrece a su vez para
que se pueda realizar, incluso gracias a este
pequeño periódico, el plan de María.
Santo, para que se adhiera a ti totalmente y
en ti halle la unión y la paz, las dos prerro-
gativas que hacen la oración como tú la
deseas: espontánea, filial, atenta y continua.
p.Agostino Trapé o.s.a.
(1.continua)
El amor
no necesita palabras
… Hay momentos en los que se desea el
silencio más absoluto para escuchar la voz
del corazón, que es difícil de escuchar si se
está convencido de que el corazón habla con
los mismos órganos de fonación con los que
se traducen en palabras los pensamientos,
los sentimientos, las emociones.
Pero el hombre, desde que está vivo en el
seno materno, dispone de otro potentísimo y
muy eficiente instrumento de comunicación,
que se olvida paulatinamente a medida que
las reglas de la vida lo obligan a expresarse
con palabras.
Pero el pensamiento del alma continúa
hablando con la voz del corazón. Hay que
hacerse niños de nuevo para recuperar la
facultad de sentir, sin declaraciones verba-
les, por ejemplo, el amor materno, un afecto
que no necesita palabras para expresarse,
sino que se traduce en miradas, caricias,
besos, atmósferas.
Con el paso del tiempo las palabras pier-
den el esmalte, el brillo, la frescura, la
espontaneidad de los buenos sentimientos y
de los buenos propósitos, y se hacen opacas,
evanescentes, áridas y se envilecen como las
mentes que las usan para ocultar las primiti-
vas, instintivas, innatas esperanzas de amor.
Ahora las miradas se desvían, los besos
y las caricias se vuelven lascivos y las
atmósferas impenetrables. Estas palabras,
que cierran las puertas del corazón a cual-
quier intento de refractar el bien son lapi-
darias como macizos que aplastan el alma
y no la dejan respirar, impidiendo también
el acceso al hálito vivificante del espíritu.
Son palabras que ofenden, hieren, matan,
mortifican la dignidad natural de cualquier
ser humano y del Padre de Quien ésta des-
ciende.
Y sin embargo Él habla, Él nunca hace
que falte su palabra, su Palabra de consuelo
pronunciada con discreción y buscando no
alzar nunca la voz, porque de otro modo
manifestaría un poder devastador. El Padre
habla sumisamente, como es sumiso su
Amor sincero y total, se declara delicada-
mente como corresponde a un Amor que
conquista sin violencia. Habla, en definitiva,
silenciosamente. Por este motivo es necesa-
rio el silencio para oír la voz de Dios celada
y custodiada en el propio corazón.
Si el hombre dedicase menos tiempo a
cultivar el uso impropio de las palabras y
menos complacencia en su escucha, si se
empeñase más en escuchar la locuacidad de
ciertos silencios y en particular del silencio
de Dios, entonces comprendería qué grande
es el Amor y qué dulce la Misericordia de la
que Él lo hace partícipe.
En el silencio se redescubre el valor de
los mensajes cogidos por las cadenas de las
palabras convencionales, pronunciados con
la mirada y la sonrisa en el lenguaje del
corazón y del alma. En el silencio la fe for-
talece el oído para escuchar a Dios que nos
declara su Amor y la vista para acoger en su
mirada la complacencia de ser escuchado.
Gocemos en silencio de esta maravillosa
experiencia. Yo, vuestro locuaz mensajero,
estoy aquí con vosotros para amplificar el
significado del llamado silencio de Dios.
Espero ser capaz de ello.
Anónimo
(enviado por el Arch. Aldo Sabatini)
Los lectores escriben
Chho Nchang Aszi-mui de Ghana,
África: Hoy he recibido mi copia del Eco.
Os ruego que continuéis enviando vuestra
publicación a nuestra casa de formación
(Hermanos Marianistas). La necesitamos de
verdad. Os ruego que os acordéis de noso-
tros en vuestras oraciones.
Ruth Bruce de Australia: Acabo de
volver de una bellísima peregrinación a
Italia y Medjugorje. La paz que he encontra-
do en los distintos santuarios ha renovado mi
fe; especialmente Medjugorje. Gracias por-
que vuestro periódico me animó a aventurar-
me tan lejos de casa.
R.Bonnano de Australia: Hace tiempo
que leo el Eco de María. Sólo espero la hora
que llegue para leer esta maravillosa publi-
cación.
Queridísimos todos del
ECO DE MARÍA:
Os escribo esta carta con una alegría
inmensa para agradeceros por la bellísima
Navidad con la que me habéis obsequiado.
Ha sido así: este año he pasado mi navidad
en compañía de 3 rumanos ortodoxos, dedi-
cándola a la lectura de vuestro periódico y
captando sus grandes enseñanzas. Quizás a
vosotros os parece algo muy normal, pero si
consideramos que soy un recluso de la cár-
cel de Verona,
en la sección de máxima
seguridad, pues no parece tan normal. Es
más bien un don del Señor obtenido por
intercesión de María.
Ha sido una experiencia bellísima, está-
bamos los cuatro en nuestra pequeña celda
con nuestros corazones caldeados por la pre-
sencia de nuestra Madre Celeste y de nues-
tro Padre Misericordioso. Me esperaba una
Navidad de nostalgia y de llanto pero gra-
cias a todos vosotros he podido recordar y
darme cuenta que el Señor nunca nos aban-
dona.
Este año, en nuestra pequeña capilla,
hemos preparado un pesebre y esto me ha
hecho pensar que Jesús, cuando nació, esta-
ba en una gruta, fuera de los muros de la ciu-
dad, y murió por nosotros también fuera de
los muros, mientras que aquí hemos conse-
guido acogerlo dentro de estos muros y
especialmente dentro de nuestros corazones.
Aquí hay muchas religiones, pero nunca
como ahora he percibido la unidad en el
amor al mismo Dios. Cada día experimento
un llanto de alegría.
Por ello, queridos amigos de la redac-
ción, y lectores del Eco, os doy las gracias
por todo lo que nos habéis dado y a todos
aquellos que están cerca de nosotros a través
de sus cartas. Os deseo un serenísimo 2008,
como ciertamente lo será el mío en vuestra
compañía. Con afecto,
Niero Lucio, de la celda 54
Villanova M., 1 de enero de 2008
Resp. Ing. Lanzani - Tip. DIPRO (Roncade TV)
Que nos bendiga Dios Omnipotente,
el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Amén.
El Eco de María es gratuito y vive sólo de
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Agradecemos de todo corazón a
quien ya se ha hecho instrumento de la
providencia para el Eco enviando su
donativo. Que el Dios de todo bien
recompense vuestra generosidad con
el céntuplo en gracia y bendición.
“…cuidaos mucho
de hacer llorar a una mujer,
¡que Dios después cuenta sus lágrimas!
La mujer salió de la costilla del hombre,
no de los pies para ser pisoteada,
ni de la cabeza para ser superior,
sino del costado para ser igual…
Un poco por debajo del brazo
para ser protegida
y del lado del corazón para ser
Amada…”
Del Talmud
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